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Superioras de Colombia fortalecen su liderazgo en encuentro formativo en Bogotá

Del 15 al 20 de abril de 2026, las Hermanas de la Provincia Madre del Buen Pastor llevaron a cabo el “Encuentro de formación de superioras de las comunidades de Colombia” en el Colegio María Inmaculada, en Bogotá, con el propósito de fortalecer el liderazgo y la vida consagrada en clave de servicio y misión.

El encuentro reunió a las superioras locales en un espacio de formación, reflexión y discernimiento, inspirado en la conmemoración de los 800 años de la Pascua de San Francisco de Asís. La jornada inaugural incluyó una celebración comunitaria centrada en la misericordia, la oración y la fraternidad, con signos significativos como la entronización del Cristo de San Damián y el cirio pascual.

Durante los días de trabajo, las participantes profundizaron en temas clave como el manejo de emociones, la inteligencia emocional y el liderazgo evangélico, guiadas por el hermano marista Nelson Cardona, quien propició una metodología participativa y formativa.

Asimismo, fray Richard Galindo ofreció una reflexión sobre la vida de San Francisco de Asís, destacando su experiencia pascual como un proceso de transformación marcado por la búsqueda de la voluntad de Dios y la vivencia de la trascendencia en medio de las dificultades.

Por su parte, la hermana Blanca Cecilia Cely Ruiz abordó el cuidado de la vida consagrada, subrayando la importancia de la conciencia, la madurez, la vida comunitaria y la fidelidad al carisma en el contexto actual. También invitó a afrontar los desafíos contemporáneos con una visión renovada, destacando la necesidad de fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y el compromiso con la misión.

El encuentro permitió además reflexionar sobre la realidad actual de la Provincia en ámbitos como la formación, la pastoral, la economía y el cuidado de la creación, consolidando la comunión entre las comunidades.

Esta experiencia formativa reafirma el compromiso de las superioras con un liderazgo cercano, consciente y evangélico, al servicio de la vida y misión de la Iglesia.

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LA PROVINCIA NUESTRA SEÑORA DE LA DIVINA PROVIDENCIA, INICIA CON ESPERANZA LA VISITA CANÓNICA PROVINCIAL 2026

Por tanto, anímense mutuamente y contribuyan al bien de unos para con otros,  como ya lo están haciendo (1 Tes 5,11).

En el marco del último día del Tiempo Ordinario y en vísperas del camino cuaresmal, la Provincia “Nuestra Señora de la Divina Providencia” ha sido convocada a vivir la Visita Canónica Provincial 2026, que se desarrollará del 5 de marzo al 28 de agosto de 2026. Este acontecimiento eclesial y congregacional se presenta como un tiempo privilegiado de gracia, discernimiento y renovación para todas las hermanas y comunidades de la Provincia.

La convocatoria se sitúa en un momento litúrgico particularmente significativo, en el que la Palabra de Dios invita a releer el camino recorrido y a preparar el corazón para el tiempo fuerte de la Cuaresma. En este horizonte espiritual, la Visita Canónica se convierte en una oportunidad para afinar la escucha del Señor, reconocer su paso por la historia personal y comunitaria y disponerse a una conversión cotidiana que fortalezca la vida fraterna y la misión confiada.

UN TIEMPO DE GRACIA PARA EL ENCUENTRO Y EL DISCERNIMIENTO

Iluminadas por la exhortación del apóstol Pablo a animarnos mutuamente y consolidar la fe, las hermanas de la Provincia están llamadas a vivir esta Visita como un auténtico proceso de acompañamiento, animación y revisión de la vida personal y comunitaria. Más allá de su dimensión jurídica —establecida por el Código de Derecho Canónico y por el Derecho propio de la Congregación— la Visita Canónica se desea vivir, ante todo, como un espacio cercano, fraterno y profundamente espiritual, donde el diálogo sincero y la escucha mutua permitan reafirmar la fidelidad al Evangelio, rejuvenecer la vida fraterna y renovar la entrega a la misión.

Inspiradas por el espíritu franciscano amigoniano, se cuidará especialmente el clima de oración, acogida, participación y confianza, favoreciendo el crecimiento personal y comunitario en todos los niveles.

LA INVITACIÓN ES A:

Disponer el corazón con fe y apertura al querer de Dios, dejándose interpelar por su Palabra, por las personas, por los acontecimientos y por las realidades que configuran la vida cotidiana. Se trata de reconocer en todo ello llamadas concretas a la conversión, al cuidado de la vida y a una esperanza que se hace testimonio.

Objetivos:

  • Propiciar momentos de encuentro con Dios en la oración, con las hermanas y en la vida cotidiana, para favorecer un mayor conocimiento entre cada una y la obra apostólica.
  • Ahondar en el tema, “Reafirmar la pertenencia y cuidar los vínculos fraternos” compartiendo experiencias vivenciales de la vida cotidiana, del cultivo y el cuidado.
  • Crear espacios de comunicación abierta, que estimule la vivencia fraterna, descubriendo aquello que lo obstaculiza y discerniendo la levadura buena Dios quiere poner en nuestra vida personal y comunitaria.
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La interculturalidad y los Derechos Humanos: Hacia una convivencia pacífica

En el mundo actual, personas de diferentes orígenes culturales interactúan con más frecuencia que nunca, en gran medida a través de la comunicación y de las redes sociales, lo que ha dado lugar a sociedades en las que conviven tradiciones, creencias y valores diversos. Si bien esta diversidad enriquece y mejora las comunidades, también puede dar lugar a malos entendidos y conflictos si no se aborda con respeto, apertura y aceptación. Hay dos conceptos importantes que ayudan a afrontar estos retos: la interculturalidad y los derechos humanos. Juntos, promueven el entendimiento, la dignidad y la coexistencia pacífica entre individuos y comunidades.

La interculturalidad se refiere a la interacción, el diálogo y el enriquecimiento mutuo entre culturas. En lugar de forzar a una cultura a dominar o esperar que los individuos abandonen sus identidades culturales, la interculturalidad fomenta el respeto por la diversidad, al tiempo que promueve un intercambio significativo entre culturas. Reconoce que cada cultura tiene tradiciones, valores y perspectivas únicas que contribuyen a la experiencia humana en su conjunto. La interculturalidad va más allá del reconocimiento de los derechos innatos del ser humano: consiste en identificarse con el otro o ponerse en su lugar. En la interculturalidad, nadie se considera superior a los demás, sino que acepta y aprecia la singularidad del otro como una riqueza.

A través del diálogo intercultural y de las conversaciones de paz, las personas han aprendido a valorar las diferencias en lugar de temerlas y a superar los prejuicios culturales. Cada individuo conserva su propia identidad cultural, al tiempo que se muestra abierto a aprender de los demás. Esta apertura contribuye a reducir los prejuicios, los estereotipos y la discriminación. La interculturalidad fomenta, por tanto, el respeto, la comprensión y la cooperación entre comunidades diversas.

Por su parte, los derechos humanos son los principios universales que protegen la dignidad de todas las personas. Desempeñan un papel fundamental, ya que constituyen libertades y protecciones básicas que pertenecen a todos, independientemente de su cultura, religión, nacionalidad o estatus social. Son inherentes al ser humano; forman parte de nuestra naturaleza y se desarrollan a medida que crecemos. Nuestra propia naturaleza nos lleva a reconocer el valor de las personas que nos rodean, sin importar la cultura a la que pertenezcan.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948, establece una norma común que guía a las sociedades para tratar a todas las personas con equidad y dignidad. Garantiza que las tradiciones o diferencias culturales no puedan utilizarse como pretexto para violar los derechos de los demás. De este modo, los derechos humanos crean un marco moral y jurídico para sociedades pacíficas. Esta declaración enuncia derechos básicos como la igualdad, la libertad, la educación y la protección contra la discriminación.

Tanto la interculturalidad como los derechos humanos son fundamentales para promover la convivencia pacífica. Los derechos humanos garantizan el respeto y la protección de todas las personas, mientras que la interculturalidad fomenta el diálogo y el entendimiento mutuo entre culturas. Cuando se reconoce tanto la diversidad cultural como la dignidad humana, es posible construir interacciones más armoniosas y relaciones más sólidas. Se anima a todos los sectores de la sociedad a participar en un diálogo respetuoso y abierto que promueva valores que no discriminen ni excluyan. Las escuelas, los gobiernos, las religiones y las instituciones sociales pueden fomentar el entendimiento intercultural enseñando el respeto por las diferentes culturas, al tiempo que destacan la importancia de los derechos humanos.

Reflexionar sobre este tema me lleva a recordar la increíble experiencia que viví cuando tuve la oportunidad de visitar Indonesia. Allí fui testigo de la paz que reina entre personas que viven en un país con una gran diversidad cultural. Musulmanes y cristianos colaboran de forma respetuosa y armoniosa por el bien de su nación. Pude observar cómo se toleran, respetan y aceptan mutuamente sus diferencias con el fin de promover una sociedad más humana y, en última instancia, impulsar el progreso del país.

Personalmente, la experiencia de haber sido enviada como misionera, al menos a tres países extranjeros, me ha ayudado a comprender la esencia de conocer, entender, apreciar y aceptar la cultura de los demás. Cada vez que salía de mi país, pensaba que el lugar de misión no me resultaba extraño: aunque no hablara el mismo idioma y su comida fuera muy diferente a la nuestra en Filipinas, sabía que somos iguales y que nuestras diferencias forman parte de realidades geográficas y políticas distintas.

Otra actitud que me ayuda a apreciar la cultura de los demás es la disposición de dejar de lado mis propios prejuicios y aceptar la realidad del país en el que me encuentro. Procuro respetar, ante todo, las políticas y leyes vigentes, y valorar cada experiencia, por difícil que sea, porque creo que aceptar la interculturalidad y respetar los derechos humanos es un compromiso personal que genera una verdadera sinergia.

Sin embargo, la guerra que se libra actualmente en algunas partes del mundo nos muestra cómo, en ocasiones, nos dejamos cegar por intereses personales, el deseo de dominio y la ambición de poder. Lamentablemente, esta realidad pone de manifiesto un creciente problema en torno al respeto y la capacidad de perdonar.

La coexistencia pacífica no significa la ausencia de diferencias; más bien, implica convivir con un espíritu de respeto y cooperación a pesar de ellas. Al abrazar la interculturalidad y defender los derechos humanos, las sociedades pueden transformar la diversidad en una fuente de fortaleza en lugar de conflicto. Juntas, estas ideas sientan las bases de una sociedad en la que personas de distintos orígenes puedan convivir pacíficamente, respetándose mutuamente y trabajando por un objetivo común: «un futuro más humano».

Hna. Lorena B. Sacal, TC

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NUEVO CONSEJO PROVINCIA NAZARET

Con alegría y esperanza compartimos la elección del nuevo Consejo de la Provincia Nazaret para el trienio 2026-2029, el cual se ha llevado a cabo durante la celebración del V Capítulo provincial, acontecimiento que marca un nuevo tiempo de servicio, comunión y compromiso en la misión compartida.

El nuevo Consejo Provincial ha quedado constituido de la siguiente manera:

  • Matilde Jesús Mena Moreno, Superiora Provincial
  • Cecilia Pasquini, 1ª Consejera – Vicaria
  • Regina del Peral Budia, 2ª Consejera
  • Lourdes Crespo Antolín, 3ª Consejera
  • Manuela del Pilar Pérez Hervás, 4ª Consejera

En un clima de fe y discernimiento, la provincia ha vivido este proceso como una oportunidad para renovar su entrega al servicio del Evangelio, confiando en la guía del Espíritu Santo.

Encomendamos la misión de las hermanas elegidas a la protección de la Sagrada Familia, pidiendo que las acompañe en su labor de animación, gobierno y cercanía fraterna durante este nuevo trienio.

Que este tiempo sea fecundo en esperanza, unidad y compromiso.

Asimismo, expresamos nuestro sincero agradecimiento al Consejo Provincial saliente por su generoso servicio, dedicación y entrega durante el período que concluye.

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Valencia acoge el V Capítulo de la Provincia Nazareth de las Terciarias Capuchinas

Con el lema “Nazareth, lugar donde tejemos la vida y la esperanza”, ha dado inicio el V Capítulo de la Provincia Nazareth, integrada por comunidades de España, Italia, Eslovaquia, Bélgica y Polonia.

Este importante encuentro reúne del 6 al 11 de abril  a hermanas de distintas comunidades que, con espíritu de familia, se dan cita para caminar juntas en un proceso de escucha, reflexión y esperanza para toda la Provincia.

El Capítulo es presidido por la hermana Blanca Nidia Bedoya Salazar, Superiora general, quien acompaña con cercanía este momento tan significativo para la vida y misión de la congregación.

El encuentro se lleva a cabo en el Santuario de Montiel, en Valencia, España, un lugar muy significativo para todas por ser la cuna de la congregación. Este ambiente favorece la oración, el compartir fraterno y la reflexión conjunta.

Así, el V Capítulo de la Provincia Nazareth se vive como un verdadero Kairós,  donde se fortalece la identidad congregacional y se renueva el deseo de servir al estilo de Jesús.

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Nuevo Consejo de la Viceprovincia General Santa Clara

En el marco de la celebración del 6.º Capítulo Viceprovincial de la Viceprovincia General Santa Clara, celebrado del 17 al 22 de marzo en Filipinas, se ha dado a conocer el nuevo Consejo Viceprovincial, en un ambiente de oración, fraternidad y confianza.

El equipo de gobierno ha quedado conformado de la siguiente manera:

  • Superiora Viceprovincial: Hna. Daniela Villanueva
  • Primera Consejera y Vicaria: Hna. Princy Joseph
  • Segunda Consejera: Hna. Luz María Buitrago
  • Tercera Consejera: Hna. Karen C. Morelos

Este momento significativo para la vida de la Viceprovincia se vive con la certeza de que es el Espíritu Santo quien guía el caminar de la Congregación.

Con esperanza y sentido de comunión, las hermanas elevan su oración por el nuevo Consejo, que asume con responsabilidad y espíritu de servicio la misión de animar y acompañar la vida y misión de la Viceprovincia en esta nueva etapa.

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VI Capítulo Viceprovincia Santa Clara

Con alegría y espíritu de comunión, la Vice Provincia General Santa Clara, ha dado  inicio al VI Capítulo Viceprovincial, que se lleva a cabo del 17 al 22 de marzo en Filipinas.

Este acontecimiento de bendición, congrega a las hermanas delegadas de las distintas comunidades para vivir un tiempo de discernimiento, reflexión y fraternidad, iluminadas por el Espíritu Santo. Durante estos días, las participantes revisan el camino recorrido en los últimos años, evalúan la vida y misión de la Vice Provincia y proyectarán juntas nuevos horizontes para continuar sirviendo con fidelidad a la Iglesia y a los más necesitados.  El mismo es presidido por hna.  Blanca Nidia Bedoya Salazar, Superiora general, a quien le acompaña  Hna. María Luisa García Casamián, Vicaria general.

El Capítulo Viceprovincial constituye un momento privilegiado de escucha, diálogo y corresponsabilidad, en el que se fortalecen los lazos de comunión y se renueva el compromiso de seguir anunciando el Evangelio con alegría y esperanza.

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La Superiora General y la Vicaria General realizan visita fraterna a las comunidades de Corea

Seúl, Corea del Sur, 5 de marzo de 2026. Con alegría fraterna, las comunidades de Corea recibieron a la Hna. Blanca Nidia Bedoya, Superiora General, y a la Hna. María Luisa García C., Vicaria General, quienes realizan una visita fraterna del 5 al 8 de marzo de 2026.

La presencia de ambas hermanas ha sido acogida con gozo por las comunidades de Seúl y Bucheon, en un ambiente marcado por la cercanía, la fraternidad y la esperanza compartida. Esta visita representa una valiosa oportunidad para fortalecer los lazos de comunión, compartir la vida y la misión, y renovar juntas el compromiso de servicio allí donde el Señor sigue llamando.

Durante estos días, las hermanas viven momentos de diálogo fraterno, oración y reflexión, en un clima de sencillez y gratitud, reafirmando la belleza de una misión que se construye cada día desde la cercanía, la entrega y la esperanza. Asimismo, esta visita constituye un espacio privilegiado de escucha, acompañamiento y discernimiento, que anima a seguir caminando como familia religiosa con el corazón abierto a la acción de Dios.

Se espera que esta experiencia sea un tiempo fecundo de gracia, comunión y renovación misionera para todas las hermanas y comunidades que participan de este encuentro.

Tras concluir su visita en Corea, la Superiora General y la Vicaria General continuarán su recorrido por Asia. Del 9 al 12 de marzo, visitarán las dos comunidades de Vietnam, donde animarán la vida y la misión de las hermanas. Posteriormente, el 13 de marzo, viajarán a Filipinas para participar en el VI Capítulo de la Viceprovincia Santa Clara, que se celebrará del 17 al 22 de marzo.

De este modo, la visita se enmarca en un itinerario de cercanía y acompañamiento que busca fortalecer la comunión congregacional y alentar la misión en los distintos lugares donde las hermanas hacen presente el Evangelio.

¡Bienvenidas, hermanas!

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Justicia, pobreza y ecologia los desafios de la paz Según la reflexion franciscana.

 

El estilo de vida de Francisco de Asís, sale a nuestro encuentro para orientarnos en el camino de la justicia, la pobreza, la ecología y también para enderezar nuestros pasos hacia una convivencia pacífica.

Justicia como convivencia fraterna:
» Ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio, y menos entre ellos… y todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo» (RnB 5, 9.11).

En la visión franciscana, la lucha por la justicia no es sólo un compromiso hacia afuera, como cambiar las estructuras y las instituciones que no defienden la justicia, sino que es un compromiso hacia dentro, es un cambio del corazón. Porque sólo a partir del corazón, el hombre es capaz de ser constructor de justicia y portador de paz. Es cuestión de mentalidad, de modos de vivir y de actitudes y no sólo de cultura, de política y de estructura. Porque el hombre puede ser justo y honesto a pesar de la estructura, de la sociedad y de la cultura a la cual pertenece, por lo tanto, la defensa y la promoción de la justicia, no es sólo una gestión política, económica o institucional. Es, sobre todo, una decisión personal, un compromiso comunitario y un cambio de criterios que fundamentan la mentalidad y que justifican las actitudes frente a los desafíos de la paz. Es una opción, un proceso personal hacia criterios que cimientan la vida a partir de la dignidad de la persona hasta llegar a la dimensión de sentirse creatura y parte de una fraternidad, además de ser un compromiso comunitario y político. Por desgracia, hoy día, el clamor por la justicia lo encontramos en tantas situaciones dramáticas de miseria, de hambre, de desnutrición, de abandono, de racismo y de guerra. Esto revela, de hecho, la desvalorización de la vida humana y de su integral dignidad. Por lo tanto, es necesario construir la justicia a partir de los criterios de valoración de la persona humana, es un reto urgente. Justicia como forma fraterna de convivencia, donde la prioridad la tiene la persona sobre el lucro, el servicio sobre el poder y el dominio.

Francisco de Asís supo vivir la audacia de sentirse creatura con las creaturas, de ser pobre junto a los pobres y de ser hermano entre hermanos. El episodio del leproso nos puede ayudar para entender el concepto de injusticia social, de marginación y de sufrimiento humano que se puede llegar a experimentar, también en nuestra realidad. Francisco en su opción de estar entre los pobres y de ser pobre, quiso reivindicar la dignidad del hombre, deformada por la estructura social, el egoísmo y el poder humano. Él quiso asumir la causa del Creador de la Vida, en su generosa y radical entrega. Para ser pobre y hermano no hay que poseer, sino sólo dar, hay que servir como lo hizo Jesús. Francisco inaugura una hermandad fundada en la justicia y la igualdad.

Pobreza y ecología para la convivencia:
¨Nada se apropien para sí¨ (RB 22).

La pobreza es ¨sine propio¨ porque se está entre hermanos. Dios “se hizo pobre por nosotros en este mundo”, Cristo al hacerse humano quiso mostrarnos su amor en toda su indigencia y dependencia. Francisco imita a Cristo en su pobreza, reconociendo la pobreza como justicia de relación con su Creador y con la creación. El hombre es el administrador, el servidor y el guardián de la creación, de la vida, para que no prevalezca la injusta desigualdad, el apasionado interés por el poder, la deshumanizante manipulación de los pueblos. Por lo tanto, él en nombre de su Creador, debe gobernarla con fidelidad, justicia y respeto. Ella es su morada y en ella debe aprender a vivir y a convivir, a habitar la realidad y la propia existencia, como en un hogar. Una casa común donde no haya dominadores y dominados, sino creaturas diferentes, respetuosas de la vida humana, del mundo y de toda la creación. Un lugar donde todos juntos buscan como apoyar la ecología desde la convivencia fraterna, la formación de hombres y mujeres de buena voluntad para la justicia, la paz y el respeto entre todos los seres. La pobreza es, por lo tanto, una llamada a vivir un espíritu de desapego de los bienes, simplificar las necesidades materiales, para vivir en la verdadera, paz, que significa, fundamentalmente, vida plena, armónica. El Cántico de las criaturas es el otro icono donde se puede hacer experiencia de fraternidad, de convivencia, experimentar cómo la pobreza, el respeto y el cuidado de la creación, posibilitan el encuentro, venciendo las barreras que generan la voluntad y la ansiedad de poseer y dominar. Francisco reconoce la interconexión de todos los seres vivos, donde cada elemento tiene su valor intrínseco y fundamenta un comportamiento natural que va más allá de la utilidad y el beneficio humano.

El desafío de la paz:

Todos los cristianos y sobre todo, nosotros seguidores de Francisco de Asís, tenemos una ”responsabilidad” hacia la paz, porque como él, la vemos como una virtud que se manifiesta en la armonía interior, en la relación con Dios, con los demás, y en el cuidado de la creación. Para él, la paz era un don de Dios que debía ser cultivado y compartido y que requería una transformación personal y social. Por lo tanto, se hace necesario, un proceso de transformación, en primer lugar, a nivel individual, para renovar la esperanza, reconocer la autonomía, defender y respetar la vida, pensar en la ternura y cómo ser personas solidarias. Un desafío basado en el reconocimiento, el respeto y la vivencia de los derechos humanos, así como la consideración de la dignidad de las personas, para tener una convivencia pacífica. Esto implica un proceso de cambio de mentalidad, de actitudes individuales y colectivas para el empoderamiento y la acción. Francisco plantea la paz como un valor esencial y un derecho humano, paz como bondad hacia las necesidades básicas de supervivencia, bienestar, libertad e identidad; paz para la libertad, la equidad y el diálogo, la integración, la solidaridad y la participación del ser humano en su proceso de legitimación y satisfacción, justicia social y defensa de la vida. Paz como vivencia, que se vincula con las relaciones y las condiciones sociales, basada en el reconocimiento de la dignidad del ser humano, el respeto de sus derechos y libertades fundamentales. San Francisco vivió la paz en su día a día, a través de su humildad, sencillez y su servicio a los demás. La visión de San Francisco implica un desafío constante para superar las divisiones, el odio, la injusticia y la violencia. Requiere coraje, humildad y una fe profunda para construir puentes de diálogo y reconciliación. En resumen, la paz según San Francisco de Asís es un don divino, es un camino que implica un compromiso activo con la justicia, la misericordia y el amor, tanto a nivel individual como social.

Concluyo esta reflexión con la oración de San Francisco «Señor, hazme instrumento de tu paz», que refleja muy bien la actitud de entrega y servicio que el vivió y que hoy nos deja como legado, siendo sus seguidores.

Señor, hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya odio, lleve yo tu amor
donde haya ofensa, tu perdón Señor,
donde haya duda, lleve yo la fe.

Hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya desesperación
lleve yo esperanza,
donde haya obscuridad, lleve Tu luz,
donde haya tristeza, lleve yo alegría.

Maestro ayúdame a nunca buscar,
querer ser consolado, sino consolar
querer ser entendido, sino entender
ser amado, sino yo amar.

Porque es dando, que se recibe,
perdonando, que se es perdonado,
Muriendo, que se resucita a la
vida eterna.  Amén

 

Hna. Milena Prete

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Mensaje de Cuaresma 2026

Con el Miércoles de Ceniza abrimos las puertas a un tiempo de gracia, a un camino de conversión que se marca no solo con signos externos, sino con gestos concretos de solidaridad, justicia y conciencia. La ceniza que recibimos sobre nuestra frente nos recuerda con humildad que somos frágiles, pero también profundamente amados, llamados a rehacer nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.

La Cuaresma nos hace memoria de los cuarenta años en que el pueblo de Dios peregrinó por el desierto, aprendiendo a confiar, a desprenderse y a descubrir que la verdadera libertad no llega sin antes reconocer los propios límites. “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer… para afligirte y probarte, y conocer lo que había en tu corazón” (Dt 8,2). El desierto fue escuela de humanidad antes que tierra prometida, porque no hay liberación de estructuras si primero no acontece la liberación en el interior de cada persona.

El Evangelio del Miércoles de Ceniza (cf. Mt 6,1-6.16-18) nos invita a vivir la oración, el ayuno y la limosna desde la autenticidad, lejos de toda apariencia: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Jesús nos desplaza de una religiosidad centrada en lo visible hacia una espiritualidad que transforma el corazón y las relaciones.

Por eso, el ayuno que Dios nos pide no se reduce a prácticas piadosas que pueden encerrarnos en el individualismo o en la autorreferencialidad. La Palabra es clara:
“¿No será más bien este el ayuno que yo quiero: desatar las cadenas injustas, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo?” (Is 58,6-7).
El ayuno cuaresmal tiene rostro social, nombre propio, historia concreta. Es justicia, dignidad restaurada, presencia cercana con quien ha sido olvidado, invisibilizado o excluido.

Esta Cuaresma 2026 es una oportunidad para revisar nuestras prácticas y también nuestros paradigmas. Tal vez algunas tradiciones han acentuado más el escrúpulo que la misericordia, más la norma que el Evangelio, más el temor que la esperanza. Hoy el Señor nos llama a romper con aquello que no genera vida, para volver a lo esencial: el amor que reconcilia, la fe que humaniza, la conversión que se vuelve compromiso.

San Pablo nos lo recuerda con fuerza: “Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Co 6,2). No mañana, no después, sino ahora.

Que este camino cuaresmal nos encuentre dispuestos a dejarnos transformar; que nuestras comunidades sean espacio de reconciliación y ternura social; que cada gesto, por pequeño que parezca, abra sendas de Reino.

Caminemos juntos hacia la Pascua con un corazón renovado, convencidos de que la verdadera conversión siempre florece en fraternidad.

Feliz camino de Cuaresmal

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya