Saludo a las Capitulares
XXI CAPITULO GENERAL
SALUDO DE LA SUPERIORA GENERAL, 7 SEPTIEMBRE 2010
Muy queridas hermanas. Os saludo con el ósculo franciscano de Paz y Bien.
Hemos escuchado el texto de Hech 2. 1-13 que nos narra el acontecimiento de Pentecostés. En dicho texto se nos dice que los discípulos estaban reunidos en oración en el Cenáculo con María la madre de Jesús y otras mujeres.
Hoy se repite aquí esta misma escena: con María estamos reunidas en oración cuarenta y dos mujeres Terciarias Capuchinas, discípulas de Jesús invocando al Espíritu Santo, sin miedo, pero sí con expectativas. Hemos orado intensamente poniendo en manos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo este acontecimiento eclesial y congregacional. Todas las hermanas hemos reflexionado, discernido y compartido qué es lo que el Espíritu del Señor nos señala para seguir en fidelidad a Jesucristo y servir a nuestros hermanos y hermanas hoy y en el futuro.
Como los discípulos esperamos un nuevo Pentecostés, con ellos comenzó la Iglesia, con nosotras puede nacer un nuevo modo de ser Iglesia para los tiempos nuevos que nos toca vivir.
Ellos recibieron la efusión del Espíritu Santo. Una experiencia única, directa de Dios y, desde esta experiencia, salieron con valentía a proclamar la resurrección de Jesucristo; hombre rudos, sin formación, no eran maestros de la ley, dieron testimonio según les concedía el Espíritu expresarse de lo que habían visto y oído junto al Maestro que les había cambiado la existencia, y, nos dice el texto, que todos los que les escuchaban les entendían en su propia lengua.
Los apóstoles comprendieron y unieron muy bien la contemplación y la acción, lo que hoy denominamos “la mística y la profecía”, este binomio inseparable que configura nuestra vida de seguimiento a Jesús: la intimidad con el Señor y el anuncio del Reino. Esta es nuestra identidad en la Iglesia, el sentido de nuestra vocación personal y comunitaria: Amigas de Dios, Voceros del evangelio
Cuando se vive esta experiencia con hondura y coherencia, todos lo entienden porque quien lo proclama lo ha gustado y experimentado. Por eso puede decir, no con palabras, sino con su vida. “Yo he visto a Dios”
Mis queridas hermanas, hoy queremos repetir y reavivar en nosotras, convocadas al XXI Capítulo general, la fuerza arrolladora y expansiva del Espíritu. Que cuando volvamos a nuestras fraternidades, a los países desde donde nos reclaman, como acabamos de verlo:”Queremos ver a Jesús”, podamos decir con verdad ”Yo he visto a Dios, yo he sentido la fuerza de Jesucristo en mi misma, en mis hermanas” y como sucedió entonces que, quienes estaban reunidos, no se quedaron confinados en el Cenáculo, sino que la experiencia mística desató su lengua, así cada una de nosotras sintamos en el corazón la necesidad de anunciar que Cristo vive, que Dios ama a todos los hombres y mujeres, porque son todos sus hijos y contagiemos a nuestras hermanas este fuego, esta fuerza de Dios para anunciar la Buena Noticia del Evangelio.
Somos Iglesia comprometida con la vida y el mensaje de Jesús. En cada lugar donde haya una Terciaria Capuchina, llega el mensaje de sanación, de paz, de alegría, de transformación.
Ser místicas y profetas es hoy nuestra misión: seguir a Jesús, vivir como El, amar como El hasta dar la vida. Para llevar a cabo esta sublime misión necesitamos saciarnos de la Fuente que es Cristo.
La última Asamblea Plenaria de la Unión internacional de Superioras generales celebrada en mayo de este año, tuvo como lema la frase de San Juan de la Cruz: Que bien se yo la fuente que mana y corre aunque es de noche” Ochocientas Superioras generales reunidas para buscar la Fuente que es Cristo el Señor, afirmábamos que el futuro de la Vida Religiosa está en la fuerza de su mística y de su profecía.
Partiendo de este convencimiento y llevando este mensaje a más de seiscientas mil hermanas a las que representábamos, nacieron unos compromisos que iluminarán el caminar de la VR en los próximos años en los cinco continentes.
Nosotras al inicio de nuestro Capítulo bien podemos retomarlos, como parte que somos de ese carisma común en la Iglesia.
Enumero algunos de ellos:
- Redescubrir y escuchar la Fuente que habla en nuestro corazón, en los otros y en la Creación.
- Ir sin cesar a la fuente de nuestro carisma para extraer de nuevo el dinamismo de nuestro primer llamado, de la intuición que nos dejó Nuestro Venerable Padre Fundador
- Favorecer el diálogo entre la Palabra de Dios y los acontecimientos del mundo.
- Crear un estilo de vida mística y profética abierta a la acogida, respetuosa de las diferencias, que reconoce la riqueza de las diversas culturas y religiones.
- Reinventar el arte de vivir juntas, marcado por unas relaciones que humanizan, por la escucha, la empatía, la no-violencia, para ser testigos del Evangelio.
Nosotras, sin miedos, con lucidez vamos a reconocer durante nuestras reflexiones y discernimientos “las noches”, las debilidades e incoherencias que hay en nuestra vida cotidiana, pero, fortalecidas por el Espíritu, vamos a ser capaces de descubrir los destellos de luz que hay en nuestras noches, en la Congregación, en la Iglesia, en el mundo, porque los hay, porque Dios está presente y actúa “aunque es de noche”. Con esta fuerza vamos a descubrir nuevos caminos y como mujeres consagradas ofrecer un ministerio de compasión y de sanación a cuantos nos necesitan.
El estudio y profundización de nuestra Identidad carismática que durante todo un año hemos realizado en las fraternidades como preparación al Capítulo, va a ser, no solo un documento de trabajo, sino que es el mensaje de esperanza, de necesidad de cambio que sienten las hermanas, el sueño de ser felices y contagiar esa felicidad al mundo, de ser presencias vivas de Jesús entre los más desfavorecidos.
Así mismo en fidelidad al carisma recibido de Nuestro Venerable P Fundador, vamos a revisar nuestro estilo de vida y misión desde el texto constitucional que es nuestra norma de vida, para que el anuncio del Evangelio sea inteligible a los hombres y mujeres de hoy en las diversas culturas en donde estamos presentes,
Os invito a que, con creatividad, expresemos estos valores evangélicos de siempre que no cambian, en formas nuevas, sin rebajar la exigencia de nuestra vocación.
No es el lenguaje escrito el que convence, sino el idioma del amor, la abnegación y el sacrifico hecho vida en cada Terciaria Capuchina.
Por ello nuestra tarea en este Capítulo tiene dos vertientes:
- Conocer, analizar, evaluar nuestra realidad congregacional y revitalizarla
- Tomar conciencia de los anhelos, aspiraciones e interrogantes del ser humano en nuestro mundo hoy, así como dejarnos estremecer por las situaciones dramáticas de marginación y pobreza en que viven millones de hermanos.
En fidelidad a estas realidades sintiéndonos Iglesia de Cristo, brotarán nuevos compromisos para el futuro.
La tarea es urgente, apasionante, el mundo necesita testigos del Dios de la misericordia, de Cristo que camina en la Historia salvando, perdonando, celebrando la vida, NOSOTRAS SOMOS SUS MENSAJERAS.
Hay muchos hombres y mujeres religiosos/as, laicos, que comparten la pasión por Dios y por la humanidad, unamos nuestras fuerzas, arriesguemos juntos la vida a favor de quien nos necesita.
Como María permanezcamos despiertas, vigilantes en constante búsqueda de la Fuente que mana, con la certeza de que Ella se deja encontrar aunque “es de noche”
Con el deseo y esfuerzo de todas para que se haga realidad este nuevo Pentecostés, contando con la protección de la Sgda Familia y la bendición de nuestro Venerable P Fundador, declaro abierto el XXI Capítulo general.
Muchas gracias.
Hna. Julia Apesteguia.
Superiora General


