19 de agosto de 2026. En un ambiente marcado por la gratitud, la comunión y una profunda esperanza, este día llegó a su término el VI Consejo General Ampliado (CGA), cerrando un significativo recorrido congregacional que reunió a las hermanas en torno a la oración, el discernimiento y la búsqueda de nuevos caminos para la misión.
La jornada de clausura comenzó en un clima de recogimiento ante el Santísimo Sacramento. La Adoración Eucarística, seguida de la oración de Laudes, permitió a las participantes elevar una sentida acción de gracias a Dios por su presencia fiel a lo largo de la historia de la Congregación y, de manera especial, por su acompañamiento durante los días de encuentro, reflexión y fraternidad vividos en este VI Consejo general ampliado.
Después del desayuno, las hermanas participaron en un espacio dedicado a los Asuntos Congregacionales, orientado por la Hna. Blanca Nidia Bedoya Salazar. Fue un momento para continuar mirando con responsabilidad el presente y el futuro de la Congregación, a la luz de todo cuanto había sido discernido durante este tiempo.
A las 11:30 de la mañana, uno de los momentos más significativos de la jornada reunió nuevamente a las participantes, la Eucaristía de Clausura. La celebración, solemne y profundamente emotiva, llevó ante el altar no solamente a quienes participaron directamente en el encuentro, sino también, de manera espiritual, a toda la familia carismática amigoniana.
Junto al pan y al vino fueron presentados los desafíos, las conclusiones, los sueños y las acciones renovadoras surgidas durante estos días, permitiendo que las decisiones y llamados del VI CGA encuentren expresión concreta en cada fraternidad y en los diferentes lugares donde la Congregación desarrolla su misión.
El Consejo general ampliado termina, la misión continúa…
La clausura no tuvo sabor a despedida definitiva. Por el contrario, estuvo marcada por la certeza de un nuevo envío.
Durante la tarde, las hermanas emprendieron viaje hacia Bogotá, desde donde se preparan para regresar a sus respectivas demarcaciones. En sus equipajes llevan mucho más que documentos, regresan con la experiencia de una fraternidad fortalecida y con el desafío de transformar en vida aquello que juntas han orado, escuchado y discernido.
Al expresar los sentimientos que las acompañan en este regreso, surgen palabras cargadas de significado: gratitud, fraternidad, comunión, esperanza, liderazgo, proactividad, compromiso, sinodalidad, escucha y gozo. También hablan de fortaleza en el Espíritu, de apertura a la gracia de Dios y de la valentía necesaria para asumir riesgos ante los nuevos desafíos de la misión.
Para algunas, estos días han sido un verdadero “kairós habitado”, un tiempo de gracia en el que la presencia de Dios se ha dejado sentir en el encuentro, en la escucha y en el caminar compartido.
Las participantes regresan fortalecidas y, sobre todo, se sienten enviadas a la misión. Vuelven con el impulso del Espíritu y con la convicción de que lo vivido durante el VI Consejo General Ampliado no puede permanecer únicamente en la memoria: está llamado a convertirse en gestos, decisiones y acciones capaces de renovar la vida de la Congregación.
En palabras del venerable Luis Amigó, fundador de la Congregación: “Gracias sean dadas al Padre.”