Saludo de clausura
SALUDO DE CLAUSURA XXI CAPITULO GENERAL
“DE SU PLENITUD, todas nosotras hemos
recibido gracia tras gracia…” (Jn.1, 16)
Muy queridas hermanas
Convocadas en el Nombre del Señor, llegamos hace mes y medio a la Curia General con nuestras esperanzas, expectativas y temores a celebrar el XXI Capítulo General, nos animaba, eso sí, nuestro compromiso y sentido de pertenencia a la Congregación. Hoy, podemos decir que “de la plenitud de Dios hemos recibido gracia tras gracia” (Jn.1, 16). Esta es nuestra experiencia, el Capítulo General ha sido una Gracia del Señor, gracia de su inmenso y fiel amor, vivida durante este tiempo en los diversos momentos capitulares.
Gracia, en el Espíritu, que ha irrumpido en el acontecer capitular, permitiéndonos vivir una experiencia de búsqueda, de discernimiento, de encuentro profundo con las fuentes carismáticas, con las nuevas culturas, acentuando el respeto, la acogida y la valoración de la diversidad. La escucha atenta a sus mociones reavivó la esperanza de continuar el camino de identificación con los rasgos específicos de una fraternidad significativa, nacida de la comunión, del diálogo frecuente; fraternidad, capaz de contagiar a las nuevas generaciones de la audacia en el seguimiento de Jesús y de nutrir, animar y sostener la vivencia gozosa y fiel de la vocación de cada hermana. El Espíritu Santo, mantuvo una llamada permanente a reavivar el celo evangelizador desde un Carisma renovado y renovador que anuncia la Encarnación del Verbo en la historia de los pueblos.
Como parte de la bondad de Dios, que nos ha dado, “gracia tras gracia”, hago especial mención:
Visita realizada a los lugares franciscanos que nos permitió, en medio del silencio, la soledad y la paz encontrarnos con Dios, a quien Francisco, en las profundidades de la roca, adoraba como a su Unico y Verdadero Bien. Este tiempo franciscano, suscitó en nosotras el deseo de abrirnos a los signos de los tiempos, como nuestro Venerable Padre Luis lo insistiera, para dar respuestas nuevas, a tiempos nuevos.
La lectura de la realidad de la Congregación, presentada en el diagnostico, hecha en clave de fe, nos exhortó a confrontar nuestra vida personal y comunitaria, y a revisar la calidad de nuestro anuncio en las diversas culturas. Los logros fueron el mejor acicate para continuar creciendo en fidelidad y los desaciertos, mirados con humildad, la invitación fuerte a cambiar y retomar la vida para revitalizarla y darle hondura.
Siguiendo el proceso capitular, la experiencia de vida de las hermanas de la Orden de La Compañía de María, nos ofreció elementos enriquecedores, desde la propuesta “Escojo la vida”, para la Reestructuración de la Congregación, ésta nos abrió a un nuevo horizonte y suscitó inquietudes que nos han llevado a tomar la decisión de iniciar este camino con audacia y creatividad.
Fue evangélico y sabio el proceder previo a la elección del nuevo Gobierno General donde se nos facilitaron las condiciones para la oración y el discernimiento, en un día de retiro espiritual que nos y dispuso a tener una actitud serena y madura, como lo exigen tales responsabilidades. Nosotras, las hermanas del Consejo, y mi persona, acogimos esta elección como parte del amén que da plenitud y gozo a nuestra obediencia. Agradecemos hermanas, su confianza en nuestra fragilidad.
Fue providente celebrar tres festividades en comunión muy estrecha con todas las hermanas de la Congregación, en la Curia general: Hermanas Beatas Mártires, celebración de la pascua de nuestro Venerable Padre Luis Amigó y San Francisco de Asís. La oración unida a la iglesia universal y al clamor de los pobres, nos mantuvo en sintonía espiritual y animó desde la fe a buscar la voluntad de Dios para nuestra Congregación.
Nos acercamos a Pedro, situándonos en el corazón de la Iglesia, con sus gozos y sus penas, como parte de nuestra experiencia capitular, reafirmando así nuestro compromiso de comunión y colaboración con ella.
Adentrarnos en el contenido de nuestras Constituciones, fue la experiencia más rica, iluminada por la sabiduría del Espíritu, y de todas las hermanas que nos iluminaron con su conocimiento y su vida. Esta tarea ardua, posibilitó desentrañar el espíritu que en ellas, nos legó Nuestro Padre Fundador.
Por todo lo vivido, me siento impulsada, en comunión con María, Madre nuestra, a proclamar también en gratitud, las maravillas de Dios para con la Congregación y para con nosotras, hermanas capitulares:
MUCHAS GRACIAS Hermanas Julia, Amelia, Yalile, Amparo, Aleyda, Ana María y Eugenia, por su entrega incondicional, y entrañable en todo momento, sin escatimar esfuerzos en la alegría y en dificultad. Su testimonio de servicio generoso y fiel, se convierte en inspiración para toda la Congregación y forma parte de esos eslabones humanos que hacen posible el crecimiento. Gracias, por la preparación del Capítulo General, con antelación, amor y responsabilidad, facilitando con ello, que Dios se manifestara entre nosotras. Que el Señor recompense sus preocupaciones, desvelos y la donación de sus vidas.
GRACIAS por cada una de las hermanas del Consejo que este Capítulo General me ha concedido como compañeras de camino para continuar animando la vida, misión y proyectos de la Congregación en todos los campos, expresados en los compromisos del documento final y en los Acuerdos del XXI Capítulo general. Ellas dan fuerza a mi entrega y son para mí el don que acojo con amor.
GRACIAS a ustedes hermanas, que realizaron tareas necesarias y exigentes que han demandado horas de trabajo y entrega, especialmente a nuestras Secretarias, Blanca Nidia Bedoya y Ángela María Martínez, quienes recogieron con habilidad y profesionalismo cada una de las sesiones, colaborando con ello a la buena marcha del Capítulo. Gracias al Consejo de presidencia, su experiencia en este campo posibilitó el discernimiento para las diversas tareas. Gracias, hermanas de las diferentes Comisiones: Moderadoras, Escrutadoras, Síntesis de estudio de la Relación, de información, de evaluación, de Acuerdos y Conclusiones contenidas en el Documento final, Redacción de Constituciones, diagnóstico, información, las Demarcaciones que prepararon la liturgia… su claridad, responsabilidad, excelencia en el trabajo y el empeño por hacerlo todo bien, hizo posible el fruto que hoy recogemos como Asamblea.
GRACIAS a cada una de ustedes Hermanas Capitulares por haber aportado su oración, reflexión, experiencia y actitudes fraternas. Por su palabra oportuna para coincidir o diferir, todo ello como entrega incondicional en la búsqueda del querer de Dios.
GRACIAS a cada hermana de la comunidad local, su entrega silenciosa y fraterna, su abnegado servicio, nos han hecho sentir a todas “en casa”. Con su trabajo asiduo nos ayudaron a alcanzar los objetivos propuestos, sin ellas, habría sido imposible lograrlo.
GRACIAS a nuestros Hermanos Terciarios Capuchinos, por tener actitudes sinceras de hermanos, a través de su acompañamiento espiritual.
GRACIAS a cada hermana de la Congregación, estoy segura que han estado en esta sala capitular con sus oraciones, sacrificios y entrega. Pero también con sus mensajes y gestos fraternos, detalles que hacen cierta la vida.
Recogemos, en este día el fruto de una semilla que sembramos con alegría y una vez podada por el Señor, en las distintas circunstancias vividas, recolectamos la cosecha con el convencimiento, que quienes hemos participado en el XXI Capítulo General, somos las primeras comprometidas a hacer efectivo todo cuanto hemos soñado y discernido para el bien de la Congregación.
Hermanas, al finalizar este tiempo capitular somos enviadas a dar testimonio de lo que hemos visto y oído, así mismo, nos corresponde dar a conocer a las hermanas, el Documento final y los Acuerdos Capitulares como síntesis de la reflexión y el discernimiento compartido, ellas, esperan con ansias los resultados de nuestro trabajo Capitular. De igual manera somos responsables de llevar la esperanza del gran proyecto congregacional de Restructuración de la Congregación, sin miedo al compromiso y con la certeza que el Señor acompañará el caminar que hoy iniciamos.
Vamos, en el Nombre de Jesús, bendecidas por la participación en el XXI Capítulo General, agradecidas con el Señor que nos ha asistido con su Espíritu, en la reflexión, las determinaciones y Acuerdos. Llevemos inscrito en el corazón, las palabras del Señor cuando nos dice: “No tengas miedo, yo estoy contigo. No temas pues yo soy tu Dios, yo te doy fuerzas, yo te ayudo, yo te sostengo con mi mano victoriosa” (Is.41,10).
Así hermanas declaro concluido de manera oficial nuestro XXI Capítulo General.
Con la bendición de nuestro Venerable Padre Fundador y con la compañía de Santa María y nuestras Hermanas Beatas Mártires, para todas y cada una de ustedes, mi amor, oración y gratitud sincera.
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Hna. Yolanda Arriaga R. Superiora General |
Roma, 15 de octubre de 2010


