Coronar a María: una tradición que florece en el corazón de nuestros colegios en Venezuela

Mayo es, para la Iglesia, el mes dedicado de manera especial a la Santísima Virgen María. Durante esas semanas, comunidades parroquiales, familias, movimientos y centros educativos intensifican sus expresiones de amor filial hacia la Madre de Dios mediante el rezo del Rosario, ofrendas florales, actos culturales, jornadas de reflexión y celebraciones litúrgicas. Entre todas estas manifestaciones, una de las más significativas y entrañables es la coronación de la Virgen María, una tradición profundamente arraigada en la espiritualidad católica y especialmente querida por el pueblo venezolano.

El Papa Pío XII en 1952, dirigió al pueblo venezolano, palabras que siguen resonando con fuerza en nuestra historia de fe:

Si siempre fue un espectáculo altamente atrayente y conmovedor el ver a una madre circundada por el amor y la devoción de sus hijos; ¿cuánto más lo será cuando, como en las circunstancias presentes, se trata de todo un gran pueblo que, no contento con haberse colocado hace diez años bajo el poderoso patrocinio de su Madre del cielo, anhela ahora exteriorizarle su acendrada piedad y su auténtica sumisión, colocándole en las sienes una preciosa corona y aclamándola como a su Reina y natural Señora? ¡Y es que este pueblo ha comprendido lo que significa la Virgen Santísima en la historia de las naciones!”.

La devoción mariana constituye uno de los pilares fundamentales de la fe de nuestro pueblo. Desde la veneración a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, hasta las numerosas advocaciones presentes en cada región del país, María ha acompañado la historia, las esperanzas y los sufrimientos de generaciones de venezolanos. Ella es reconocida como Madre amorosa, intercesora fiel y modelo de vida cristiana.

La práctica de coronar a la Virgen expresa precisamente este reconocimiento. Al colocar una corona sobre su imagen, la Iglesia proclama a María como Reina del Cielo y de la Tierra, pero también manifiesta el deseo de imitar sus virtudes: su fe, humildad, obediencia, servicio y amor incondicional a Dios. No se trata solamente de un gesto simbólico, sino de una invitación a que cada creyente haga de su vida una respuesta generosa al Señor, siguiendo el ejemplo de la Madre de Jesús.

Esta hermosa tradición encuentra un lugar privilegiado en los colegios de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. Cada año, en los días cercanos al 31 de mayo, nuestras comunidades educativas celebran con alegría la coronación de María como culminación de todas las actividades marianas realizadas durante el mes. Es un momento esperado por estudiantes, docentes, familias y personal administrativo, que se unen para rendir homenaje a la Virgen. Es particularmente emotivo contemplar cómo participa toda la comunidad educativa: desde los más pequeños de preescolar hasta los jóvenes de los últimos años de Educación Media General; o, en el caso de la Escuela San Antonio, desde los primeros grados hasta los último de primaria. Cada uno aporta su creatividad, entusiasmo y cariño para hacer de esta celebración una auténtica fiesta de fe.

Según la realidad y el proyecto pastoral de cada centro educativo, la coronación adquiere matices propios. En algunos años se destacan especialmente las virtudes de María, motivando a los estudiantes a vivir con sencillez, disponibilidad, ternura y espíritu de servicio. En otras ocasiones, se presentan las diversas advocaciones marianas presentes en Venezuela, ayudando a los niños y jóvenes a descubrir la riqueza de nuestra tradición religiosa y cultural. Habitualmente, la imagen coronada es la de la Virgen Inmaculada, presente en todas nuestras obras educativas; pero esto pudiera variar en caso de que así se organice.

La importancia de esta celebración va más allá de un acto protocolar. La coronación de María fomenta valores fundamentales como el respeto, la unidad, la fe y la identidad religiosa. Además, fortalece el sentido de pertenencia a la comunidad educativa y ayuda a los estudiantes a descubrir que la vida cristiana se construye también a través de signos sencillos que alimentan el corazón y la esperanza. Tradicionalmente en los colegios Santa Teresa del Niños Jesús, María Inmaculada y Sagrada Familia, los encargados de coronar a la Virgen son los estudiantes del último año de la etapa Media General, y en la Escuela San Antonio los niños de 6to grado, que al ser los próximos a egresar de la institución, le rinden un homenaje especial dentro de su último acto cultural y religioso como estudiantes. En la Casa Hogar San Rafael y en San Francisco de Guayo, la dinámica es distinta; sin embargo, permanece la creatividad para escoger a quienes coronen a la Madre de Dios.

Al coronar a María, reconocemos que ella sigue caminando junto a nosotros, acompañando nuestros procesos educativos, nuestras familias y nuestros sueños. En cada obra de la Congregación en Venezuela, esta tradición continúa siendo una oportunidad privilegiada para renovar el amor a la Madre de Dios y para aprender, de su mano, a seguir más de cerca a Jesucristo.

Que María, Madre y Reina, siga inspirando nuestras comunidades educativas para que sean espacios donde florezcan la fe, la fraternidad y la esperanza.

Hna. Iria Natalia Agreda Abreu, TC.

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