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Justicia, pobreza y ecologia los desafios de la paz Según la reflexion franciscana.

 

El estilo de vida de Francisco de Asís, sale a nuestro encuentro para orientarnos en el camino de la justicia, la pobreza, la ecología y también para enderezar nuestros pasos hacia una convivencia pacífica.

Justicia como convivencia fraterna:
» Ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio, y menos entre ellos… y todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo» (RnB 5, 9.11).

En la visión franciscana, la lucha por la justicia no es sólo un compromiso hacia afuera, como cambiar las estructuras y las instituciones que no defienden la justicia, sino que es un compromiso hacia dentro, es un cambio del corazón. Porque sólo a partir del corazón, el hombre es capaz de ser constructor de justicia y portador de paz. Es cuestión de mentalidad, de modos de vivir y de actitudes y no sólo de cultura, de política y de estructura. Porque el hombre puede ser justo y honesto a pesar de la estructura, de la sociedad y de la cultura a la cual pertenece, por lo tanto, la defensa y la promoción de la justicia, no es sólo una gestión política, económica o institucional. Es, sobre todo, una decisión personal, un compromiso comunitario y un cambio de criterios que fundamentan la mentalidad y que justifican las actitudes frente a los desafíos de la paz. Es una opción, un proceso personal hacia criterios que cimientan la vida a partir de la dignidad de la persona hasta llegar a la dimensión de sentirse creatura y parte de una fraternidad, además de ser un compromiso comunitario y político. Por desgracia, hoy día, el clamor por la justicia lo encontramos en tantas situaciones dramáticas de miseria, de hambre, de desnutrición, de abandono, de racismo y de guerra. Esto revela, de hecho, la desvalorización de la vida humana y de su integral dignidad. Por lo tanto, es necesario construir la justicia a partir de los criterios de valoración de la persona humana, es un reto urgente. Justicia como forma fraterna de convivencia, donde la prioridad la tiene la persona sobre el lucro, el servicio sobre el poder y el dominio.

Francisco de Asís supo vivir la audacia de sentirse creatura con las creaturas, de ser pobre junto a los pobres y de ser hermano entre hermanos. El episodio del leproso nos puede ayudar para entender el concepto de injusticia social, de marginación y de sufrimiento humano que se puede llegar a experimentar, también en nuestra realidad. Francisco en su opción de estar entre los pobres y de ser pobre, quiso reivindicar la dignidad del hombre, deformada por la estructura social, el egoísmo y el poder humano. Él quiso asumir la causa del Creador de la Vida, en su generosa y radical entrega. Para ser pobre y hermano no hay que poseer, sino sólo dar, hay que servir como lo hizo Jesús. Francisco inaugura una hermandad fundada en la justicia y la igualdad.

Pobreza y ecología para la convivencia:
¨Nada se apropien para sí¨ (RB 22).

La pobreza es ¨sine propio¨ porque se está entre hermanos. Dios “se hizo pobre por nosotros en este mundo”, Cristo al hacerse humano quiso mostrarnos su amor en toda su indigencia y dependencia. Francisco imita a Cristo en su pobreza, reconociendo la pobreza como justicia de relación con su Creador y con la creación. El hombre es el administrador, el servidor y el guardián de la creación, de la vida, para que no prevalezca la injusta desigualdad, el apasionado interés por el poder, la deshumanizante manipulación de los pueblos. Por lo tanto, él en nombre de su Creador, debe gobernarla con fidelidad, justicia y respeto. Ella es su morada y en ella debe aprender a vivir y a convivir, a habitar la realidad y la propia existencia, como en un hogar. Una casa común donde no haya dominadores y dominados, sino creaturas diferentes, respetuosas de la vida humana, del mundo y de toda la creación. Un lugar donde todos juntos buscan como apoyar la ecología desde la convivencia fraterna, la formación de hombres y mujeres de buena voluntad para la justicia, la paz y el respeto entre todos los seres. La pobreza es, por lo tanto, una llamada a vivir un espíritu de desapego de los bienes, simplificar las necesidades materiales, para vivir en la verdadera, paz, que significa, fundamentalmente, vida plena, armónica. El Cántico de las criaturas es el otro icono donde se puede hacer experiencia de fraternidad, de convivencia, experimentar cómo la pobreza, el respeto y el cuidado de la creación, posibilitan el encuentro, venciendo las barreras que generan la voluntad y la ansiedad de poseer y dominar. Francisco reconoce la interconexión de todos los seres vivos, donde cada elemento tiene su valor intrínseco y fundamenta un comportamiento natural que va más allá de la utilidad y el beneficio humano.

El desafío de la paz:

Todos los cristianos y sobre todo, nosotros seguidores de Francisco de Asís, tenemos una ”responsabilidad” hacia la paz, porque como él, la vemos como una virtud que se manifiesta en la armonía interior, en la relación con Dios, con los demás, y en el cuidado de la creación. Para él, la paz era un don de Dios que debía ser cultivado y compartido y que requería una transformación personal y social. Por lo tanto, se hace necesario, un proceso de transformación, en primer lugar, a nivel individual, para renovar la esperanza, reconocer la autonomía, defender y respetar la vida, pensar en la ternura y cómo ser personas solidarias. Un desafío basado en el reconocimiento, el respeto y la vivencia de los derechos humanos, así como la consideración de la dignidad de las personas, para tener una convivencia pacífica. Esto implica un proceso de cambio de mentalidad, de actitudes individuales y colectivas para el empoderamiento y la acción. Francisco plantea la paz como un valor esencial y un derecho humano, paz como bondad hacia las necesidades básicas de supervivencia, bienestar, libertad e identidad; paz para la libertad, la equidad y el diálogo, la integración, la solidaridad y la participación del ser humano en su proceso de legitimación y satisfacción, justicia social y defensa de la vida. Paz como vivencia, que se vincula con las relaciones y las condiciones sociales, basada en el reconocimiento de la dignidad del ser humano, el respeto de sus derechos y libertades fundamentales. San Francisco vivió la paz en su día a día, a través de su humildad, sencillez y su servicio a los demás. La visión de San Francisco implica un desafío constante para superar las divisiones, el odio, la injusticia y la violencia. Requiere coraje, humildad y una fe profunda para construir puentes de diálogo y reconciliación. En resumen, la paz según San Francisco de Asís es un don divino, es un camino que implica un compromiso activo con la justicia, la misericordia y el amor, tanto a nivel individual como social.

Concluyo esta reflexión con la oración de San Francisco «Señor, hazme instrumento de tu paz», que refleja muy bien la actitud de entrega y servicio que el vivió y que hoy nos deja como legado, siendo sus seguidores.

Señor, hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya odio, lleve yo tu amor
donde haya ofensa, tu perdón Señor,
donde haya duda, lleve yo la fe.

Hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya desesperación
lleve yo esperanza,
donde haya obscuridad, lleve Tu luz,
donde haya tristeza, lleve yo alegría.

Maestro ayúdame a nunca buscar,
querer ser consolado, sino consolar
querer ser entendido, sino entender
ser amado, sino yo amar.

Porque es dando, que se recibe,
perdonando, que se es perdonado,
Muriendo, que se resucita a la
vida eterna.  Amén

 

Hna. Milena Prete

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Mensaje de Cuaresma 2026

Con el Miércoles de Ceniza abrimos las puertas a un tiempo de gracia, a un camino de conversión que se marca no solo con signos externos, sino con gestos concretos de solidaridad, justicia y conciencia. La ceniza que recibimos sobre nuestra frente nos recuerda con humildad que somos frágiles, pero también profundamente amados, llamados a rehacer nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.

La Cuaresma nos hace memoria de los cuarenta años en que el pueblo de Dios peregrinó por el desierto, aprendiendo a confiar, a desprenderse y a descubrir que la verdadera libertad no llega sin antes reconocer los propios límites. “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer… para afligirte y probarte, y conocer lo que había en tu corazón” (Dt 8,2). El desierto fue escuela de humanidad antes que tierra prometida, porque no hay liberación de estructuras si primero no acontece la liberación en el interior de cada persona.

El Evangelio del Miércoles de Ceniza (cf. Mt 6,1-6.16-18) nos invita a vivir la oración, el ayuno y la limosna desde la autenticidad, lejos de toda apariencia: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Jesús nos desplaza de una religiosidad centrada en lo visible hacia una espiritualidad que transforma el corazón y las relaciones.

Por eso, el ayuno que Dios nos pide no se reduce a prácticas piadosas que pueden encerrarnos en el individualismo o en la autorreferencialidad. La Palabra es clara:
“¿No será más bien este el ayuno que yo quiero: desatar las cadenas injustas, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo?” (Is 58,6-7).
El ayuno cuaresmal tiene rostro social, nombre propio, historia concreta. Es justicia, dignidad restaurada, presencia cercana con quien ha sido olvidado, invisibilizado o excluido.

Esta Cuaresma 2026 es una oportunidad para revisar nuestras prácticas y también nuestros paradigmas. Tal vez algunas tradiciones han acentuado más el escrúpulo que la misericordia, más la norma que el Evangelio, más el temor que la esperanza. Hoy el Señor nos llama a romper con aquello que no genera vida, para volver a lo esencial: el amor que reconcilia, la fe que humaniza, la conversión que se vuelve compromiso.

San Pablo nos lo recuerda con fuerza: “Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Co 6,2). No mañana, no después, sino ahora.

Que este camino cuaresmal nos encuentre dispuestos a dejarnos transformar; que nuestras comunidades sean espacio de reconciliación y ternura social; que cada gesto, por pequeño que parezca, abra sendas de Reino.

Caminemos juntos hacia la Pascua con un corazón renovado, convencidos de que la verdadera conversión siempre florece en fraternidad.

Feliz camino de Cuaresmal

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya

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Bienvenido, el Adviento del año de la esperanza

Este año, nos toca el verbo de la espera hecho palabra clara: ¡ESPERARTE!, y al esperarte, descubrir que la espera no es ausencia, sino presencia pulida por la memoria de lo que vendrá. No es un silencio que cae, sino una respiración que se afina, un paso que se ordena, una vela que se enciende con paciencia. Bienvenido, Adviento, año de la esperanza: que tu llegada no sea un susurro que se pierde en la multitud de los días, sino una promesa que se asienta en el pecho, un pulso que marca el rumbo.

Habitar este Adviento es habitar la casa de la mirada. Mirar no para recoger imágenes bonitas, sino para ver con la claridad que transforma. Mirar mucho. Mirar donde nadie mira, o donde olvidaste mirar por cansancio. Porque la mirada, cuando es fiel, no condena al mundo, lo invita a asomarse a la verdad: la verdad de nuestra fragilidad que, sin embargo, contiene la potencia de la gracia. En esa mirada que no se rinde, se fragua la capacidad de perdonar, de reconciliar, de escoger la ruta estrecha que lleva a la vida. Y así, cada domingo, encendemos una vela no para llenar de luz un vacío, sino para recordar que la luz ya está, esperando en la frontera de cada amanecer.

Este Adviento no es un calendario, sino un camino de domingos que se alargan como una promesa que se repite y se profundiza. Cada vela encendida es una memoria que se levanta: de aquellos que nos enseñaron a creer, de aquellos que nos mostraron el valor de la paciencia, de aquel niño que supo mirar al mundo con asombro. Se enciende una vela para cada una de las estaciones del corazón: la justicia que cuestiona, la compasión que abraza, la humildad que acoge, la esperanza que sostiene. Y cuando las sombras se alargan, la llama no se apaga; se ajusta, se fija, se transforma en brújula para el camino.

A la espera de tu llegada, Adviento, yo te digo: estoy aquí, con mis dudas y con mi fe, con mis ritmos cansados y mis pulsos sorprendidos por la gracia. Esperaré por ti, y esperar contigo se vuelve oficio de vida. No para apresurarte, sino para aprender a discernir tus signos en lo cotidiano: en la risa de un niño, en la frase sencilla de un viejo que conserva la memoria, en la música que surge como un suspiro de la creación. Esperaré contigo, atento y expectante, paciente y caminante. Porque la espera bien vivida no es pasividad, es una forma de apertura: abrir la puerta de la casa interior para que entre lo que todavía no vemos, para que se revele lo que ya está.

Y cuando la jornada se haga dura, cuando el cansancio pese como una piedra, te invito, Adviento, a que traigas contigo a María como compañera, nuestra dulce consejera. Que su silencio, que su fe, que su confianza en el misterio nos enseñe a sostener la esperanza con ternura. Que José, hombre de oficio y de sueño, nos muestre que la obra de la fe no es especialidad de unos pocos, sino oficio cotidiano: creer, obrar, esperar, sostener. Porque en la simplicidad de lo pequeño se revela la grandeza de lo eterno.

Adviento, año de la esperanza, también es un llamado a mirar la realidad desde la hondura de la misericordia. Mirar la vida de los otros: a los pobres que caminan con nosotros, a los que no tienen voz, a los que están aferrados a la memoria de la pérdida. Nuestra mirada no puede quedarse en la curiosidad; debe convertirse en una acción que alivia, que acompaña, que transforma. La ruta que se propone no es un mero itinerario espiritual, sino un viaje de compasión que se traduce en gestos concretos: una palabra que sane, una mano que sostenga, una mesa que se abra.

El Hijo, que quiere encarnarse, busca un vientre que esté dispuesto a acoger lo desconocido y a permitir que la vida recorra la casa. No llega a una casa llena de certezas, sino a una casa que escucha, que espera, que se abre a lo misterioso. En ese proceso de encarnación, la fe no es una idea que se sostiene en la cabeza, sino una presencia que se vive en las manos: laboriosa, concreta, tendida hacia los otros. Buscar una playa en espera ante el mar infinito para hacerse ola es una imagen que nos dirige a la humildad de dejarse mover por la gracia: no reclamar la ola para mí, sino permitir que la ola sea para el mundo.

Adviento es también la disciplina de un camino que aprendemos a caminar con nosotros mismos: aceptar la duda como parte del viaje, llorar alguna lágrima que se nos escapa y dejar que esa lágrima se convierta en una lámpara que alumbra el interior. Buscar una ruta clandestina por el agua y el desierto no para evadir la realidad, sino para descubrir, en lo improbable, el lugar donde la vida resiste, nace y se ofrece.

Y si la ruta de la vida se revela como una música que se entrelaza con las voces de quienes nos rodean, entonces el Adviento se llena de voces: de aquellos que bendicen con su presencia la fragilidad de otros, de quienes, sin palabras, sostienen la esperanza con gestos. En la quietud de la oración, en el ruido de la ciudad, en el ritmo del trabajo y en la pausa de la noche, escuchamos la promesa que no se impone, sino que se invita: ven, y no tardes tanto, porque el cansancio nos llama a descansar en la luz que ya brilla.

Así, Adviento, año de la esperanza, te recibimos como quien recibe un don que pide respuesta: una respuesta de vida. Cantamos con la esperanza de que lo que nace en Belén no se quede allí, sino que se vuelva presencia en cada casa, en cada calle, en cada mesa compartida. Que la Navidad que se acerca no sea solo una fecha, sino una transformación: la que nos hace ver a los demás con ojos nuevos, la que nos llama a vivir la ruta de la justicia, la paz y la bondad que no pierde su camino ante la adversidad.

Y cuando finalmente cuenten los días y las luces se simplifiquen en un solo brillo, que nuestro corazón esté ya preparado para la gran señal: la de la carne que se acerca, la de la esperanza que se encarna, la de un amor que no se rinde. Porque Adviento es, en su esencia, la primavera de la fe: una promesa que se desvela, un verano que se anticipa, un otoño que se prepara para la cosecha. Es la historia de un camino que comienza en la humildad de un pesebre y llega hasta la altura de una promesa que se cumple en el mundo entero.

Ven, Adviento, con tu ritmo paciente. Llévanos a Belén, no como peregrinos cansados que buscan consuelo, sino como buscadores que aceptan la sorpresa de lo revelado. Y que, en ese encuentro, descubramos que la verdadera espera no consiste en que Dios se nos muestre a nuestra manera, sino en que nuestra vida se ajuste a la suya: una vida que se dona, que perdona, que comparte, que ama. Así, caminaremos juntos, hacia la luz que no se apaga, hacia la verdad que libera, hacia la vida que da sentido. Y el mundo, al mirarnos, sabrá que no estamos solos: estamos convocados por la esperanza que no defrauda, por el amor que se encarna, por la paz que llega. ¡ Bienvenido… Adviento de la esperanza!

 

Equipo general de comunicaciones,TC

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Retos y oportunidades de la interculturalidad en el siglo XXI

INTRODUCCIÓN

Con la actual globalización económica, muchos individuos de muchas naciones y culturas residen en la misma ciudad, ya sea de forma permanente o temporal.

El multiculturalismo es el resultado de la mezcla de muchas culturas que forman una sociedad multicultural.

Principalmente, esta sociedad multicultural está causada por la mano de obra mundial, los estudiantes internacionales y el flujo de refugiados. Con la intención de promover la paz y la armonía y el respeto de los derechos humanos en una sociedad multicultural, la UNESCO ha abordado esta cuestión proponiendo principios que ayudarán a las jóvenes generaciones a hacer frente a la sociedad multicultural, a desarrollar relaciones pacíficas y de amistad entre los pueblos, a comprender mejor el modo de vida de los demás y a permitir que todos tengan acceso al conocimiento y contribuyan al enriquecimiento de la vida cultural. Los principios de trabajo educativos que se recomiendan a todos los países son los siguientes:

Principio I: La Educación Intercultural respeta la identidad cultural del educando mediante la provisión de una educación de calidad culturalmente apropiada y receptiva para todos.

 Principio II: La Educación Intercultural proporciona a todos los educandos los conocimientos, actitudes y aptitudes culturales necesarios para lograr una participación activa y plena en la sociedad.

Principio III: La educación intercultural proporciona a todos los educandos los conocimientos, actitudes y aptitudes culturales que les permiten contribuir al respeto, la comprensión y la solidaridad entre las personas, los grupos étnicos, sociales, culturales y religiosos y las naciones.  

Además, se está fomentando el diálogo intercultural en todo el mundo mediante la celebración de numerosas conferencias de diferentes organismos internacionales de las Naciones Unidas. Junto con el diálogo intercultural, también se promueve la interculturalidad como forma de interactuar con la gente en una sociedad multicultural.

INTERCULTURALIDAD: DEFINICIÓN

La interculturalidad es un concepto dinámico y se refiere a la evolución de las relaciones entre grupos culturales. Se ha definido como «la existencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas a través del diálogo y el respeto mutuo». La interculturalidad presupone el multiculturalismo y es el resultado del intercambio y el diálogo «intercultural» a escala local, regional, nacional o internacional.

La práctica de la interculturalidad va acompañada de retos y oportunidades en diferentes ámbitos de interés, como la educación, el empleo y la empresa, el entorno digital y la Iglesia con sus actividades misioneras y evangelizadoras.

Centrándome en las actividades misioneras y evangelizadoras de la Iglesia católica, sin omitir ni añadir nada, he tomado como referencia a la Iglesia de Inglaterra, con sus diversas congregaciones, comunidades, tradiciones y teologías, que se enfrenta a dinámicas y perspectivas únicas a la hora de participar en la labor misionera intercultural y ha identificado los retos y las oportunidades de la interculturalidad.

Vale la pena tomar la siguiente formulación como ejemplo de cómo tener éxito en la práctica de la interculturalidad en nuestra iglesia.

HE AQUÍ ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES RETOS Y OPORTUNIDADES:

RETOS:

– Sensibilidad cultural: Ser culturalmente sensible y evitar la insensibilidad cultural involuntaria o los prejuicios puede ser un reto. Una misión intercultural eficaz requiere un profundo conocimiento de las diversas culturas de la Iglesia de Inglaterra.

– Barreras lingüísticas: La diversidad lingüística dentro de las congregaciones puede ser una barrera para la comunicación y la comprensión efectivas, lo que dificulta el intercambio del Evangelio y el fomento de la unidad.

– Diferencias teológicas: Los diferentes contextos culturales pueden aportar diversas perspectivas y prácticas teológicas. Equilibrar estas diferencias manteniendo al mismo tiempo los principios fundamentales de la fe cristiana puede resultar difícil.

– Liderazgo y representación: Garantizar que las funciones de liderazgo reflejen la diversidad de la congregación y mantener la representación de diversos orígenes culturales es crucial, pero puede ser difícil de lograr.

– Integración en la comunidad: Construir relaciones sólidas con las comunidades locales, especialmente en zonas urbanas culturalmente diversas, puede ser un reto, ya que requiere un profundo compromiso con el compromiso comunitario y la comprensión cultural.

– Estilos de culto: Encontrar un equilibrio entre el mantenimiento de las formas tradicionales de culto y la incorporación de elementos de diversas tradiciones culturales puede ser un reto para mantener la identidad de la Iglesia de Inglaterra.

Oportunidades:

– Rica diversidad cultural: Las diversas congregaciones de la Iglesia de Inglaterra ofrecen una oportunidad única para el aprendizaje y la comprensión intercultural, fomentando la tolerancia y el respeto por las diferentes culturas.

– Misión en comunidades de inmigrantes: Muchas congregaciones de la Iglesia de Inglaterra se encuentran en zonas con importantes poblaciones de inmigrantes. Esto ofrece una oportunidad natural para el trabajo misionero y el acercamiento a estas comunidades.

– Red mundial: La Iglesia de Inglaterra forma parte de la Comunión Anglicana mundial, que abarca diversos contextos culturales. Esta red mundial puede facilitar el aprendizaje intercultural y la colaboración en la labor misionera.

– Diálogo interreligioso: Diversas confesiones religiosas del Reino Unido ofrecen oportunidades para el diálogo y el compromiso interreligiosos, fomentando la tolerancia y el entendimiento religiosos.

– Intercambio cultural: La misión intercultural permite un intercambio dinámico de prácticas culturales, música, arte y tradiciones dentro de la iglesia, enriqueciendo la experiencia del culto.

– Participación de los jóvenes: Las generaciones más jóvenes suelen tener una perspectiva más inclusiva e intercultural. La participación de los jóvenes en la misión intercultural puede ser especialmente fructífera.

– Impacto en la comunidad: Al abrazar la misión intercultural, la Iglesia de Inglaterra puede tener un impacto positivo en las comunidades locales al promover la unidad, la cohesión social y el respeto mutuo.

– Inclusividad: Demostrar un compromiso con la diversidad y la inclusión en la labor misionera puede atraer a personas y familias que buscan una comunidad de culto acogedora e inclusiva.

Para tener éxito en su misión intercultural, en la Iglesia de Inglaterra debemos abordar intencionadamente los retos y aprovechar al mismo tiempo las oportunidades. Esto incluye la formación y la educación culturales continuas, la adaptación de los estilos de culto cuando proceda, la participación activa de personas de diversos orígenes en funciones de liderazgo y el fomento de una atmósfera de aceptación, respeto y comprensión entre los feligreses. De este modo, la Iglesia de Inglaterra podrá cumplir su misión de compartir el amor y las enseñanzas de Jesucristo en una sociedad cada vez más multicultural y globalizada.

CONCLUSIÓN:

Los Retos y Oportunidades de la Interculturalidad en el Siglo XXI es un tema complejo y no es fácil parafrasearlo ni desarrollar una mayor reflexión puesto que ya se está tratando en diferentes sectores a nivel mundial. Después de leer muchas referencias me quedo con el principio de que vivir en una sociedad multicultural conlleva muchos retos pero sigue siendo una oportunidad para ampliar nuestra perspectiva personal y comunitaria de que la creación de Dios es rica y se muestra en diferentes culturas y es maravilloso descubrir y apreciar las diferencias y vivir con ellas pacíficamente bajo la luz de los Valores Evangélicos enseñados y vividos por nuestro Señor Jesucristo: El camino, la Verdad y la Vida.

Referencias

1.UNESCO,2006 Guidleines on Intercultural Education, p.17; P.33-38

2.https://stpaulsslough.org.uk/challenges-and-opportunities-for-intercultural-mission/

Por: Hna. Nida B. Galera

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La compasión: El rostro de Dios en el carisma amigoniano: una invitación a la conversión y al perdón

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. La misericordia se ha hecho viva y visible en Jesús de Nazaret. El padre rico en misericordia (Ef.2,4) Misericordia: la palabra revela el misterio mismo de la Santísima Trinidad. Misericordia: el acto último y supremo por el que Dios sale a nuestro encuentro. Misericordia: puente que une a Dios con el hombre, abriendo nuestro corazón a la esperanza de ser amados para siempre a pesar de nuestra pecaminosidad. Su ser misericordioso se demuestra concretamente en sus numerosas acciones a lo largo de la historia de la salvación, donde su bondad prevalece sobre el castigo y la destrucción. En resumen, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta a través de la cual revela su amor como el de un padre o una madre que se conmueven hasta lo más profundo por amor a su hijo.

Los signos que obra especialmente ante los pecadores, los pobres, los marginados, los enfermos y los que sufren, tienen por objeto enseñar la misericordia. Todo en Él habla de misericordia, nada  está desprovisto de compasión. La misericordia y la compasión desempeñan un papel importante en el mundo actual, dondequiera que miremos parece haber demasiada miseria. En algún lugar hay alguien que tiene hambre y sed. Hay alguien que lucha por su vida o alguien que suplica ayuda.

Tanto la misericordia como la compasión se refieren a la preocupación por las personas necesitadas. La compasión es una conciencia empática del sufrimiento ajeno, unida al deseo de aliviarlo. Proviene de dos palabras latinas, com (con) y pati (sufrir) y se traduce literalmente como «sufrir con».  Es la compasión la que nos impulsa a sentir el dolor de otra persona y, al hacerlo, nos unimos a su camino. Cuando Jesús fue crucificado, su madre María, al pie de la cruz y sufriendo con su hijo, era el rostro de la compasión.

El rostro del Dios misericordioso y compasivo visto en Jesús curando a los enfermos, resucitando a los muertos, dando la vista a los ciegos y sobre todo ofreció su vida por la salvación de todos nosotros. Cuando JESÚS dice: «Sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso» (Lc 6, 36-42) no sólo nos está diciendo qué hacer, sino también cómo hacerlo. Su ejemplo y su ministerio vinculan lo interno (lo que sentimos) y lo externo (nuestras acciones). Jesús nos insta a perdonar a nuestros enemigos (mostrar misericordia), pero también nos anima a amarlos y a rezar por ellos (compasión).La tradición católica introduce la virtud de la solidaridad. Ésta tiende un puente entre la misericordia y la compasión. No se trata simplemente de un vago sentimiento de compasión, sino de una compasión que nos lleva a la acción. Obliga no sólo a mostrar misericordia y sentir compasión, sino hacer algo que alivie el sufrimiento de los demás.

En la Biblia encontramos a un Dios compasivo con su pueblo, que ve y actúa. Cuando Dios ve al pueblo de Israel sufriendo bajo el faraón en Egipto y baja para liberarlos de la esclavitud y los conduce a la tierra prometida (Éxodo 3:7). Cuando Dios ve a la humanidad sufriendo por la esclavitud del pecado y baja en persona para liberarnos a través de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 Todo el ministerio de Jesucristo estuvo marcado por la misericordia, la compasión, la llamada a la conversión y el perdón. En su ministerio público, cuando ve a la gente deambular como ovejas sin pastor agobiadas por el hambre y la enfermedad, les da de comer y les cura y sacia su sed con la Palabra de Dios, les enseña y les ofrece restauración. En resumen, el carácter distintivo de Jesucristo era la misericordia y la compasión que mostraba por las personas que encontraba más especialmente, los sufrientes y marginados, los de la periferia de la sociedad.

La verdadera compasión significa sufrir con alguien, sentirse como otra persona. En otras palabras, el profundo poder motivador de la empatía. De este modo, la compasión puede llevar a un cambio de corazón, a la conversión, al arrepentimiento y al perdón.

Del libro «Padre Luis Amigo el amigo de los marginados» leemos que» el Padre Luis era conocido por su servicialidad y deseo de hacer el bien a los demás, sensible a las necesidades ajenas. Los domingos visitaba a los enfermos al hospital, se ocupaba de su aseo, atendía a las víctimas de la discriminación, a la cárcel para consolar e instruir a los presos especialmente a los condenados a cadena perpetua. De nuevo durante la epidemia de cólera en España, narra «el gobierno de Masamagrell me pidió ayuda a la recién nacida congregación, de las hermanas terciarias capuchinas, para enviar a las hermanas a socorrer y atender a los enfermos afligidos por la peste. Fue un acto de heroísmo desafiando peligros y despreciando su propia vida por amor, como resultado tres hermanas menores murieron tras ser contaminadas por la enfermedad. Después de la epidemia, el padre Luis Amigo narra con palabras que nos recuerdan al buen samaritano: «Muchos niños se quedaron sin refugio después de haber perdido a sus padres. Movido por la compasión, pensé que podríamos cuidar de ellos» (OCLA 86).

Bíblicamente, compasión es mostrar piedad, amor y misericordia, como dice el Señor Jesús: «Tengo compasión de esta gente, ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos con hambre, o se desmayarán en el camino» (Mt. 15:32). La Compasión de Dios es lo primero, como ha demostrado en toda la historia de nuestra Salvación. En el misterio mismo de la creación está la revelación de nuestro Dios que se caracteriza por la bondad amorosa, la misericordia, la compasión y el perdón. Es un Dios que es la fuente de nuestra creación, que sostiene nuestro mismo aliento y lo lleva a su plenitud, como lo atestigua el don mismo de la vida que se nos ha dado gratuitamente. La omnipotencia divina se manifiesta claramente en el ejercicio de la misericordia divina. La misericordia divina es abundante e infinita. Como cristianos, estamos llamados a imitar y reproducir la misericordia y la compasión de Dios hacia nuestros hermanos y hermanas. Decir que alguien está lleno de misericordia es como decir que su corazón está lleno de amor. En otras palabras, la compasión y la misericordia de Dios nos obligan a actuar cuando vemos a nuestros hermanos y hermanas necesitados de apoyo y ayuda. Esforzarnos al máximo para remediar el problema, porque al final se ha convertido en nuestro problema.

Este es el efecto de la misericordia, ya que da a conocer la presencia de Dios que es el Padre, lleno de amor y de perdón. Jesús hace del perdón uno de los temas principales de su enseñanza. También es importante señalar que, al revelar el perdón amoroso de Dios, Jesús pone de manifiesto ante nosotros la necesidad de que la vida de todo cristiano esté guiada por el perdón.

El perdón es el aspecto fundamental de la fe cristiana, como se subraya tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios es retratado como misericordioso y perdonador, llamándonos a buscar el perdón y a extenderlo a los demás, como se recuerda en la oración del Señor. La parábola del siervo que no perdona subraya la naturaleza recíproca del perdón. Jesús enciende la expectativa de que mostremos misericordia a los demás del mismo modo que la recibimos de Dios. El perdón es un verdadero camino de conversión. El Señor respondió a la pregunta de Pedro: «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí, y yo le perdono? ¿Hasta siete veces?» «No te digo siete veces, sino setenta y siete veces» ( Mt 18, 21-22), con lo que entendemos que Cristo proclama con su acción, incluso más que con sus palabras, que la llamada a la misericordia y a la compasión, el perdón y, finalmente, la conversión son los elementos esenciales de cualquier proclamación del Evangelio.

En otras palabras, la Conversión es ese proceso que tiene lugar para que un cristiano vuelva a Dios después de confesar sus pecados a Dios. Es el proceso que exige e implica no sólo el cambio en las acciones, sino también el cambio de corazón. Es importante destacar que este proceso no será posible sin la aceptación y el perdón de Dios. Es a través de la sanación y el perdón de nuestro Señor Jesucristo que podemos ser redimidos. En resumen, existe una fuerte relación entre la conversión y el perdón, porque la conversión es imposible sin el perdón y, a la inversa, sin la conversión nunca habrá un proceso completo de perdón. En el Misterio pascual de Cristo, Dios muestra su perdón gratuito y ofrece la salvación universal y cada persona está llamada a comprometerse en un camino personal de conversión como respuesta a la invitación de Dios (Lc 23,26-56).

 Un claro ejemplo de ello es la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32), que expresa la esencia de la misericordia y el perdón amoroso de Dios en el drama amoroso del amor del Padre y la prodigalidad y pecaminosidad del hijo menor. La parábola toca todos los aspectos de la alianza de amor, todas las pérdidas de gracia y todos los pecados.

La parábola muestra el amor misericordioso de Dios por cada persona y su atención personal hacia la humanidad entera. Vemos en esta parábola la compasión misericordiosa del Padre que eclipsa la pecaminosidad del hijo, así como el recuerdo de la bondad del Padre que motiva al hijo pródigo al arrepentimiento. ¡Qué imagen del amor compasivo y de la misericordia de Dios! El corazón de Dios está lleno de compasión por nosotros, sus hijos. Siempre está dispuesto con los brazos abiertos a acoger al pecador que regresa a casa con una alegre celebración.

En conclusión, el desafío de la misericordia de Dios plantea una exigencia a nuestra generosidad que sólo los purificados y el amor pueden esperar satisfacer. A toda persona que apela al perdón de Dios se le exige que se acerque al lado de Dios mediante la conversión, y que comparta la compasión de Dios, comprendiendo la misericordia sin medida, con la que Dios mira la fragilidad humana y el pecado. Tan radical y difícil es la llamada cristiana a la conversión, al arrepentimiento y al perdón, especialmente cuando ha habido una herida real y profunda que perdonar, que sólo tiene lugar por obra del Espíritu, en unión con el Señor resucitado.

El perdón es un elemento central del mensaje bíblico, que promueve la reconciliación, la compasión y el poder transformador de la gracia de Dios. No es un signo de debilidad, sino el signo de la verdadera fuerza, como demostró poderosamente Jesús en la cruz.

Nuestro seráfico padre san Francisco de Asís nos llama a lo mismo diciendo «No debe haber fraile en todo el mundo que haya caído en pecado, no importa lo lejos que haya caído, que nunca deje de encontrar tu perdón por pedirlo, si tan sólo te mira a los ojos. Y si no te pide perdón, pregúntale tú si lo quiere. Y si mil veces vuelve a presentarse ante ti, debes amarle más que a mí, para atraerle a Dios.

Que yo también me perdone a mí mismo y abra mi corazón a aquellos a quienes debo pedir perdón. Que sea rápido para perdonar en toda circunstancia. Que el perdón me enseñe la compasión.

Hna. Diana Kayetan Mhule

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Alfabetización digital: un reto para padres y cuidadores

En la sociedad actual, la alfabetización digital es una competencia fundamental. En un mundo donde los jóvenes manejan herramientas digitales desde muy temprana edad, los padres y cuidadores deben conocer y dominar estos recursos, no solo para guiar a los más jóvenes en el uso adecuado de la tecnología, sino también para protegerlos de los peligros que conlleva el entorno digital. Esta alfabetización es un desafío crucial que, desde la perspectiva católica, llama a formar usuarios críticos y éticos, capaces de vivir su fe también en el mundo virtual.

¿Por qué es urgente la alfabetización digital?

La tecnología avanza rápidamente y los jóvenes están inmersos en entornos digitales de manera casi natural. Sin embargo, los adultos enfrentan dificultades para comprender este ecosistema en constante cambio, lo que dificulta su capacidad para acompañar a los menores. La alfabetización digital se convierte así en una necesidad urgente, pues:

  1. Permite acompañar en el aprendizaje digital: Los padres pueden ofrecer orientación y recursos útiles para que el aprendizaje y el entretenimiento digitales se realicen de manera segura y constructiva.
  2. Facilita la protección frente a riesgos: Con el conocimiento adecuado, los padres pueden detectar amenazas como el ciberacoso o el acceso a contenido inapropiado, previniendo que los menores caigan en situaciones de riesgo.

En este contexto, especialistas en educación y ética digital subrayan la importancia no solo de enseñar habilidades prácticas, sino de inculcar principios y valores que permitan a los jóvenes actuar con responsabilidad y cuidado en el mundo digital.

La postura de la Iglesia y la evangelización en el entorno digital

La Iglesia Católica ve en los medios digitales una oportunidad para la misión evangelizadora. El Papa Francisco, en sus mensajes sobre comunicación y tecnología, ha insistido en la necesidad de utilizar estos medios con caridad y verdad, y en que todos seamos responsables de generar un ambiente de comunicación que refleje los valores cristianos. En uno de sus mensajes sobre comunicación social, destacó la importancia de que la comunicación digital «sea verdaderamente humana» y esté orientada hacia la comunión.

Al mismo tiempo, iniciativas como las de los evangelizadores digitales han aprovechado plataformas como YouTube, Instagram y TikTok para transmitir mensajes de fe, llevando la evangelización a las redes donde se encuentran los jóvenes.

Los dos pilares de la alfabetización digital: conocimiento práctico y discernimiento ético

Para que la alfabetización digital sea realmente efectiva, es fundamental que los padres y cuidadores desarrollen tanto habilidades prácticas como un sentido de discernimiento ético.

  1. Conocimiento práctico: Esto implica familiarizarse con las herramientas y plataformas que los jóvenes utilizan, desde redes sociales hasta aplicaciones de entretenimiento. Aprender a configurar controles parentales y entender las políticas de privacidad de cada plataforma es básico para acompañarlos en el uso seguro de la tecnología.
  2. Discernimiento ético: Desde una perspectiva católica, es esencial que los padres guíen a sus hijos en la toma de decisiones digitales responsables, que fomenten una comunicación respetuosa y una presencia auténtica en las redes.

Los padres que buscan mejorar su alfabetización digital pueden encontrar apoyo en organizaciones especializadas y en proyectos católicos de evangelización digital, como cursos en línea, tutoriales y programas de concientización.

La alfabetización digital es un imperativo para los padres y cuidadores de hoy. Conocer y entender el entorno digital, desde sus oportunidades hasta sus riesgos, permitirá que los adultos acompañen mejor a los jóvenes en su crecimiento. Como expresa el Papa Francisco, “caminemos juntos en una red de relaciones verdaderas”, donde cada persona se sienta escuchada y valorada. Así, esta responsabilidad se convierte en una verdadera misión de amor y servicio, ayudando a que los jóvenes vivan su fe y valores en todos los aspectos de su vida, incluyendo el mundo digital.

Hna. Iria Natalia Agreda Abreu

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«Un refugio seguro: La importancia de la protección de menores en hogares de acogida».

SABER DE QUÉ HABLAMOS

Desde nuestros orígenes carismáticos, nuestro Padre Fundador visionario impulsado por el Espíritu acoge la moción del Señor, así expresado en el número 86  de OCLA, “… pasada la epidemia se vio que quedaban muchos niños sin amparo por haber muerto sus padres, y movido yo a compasión pensé en que podríamos recogerlos; y al efecto, pregunté a la Madre Angela, que aún se hallaba la pobre muy débil, si se veía con ánimos para cuidar aquellos niños si los recogíamos en una casa; y, llena ella de celo y movida de caridad, se ofreció a ello muy gustosa. Consulté el asunto a las Juntas de la Tercera Orden, que lo aprobaron muy gustosos; y sin pérdida de tiempo alquilamos en Masamagrell la casa llamada del Castillo para convertirla en Asilo donde recoger los niños huérfanos…”, esta experiencia abre camino en el presente a una de las más grandes obras apostólicas para las Terciarias Capuchinas, la “Protección y Reeducación” de niños, niñas y adolescentes en alto riesgo social.

El  P. Luis Amigó previendo la situación de desamparo de la niñez de aquel momento busca alternativas para proteger, acoger y mantener segura a la niñez, anticipando impidiendo acontecimientos adversos que dañan la integridad física, psíquica, moral de los niños, iniciando así el trabajo en la prevención.

Nuestras Casas Hogares, son alternativa respuesta pastoral anticipada en la salvaguardia  de los derechos de la niñez y para quienes han sido víctimas de la violencia a su corta edad nuestras instituciones se convierten en lugares seguros al brindar calidad de atención desde la cultura del buen trato.

La institución está conformada por áreas de atención humana, espiritual, psicológica, académica, médica en colaboración con el equipo interdisciplinario con el método de la Pedagogía Amigoniana método preventivo, “reflexivo para la solución de dificultades a través de un sistema dialógico, la corrección fraterna, la participación, la construcción de conocimiento” la cual garantiza la responsabilidad en el cuidado de la dignidad.

  ¿QUÉ ES UN SISTEMA DE ENTORNO SEGURO ?

Las buenas prácticas en las instituciones en favor de la protección deben cultivar la seguridad en los espacios ambientales y en circunstancias personales en las cuales haya ocasión de disminuir o evitar acciones que atenten contra la dignidad o la vida de una persona. Para ello es necesario tomar medidas, crear estrategias que garanticen la integridad y el cuidado personal y común de todos los niños, niñas. Entre estas acciones urge incluir en todos los ambientes el buen trato como línea transversal, que sea sistémica y abarque integralmente los ámbitos familiar, religioso, social, cultural, laboral, institucional.

Desde el contexto de las casas hogares, las estrategias potenciales de prevención y protección, serían garantía de espacios seguros tales como:

  • PROTOCOLO DE PREVENSIÓN Y ACTUACIÓN PARA NIÑOS NIÑAS

     EN SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD: guía a seguir para atender resolver, situaciones de riesgo dentro o fuera de la institución.

  • FORMACIÓN CONTINUA: en la que se adquieran herramientas para actualizarse y conocer estrategias en el campo preventivo.
  • La SINODALIDAD perspectiva en el bien común, donde todos tenemos algo que aportar, en corresponsabilidad.
  • TRABAJO EN RED articulación de grupos de trabajo como apoyo y contacto con otras instituciones que promuevan la protección integral de los niños, niñas, adolescentes.
  • “EVALUACIÓN” como una práctica de mejora continua con los colaboradores, con el fin de erradicar factores de riesgo y promover factores de protección en los entornos.

De este modo se constata que el entorno es seguro y protector cuando los niños, niñas, adolescentes desarrollan todas las capacidades de manera saludable armónica, se sienten felices, a gusto, en la institución.

Hna. Priscila Brenes Granados

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La esperanza de la paz: diálogo, reconciliación y conversión ecológica en la espiritualidad franciscana.

¡Qué grande es ser pequeño!

Esta exclamación, podría ser perfectamente una frase de san Francisco de Asís y de sus hermanos y hermanas de todos los tiempos. También tú y yo podemos hacerla propia. La pequeñez es un modo de estar en la vida y ante Dios, al que necesitamos volver también hoy, con urgencia. La espiritualidad franciscana nos ofrece un camino de esperanza, en medio de nuestra realidad repleta de conflictos y la crisis medioambiental que atravesamos.

Todo está conectado. Todo nos afecta

Nuestro mundo está soportando demasiado. Basta abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor: hay más de cincuenta conflictos armados, abiertos en este momento. En todas partes escuchamos sobre el problema medioambiental (de la que tanto ha hablado el Papa Francisco en las últimas encíclicas). Y qué decir de las políticas de nuestros países con tanta injusticia y explotación y las mismas familias atravesando sus propios viacrucis.

Todo esto está afectando a nuestros hogares y a nuestras comunidades religiosas. Decía San Francisco de Asís que nuestro convento es el mundo, que no podemos encerrarnos en las cuatro paredes de nuestras casas porque el mundo necesita escuchar una palabra distinta. ¿De verdad crees que puedes seguir viviendo en una isla, sin que el sufrimiento del otro, de las familias, del planeta, te afecte? Todo está conectado y no te puedes escapar.

La conversión ecológica que necesitamos

La espiritualidad franciscana nos invita a vivir en armonía con la naturaleza y a reconocer la interdependencia de todos los seres vivos. San Francisco de Asís, patrón de la ecología, nos mostró el camino hacia una colaboración respetuosa con el medio ambiente, aunque en su tiempo, el planeta no estaba amenazado, como hoy en día. Su amor por la creación y su conexión profunda con la naturaleza nos inspiran e invitan a replantearnos nuestra relación con el mundo que nos rodea.

La tecnología y el progreso, que tanto buscamos todos, es un bien ambiguo. Por un lado, nos permite vivir con más comodidad a muchos niveles; nos acerca unos a otros, ya que permite estar conectados con cualquier lugar de la tierra, nos ayuda en los ámbitos de la salud, la educación, la comunicación y tantos otros. Pero, por otro lado, es un gran peligro. Para poder seguir “progresando”, necesitamos materias primas y éstos están siendo arrancados a la Madre Tierra de modo abusivo, explotando los pueblos indígenas en muchos casos. Sí, todos, o casi todos, tenemos conexión a internet, pero más que nunca sufrimos la soledad. Podemos disfrutar de ciertas comodidades, pero ¿a qué precio para el planeta?

Es evidente la relación entre el abuso a nuestra Casa Común y la falta de paz en el mundo. Basta ver los conflictos por la explotación que provocan las minas o los monocultivos, o las guerras incitadas sólo porque hay un interés de vender armas, o el grave problema de los deshechos, la basura, que producen los países más desarrollados y que transportan, vendiendo a otros continentes y provocando ahí desastres medioambientales. Y no digamos sobre la situación de tantos países, en los que los gobiernos corruptos roban el dinero dedicado a reciclaje o a mejorar las infraestructuras. Como consecuencia, la basura va inundando nuestros ríos y campos y afectando a los más pobres.

No creas que estas cosas son culpa de los grandes de esta tierra. La responsabilidad es de todos. Hay algo así como pecado ecológico, del que habla el Papa Francisco en el Documento Final del Sínodo de la Amazonia (DF 82): es una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el medio ambiente; un pecado contra las generaciones futuras, que se manifiesta en actos y hábitos de contaminación o de destrucción de la armonía del medio ambiente. ¡Necesitamos urgentemente una conversión!

El poder de lo pequeño

Ahora nos surge la misma pregunta, que san Francisco de Asís hizo en su momento a Dios: ¿Señor, que quieres que haga? Te invito a reflexionar sobre el estilo de vida que llevas y sus consecuencias para el medio ambiente. Siempre hay un gesto que sí pues hacer: reciclar, reutilizar, reparar las cosas en vez de tirarlas, no malgastar el agua o la electricidad, dar tu apoyo a los que luchan para proteger la tierra y a los pobres, denunciar la injusticia, participar o impartir la formación para ir cambiando la mentalidad y nuestros malos hábitos, orar por la conversión ecológica y la justicia social.

Empieza por tu propio hogar, tu vecindario o tu pueblo: ¿hay un paso de cercanía o reconciliación que puedo dar para que vivamos un poco mejor?

Desde nuestra espiritualidad creemos que lo pequeño tiene un poder transformador para el mundo. Y aún albergamos esperanza.

Hna. Marta Ulinska

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Monseñor Alejandro Labaka y Hermana Inés Arango, misioneros que arriesgaron su vida por el evangelio – 37 años de su entrega generosa

Celebramos un nuevo aniversario de su muerte y recordamos como Monseñor Alejandro Labaka, Obispo Capuchino y la hermana Inés Arango, religiosa Terciaria Capuchina, ofrendaron su vida por amor a los Tagaeri en la Amazonía del Ecuador. Ellos, dos personas distintas, que nacieron en lugares diferentes, España y Colombia respectivamente, con procesos de vida diversos son unidos por la providencia de Dios en un proyecto común, el compromiso con el cuidado de la vida y de los derechos de los pueblos amazónicos.

Como todo misionero recibieron un llamado, decidieron seguir a Jesús y servirlo a través de la misión que los llevó por distintos lugares donde dejaron huellas de bien. En el año 1987, ellos, hacían parte del equipo de misioneros que trabajaban en el Vicariato Apostólico de Aguarico, una iglesia que siempre ha estado comprometida con la causa de los pueblos que habitaban estas tierras desde tiempo atrás  viviendo en paz y libertad. Sin embargo, no eran civilizados, no tenían identidad civil, no hablaban nuestro lenguaje y no entendían porque eran desplazados de sus territorios. A ellos dirigieron su mirada Alejandro e Inés, los vieron con los ojos de Dios y se sintieron “hermanos en Cristo”, los creyeron dignos de amor, respeto, ayuda, acompañamiento y defensa de sus derechos. A ellos dedicaron varios años de su vida y servicio misionero.

Y fue el día 21 de julio de 1987, cuando intentaban entrar a los Tagaeri una tribu indígena no contactada, para iniciar un proceso que favoreciera su protección, que ofrendaron su vida. La noticia causó dolor y sorprendió a todos, dentro y fuera del país, pero como semilla que cae en tierra y muere para dar fruto, también ha generado vida. Su entrega no fue improvisaba, era la consecuencia de su opción por Cristo y la misión, evidencia de su compromiso con los pueblos amazónicos excluidos. Desde entonces, cada año en torno a su aniversario, se genera un fuerte movimiento interno y externo, personal, comunitario y eclesial que nos acerca a sus personas y testimonios.

Quienes los conocieron, dan cuenta de su “pasión por Cristo y la misión”. Anhelaron lugares de frontera y estaban dispuestos a entregar su vida por los que amaban, así consta en la positio que se ha escrito de cada uno, y que en el pasado mes de junio en la discusión de los Consultores Teológicos del Dicasterio de la Causas de los Santos, ha recibido votos positivos en lo que se refiere al “Ofrecimiento de la vida”.

¿Qué significa hoy para nosotros esta noticia? El reconocimiento de que su vida puede inspirar a otros, a nosotros de diversas maneras, entre otras motivándonos a:

  • Descubrir y acoger el proyecto de Dios en nuestra vida
  • Vivir a plenitud, es decir con pasión y fidelidad la vocación recibida
  • Crear vínculos fraternos incluyentes que permitan generar y cuidar la vida propia y la de los demás
  • Optar en Cristo por los pobres y excluidos de hoy, desde el amor, el servicio alegre y generoso aún a riesgo de la propia vida
  • Cuidar la casa común

El papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et exultate nº 5 anota: “En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles

También somos conocedores de que el Papa Francisco en el documento Motu propio Maiorem Caritatem, 11 de julio del año 2017, abrió la posibilidad de beatificación y canonización por otra vía, el ofrecimiento de la vida, dice: “son dignos de consideración y honor especial aquellos cristianos que , siguiendo más de cerca los pasos y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás, perseverando hasta la muerte en este propósito” y añade: “El ofrecimiento de la vida, para que sea válido y eficaz para la beatificación de un Siervo de Dios, debe cumplir varios criterios, entre ellos la necesidad del milagro sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión”.

Ahora se trata de conocerlos más y encomendar a ellos nuestras necesidades pidiendo con fe su intercesión.

Enlace para acceder a todo lo que se refiere a los misioneros: https://alejandroeines.org/

En caso de recibir gracias, favores o milagros comunicarse a: alejandroeines@gmail.com

Hna. Bilma Narcisa Freire Chamorro

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“Sembrando semillas de cambio: Niños scouts como guardianes del medio ambiente”

Tres silbatazos fuertes… el grito alegre que llama ¡Manada, manada!… y a la respuesta ¡Scouts siempre listos!, los niños que conforman el grupo de zagales se disponen para iniciar el programa de la tarde.

El movimiento Scout por naturaleza enfatiza en los valores propios de nuestra espiritualidad “franciscana – amigoniana” ya que el patrono del movimiento es “Francisco de Asís” y un emblema muy importante para la “Manada” de lobatos, es la metáfora que surge de la florecilla de San Francisco y el lobo.

Mientras estuve compartiendo vida y misión en el Colegio Sagrada Familia de Chiquimula, Guatemala, tuve la oportunidad de activar el Grupo scout #62 “Padre Luis Amigó”. El movimiento ofrece la oportunidad de integrar la formación de Zagales y las destrezas Scout, convirtiéndose en una experiencia muy significativa para los niños y jóvenes que participaban del mismo.

Una particularidad del movimiento es que es un espacio donde no se utilizan las tecnologías y donde se puede conectar con la naturaleza y con los hermanos por medio del juego, los retos y la aventura; un principio del movimiento es que una como líder del mismo ha de involucrarse en todo lo que hacen los chicos; no se es un observador o alguien “que manda” sino, al ejemplo de Jesús, sirve y se involucra, aspecto que es bastante significativo para los niños; se evidencia que es una experiencia valiosa para ellos en expresiones como: ¡Esto es lo mejor que me ha pasado en mi vida! ¡Las hermanas van primero entonces sí me animo a seguir! Los niños interpretan e interiorizan que el líder es quien sirve, quien va primero y el que impacta con el ejemplo.

Tanto los miembros del movimiento scout como los que no forman parte, reciben pinceladas de la filosofía del movimiento, ya que el hecho de activar un grupo como estos impacta a toda la comunidad educativa, logrando que los estudiantes en general se fascinen por su entorno natural, “Se enamoren de él” ,esto por medio de la participación en campamentos, jornadas de reforestación, días de contemplación de la naturaleza en entornos campestres y convivencias donde el disfrute y la alegría son innegables, sembrando en ellos la conciencia de que en la naturaleza se nos revelan las distintas dimensiones de Dios.

Tanto a los niños del movimiento como a los jóvenes del colegio, se les va sembrando la semilla y la conciencia del “cambio de chip” no haciendo actividades por hacerlas, si no empezando desde lo pequeño, concientizando que todos, scouts y no scouts “Estamos llamados a dejar el mundo mejor que como lo encontramos” y convencerlos desde acciones concretas y pequeñas como por ejemplo “Soy el cambio, deposito la basura en su lugar” y al lograr esa acción pequeña pero importante, se continúa con acciones más complejas como separar los tipos desechos.

Organizando a los estudiantes, por grados, para que ayuden al personal de mantenimiento a revisar cómo están separados los desechos, topándose con lo desagradable que puede ser cuando estos no están separados adecuadamente,  se va generando la conciencia de que toda acción pequeña o grande repercute positiva o negativamente en la casa común.

Es así como, desde el aprendizaje significativo que brota de la filosofía Scout aunado a la pedagogía amigoniana, se va logrando progresivamente “la conversión ecológica” y los jóvenes y niños son capaces de exportar estos saberes a casa y replicar el cambio.

Actualmente me encuentro en el Colegio Pedro de Betancourt, Totonicapán, y voy haciendo camino para activar de nuevo el movimiento. Estoy encargada de JUVAM y, si bien es cierto que propicio fomentar este espíritu de encuentro con la naturaleza y de concientizar en los valores propios de la Laudato Si, poco a poco se va preparando el terreno para que los jóvenes y niños, en conjunto con los docentes y la comunidad de hermanas, logremos ir por la vía de la “conversión ecológica” y la vivencia progresiva de una “Ecología Integral”.

Cabe destacar que, tanto el Colegio Sagrada Familia de Chiquimula (donde tuve la oportunidad de gestar esta experiencia) como el Colegio Pedro de Bethancourt han sido reconocidos con el galardón de Bandera Verde Ecológica que otorga la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala y la Cámara del Comercio de Guatemala. Se trabaja también en ambas instituciones en conjunto con la Oficina de Derechos Humanos de la Arquidiócesis de Guatemala para profundizar en la “Laudato Si” y brindar  experiencias que acuerpan y motivan esta misión de “Sembrar semillas de cambio en niños y jóvenes que se convierten en guardianes del medio ambiente”.

Hna. Sheny María Fajardo Méndez