Feb 01 2012

Un carisma vivo para una Iglesia viva, en una sociedad sufriente donde las necesidades de los más pobres son, desde el principio de la fundación de la Congregación, la llamada a responder como el Buen Pastor:

  • Con amor, abnegación y sacrificio hasta dar la vida...
  • por quienes no pueden soñar,
  • o se les arrebata la dignidad, el pan y la educación, el hogar y el cariño de una familia,
  • o han perdido el horizonte de su vida y no cuentan para nadie.


Desde el inicio de la Congregación, en España, hasta hoy es importante la labor llevada a cabo, con la infancia y la juventud, en fidelidad al carisma transmitido por Luis Amigó: Id en busca de la oveja perdida hasta devolverla al redil del Buen Pastor. Tarea que sigue las directrices de la pedagogía propia, llamada Pedagogía Amigoniana y que se basa en el amor misericordioso y en una invitación constante a que el educando sea protagonista de su propio proceso formativo.
Las Terciarias Capuchinas, queremos ser portadoras de la misericordia y ternura de Dios, defensoras de la justicia, de la integridad de la creación y constructoras de paz en cualquier lugar que nos encontremos:

Nos sentimos Iglesia, comprometidas en la tarea de encarnar a Cristo en la historia, testimoniamos una nueva forma de ser, amar y compartir, colaborando así en la construcción de una sociedad de hermanos.

Deseamos vivir en fidelidad a nuestro carisma y responder desde él a los retos de este siglo, siendo una Congregación:

  • Con una sólida espiritualidad propia.

  • Que en apertura al Espíritu renueve con valentía el seguimiento de Jesús pobre, virgen y obediente.

  • Que actualiza su historia con creatividad y fidelidad a través de los elementos esenciales de su identidad: oración-contemplación, fraternidad, minoridad, pobreza y penitencia-conversión.

  • Que permanece fiel a al Iglesia y participa de su misión evangelizadora desde los apostolados propios del carisma, con la actitud del Buen Pastor.

  • Que teniendo como referente a la Sagrada Familia de Nazaret intenta vivir como ella y promover a las familias para que sean santuarios de amor.

  • Que ama a María y la tiene como modelo de obediencia a la Voluntad de Dios.

  • Misionera que se siente impulsada por el Espíritu a evangelizar.

  • Constructora de paz, justicia, defensora de los derechos humanos, que reconoce la dignidad inviolable de cada persona y contribuye en la construcción de un mundo nuevo a través de la civilización del amor.

  • Que posibilite a sus miembros una formación integral.

  • Sensible a las circunstancias y necesidades del mundo actual, comprometida con la causa de los pobres.

  • Que estimula la conciencia de internacionalidad, sentido de pertenencia y la inculturación en clave de misión universal sin fronteras de países y culturas.