Jul 03 2014

El día empezó como siempre con la adoración al Santísimo y los Laudes y a las 9.45 h. nos trasladamos a la sala capitular para empezar la jornada en la cual recogeremos el fruto del trabajo que entre todas hemos realizado.

La Hna. Yolanda de Mª Arriaga, Superiora General, nos dirigió unas palabras: “la Palabra de cada día nos orienta, nos ilumina, nos nutre y fortalece”. Hoy, el evangelio del día nos habla del “abandono”, no puede darse el abandono sin fe y nos invitó a la confianza, a “entregar el timón de nuestra vida al Señor, para que Él lo conduzca”.

La comisión encargada presentó el Documento Final: conclusiones y acuerdos y se volvió a los grupos para analizar el contenido y proponer eventuales modificaciones. A las 11.30 h. nos reunimos en la Sala Capitular y las secretarias compartieron el trabajo realizado. Se valoró la presentación del Documento y se abrió el diálogo para hacer las correcciones pertinentes. Después de un breve receso, se invitó a la Asamblea a tratar los temas que habían quedado pendientes; el compartir fue muy rico, en ambiente de serenidad y fraternidad.

Además se dedicó un tiempo para leer los saludos y felicitaciones enviados por muchas Hermanas de la Congregación.

A las 15.30 h., de nuevo en la sala, se aprobó el Documento final, las Conclusiones y Acuerdos del I capítulo de la Provincia “Nazaret”.

A las 18.30 h. salimos hacia Massamagrell para dar gracias a Dios con la Eucaristía de clausura del Capitulo provincial a los pies de la tumba del Padre Fundador.

Al final de la celebración eucarística la comunidad “Colegio- Sagrada Familia” de Massamagrell ofrecieron un delicioso refrigerio.

Homilía

Queridas hermanas, paz y bien

Días atrás Ma Reyes me enviaba unas letras en las que me indicaba la temática del capítulo y más en concreto de este día. Me pedía para esta homilía "una síntesis preciosa sobre algunos elementos-núcleos centrales de vuestra vida como son la fraternidad y la minoridad". Y esta síntesis preciosa es la que os voy a ofrecer y en la que espero estéis de acuerdo. La síntesis es muy sencilla y más preciosa imposible: "Jesucristo". No se nos ha dado otro nombre fuera del cual lleguemos a la salvación (Hch 4,10-12). Esta es la gran síntesis de todo cristiano a la hora de enfocar cualquiera de los temas que nos tengan que ocupar, sea la fraternidad, la minoridad, la contemplación, la formación ...

El ungido que viene desde el Padre a salvarnos por la acción del Espíritu Santo es aquel en quien se concentra toda la vida del cristiano. Porque Él nos remite a la entraña más profunda de Dios: al misterio de la Santísima Trinidad, origen y meta de nuestra vida como cristianos y franciscanos. ¿Queremos vivir con radicalidad novedosa nuestra condición de siervos del Reino? Mirémosle. ¿Queremos establecer unas relaciones fraternas que sean proféticas para este mundo, esto es, que cuando nos vean puedan decir: mirad cómo se aman? Contemplémosle. ¿Buscamos estrategias para dar calidad de vida a nuestras fraternidades en un terreno siempre difícil como es la resolución de conflictos? Escuchémosle. Cristo es nuestra gran apuesta. Centrar nuestra vida en Él es garantía de que no nos vamos a equivocar.

No hay expresión mayor de fraternidad y de minoridad que contemplar el misterio de ~ Santísima Trinidad, lo sabemos. En ella asistimos a la concreción de un tipo de relaciones presididas por el amor donde vinculación, estima, respeto, si se puede hablar así de la Trinidad, adquieren cotas insospechadas para nosotros. La Trinidad también es expresión de la minoridad más excelsa: contemplar el himno de fllipenses (Flp 2,7-11) es suficiente para darnos cuenta de ello.

La contemplación nos lleva a nutrir nuestra fe y hacerla patente en este mundo. Muchos apuntan a que la gran crisis de la vida consagrada viene por la pérdida de la fe. Profética está resultando aquella afirmación de Rahner cuando decía que el "cristiano del siglo XXI será místico o no será". Frase muy manoseada, es cierto, pero poco interiorizada por muchas fraternidades y muchos hermanos y hermanas que prefieren llenar sus vidas con tantas cosas que al final parecen o parecemos como la semilla que cae entre zarzas y otros arbustos y no termina de crecer por el ahogo de estas plantas. "Sin la experiencia religiosa interior de Dios, ningún hombre puede permanecer siendo cristiano a la larga bajo la presión del actual ambiente secularizado" sigue diciendo el teólogo alenmán.

Dejar a Dios que sea hermano y menor en medio de nosotros requiere reconocer lo que uno es ante Dios y no más, tal como nos diría san Francisco. Este reconocimiento requiere de mucha pobreza de espíritu. Y ¿quiénes son los pobres de espíritu? "Los que se odian a sí mismo y aman a los que les pegan en la mejilla" (Adm 14).

En buena lógica tendríamos que decir que solo esos son los benditos del Señor, porque esta es la lógica de la cruz: no le quitan la vida sino que la da libremente". Jesucristo la dio libremente, como la dieron sus discípulos Pedro y Pablo. Ambos tuvieron ante sí la consideración constante de la vida de su Señor, fueron seducidos totalmente por su amor, y entregaron sus vidas por fidelidad a este mismo amor

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Como ellos, somos convocados a dar la vida por nuestras hermanas y por este mundo porque se nos ha dado gratuitamente. La gratuidad de Dios es tan inconmensurable que siempre nos desborda y nos obliga a observar con mucha atención nuestros proyectos no sea que se rijan exclusivamente por criterios de eficacia. Permitidme decir, hermanas, que lo nuestro es, como Cristo, la exageración, la locura, la excentricidad ... Y como a Pablo y a Pedro, el evangelio nos lleva más allá de nuestro

¿Acaso no es la cruz una locura? ¿y optar por hacerse pobres? Así es, nosotros nos hemos hecho pobres, como nos hemos hecho eunucos, como nos hemos hecho obedientes por amor, mejor, por el amor más grande que jamás persona humana pueda experimentar: el de Dios. Esta seducción ha sido tan eficaz que nos ha llevado a tomar un estilo de vida tanto más libre cuanto más ajustado a ese amor. Además, nuestra tradición carismática y espiritual radicaliza la humildad y sencillez como pilares fundamentales para seguir a Jesucristo y testimoniarlo con fuerza ante este mundo.

Es cierto, el gobierno de una provincia no puede ser tan excéntrico, ha de aquilatar bien las decisiones, ha de tener todos los elementos encima de la mesa para poder optar por un camino u otro, ha de ..., pero desde el principio hasta el final, Dios y el evangelio han de estar presentes en todo. De no ser así, nos convertimos en la medida de toda la realidad, y caemos en la tentación clásica del"seréis como dioses". Lo nuestro no es ser dioses, lo nuestro es ser siervos de Dios y de las hermanas, de manera especial la Provincial y su gobierno. El servicio cansa, es cierto, pero solo el que trabaja y se cansa puede acudir a reclinar su cabeza sobre el pecho de su señor y recibir de él la ternura, la palabra, la mirada, el cariño que restaña las heridas y renueva los ánimos para continuar sirviendo. Esto lo refleja el evangelio en el discípulo amado, pero también lo constatamos en los dos pilares de la iglesia. Solo quien une su cruz a la cruz de Cristo puede seguir sus huellas. Bonhoeffer nos dice: "ir bajo la cruz no significa miseria ni desesperación, sino recreo y paz de las almas, es la alegría suprema. No marchamos ya bajo las leyes y las cargas que nos habíamos fabricado a nosotros mismos, sino bajo el yugo de aquel que nos conoce y comparte ese mismo yugo con nosotros. Bajo su yugo tenemos la certeza de su proximidad y de su comunión. A Él es a quien encuentra el seguidor cuando carga con su cruz".

Yugo suave, apetecible, seductor, el de Cristo. Gracias sean dadas a él en este día de sus siervos Pedro y Pablo y por siempre.