Jun 13 2017 Crecimiento y Transformación

“He aquí, hago algo nuevo, ahora acontece; ¿no lo percibís?
Aún en los desiertos haré camino y ríos en el yermo” (Is 43, 19)

A lo largo de la historia congregacional, descubrimos que el Señor es dueño de los planes y proyectos de la Congregación y nos lleva por caminos sorprendentes; lo constatamos hoy al presentar, en el marco de la celebración de los 132 años de su fundación, el Proyecto “Crecimiento y Transformación”, surgido en el Aula Capitular, durante la celebración del XXII Capítulo general, que determinó: “Considerando el Proceso de Reestructuración en el que se encuentra la Congregación, que los Gobiernos general y de las Demarcaciones continúen animando y acompañando la etapa de crecimiento y transformación congregacional” (Acuerdo 1); creemos que esta decisión viene del Espíritu que sopla vientos nuevos, aireando nuestra vida espiritual, fraterna, apostólica y formativa y nos impulsa a dar continuidad al Proceso de Reestructuración comenzado en la Congregación.

Crecer y transformarse no es algo nuevo, es el proceso normal de todo ser humano que nace y se va desarrollando. El proceso de crecimiento y transformación de la Congregación, nos va llevando a crecer en el servicio a Dios y a los hermanos, pero requiere un acompañamiento hecho con la pedagogía que utilizó Dios con el pueblo de Israel: escucha sus gemidos, ve la aflicción, conoce sus sufrimientos, baja para librarlo y sacarlo de la esclavitud, lo rescata de la opresión, lo toma como su pueblo, como su Dios, se acuerda siempre de su alianza con él y lo sube a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel (cfr. Ex 2,23-24; 6,6-7) . Hermanas, esta manera de Dios de conducir a su pueblo nos anima a mantener en nuestras comunidades locales una actitud de continua conversión, de intervención paciente, creadora y misericordiosa que madura, armoniza, suscita libertad y abre a compromisos renovados y horizontes nunca soñados.

“He aquí, hago algo nuevo, ahora acontece; ¿no lo percibís?
Aún en los desiertos haré camino y ríos en el yermo” (Is 43, 19)

A lo largo de la historia congregacional, descubrimos que el Señor es dueño de los planes y proyectos de la Congregación y nos lleva por caminos sorprendentes; lo constatamos hoy al presentar, en el marco de la celebración de los 132 años de su fundación, el Proyecto “Crecimiento y Transformación”, surgido en el Aula Capitular, durante la celebración del XXII Capítulo general, que determinó: “Considerando el Proceso de Reestructuración en el que se encuentra la Congregación, que los Gobiernos general y de las Demarcaciones continúen animando y acompañando la etapa de crecimiento y transformación congregacional” (Acuerdo 1); creemos que esta decisión viene del Espíritu que sopla vientos nuevos, aireando nuestra vida espiritual, fraterna, apostólica y formativa y nos impulsa a dar continuidad al Proceso de Reestructuración comenzado en la Congregación.

Crecer y transformarse no es algo nuevo, es el proceso normal de todo ser humano que nace y se va desarrollando. El proceso de crecimiento y transformación de la Congregación, nos va llevando a crecer en el servicio a Dios y a los hermanos, pero requiere un acompañamiento hecho con la pedagogía que utilizó Dios con el pueblo de Israel: escucha sus gemidos, ve la aflicción, conoce sus sufrimientos, baja para librarlo y sacarlo de la esclavitud, lo rescata de la opresión, lo toma como su pueblo, como su Dios, se acuerda siempre de su alianza con él y lo sube a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel (cfr. Ex 2,23-24; 6,6-7) . Hermanas, esta manera de Dios de conducir a su pueblo nos anima a mantener en nuestras comunidades locales una actitud de continua conversión, de intervención paciente, creadora y misericordiosa que madura, armoniza, suscita libertad y abre a compromisos renovados y horizontes nunca soñados.

Esta fue la experiencia de crecimiento y conversión que vivieron Francisco de Asís y Luis Amigó. Este proceso, muchas veces lento y doloroso, supuso rupturas y un cambio radical del proyecto personal por el proyecto de Dios, descubierto poco a poco en la lectura creyente de la voluntad del Padre. El encuentro consigo mismo les abrió el corazón a los pobres, verdadero sacramento de la presencia de Dios en el mundo; el encuentro de Francisco con los leprosos dispuso su espíritu para comprender mejor a Cristo Crucificado, en quien Luis Amigó encontró su “quitapenas”. Esta experiencia orante, generó dentro de cada uno la necesidad de escuchar de una manera nueva el Evangelio, de dejarse iluminar por él, de romper, de una vez por todas, con todos los obstáculos que impidiesen su libertad de espíritu y la paz interior, para acoger a los hermanos como don de Dios, ayudarles a transformarse y dejarse transformar por el anuncio explícito de la Palabra.

Hermanas, es el momento, es la hora de avanzar, de crecer y transformarnos en mujeres de fe profunda, capaces de custodiar nuestra identidad carismática, de despertar y percibir en nosotras y en las otras la fuerza creadora del Espíritu que nos cambia y nos convierte en mujeres nuevas, “sin defensivas y sin miedos, sino con las manos en el arado ayudando a hacer crecer el trigo sembrado en nuestra propia viña y en medio de la cizaña de nuestros pueblos” (cfr. Papa Francisco, Homilía de la Misa 2 de febrero del 2017) (Apartes de la Circular no.3, Superiora general).

Explicación de logo

Con el logo queremos evidenciar el trabajo fundamental y decidido que todas nosotras, Hermanas Terciarias Capuchinas, continuamos realizando a partir del Proyecto “Crecimiento y Transformación”; es el signo del compromiso que asumimos con responsabilidad en el XXII Capítulo general, queriendo hacer de él un espacio de contemplación, silencio, escucha atenta y discernimiento.

El semicírculo es el mundo donde está presente el Reino a pesar de las fuerzas ocultas que oscurecen su belleza. En este universo inmenso, grandioso, crece el trigo y la cizaña; sin embargo, en él palpita la fuerza creadora de Dios que busca un resquicio para transformarlo.

Cada Terciaria Capuchina está llamada a ponerse en camino de crecimiento, de conversión profunda y cambio interior, dejando que el Señor renueve en verdad nuestro corazón y podamos ser como esa mujer que coloca la pizca de levadura en la masa de harina, para que “todo” quede fermentado; ella espera, respeta el ritmo del proceso, observa de vez en cuando, deja que la masa haga su propio trabajo… Así es Dios, no se impone sino que transforma, no domina sino que atrae. De la misma manera tenemos que actuar nosotras con el proyecto de Dios: introducir la pequeña levadura en la Congregación, en el mundo, desde la fe, de una manera humilde, pero con la fuerza transformadora de Dios.

De esta manera, el rodillo mantendrá el dinamismo de extender por todos los rincones más recónditos de cada una, esa pizca de levadura nueva que hará crecer toda la masa y seremos capaces de dejarnos transformar por el Espíritu de Dios y ser fermento de unidad, fraternidad, minoridad, solidaridad y humanidad en la Congregación, la Iglesia y el mundo.