Compromiso con la creación: Una propuesta de autosostenibilidad

“La vitalidad de la Tierra y el futuro de la especie humana solo estarán garantizados si conseguimos dotarlos de sostenibilidad. De lo contrario, el futuro puede ser muy oscuro” (Boff, L. (2013). La sostenibilidad. Qué es y qué no es).

“No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada”, afirma el Papa Francisco en su carta magna ecológica, Laudato Si, para responder a la acusación de que en nuestra tradición judeo-cristiana, el relato del Génesis que invita a “dominar» la tierra (cf. Gn 1,28), favorece la explotación salvaje de la naturaleza, y presenta una imagen del ser humano dominante y destructivo. Aclara el Papa que ésta no es una correcta interpretación de la Biblia. Hoy debemos leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que ellos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. Gn 2,15).

Teniendo en cuenta que “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, y “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar, esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza, en el contexto de la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, según concluye el Papa en la misma Encíclica. Esto genera condiciones para la autosostenibilidad o, en un término de mayor proyección, sostenibilidad, definido en 1987 por las Naciones Unidas, como lo que permite “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades propias”. De este modo, un discurso ecológico va de la mano del discurso social y no podemos pensar en sostenibilidad sin considerar a los más pobres, quienes son los que sufren mayormente las consecuencias del mal manejo ambiental.

Ese es nuestro compromiso con la creación: habitarla como un Oikos, llamada “Casa Común” por el Papa y entrar en alteridad con ella, en el sentido de que siendo “otra”, establecemos relaciones de cuidado y de reciprocidad. Ella nos nutre y sostiene y, a su vez, nosotros la cuidamos y permitimos su restablecimiento, de tal manera que se garantice su perdurabilidad. De igual modo, como obra de la creación, debe ser mirada la humanidad para su dignificación y el bien común, en busca de un desarrollo sostenible.

En la llamada Agenda 2030, las Naciones Unidas, en el año 2015, establecieron 17 objetivos para lograr el desarrollo sostenible (ODS) en el planeta, que abarcan tres dimensiones fundamentales, social, económica y ambiental. Los objetivos priorizan la lucha contra la pobreza y el hambre, la defensa de los derechos humanos, la educación inclusiva y equitativa, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, el cambio hacia patrones de consumo responsables y un crecimiento económico respetuoso con el planeta. Se plantearon con una visión holística y sistémica, ya que en el mundo todo está conectado, para ser aplicados en escenarios locales, regionales, nacionales y globales, incluyendo el compromiso de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, en cada contexto particular.

Como Congregación que le apuesta a dignificar la vida humana en un entorno que es necesario cuidar, hemos sido expresión de algunos de los ODS y hoy de manera especial, tenemos el reto de asumirlos con mayor compromiso evangélico y misionero. Nuestro esfuerzo se ha concretado en seis (6) de los 17 ODS:

Objetivo 1: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. La opción preferencial por los pobres, la cual se expresa con la presencia de nuestra Congregación entre los excluidos y personas más vulnerables de la sociedad.

Objetivo 2: Poner fin al hambre. Hemos contribuido a lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición en población en condición de vulnerabilidad, como son los menores, niñas adolescentes, estudiantes y adultos mayores.

Objetivo 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. La promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y atención para el bienestar y la salud, han sido uno de los pilares en la misión evangelizadora.

Objetivo 4: Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. La educación para la vida, clave para salir de la pobreza, ha enarbolado nuestra propuesta evangélica.

Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. En procura de menor discriminación y violencia contra las mujeres, trabajamos en las áreas de Protección, Salud, Educación y Promoción Social.

Objetivo 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. Nuestro enfoque es educar permanentemente sobre consumo responsable y estilos de vida que no riñan con el cuidado ambiental y que, además, se optimice el uso de los recursos.

Los demás objetivos nos convocan como parte de la creación, para la sostenibilidad en todas sus dimensiones, contando con la solidaridad del mundo. Hagamos lo nuestro con la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos, como reitera el Papa en la Laudato si (202), siendo hijas de Francisco de Asís, patrono de la ecología y de Luis Amigó, el hombre de la ecología integral por su vida armonizada e íntegra, para esforzarnos en acciones que le den autosostenibilidad a la naturaleza y a la vida humana.

HNA. SOR ALICIA VÁSQUEZ, TC y GABBY VÁSQUEZ

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