Retiro Asis (3 - 6 Septiembre)
Retiro Asis
Durante los días 3-6 de septiembre, las hermanas capitulares realizaron el retiro de preparación a la apertura del capítulo en la ciudad de Asís, siendo acompañadas por el Padre Ignacio Calle, Superior General de los Terciarios Capuchinos. Estos son algunos de los puntos de reflexión, entre otros aspectos de conocimiento personal y profundización.

¿Vivimos desde Dios?
Es la pregunta que invita a reflexionar el director de los ejercicios a las hermanas capitulares, ya que muchas veces puede parecer que ya hemos encontrado el tesoro pero nuestras actitudes manifiestan una realidad diversa.
La iglesia cristiana puede caer en los errores del antiguo Israel. Puede decaer y transformarse en un sistema de leyes que suplanta la fe, en un sistema de obras que suplanta al Espíritu Santo. Entonces en lugar de estar la iglesia en manos de Dios cae en manos de administradores, de una doctrina como los doctores de la ley o del culto como los sacerdotes del templo, o de administradores de una santidad formal consistente en obras externas, como la de los fariseos. Falta de vivencia de la fe, hace que la iniciación cristiana no sea experiencia directa y gozosa de Jesucristo vivo.
Se puede deducir de todo ello que la mayoría de los miembros de nuestras comunidades han percibido la verdad salvífica de Dios con los registros del saber informativo y solamente una minoría con los de la experiencia espiritual.[i]
Para hacer posible este deseo de vivir en coherencia y según el Espíritu, es necesario delinear los ejes sobre los cuales se debe prestar mayor atención y donde es posible encontrar el verdadero camino y la fuerza para llegar a la verdadera experiencia de Dios:
Punto de partida: Dios dentro de nosotros, somos templo del Espíritu Santo.
Nuestro ser no sólo es un templo que contiene a Dios como un recipiente sagrado, sino que el hombre es un ser en el que Dios habita transformándolo continuamente haciéndole crecer.
Nosotros somos desde Dios como Jesús.
Es imposible, pues, en la opción creyente disociar a Dios de la definición de la creatura y menos aún entender como rival precisamente a quien da el ser y su máxima autonomía.
Todo este proceso de vida es posible desde la espiritualidad, pero ¿cómo es la Espiritualidad que hemos asumido cada uno de nosotros? ¿Dónde se encuentra su origen?
Las preguntas fundamentales de la espiritualidad de arriba son éstas: ¿Cómo tiene que ser un cristiano? — ¿Qué debe hacer? — ¿Qué tipo de conducta debería encarnar?
La espiritualidad desde arriba: nos pone ante la vista los ideales con los que debemos entusiasmarnos para finalmente realizarlos. Sobre todo los jóvenes necesitan ideales para su vida. Sin ideales se limitarían a girar en torno a sí mismos sin llegar nunca a desarrollar todas las posibilidades que llevan ocultas. Sin la fuerza provocativa de esos ideales muchos vivirían al borde de las propias posibilidades sin percatarse de ellas.
No podemos, por tanto, prescindir de la espiritualidad de arriba. Ejerce la función positiva de despertar vida en nosotros. Sólo actúa negativamente produciendo enfermedad cuando los ideales pierden contacto con nuestra realidad. Hay quienes se proponen unos ideales tan elevados que resultan inasequibles.
Espiritualidad desde abajo: se pone de manifiesto principalmente en las parábolas de Jesús. El, por ejemplo, nos habla de un tesoro escondido en un campo (Mt 13, 44 ss). Hay que cavar hondo y mancharse las manos si se quiere descubrir el tesoro bajo la tierra del corazón.
Los modelos bíblicos que nos ofrece la biblia no son siempre los de los hombres y mujeres perfectos, al contrario son personas en búsqueda de Dios y que reconocen que deben partir desde abajo. Por ejemplo Abrahán. En Egipto niega que Sara sea su esposa y la hace pasar por hermana para librarse de conflictos. Moisés es un asesino. Mató a un egipcio en un arrebato de cólera. Tiene que ser enfrentado a su ineptitud, reflejada en el signo de la zarza ardiendo, antes de ser aceptado como un fracasado al servicio de Dios. David carga sobre su conciencia la grave culpa de acostarse con la mujer de Urías. Y cuando se entera de que está embarazada, da orden de dejar solo al hitita Urias en lo más riesgoso de la batalla para que muera. Pedro en el Nuevo Testamento termina por negar a Jesús en el prendimiento habiendo asegurado poco antes, camino del monte de los olivos: “Aunque fuera necesario morir por ti, nunca te negaré” (Mt 26, 35). La fragilidad de Pedro se convirtió en robustez de roca para los demás. Porque comprobó que la roca sólida no era él sino la fe a la que debía agarrarse para permanecer fiel a Cristo en medio de la adversidad.

La vida de penitencia y la gratitud: Frente a esta realidad de nuestra limitación pero también del amor misericordioso de Dios, es indispensable retomar el testimonio de San Francisco de Asís, quien nos exhorta a una vida en penitencia pero esta siempre unida a la expresión de la gratuidad.
El punto de partida de una verdadera “vida en penitencia” no es otro que una gratitud sin límites, que abarca cielo y tierra, por las maravillas que, en su verdadero y santo amor, el Padre de las misericordias ha obrado por nosotros por intermedio de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
La “vida en penitencia”, es por consiguiente, como toda la vida cristiana, la respuesta agradecida del hombre al llamamiento, a la acción salvífica de Dios. Cuanto más se abre el hombre a la acción redentora de Cristo, dejándose penetrar por ella, tanto más se olvidará de sí mismo y se orientará hacia El; y tanto mejor, por lo mismo, responderá al llamado de una conversión, la “vida en penitencia”, y tanto más, por el olvido de sí mismo, esta “vida en penitencia” lo consumará el amor de Dios.
De Igual manera fue una gran alegría, el visitar algunos de los lugares franciscanos como la Porciúncula, la Tumba de San Francisco, San Damián y el Santuario de Greccio.
Por todo esto damos gracias a Dios por ha permitido paso a paso redescubrir y renovar el corazón de cada una de las hermanas para este acontecimiento Congregacional.


