Categorías
Artículos

50 años de presencia sencilla acompañando al pueblo congoleño

Nuestra Congregación, fundada en España en 1885 y extendida por algunos países de Europa, pero de manera especial, por toda América, desde que en 1905 llegamos a Colombia, no estábamos presentes todavía en África. En la entonces Provincia “Inmaculada”, se habían recibido dos peticiones insistentes para ir al continente negro. Una de Monseñor Eugenio Kabanga, Arzobispo de Lubumbashi en Congo y otra de un Padre Blanco para ir a Rwanda. La Superiora provincial de aquel momento, Hna. María Pilar Burillo, fue con Hna. Margarita Ros a visitar ambos lugares y optaron finalmente por el Congo (que pasó a llamarse ZAIRE de 1971 a 1997).

El 20 de agosto de 1971, hace ahora 50 años, llegamos a Lubumbashi (capital de la provincia de Katanga) las cinco primeras terciarias capuchinas que se iban a instalar en la República Democrática del Congo, en un rincón  de Katanga, concretamente en la Misión Kansenia, donde  los monjes Benedictinos de Saint André (belgas) estaban desde 1912, pero las Benedictinas tuvieron que retirarse por falta de hermanas, aunque quedaba todavía la Hna. Marie Gregoire que hacía pastoral en los pobladitos y otra religiosa Canóniga de san Agustín.

Cinco días antes de nuestra salida de España hacia el continente africano, en el envío y despedida en nuestra capilla de Burlada (Navarra), llena a rebosar, decíamos a las hermanas, familiares y comunidad cristiana que nos acompañaba, que nos sentíamos felices de su presencia porque sabíamos que, como nosotras, experimentaban la necesidad de comunicar a los demás el gozo de haber conocido a Jesús y sentirnos animadas por el Espíritu de Dios.  En la comunidad cada uno tiene su misión y la nuestra era expresar su universalidad, siendo signo de comunión, amistad y colaboración con esa Iglesia, aún joven, del Congo. El día 21 llegamos a lo que sería nuestra misión, Kansenia, a unos 300 km de Lubumbashi. En ella se atendían 35 poblados esparcidos en  una extensión de unos 2.700 km2. Nosotras nos ocuparíamos del Hospital (que estaba en una situación indescriptible), del internado de las jóvenes que estudiaban Secundaria, comenzaríamos un Hogar para chicas que habían dejado la escuela, y daríamos clases en las escuelas, Primaria (religión) y Secundaria.

Cuando llegamos a ser seis hermanas, dos iban de lunes a viernes a los poblados de la Misión a vivir y compartir con la gente, en especial por las noches, en torno a la hoguera.

En 1981 se abrió otra comunidad en la capital de la provincia, Lubumbashi,  pues del Arzobispado nos habían solicitado que una hermana se ocupara del economato diocesano. La Diócesis nos alojó primero en una parte de la Procura diocesana y después en una casa próxima a la Catedral. Las otras tres hermanas realizaban tareas diferentes: una en una clínica, otra en un hogar de un barrio periférico y otra coordinando las clases de religión de Primaria.

Cuando nuestro trabajo en el economato terminó, las hermanas prefirieron vivir en un barrio periférico y los Salesianos  les ofrecieron ir a Kasungami, en la Parroquia  que ellos regentaban, aunque no vivían en el lugar.  Y allí se instalaron el 20 de enero de 1989, ocupándose de educación, salud, ancianos abandonados, niños de la calle, enfermos mentales que vagaban sin rumbo, alumnos sin medios para seguir sus estudios y gente, sobre todo niños,  subalimentados… Y fue ahí donde empezamos a recibir las primeras postulantes y novicias.

Había que pensar ahora en la formación de las jóvenes que iniciaban el camino con nosotras y se juzgó oportuno abrir en la ciudad una nueva casa con esta misión, para acceder con más facilidad a los cursos y seminarios organizados por la Unión de Superioras Mayores, a nivel intercongregacional.

La oportunidad nos la brindó un sacerdote belga, párroco en el barrio de Ruashi. Allí se instaló la comunidad de formación el 19 de agosto de 1993. Eran los últimos tiempos del Presidente Mobutu y la situación política era compleja, reinando un gran desorden e inseguridad. En tres ocasiones nuestra casa fue objeto de pillaje y robo y ante la gravedad de la situación, se discernió  la conveniencia de dejar ese lugar. Las novicias viajaron con su formadora a Benín, integrándose en el Noviciado de aquel país, entonces Delegación general, para completar el año canónico. Mientras tanto, se inició la construcción de una nueva casa de formación, situada cerca del campus universitario de Lubumbashi, que fue inaugurada en octubre de 1998. Y el día 30 de ese mismo mes, emitió su Profesión perpetua nuestra primera hermana congoleña y las cuatro novicias que ya habían regresado de Benín, su Primera Profesión.

Abiertas a las necesidades que se iban presentando y acogiendo los signos que la Providencia de Dios ponía en nuestro camino, abrimos una nueva comunidad  para atender, en un primer momento, a niños de la calle. Más tarde, en 2009, se amplió la misión de esa comunidad, dando inicio a una Residencia para jóvenes universitarias. Posteriormente, por diversas circunstancias, las niñas en situación de riesgo fueron enviadas a Kasungami, integrándose en el hogar que allí funcionaba con esta misión, gestionado por las hermanas de esa comunidad. Y en Lubumbashi, en lugar del hogar de niñas, comenzó una Escuela maternal que, a día de hoy, se ha ido completando con la enseñanza Primaria y Secundaria. 

Desde el año 2014, como fruto del proceso de reestructuración congregacional, las cuatro comunidades existentes en la República Democrática del CONGO, forman parte de la Delegación general “Nuestra Señora de África”: Kansenia, en el corazón de la sabana;  Kasungami, en el extrarradio o anexo de Lubumbashi; la Casa de Formación y el Complejo escolar con la Residencia de estudiantes,  en la ciudad le Lubumbashi.

Personalmente, mi vida en el Congo ha sido un gran regalo. Me sentía en mi sitio. La gente era sencilla y muy acogedora; los jóvenes con muchas ganas de aprender… ¡era una gozada!  Feliz también al ver a tantas personas sin medios, que sabía que siempre sería recibida y cuidada con interés y cariño en el Hospital…, pues nadie tenía seguro médico, salvo los que, en los centros mineros trabajaban  en las empresas. Una vida de inserción plena en la misión.

No ceso de agradecer todo lo vivido y todo el amor recibido y ofrecido por todas las hermanas terciarias capuchinas que hemos tenido la gracia de trabajar y servir en la R.D. del  Congo.

Hna. María Carmen Sanz Lorente, Tc

(La Hna. María Carmen, autora de este artículo, formó parte del grupo fundador del Congo en 1971, habiendo permanecido en ese país durante 46 años; regresó a España en 2017).

Categorías
Artículos

Lo amigoniano en mi vida

Imposible imaginar que con la jubilación, me llegaría también, la oportunidad de ampliar mi “Proyecto de Vida”.

Primer Contacto

La invitación a colaborar en el Colegio “Nuestra Señora de los Desamparados”, en San José de Costa Rica, desde la Coordinación Académica y la Subdirección, me pareció interesante y de entrada no le vi mayor dificultad: tenía respaldo académico suficiente y la experiencia para tal ejercicio. Acepté.

¡Ay de mí! No sabía yo lo que el Señor me tenía reservado: Acompañar en la noble tarea de la Educación, a los Docentes y Administrativos, pero con apellido… Amigonianos.

Del Padre Luis Amigó y Ferrer sabía que era capuchino y el Fundador de la Congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia  de la que forma parte mi propia hermana Damaris; tenía algún material que ella me había regalado pero que hacía fila para ser leído. Las estampitas y medallas me encantaban (desde siempre, todo lo sacro, me despertaba especial gusto).

Autoaprendizaje

Lo que inició por necesidad, orgullo profesional y responsabilidad, se convirtió en pasión, gusto y parte fundamental de mi Proyecto de Vida.

La estancia en un Centro Educativo Amigoniano fue un constante reto y aprendizaje. La Cátedra Amigoniana, las efemérides cívicas y religiosas cobraban un matiz diferente para mí. La oportunidad de evangelizar desde la asignatura, era impresionante cómo también lo era la cercanía, la fraternidad, la solidaridad del clima laboral que casi siempre acompañaban la cotidianidad.

Movimiento Laical Amigoniano (MLA)

De la mano de la Hna. Ana Jessie Castillo, terciaria capuchina, inicié ya el “Caminar Amigoniano”, en el Grupo MLA Casa provincial, Barrio Córdoba de San José C.R. Un grupo exquisito en el trato, responsable con su formación en las dimensiones humana, cristiana y carismática, como lo contempla la Forma de Vida. Hice mío el objetivo que propone el temario MLA-Adultos de “Valorar el seguimiento de Jesús desde la propuesta del Padre Luis Amigó y su amor preferente por el necesitado, en actitudes de misericordia en la propia familia y en el entorno”. Estoy muy lejos de cumplir ese objetivo, pero mientras tenga vida…

Cuatro años después de iniciar mi camino en el MLA, hice el COMPROMISO, nada menos que en la Capilla de la Sagrada Familia de las Hermanas en la Casa Madre de Massamagrell (Valencia-España), junto al Altar de Dios y muy cerquita del Sepulcro del Padre Luis…

Gratitud  

Una serie de vivencias me permitieron ahondar en el quehacer Amigoniano:  La Ruta Amigoniana, La Ruta de Asís, la Ruta de Colombia, la Ruta de Guatemala… por citar algunas experiencias que no puedo menos que considerarlas regalos de pura Misericordia. La visita a instituciones de Reeducación, el escuchar a los jóvenes, el proceso vivido; apreciar la fraternidad y convivencia en los Hogares de niñas en riesgo, los Centros de Salud y Centros de Nutrición, fue literalmente cátedra para mí, de Pedagogía Amigoniana en acción.

Invaluable la experiencia de compartir, por ejemplo, la Liturgia de las Horas, en la Comunidad de Hermanas Mayores y también con Hermanos Mayores, apreciar cómo sus voces casi apagadas de ordinario se convertían en júbilo y vida al entonar los himnos y dar gracias al Señor…

¡Cuán maravilloso es este CARISMA que hasta en la enfermedad o, en el ocaso, construye fraternidad!

Ser miembro de la Comisión Intercongregacional Luis Amigó, fue otra gran escuela, en especial tres   de las tareas que me fueron asignadas, que por sencillas me dieron mayor riqueza: indagar en las diferentes “Hojas Informativas de la Vida y Obra del Padre Luis”, lo que expresan las personas que se sienten agraciadas por su intercesión. Maravilloso constatar la devoción y agradecimientos por favores recibidos. La segunda, revisar el material que a la fecha existía en redes sociales, sobre la vida y obra del Padre Fundador; la tercera encomienda me permitió leer la prolífera producción de material del MLA enviada por las diferentes comunidades del mundo en donde está presente nuestra Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, custodiada con primoroso celo, en la Secretaría de la Casa general de las Hermanas, en Roma.  

¿Nuestra Congregación? Sí, leyó bien mi querido colega Laico… Somos una Obra de la Congregación, de nuestra Congregación. Por ello, como integrantes del MLA debemos conocer, amar y compartir la Vida y Obra del Padre Luis, pues compartimos Misión y Espiritualidad.

Hoy mi salud ya no es la misma… pero el alero Amigoniano es tan amplio… Participo en el Grupo MLA-Adultos santa Isabel de Hungría de la Casa Postulantado y de Hermanas Mayores de la Ribera, Costa Rica, a cargo de la Hna. Flora Virginia Garbanzo. La pandemia me deparó también el Grupo de Oración Madre del Rosario, virtual, en donde cada día a las cinco de la tarde nos conectamos Laicos, Cooperadores, Hermanos y Hermanas. También con la pandemia, nació a nivel provincial, “El Caminar Amigoniano”. ¡Todo es Gracia!

Lección aprendida

Dios no se deja ganar en generosidad y el Padre Luis es “el hombre que se fio de Dios”. Por tanto: que todo sea “para la Gloria de Dios y bien del menor”, cualquiera que sea su circunstancia. Casi siempre, yo soy esa “menor”… ¡Gracias, Padre Luis! ¡Gracias, Señor, por llamarme!

María Teresa Araya Chavarría, Mla

(La Ribera de Belén, Heredia. Costa Rica)

Categorías
Artículos

Clara, faro de inspiración y guía, dentro y fuera

«¡Cuán viva es la fuerza de esta luz, y qué vehemente su claridad! Mas esta luz permanecía cerrada en el secreto de la clausura, e irradiaba fuera destellos luminosos; se recluía en el estrecho cenobio, y se difundía por todo el mundo. Se recogía dentro y se extendía fuera. Porque Clara, moraba oculta, mas su conducta era notoria. Clara callaba mas su fama era un clamor…” (cf. Bula de canonización. FF, 3284).

Al acercarse  la fiesta de santa Clara de Asís (1194-1253) el 11 de agosto, he estado reflexionando sobre la importancia  de su espiritualidad en la actualidad.

Clara de Asís es una de las grandes mujeres de la tradición cristiana y franciscana. En el contexto del mundo medieval del siglo XIII, Clara vivió y luchó con muchos de los problemas que están presentes también en nuestros días. En la vida, espiritualidad y obra de Clara de Asís todavía podemos encontrar respuesta a muchas de las preguntas y desafíos del mundo de hoy.

En nuestra realidad actual llena de tanto miedo, incertidumbre, violencia, enfermedad y muerte, causados por la pandemia, distinciones egoístas y hostilidad entre ricos y pobres, conflictos políticos, guerra y crisis medioambiental, Clara tiene mucho que enseñarnos sobre cómo vivir juntos en nuestro planeta tierra como hermanas y hermanos, todos hijos del único Dios. Como primera mujer franciscana, abrió caminos dándonos un ejemplo brillante de respuesta femenina a los desafío y valores del Evangelio.  Al poner todos los dones que la distinguieron al servicio de los demás, modeló una postura de liderazgo complementario. Mientras san Francisco movía el mundo con su extrovertido liderazgo carismático, santa Clara edificó silenciosamente “estructuras más fuertes” detrás de los muros del claustro.

“El Domingo de Ramos de 1212, Clara dio un paso audaz en su camino espiritual. Renunció a su posición privilegiada dentro de la nobleza y recibió el atuendo de los seguidores de Francisco. Eventualmente se instaló en san Damián, en una pequeña iglesia reparada por Francisco, justo debajo de la ciudad de Asís. Bajo la guía de Dios, Clara creó un nuevo camino para las mujeres, abrazando la pobreza, la humildad y la caridad como compañeras de camino”.

La vida de absoluta pobreza de Clara rompe con todos los atractivos de nuestra cultura consumista. Ella conoció al Único en Quien creía y ese Único fue su total suficiencia. “El único deseo de Clara era anclarse como una rama de la Divina vid; ser el Espejo de la Eternidad en la forma en que vivió su vida con sus hermanas y en la profundidad de su oración y contemplación del Cristo Crucificado y del Señor Resucitado. De esta manera, se dejó transformar en la imagen – el espejo – de la Divinidad misma”.

Clara nos enseña también cómo se construye una verdadera comunidad basada en la obediencia de amor. Su ejemplo de un liderazgo de servicio fue notablemente evidente. En el Testamento que escribió, se destaca la gracia de la fraternidad. Ella dijo: “Hay que prestar una cuidadosa atención al modelo de las relaciones”. Y esto precisamente porque ella imaginó una vida enclaustrada en la que la dinámica de las relaciones humanas es de máxima importancia. Creamos relaciones haciendo cosas juntas. “Nuestras relaciones con otras hermanas deben ser de apoyo”. Para Clara, la “hermana en el cargo” (no usó el término “abadesa”) debe ser una buena oyente, viendo en cada persona alguien a quien Jesús ha mirado y llamado. Ella deseaba que sus hermanas estuvieran nutridas, espiritual, emocional y físicamente. Porque esta es la naturaleza de la maternidad, dar vida.

 “La imagen del espejo era una de las imágenes favoritas en los escritos de Clara. El espejo es una visión y un símbolo. Hablaba de la profundidad de la realidad de Cristo reflejada en la persona humana. En su carta a Inés de Praga le aconseja que se mire en ese espejo que significa Cristo y contemple en él la pobreza, la humildad y, fundamentalmente, el amor sacrificado de nuestro Señor. Este espejo no solo está ahí para reflejar el amor redentor de nuestro Señor sino, que para ella, en la comunidad no hay lugar para ninguna distinción de clases o cualquier otra forma de discriminación: se aceptaba a todas las que se sentían llamadas a su forma de vida. Porque, según ella, la aceptación de los demás es la primera pobreza. Exhortó a sus hermanas a que mostraran con sus obras el amor que se tenían unas a otras para que las hermanas pudieran amar a Dios y a las demás con mayor intensidad”.

Hoy, enfrentamos consecuencias terribles debido a nuestra falta de reverencia por la creación. La crisis ambiental es el resultado de una falta de aprecio por las cosas buenas que nuestro Dios nos ha dado para nuestro beneficio. La existencia misma de la vida de nuestro planeta necesita una nueva visión. Nosotros, los seres humanos, a menudo no nos damos cuenta de nuestra interconexión con nuestra madre tierra. Perdemos de vista nuestra gran responsabilidad de cuidar nuestra casa común. Clara vio el reflejo de un Creador amoroso de todas estas maravillas creadas. En palabras de la propia Clara: “Que Dios sea alabado siempre y en todas las cosas”

Clara fue una mujer de oración, fortaleza y coraje, de sabiduría e intuición. Nos enseña la primacía de Dios y la gran importancia de la oración. Su luz se proyecta fuera porque su vida interior estaba profundamente anclada en Dios, su Padre amoroso. Como decía san Juan Pablo II: “Toda su persona fue Eucaristía porque desde su claustro elevaba una continua ‘acción de gracias’ a Dios…”

La espiritualidad apasionada de Clara continúa inspirándonos hoy a nosotras: «Nos convertimos en lo que amamos, y Aquel a quien amamos da forma a aquello en lo que nos convertimos».

 “Mírate en ese espejo todos los días… y siempre estudia tu rostro allí” (Clara, cuarta carta a la Beata Inés de Praga, 1245).

Clara sentía una profunda gratitud por la inmensa bondad de Dios, se consideraba privilegiada por haber sido llamada a tal vida. Profunda gratitud que la hizo exclamar como sus últimas palabras: “Bendito seas, oh Dios, por haberme creado”. El mismo Francisco la llamó ‘Cristiana’, la mujer cristiana. En verdad, fue fiel a su nombre de bautismo, Clara -que significa luz, clara e ilustre luz-. Una verdadera cristiana que dio un fuerte testimonio de la Luz de Cristo incluso desde su claustro. Su luz brillante que emana del mismo Cristo inspira y continúa derramando rayos de paz y esperanza en todos los rincones del mundo.

Hna. Mapin M. Pineda, Tc

Categorías
Últimas Noticias

Celebración de los Capítulos Provinciales en América Latina

Nuestra Congregación, como cuerpo orgánico, tiene diversas estructuras internas que facilitan la organización de las hermanas en los diferentes países del mundo donde estamos presentes. Damos el nombre global de “Demarcaciones” a las Provincias, Viceprovincia, Delegación en que está dividida actualmente la Congregación. “El Capítulo provincial es un órgano de gobierno colegial que expresa la participación de todas las hermanas de la Provincia, responsable de tomar medidas oportunas y asumir compromisos para su adelanto espiritual y apostólico, en comunión con la Iglesia y la Congregación” (cf. Const. 139) y se celebra cada tres años (cf. Const. 141).

La pandemia del Coronavirus ha afectado la vida de toda la humanidad con consecuencias gravísimas para todas las personas, que nos han hecho y todavía nos están haciendo experimentar la incertidumbre, la enfermedad, la muerte. De igual manera ha trastocado las agendas y programaciones de cada institución o grupo, de los más pequeños a los más grandes y todo se ha debido repensar para dar respuestas válidas a la realidad que se iba presentando.

En las Provincias, dentro de nuestra Congregación, a las que pertenecen los 19 países de América Latina donde nos encontramos, debían haberse celebrado los Capítulos provinciales en los meses de noviembre/diciembre de 2020, pero por lo dicho anteriormente ha sido necesario posponer ese acontecimiento eclesial y congregacional, ciertamente importante. Finalmente, han podido ser ya convocados, adaptándonos a las circunstancias y utilizando una metodología diferente a la de otras ocasiones.

Así pues, los Capítulos se van a realizar en tres fases:

  • 1ª fase, ya iniciada, con la participación de todas las hermanas de la Provincia.
  • 2ª fase, a celebrarse con la participación virtual de las hermanas capitulares elegidas.
  • 3ª fase, celebración presencial, con las participación de las hermanas capitulares elegidas, que tendrá lugar en el mes de agosto próximo.

Al Capítulo provincial le compete entre otras cosas: analizar la situación, problemática y aspiraciones de la Provincia, con proyección de futuro; buscar los medios adecuados para promover la vida religiosa y apostólica, la formación en sus diferentes etapas, etc., estudiar y orientar las cuestiones administrativas y económicas; elaborar acuerdos oportunos según la realidad y necesidades del momento… y elegir la Superiora provincial y sus Consejeras para un  nuevo trienio (cf. Const. 140).

Les corresponde a las capitulares que asistirán al Capítulo provincial en la tercera fase, de carácter presencial, la elección del nuevo Equipo de Gobierno y también tratar de algunos de los aspectos que acabamos de mencionar. Es un tiempo de redoblar la oración y la confianza en el Señor, de búsqueda y discernimiento, de tomar decisiones importantes para la vida de la Provincia, de hermanas, comunidades y obras apostólicas, así como de los miembros del Movimiento Laical Amigoniano, de las personas que comparten con nosotras la misión y a las que servimos en los diferentes lugares.

Facilitamos el nombre, las fechas de la celebración presencial de las Provincias que van a realizar sus Capítulos, el lugar  y el tema de los mismos, para que podamos unirnos a las hermanas en ese cenáculo de oración, pidiendo la luz del Espíritu.

  • Provincia “Madre del Buen Pastor”. Del 12 al 16 de agosto en Bogotá-Colombia. Tema: “El hoy de la Historia desafía nuestra identidad carismática como Terciarias Capuchinas… Urge una respuesta evangélica generadora de vida y esperanza”.
  • Provincia “Nuestra Señora de la Divina Providencia”. Del 12 al 16 de agosto en Medellín-Colombia. Tema: “Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia en un mundo cambiante y diverso, llamadas a recrear nuestra vida consagrada en fraternidad y misión a la luz del carisma”.
  • Provincia “Nuestra Señora de Guadalupe”. Del 19 al 23 de agosto en San José-Costa Rica. Tema: “La Terciaria Capuchina adherida a Cristo, compasiva y misericordiosa, que responde con prontitud a un mundo herido”.

 

Categorías
Últimas Noticias

Los líderes del G7 buscan la recuperación después de la pandemia prometiendo aprender de los errores pasados

El G7 es una organización internacional formada por los siete países económicamente más avanzados y fue fundada en 1975, principalmente para facilitar iniciativas macroeconómicas compartidas en respuesta a los problemas económicos contemporáneos. Los representantes de los países se reúnen todos los años y este año la cumbre tuvo lugar en Cornwall (Inglaterra – Reino Unido).

El tema principal de conversación para la reunión de 2021, la primera cumbre cara a cara desde que comenzó la pandemia a principios de 2020, fue la recuperación de Covid, incluido «un sistema de salud global más fuerte que pueda protegernos a todos de futuras pandemias».

Es significativo que el primer ministro británico, Boris Johnson, haya dicho que la cumbre del G7 es una oportunidad para aprender lecciones de la pandemia de Covid-19 y que desea no repetir los errores cometidos durante la misma.

En sus comentarios de apertura a los líderes del G-7, Johnson dijo que a medida que el mundo se recuperaba de la pandemia, era importante «subir de nivel en nuestras sociedades» y reconstruir mejor. Comentó que se espera que las naciones del G7 se comprometan a compartir al menos mil millones de vacunas contra el coronavirus; Gran Bretaña se comprometió a donar más de 100 millones de vacunas Covid a países más pobres y Estados Unidos prometió 500 millones de dosis de vacunas a países de ingresos bajos y medianos y la Unión Africana.

Por su parte, Caritas International hizo un llamamiento al Grupo de los Siete países ricos del mundo, declarando que es imposible «reconstruir mejor» sin cancelar la deuda de los países pobres y reinvertir estos fondos en la respuesta y recuperación del Covid-19 y para combatir la crisis climática.

Como vemos, los organismos internacionales se esfuerzan por buscar la solución a los problemas y desafíos más graves del momento actual, compartiendo ideas e iniciativas creativas que esperamos den frutos de bondad para toda la humanidad.

Categorías
Últimas Noticias

Irán expulsa a una religiosa italiana que ha gastado su vida por los pobres del país

La hermana Giuseppina Berti, de 75 años, que ha trabajado durante 26 años en la leprosería de Tabriz y ahora vive en Isfahan en la casa de la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, tendrá que salir de Irán en los próximos días porque no le han renovado su visa, habiendo recibido la orden de dejar el país. Su partida dificultará las cosas para su compañera religiosa, la hermana Fabiola Weiss, que ha dedicado 38 años a los pobres y enfermos en esa leprosería, y cuyo permiso de residencia ha sido renovado por un año más.

Las hermanas Giuseppina y Fabiola, una austríaca de 77 años, han dedicado su vida entregándose sin distinción de credo religioso o etnia, a los enfermos del país, a la educación y formación de jóvenes, niños, refugiados y huérfanos de guerra… pero en los últimos años, las dos hermanas no pudieron realizar ninguna actividad exterior, para evitar ser acusadas de proselitismo. Su casa es actualmente la única presencia de la Iglesia Católica Latina en Isfahan y su capilla, construida en 1939, sirve como Parroquia de la «Virgen Poderosa», que ocasionalmente se pone a disposición de los visitantes para la celebración de la Misa.

En Irán, la Iglesia católica está integrada por dos archidiócesis asirio-caldea (Teherán-Ahwaz y Urmia-Salmas) que tienen un obispo y cuatro sacerdotes (en 2019, al administrador patriarcal de Teherán de los caldeos, también se le negó la renovación de la visa y podría ya no regresar al país), una diócesis armenia en la que solo hay un obispo y la arquidiócesis latina que actualmente no tiene sacerdote y está esperando la llegada de su pastor recién nombrado, el arzobispo Dominique Mathieu. En cuanto a la presencia religiosa, las Hijas de la Caridad trabajan en el país, con tres hermanas en Teherán y dos hermanas en Isfahan. También hay dos laicas consagradas. Los fieles son unos 3.000. Con la partida de las religiosas, la presencia de la Iglesia Católica Latina en Isfahan se perdería definitivamente.

Esta noticia nos pone en contacto con una realidad bastante desconocida de varios países donde el cristianismo tiene muy poca presencia y la intolerancia religiosa sigue limitando y, en ocasiones asfixiando, la vida y misión de la Iglesia. Por otro lado, sabemos que la presencia humilde y muchas veces invisible de los cristianos, es siempre una semilla del reino de Dios que produce frutos de compasión y misericordia en favor de los más pobres y débiles, y su voz silenciada sigue anunciando a la gente, mensajes de paz y esperanza.

Por VATICAN NEWS

Categorías
Artículos

Inés Arango: entregar la vida por el evangelio

Cuando hablamos de la Hna. Inés Arango, de manera espontánea nos sale hablar también del obispo Alejandro Labaka y la razón es que sus vidas se han unido en nuestra memoria y en nuestro corazón para siempre, desde que las entregaron por amor a sus hermanos aquel 21 de julio de 1987. 

De no ser así, Inés, como cualquiera de nosotras, sus hermanas, en la misión de Aguarico o en cualquiera de los 34 países en los que vivimos, habría pasado desapercibida en las tareas más cotidianas y sencillas. Habría quedado en todo caso, en el corazón de las gentes, la huella y el testimonio de su vida como mujer de fe, alegre, entregada a Jesucristo en su fraternidad y para los que más necesitaban.  Luchadora, deseosa y empeñada por vivir en coherencia aquello que creía… y poco más.

Alguien me preguntó una vez ¿qué es lo mejor que se puede decir de Inés? Respondí sin dudar: que entregó la vida.  La entrega de la vida que no es cuestión de un momento puntual, si bien es verdad que a veces llega, como le llegó a Inés… “el momento crítico de dar la vida”. Pero entregar la vida es más bien un “largo momento”, un largo camino que dura toda la existencia, hasta darla por completo sin reservas.

Por eso, cuando nos acercamos a la vida de Inés, es bueno recordar lo que ha sido para ella raíz, sustento, fuente, alimento, soporte, apoyo… todo aquello que está “por detrás” de su persona, aquello que la construye.

Inés nació en “la ciudad de la eterna primavera”, en Medellín (Colombia), en el año 1937. Tuvo la enorme fortuna de nacer en el seno de una familia creyente, de profunda religiosidad. De sus padres y hermanos aprendió, como por ósmosis, el valor de creer, de orar, de servir al prójimo…  Una fe, vivida con libertad en lo cotidiano, en lo más simple y sencillo, que supo ir haciendo propia a lo largo de su vida. De ellos también, heredó una vitalidad, una energía, un genio y un sentido de las cosas poco comunes, que le permitieron afrontar los momentos difíciles de su existencia con suma libertad.

Entre travesuras y rebeldías adolescentes, Inés iba creciendo en la fe. Todos sabemos que es necesario que la semilla de la fe se siembre, y que germine, y que dé fruto… y si puede ser, fruto abundante. Por eso, es importante que se nos anuncie la Palabra… con la palabra, con el testimonio de vida… y además: escuchar, no acallando en nosotros las inquietudes, los anhelos, los deseos. Algo de esto, ocurrió en Inés.

Acercarnos también a su vida para constatar aquello que le ha resonado “por dentro”, lo que ha sido el motor de su existencia, la razón última que le ha movido a vivir en entrega total, a actuar arriesgadamente, aquello que le ha sostenido, animado, impulsado a lo largo del camino. La inquietud misionera vivida en su familia, en la Parroquia, en la escuela… fue siembra abundante en la persona de Inés, como semilla que encontró tierra adecuada, tierra buena. Y es que, Inés, desde muy joven, no acalló las inquietudes. Avivó siempre el deseo y supo nutrirlo, alimentarlo, entre dificultades y sufrimientos.

Y, ¡cómo no! dejaron también su huella en Inés, las terciarias capuchinas, que en la vivencia cotidiana del internado, en Yarumal, con el grupo de muchachas, transparentaban su modo de ser franciscanas, por añadidura capuchinas y, con el “carisma”, con ese “toque especial” que les legó su fundador, Luis Amigó. Ese “toque especial” no era otro que la entrega incondicional a los últimos, a aquellos a quienes no va nadie… viviendo en la sencillez y alegría de la caridad fraterna… nutrida en la Palabra de Dios y en la Eucaristía. Entrega incondicional, por amor a Jesucristo encarnado, hecho uno de nosotros, nacido de María; por amor a Jesucristo Buen Pastor, que busca a quien se ha perdido; por amor a Jesucristo que ha dado la vida por nosotros, muriendo en la cruz y resucitando. Todo esto, con el estilo de la Sagrada Familia, viviendo en fraternidad, disponibles, dispuestas y entregadas. Las Terciarias Capuchinas, que llegaron de España a Colombia para ser misioneras… ¡Sabemos cuántas veces Inés repitió esto! Siendo ya terciaria capuchina, lo reivindicó entre nosotras, en su propia Congregación.

Nos podemos imaginar a Inés en este ambiente. Sin duda, momentos decisivos de siembra misionera en su corazón soñador. Los sueños de Inés se convertirán, poco a poco, en deseos. Los deseos, ¡al fin!, en realidades.

Adentrarnos de nuevo en la vida de Inés para ver cómo ella, escuchando esa música profunda que la llenaba cada día de vigor evangelizador, pudo descubrir lo que está “por delante”. Cómo descubrió que la vida sólo tiene sentido si se entrega, y, además, con el Evangelio en la mano, con el susurro de nuestro Carisma.

Las hermanas terciarias capuchinas, por deseo expreso de nuestro Fundador, recibimos este encargo: “ser zagales del Buen Pastor, buscando a la oveja perdida”. En lenguaje de hoy, se trata de vivir a favor de los últimos, de los desheredados de la tierra. Es una llamada a ser mujeres arriesgadas, hasta entregar la vida si fuese necesario.

Inés vivió esto cabalmente. Aprendió a recibir como un DON esta vivencia carismática, que la marcaría para siempre; y también como una TAREA, como un trabajo a realizar y que nadie podía hacer por ella. Inés es una mujer muy receptiva y luchadora, soñadora y crítica, feliz y cantarina. La «música» que Inés va escuchando en su interior, unida a todo lo que va aconteciendo a sus hermanos los Huaorani, va inclinando su corazón, cada vez más, a los últimos.

En estos días del mes de julio, próximo a cumplirse el día 21, el 34º aniversario de su vida entregada junto al obispo capuchino Alejandro Labaka, quedamos invitadas a participar de los eventos que cada año, en memoria de Alejandro e Inés se organizan en el Vicariato de Aguarico, especialmente a la 15ª Caminata, este año virtual y también física. Podemos encontrarlo en su web: www.alejandroeines.org.

Celebremos también la entrega de nuestra hermana Inés volviendo a leer su biografía (Barro y vasija en la selva herida) de la que ahora disponemos en esta página web congregacional en formato PDF. Divulguemos su vida entre los jóvenes. Veamos en ella la vivencia cumplida de nuestra entrega misionera a los más desfavorecidos. Pongámosla como intercesora, pidiendo su beatificación.

Que Inés y Alejandro, discípulos y misioneros entregados en el corazón de la selva ecuatoriana, sean para nosotros bocanada de aire fresco, susurro de Evangelio, rumor fraterno, fuego evangelizador…

Hna. Isabel Valdizán Valledor, Tc

Categorías
Artículos

¨Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo, y he escuchado su clamor¨

Gracias a mi Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas, especialmente a la Hna. Ana Tulia López, Superiora general y Consejo, a la Hna. Yolanda de María Arriaga, Superiora provincial y Consejo de mi Provincia “Ntra. Sra. de Guadalupe” y a la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR), quien me proporcionó la beca, se hizo posible que hace cinco meses iniciara un camino de conocimiento, acompañamiento, y descubrimiento doloroso de una realidad de muerte y resurrección por la cual está transitando nuestra Iglesia hoy. A pesar de la pandemia del  COVID-19 ha sido el primer grupo internacional, multicultural, en su mayoría de lengua hispana, de la Universidad Pontificia Gregoriana, que logra terminar el Diplomado en Protección de Menores, de manera presencial, durante los meses de febrero a junio 2021.

Nada fácil  reconocer una de las llagas por las cuales hoy la Iglesia debe iniciar un camino de conversión y de reparación ante las situaciones de abuso. Es ilógico querer hacer hablar a Dios desde el perdón, como característica de un Dios compasivo, o pretender que la justicia divina actúa sobre los actos pecaminosos de la humanidad. Son respuestas muchas veces erróneas que se cometen por ignorar cómo atender a las víctimas de abuso sexual o bien sea, para no comprometerse en la tarea restaurativa sanadora, en la que algunos no quieren asumir la humillación y prevalece una actitud defensiva por el buen nombre o status de la Iglesia.  

Corresponde visibilizar a las víctimas,  las cuales se han quedado relegadas sin atención, por lo cual es necesario  la intervención de éstas, acompañarlas desde el trato empático, atendiéndolas humana y emocionalmente.

Quienes han asumido su responsabilidad valientemente, han tenido que aprender cómo sobrellevar los procesos de casos y han ofrecido los medios de tratamiento  debido, o indemnización a los afectados.

Es menester de la Iglesia la atención a las víctimas desde el reconocimiento, cercanía, con un buen trato fraterno que permita acercarse como el Dios de Israel que escucha el clamor de su pueblo (Ex 3,7), creando espacios de diálogo, encuentro, en los que se inclina para conocer el sufrimiento y el dolor. Atender las necesidades de los hermanos que han sido afectados por los sucesos, dando oportunidad para  expresar sentimientos, emociones, silencios no compartidos. Esta es la oportunidad para restablecer a fieles que forman parte de una comunidad con posibilidad de solidarizarse desde la acogida, la cual da fuerza para reponerse. Es hacer camino  de prevención, salvaguarda en comunión eclesial, creando redes de apoyo para trabajar en equipo con instituciones, profesionales, y con quienes en este curso se han tejido lazos fraternos para crear una red de apoyo, porque hemos reconocido que también somos vulnerables y necesitamos ser sostenidos, acompañados. Esta será la tarea con las diferentes comisiones que se están formando en las diócesis, parroquias, en las congregaciones religiosas, la CLAR y diversas Conferencias de Religiosos a nivel internacional, en las que se trabajará por la cultura de la prevención.

El proceso de sanación conlleva  el acompañamiento a las víctimas, sin prisas, no buscando resultados inmediatos; más bien cuidar con entrañas de misericordia, caminando a la par de quien carga las situaciones difíciles y en las cuales cada uno asume con responsabilidad su realidad.  Es escuchar el clamor, inclinarse desde una mirada profunda como Dios lo ha hecho con su pueblo, escuchando, acercándose, superando prejuicios, arriesgando, siendo creativos en inventar gestos de ternura para que se dé un proceso gradual, paciente. Un proceso que implica relaciones simétricas sanas, de comprensión inclusiva para acoger incluso a los agresores. Deben darse en la comunidad o la Iglesia espacio para la atención, con apertura, acogida a la escucha atenta, en ambiente de libertad y respeto en cada situación, con la mirada de Dios, compasiva, que se conmueve por la herida causada.  Abrir nuevas posibilidades de comprender la realidad vivida e ir construyendo un camino de sanación partiendo del “testimonio verbal” en clave de historia de salvación, percibiendo al Dios de la vida actuante.  Hacer memoria en la cual se trasciende la actuación de Dios que se revela en el dolor del  pasado para dar sentido al  presente.

La Iglesia en su tarea evangelizadora  como madre, camina al lado de sus hijos y se ofrece como intermediaria, pues va revelando la salvación a través de los hechos de una historia personal en la cual  se va manifestando el amor en medio de los padecimientos, y ofrece un camino de vida y esperanza. Hago eco de las palabras de la Hermana Nathalie Becquart, a quien el Papa Francisco nombró en febrero de 2021 como una de los dos Subsecretarios del Sínodo de los Obispos, al referirse a : “Todos, como bautizados, estamos llamados a luchar contra el clericalismo que se ha identificado como la raíz de cualquier abuso, que es siempre consecuencia de un abuso de poder”, por lo tanto es necesario promover el discernimiento, para buscar la corresponsabilidad, subsidiariedad, desde un nuevo estilo de gobernanza, en la Iglesia. Hacer camino  de sinodalidad con la  participación  activa de todos los miembros en la misión compartida, buscando juntos consensos,  desde un liderazgo libre, que hace partícipe a la comunidad en la toma de decisiones  para evitar protagonismos o  retraerse en un narcisismo egoísta, para superar las grandes tentaciones institucionales del encubrimiento, impunidad, silencio y engaño… reconstruir la coherente articulación (saliendo del dualismo) misericordia-justicia, sinodalidad-colegialidad, vulnerabilidad-precariedad.

La cultura de prevención inicia desde  la vida eclesial, en todas sus estructuras, dimensiones y representatividad, de todos los miembros del pueblo de Dios; es la misión de la Iglesia, especialmente con los más vulnerables (“minores”), para anunciar la Buena Nueva a toda la creación en el servicio oblativo sin dominación.

Al concluir este tiempo de gracia, volvemos a nuestras comunidades, parroquias, diócesis con la esperanza de servir y ayudar a los más vulnerables con la exigencia del amor, sembrando la cultura del buen trato.

Hna. Priscila Brenes Granados, Tc

 

https://www.dropbox.com/s/ckmetktzoy9xib5/video%20FINAL%20Diploma%20CCP%202021.mp4?dl=0

Categorías
Artículos

La educación en tiempos de pandemia

Para nadie es un secreto que el COVID19 ha permeado todas las esferas de la vida humana. Esta pandemia nos sorprendió imbuidos en lo que llamábamos “normalidad”, dormidos en nuestras comodidades y afanes personales; nunca imaginamos que algo tan minúsculo, tuviera el suficiente poder para arrebatar en tiempo record miles de vidas humanas en todo el mundo. Ni la condición social, ni la fama, ni el dinero han servido de salvavidas. Una realidad que nos ha hecho ver que no somos tan poderosos como lo creíamos, “nuestra vulnerabilidad quedó al descubierto”, como lo afirma el Papa Francisco.

Esta pandemia también ha desenmascarado las brechas existentes en muchos ámbitos de la sociedad y el campo educativo no ha sido la excepción. Los sistemas educativos del mundo se han visto confrontados y abocados a cambiar sus dinámicas, unos con mayor velocidad y efectividad que otros. Las grandes potencias del mundo lograron en poco tiempo a través de los medios virtuales y digitales dar continuidad a los procesos educativos. Lamentablemente, para los llamados países del tercer mundo, la realidad ha sido muy distinta; a la falta de conectividad en diversos territorios, se suma el hecho de no contar con equipos y dispositivos electrónicos para poder acceder a las clases virtuales y, como dato clave en este momento histórico, un gran número de población docente a la que podría catalogarse como “analfabeta digital”, lo que también ha ocasionado la ralentización de los procesos.

 

Desde toda esta realidad resurgen grandes interrogantes que retan a los actores educativos: ¿Qué enseñar? ¿Para qué enseñar? ¿Cómo evaluar? ¿Qué hacer en una clase virtual o cómo diseñar una guía didáctica de tal forma que se mantenga vivo el interés y la motivación frente al aprendizaje? Son apenas algunos de los muchos cuestionamientos que comportan la realidad del COVID-19 en el sector educativo. Y es que no resulta tan sencillo, pensar la educación en tiempos de pandemia.

En los primeros meses en los que estábamos confinados, expertos en educación se pronunciaron y decían que la escuela no podría ser la misma, cuando se diera la posibilidad de regresar a las aulas de forma presencial, en lo que ahora conocemos como “alternancia”. Y sí, seguramente muchos habrán logrado esta innovación, urgente y necesaria. Pero otros tantos, continúan sumergidos en los rezagos de una educación tradicional que no permea la vida de los estudiantes, ni los capacita para ser agentes transformadores de la sociedad.

Por consiguiente, los roles y el escenario del proceso educativo han cambiado, la exigencia no ha sido solo para los docentes en el uso de los medios tecnológicos o en la necesidad apremiante de lograr una verdadera transformación curricular que le apueste a mejorar la calidad educativa; también los padres de familia y cuidadores se han visto exigidos a reaprender y situarse en la perspectiva de la enseñanza, algo para lo que no estaban capacitados ni habituados en la mayoría de los casos, puesto que muchos no cuentan ni con las herramientas ni con el nivel educativo básico para acompañar el proceso académico de sus hijos. Esto ha generado al interior de los hogares estrés, cansancio e incluso deserción escolar, sobre todo en la población más vulnerable.

Aunque siempre se ha dicho que la responsabilidad del proceso educativo es un compromiso que atañe tanto a las instituciones educativas como a las familias, en teoría hasta antes de la pandemia, solo la primera instancia asumía realmente este compromiso. Hay que reconocer que la tarea de “reinventarnos” ha sido asignada tanto a los estudiantes, como a los padres de familia y los educadores.

Es común escuchar una frase que en su momento fue válida: “no estábamos preparados”, pero ya es hora de dejar atrás esa justificación y armarnos de pasión, dinamismo y creatividad para hacerle frente al ahora histórico que nos apremia. Este desafío supone reconocer el problema estructural de la educación; la disparidad en las oportunidades educativas y tecnológicas es clara y es una realidad que no se puede desconocer, pero no por ello debemos descartar la posibilidad de gestar al interior de las instituciones educativas un proceso humanizador, en el que la prioridad sea formar estudiantes resilientes, capaces de salir de sí mismos, comprendiendo la vida desde un sentido altruista y conscientes de la necesidad de trabajar por una ecología integral. La educación del siglo XXI tiene que ser una educación que propenda, más que enseñar a pensar, enseñar a convivir.

Iniciativas como el Pacto Educativo Global, promovido por el Papa Francisco, buscan precisamente abrir puertas para que, desde la educación, se puedan dar procesos reales de transformación social. El momento es ahora, no perdamos la oportunidad de resignificar desde pequeñas acciones el ambiente educativo.

La pandemia nos ha puesto de cara a este gran desafío y desde nuestro ser y hacer como Terciarias Capuchinas tenemos todas las herramientas para dar una respuesta coherente con el Evangelio y con la tenacidad de nuestro Carisma.

Hna. Yury Tatiana Amaya Mendoza, Tc

Categorías
Últimas Noticias

Día mundial del refugiado 2021

El Día Mundial del Refugiado de este año 2021, que se celebrará el próximo 20 de junio, organizado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), se enfoca en el poder de la inclusión y tiene como tema general: “Juntos nos cuidamos, aprendemos y brillamos”.

Transcribimos algunos puntos del folleto informativo que han elaborado para esta celebración:

La pandemia de COVID-19 nos ha enseñado que el éxito depende del trabajo conjunto. Cada persona ha jugado un papel importante en el cuidado de la salud de otras; y, a pesar de los retos que enfrentan, las poblaciones refugiadas y desplazadas han dado un paso al frente.

Si se les da la oportunidad, seguirán contribuyendo a la construcción de un mundo más fuerte, más seguro y más vibrante. Este año, exhortamos a que se incluya a las personas refugiadas y desplazadas en las escuelas, los deportes y los sistemas de salud. Para recuperarnos de la pandemia, debemos trabajar en equipo.

Juntos nos cuidamos. Nos cuidamos juntos cuando todos recibimos la atención sanitaria que necesitamos. Ninguna persona estará a salvo hasta que todas lo estén; de manera que el mundo  no podrá recuperarse de la pandemia de Covid -19 si ignora a los refugiados. Debemos garantizar que, como cualquier otra persona, las poblaciones refugiadas y desplazadas tengan acceso a las vacunas, medicamentos, atención médica y apoyo psicosocial.

Juntos aprendemos. Cuando aprendemos juntos, construimos una comunidad más fuerte. Garantizar el acceso a la educación redundará  en nuestro beneficio. Solicitamos que se generen oportunidades educativas y becas para la juventud desplazada. Además, solicitamos que se amplíe el acceso de los estudiantes refugiados a la educación digital.

Juntos brillamos. Brillamos cuando jugamos juntos como un equipo. El deporte permite sanar y crecer, sobre todo a las personas que han tenido que huir de conflictos y persecuciones. Solicitamos, asimismo, que los programas deportivos para personas refugiadas, reciban más apoyo. De igual forma, exhortamos a apoyar a los Equipos Olímpico y Paralímpico de Refugiados que competirán en las Olimpiadas de Tokio.

Fuente: ACNUR Internet