Feb 01 2012

Francisco, el santo de todos los tiempos, “el poberello” de Asís que sigue atrayendo a tantas personas desde hace ocho siglos, es el inspirador de numerosas formas de vida laicales y consagradas.

Quien se acerca a sus escritos queda cautivado por su transparencia y simplicidad, enamorado de Cristo pobre y crucificado hasta hacerse merecedor de experimentar en su cuerpo los estigmas de la pasión de Cristo.

Francisco no fue un hombre de letras, él mismo se apodaba insistentemente indocto e ignorante, pero nos dejó en sus escritos toda la hondura mística de su alma enamorada que cantaba al creador con corazón agradecido y jubiloso, al Sumo Bien, todo Bien…

Su manera de entender el seguimiento de Cristo sin glosa nos lo transmitió en sus exhortaciones, Regla, Cartas. Con alma de pobre hubiese considerado apropiación  abusiva de los dones de Dios el reservarse para sí solo las copiosas luces recibidas de Dios.

Francisco, por temperamento y por el clima caballeresco que vivió en su época era un trovador que cantaba a su Señor a través de la naturaleza, considerándola portadora del mensaje salvador de Dios.

Además era un contemplador de la Palabra de Dios, la cual la vivía al pie de la letra, como la encontraba en el Evangelio, era al mismo tiempo un atento escuchador de la Palabra de Dios enseñada por los teólogos y sacerdotes a los que respetaba y veneraba como representantes de Dios que le transmitían espíritu y vida.

Espíritu Franciscano

El Padre Luis Amigó se sentía hijo de san Francisco por vocación y por amor a este santo, cuyo espíritu se esforzó siempre en vivir y extender como buen Capuchino. Trabajó incansablemente por hacer crecer en la Iglesia la Familia Franciscana con sus fundaciones.

Nuestro fundador nos propuso vivir los valores evangélicos-franciscanos de humildad, obediencia,  pobreza, la unión y la caridad fraterna, nos decía:

«Todas las virtudes nos son necesarias y hemos de procurar practicarlas, siguiendo a nuestro divino modelo Jesucristo; pero de un modo especial nos hemos de fijar en aquellas en que más se distinguió nuestro seráfico Padre San Francisco, por ser como las características de nuestra Orden…».