Feb 01 2012
Martirio de las Hermanas Rosario de Soano, Serafina de Ochovi, Francisca de Rafelbuol.

El 18 de julio de 1936 estalla la guerra civil española, que durará hasta abril de 1939. Se caracterizó por una Nuestras Mártiressangrienta persecución religiosa y odio a la fe. Como consecuencia se profanaron y quemaron los templos y murieron varios obispos, muchos sacerdotes, religiosos/as y laicos comprometidos sólo por el hecho de profesar su fe.

Entre esta pléyade de mártires se encontraban Rosario, Serafina y Francisca quienes en ese momento estaban al frente de la Congregación y no tuvieron miedo a confesar su fe.

Se vieron obligadas a abandonar el convento y refugiarse en casas particulares. El 21 de agosto de 1936 fueron detenidas y sometidas a duros trabajos, malos tratos, desprecios y vejaciones. Al día siguiente, Rosario y Serafina fueron fusiladas en la carretera de Puzol. La Hna. Rosario, siempre animosa hasta el martirio, se dirigió a su verdugo y sacándose el anillo de dijo: “TOMA, TE LO DOY EN SEÑAL DE QUE TE PERDONO”. El miliciano regresó impresionado diciendo: “Hemos matado a una santa, hemos matado a una santa”.

La Hna. Francisca fue fusilada el 27 de septiembre en el cementerio de Gilet, después de haber pasado por humillaciones y sufrimientos. Antes de recibir el tiro de gracia les dijo a los verdugos: "ESPERAOS UN MOMENTO, OS VOY A DECIR UNAS PALABRAS, QUE DIOS OS PERDONE, COMO YO OS PERDONO" y al grito de "VIVA CRISTO REY" cayó gloriosamente.Nuestras mártires

Rosario, Serafina, Francisca, resumieron su vida en vocación de amor preferencial a Dios y servicio al prójimo más necesitado.

Porque supieron vivir esta vocación de amar a Dios en todo, nos animan hoy a seguir el camino que da paz y plenitud: Jesucristo.

Seguir... seguir... seguir sin mirar atrás, los ojos puestos en Jesús Crucificado... el corazón abrasado en amor... seguir, sin otra luz ni guía, que amor... amor...hasta el martirio.

Rosario, Serafina, Francisca... descubrieron que la verdadera felicidad se encuentra en Dios, y solamente en El y la verdadera sabiduría consiste en reconocerlo como Dueño y Señor de todo... entendieron que las ilusiones del mundo pasan y que sólo Dios permanece.... experimentaron que sólo Dios llena el alma y la llena totalmente. Por eso se fueron felices al martirio testimoniando la firmeza de su fe, la solidez de su esperanza y la incondicionalidad del amor.

No me escogisteis vosotros...fui yo quien os escogí...y os puse para que deis fruto...y ese fruto permanezca...” (Jn 15, 16)

El amor nos apremia a dar la vida

Hna. Inés Arango

Del libro: “Arriesgar la vida por el evangelio” de Rufino María Grandez OFMCap

El 21 de Julio de 1987 caían en la selva amazónica ecuatoriana traspasados por las lanzas de los indios Tagaeri dos esforzados misioneros; Monseñor Alejandro Labaka, obispo del Vicariato apostólico de Aguarico, y la hermana Inés Arango, de la misma misión Terciaria capuchina de la Sagrada Familia, él español, capuchino y ella colombiana

Hna. Inés, junto con Mons. Labaka murieron como héroes, testimoniando con su vida su opción por Jesucristo en la defensa de los más humildes, sin premios, sin condecoraciones. El gran secreto de nuestros dos hermanos, es la desembocadura de la historia de una fidelidad a un carisma que ambos habían recibido desde su temprana edad, el carisma misionero.

La gracia de este martirio es el premio que el Señor les concede por su coherencia de vida, por su fidelidad a la acción de Dios en ellos.

El martirio de Inés, escribía nuestra Superiora general, nos lleva a un cuestionamiento de fondo... ¿Cuáles son realmente las claves sobre las que edificamos nuestra vida? ¿Cuáles son los conceptos que manejamos en razón de nuestra “realización personal”?

Alejandro e Inés se sentían “voz de los sin voz” defensores de las minorías étnicas que se sienten avasallados y privados de sus tierras por la explotación del petróleo y el avance de los colonos... Ambos misioneros buscaban el equilibrio entre la defensa de los indígenas y el progreso del país... optaron por los más débiles: no fueron matados por odio sino en defensa propia de los que creyeron venían a atacarlos.

Hna Inés consciente del peligro que con esta postura corría, ninguna privación ni sacrificio le parecía importante porque los amaba intensamente; se expresaba así unos días antes de morir “sería feliz de morir por ellos”...

En la habitación de Inés se encontró una nota escrita de su puño y letra. Era su última palabra, su testamento, y decía así, en caso de muerte: "El dinero que queda que lo empleen para los pobres. Si muero me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mí, no busco nombre... ni fama. Dios lo sabe".

Siempre con todos. Inés

Este es el lenguaje del amor que todos lo entienden