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La esperanza de la paz: diálogo, reconciliación y conversión ecológica en la espiritualidad franciscana.

¡Qué grande es ser pequeño!

Esta exclamación, podría ser perfectamente una frase de san Francisco de Asís y de sus hermanos y hermanas de todos los tiempos. También tú y yo podemos hacerla propia. La pequeñez es un modo de estar en la vida y ante Dios, al que necesitamos volver también hoy, con urgencia. La espiritualidad franciscana nos ofrece un camino de esperanza, en medio de nuestra realidad repleta de conflictos y la crisis medioambiental que atravesamos.

Todo está conectado. Todo nos afecta

Nuestro mundo está soportando demasiado. Basta abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor: hay más de cincuenta conflictos armados, abiertos en este momento. En todas partes escuchamos sobre el problema medioambiental (de la que tanto ha hablado el Papa Francisco en las últimas encíclicas). Y qué decir de las políticas de nuestros países con tanta injusticia y explotación y las mismas familias atravesando sus propios viacrucis.

Todo esto está afectando a nuestros hogares y a nuestras comunidades religiosas. Decía San Francisco de Asís que nuestro convento es el mundo, que no podemos encerrarnos en las cuatro paredes de nuestras casas porque el mundo necesita escuchar una palabra distinta. ¿De verdad crees que puedes seguir viviendo en una isla, sin que el sufrimiento del otro, de las familias, del planeta, te afecte? Todo está conectado y no te puedes escapar.

La conversión ecológica que necesitamos

La espiritualidad franciscana nos invita a vivir en armonía con la naturaleza y a reconocer la interdependencia de todos los seres vivos. San Francisco de Asís, patrón de la ecología, nos mostró el camino hacia una colaboración respetuosa con el medio ambiente, aunque en su tiempo, el planeta no estaba amenazado, como hoy en día. Su amor por la creación y su conexión profunda con la naturaleza nos inspiran e invitan a replantearnos nuestra relación con el mundo que nos rodea.

La tecnología y el progreso, que tanto buscamos todos, es un bien ambiguo. Por un lado, nos permite vivir con más comodidad a muchos niveles; nos acerca unos a otros, ya que permite estar conectados con cualquier lugar de la tierra, nos ayuda en los ámbitos de la salud, la educación, la comunicación y tantos otros. Pero, por otro lado, es un gran peligro. Para poder seguir “progresando”, necesitamos materias primas y éstos están siendo arrancados a la Madre Tierra de modo abusivo, explotando los pueblos indígenas en muchos casos. Sí, todos, o casi todos, tenemos conexión a internet, pero más que nunca sufrimos la soledad. Podemos disfrutar de ciertas comodidades, pero ¿a qué precio para el planeta?

Es evidente la relación entre el abuso a nuestra Casa Común y la falta de paz en el mundo. Basta ver los conflictos por la explotación que provocan las minas o los monocultivos, o las guerras incitadas sólo porque hay un interés de vender armas, o el grave problema de los deshechos, la basura, que producen los países más desarrollados y que transportan, vendiendo a otros continentes y provocando ahí desastres medioambientales. Y no digamos sobre la situación de tantos países, en los que los gobiernos corruptos roban el dinero dedicado a reciclaje o a mejorar las infraestructuras. Como consecuencia, la basura va inundando nuestros ríos y campos y afectando a los más pobres.

No creas que estas cosas son culpa de los grandes de esta tierra. La responsabilidad es de todos. Hay algo así como pecado ecológico, del que habla el Papa Francisco en el Documento Final del Sínodo de la Amazonia (DF 82): es una acción u omisión contra Dios, contra el prójimo, la comunidad y el medio ambiente; un pecado contra las generaciones futuras, que se manifiesta en actos y hábitos de contaminación o de destrucción de la armonía del medio ambiente. ¡Necesitamos urgentemente una conversión!

El poder de lo pequeño

Ahora nos surge la misma pregunta, que san Francisco de Asís hizo en su momento a Dios: ¿Señor, que quieres que haga? Te invito a reflexionar sobre el estilo de vida que llevas y sus consecuencias para el medio ambiente. Siempre hay un gesto que sí pues hacer: reciclar, reutilizar, reparar las cosas en vez de tirarlas, no malgastar el agua o la electricidad, dar tu apoyo a los que luchan para proteger la tierra y a los pobres, denunciar la injusticia, participar o impartir la formación para ir cambiando la mentalidad y nuestros malos hábitos, orar por la conversión ecológica y la justicia social.

Empieza por tu propio hogar, tu vecindario o tu pueblo: ¿hay un paso de cercanía o reconciliación que puedo dar para que vivamos un poco mejor?

Desde nuestra espiritualidad creemos que lo pequeño tiene un poder transformador para el mundo. Y aún albergamos esperanza.

Hna. Marta Ulinska

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Monseñor Alejandro Labaka y Hermana Inés Arango, misioneros que arriesgaron su vida por el evangelio – 37 años de su entrega generosa

Celebramos un nuevo aniversario de su muerte y recordamos como Monseñor Alejandro Labaka, Obispo Capuchino y la hermana Inés Arango, religiosa Terciaria Capuchina, ofrendaron su vida por amor a los Tagaeri en la Amazonía del Ecuador. Ellos, dos personas distintas, que nacieron en lugares diferentes, España y Colombia respectivamente, con procesos de vida diversos son unidos por la providencia de Dios en un proyecto común, el compromiso con el cuidado de la vida y de los derechos de los pueblos amazónicos.

Como todo misionero recibieron un llamado, decidieron seguir a Jesús y servirlo a través de la misión que los llevó por distintos lugares donde dejaron huellas de bien. En el año 1987, ellos, hacían parte del equipo de misioneros que trabajaban en el Vicariato Apostólico de Aguarico, una iglesia que siempre ha estado comprometida con la causa de los pueblos que habitaban estas tierras desde tiempo atrás  viviendo en paz y libertad. Sin embargo, no eran civilizados, no tenían identidad civil, no hablaban nuestro lenguaje y no entendían porque eran desplazados de sus territorios. A ellos dirigieron su mirada Alejandro e Inés, los vieron con los ojos de Dios y se sintieron “hermanos en Cristo”, los creyeron dignos de amor, respeto, ayuda, acompañamiento y defensa de sus derechos. A ellos dedicaron varios años de su vida y servicio misionero.

Y fue el día 21 de julio de 1987, cuando intentaban entrar a los Tagaeri una tribu indígena no contactada, para iniciar un proceso que favoreciera su protección, que ofrendaron su vida. La noticia causó dolor y sorprendió a todos, dentro y fuera del país, pero como semilla que cae en tierra y muere para dar fruto, también ha generado vida. Su entrega no fue improvisaba, era la consecuencia de su opción por Cristo y la misión, evidencia de su compromiso con los pueblos amazónicos excluidos. Desde entonces, cada año en torno a su aniversario, se genera un fuerte movimiento interno y externo, personal, comunitario y eclesial que nos acerca a sus personas y testimonios.

Quienes los conocieron, dan cuenta de su “pasión por Cristo y la misión”. Anhelaron lugares de frontera y estaban dispuestos a entregar su vida por los que amaban, así consta en la positio que se ha escrito de cada uno, y que en el pasado mes de junio en la discusión de los Consultores Teológicos del Dicasterio de la Causas de los Santos, ha recibido votos positivos en lo que se refiere al “Ofrecimiento de la vida”.

¿Qué significa hoy para nosotros esta noticia? El reconocimiento de que su vida puede inspirar a otros, a nosotros de diversas maneras, entre otras motivándonos a:

  • Descubrir y acoger el proyecto de Dios en nuestra vida
  • Vivir a plenitud, es decir con pasión y fidelidad la vocación recibida
  • Crear vínculos fraternos incluyentes que permitan generar y cuidar la vida propia y la de los demás
  • Optar en Cristo por los pobres y excluidos de hoy, desde el amor, el servicio alegre y generoso aún a riesgo de la propia vida
  • Cuidar la casa común

El papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et exultate nº 5 anota: “En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles

También somos conocedores de que el Papa Francisco en el documento Motu propio Maiorem Caritatem, 11 de julio del año 2017, abrió la posibilidad de beatificación y canonización por otra vía, el ofrecimiento de la vida, dice: “son dignos de consideración y honor especial aquellos cristianos que , siguiendo más de cerca los pasos y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás, perseverando hasta la muerte en este propósito” y añade: “El ofrecimiento de la vida, para que sea válido y eficaz para la beatificación de un Siervo de Dios, debe cumplir varios criterios, entre ellos la necesidad del milagro sucedido después de la muerte del Siervo de Dios y por su intercesión”.

Ahora se trata de conocerlos más y encomendar a ellos nuestras necesidades pidiendo con fe su intercesión.

Enlace para acceder a todo lo que se refiere a los misioneros: https://alejandroeines.org/

En caso de recibir gracias, favores o milagros comunicarse a: alejandroeines@gmail.com

Hna. Bilma Narcisa Freire Chamorro

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“Sembrando semillas de cambio: Niños scouts como guardianes del medio ambiente”

Tres silbatazos fuertes… el grito alegre que llama ¡Manada, manada!… y a la respuesta ¡Scouts siempre listos!, los niños que conforman el grupo de zagales se disponen para iniciar el programa de la tarde.

El movimiento Scout por naturaleza enfatiza en los valores propios de nuestra espiritualidad “franciscana – amigoniana” ya que el patrono del movimiento es “Francisco de Asís” y un emblema muy importante para la “Manada” de lobatos, es la metáfora que surge de la florecilla de San Francisco y el lobo.

Mientras estuve compartiendo vida y misión en el Colegio Sagrada Familia de Chiquimula, Guatemala, tuve la oportunidad de activar el Grupo scout #62 “Padre Luis Amigó”. El movimiento ofrece la oportunidad de integrar la formación de Zagales y las destrezas Scout, convirtiéndose en una experiencia muy significativa para los niños y jóvenes que participaban del mismo.

Una particularidad del movimiento es que es un espacio donde no se utilizan las tecnologías y donde se puede conectar con la naturaleza y con los hermanos por medio del juego, los retos y la aventura; un principio del movimiento es que una como líder del mismo ha de involucrarse en todo lo que hacen los chicos; no se es un observador o alguien “que manda” sino, al ejemplo de Jesús, sirve y se involucra, aspecto que es bastante significativo para los niños; se evidencia que es una experiencia valiosa para ellos en expresiones como: ¡Esto es lo mejor que me ha pasado en mi vida! ¡Las hermanas van primero entonces sí me animo a seguir! Los niños interpretan e interiorizan que el líder es quien sirve, quien va primero y el que impacta con el ejemplo.

Tanto los miembros del movimiento scout como los que no forman parte, reciben pinceladas de la filosofía del movimiento, ya que el hecho de activar un grupo como estos impacta a toda la comunidad educativa, logrando que los estudiantes en general se fascinen por su entorno natural, “Se enamoren de él” ,esto por medio de la participación en campamentos, jornadas de reforestación, días de contemplación de la naturaleza en entornos campestres y convivencias donde el disfrute y la alegría son innegables, sembrando en ellos la conciencia de que en la naturaleza se nos revelan las distintas dimensiones de Dios.

Tanto a los niños del movimiento como a los jóvenes del colegio, se les va sembrando la semilla y la conciencia del “cambio de chip” no haciendo actividades por hacerlas, si no empezando desde lo pequeño, concientizando que todos, scouts y no scouts “Estamos llamados a dejar el mundo mejor que como lo encontramos” y convencerlos desde acciones concretas y pequeñas como por ejemplo “Soy el cambio, deposito la basura en su lugar” y al lograr esa acción pequeña pero importante, se continúa con acciones más complejas como separar los tipos desechos.

Organizando a los estudiantes, por grados, para que ayuden al personal de mantenimiento a revisar cómo están separados los desechos, topándose con lo desagradable que puede ser cuando estos no están separados adecuadamente,  se va generando la conciencia de que toda acción pequeña o grande repercute positiva o negativamente en la casa común.

Es así como, desde el aprendizaje significativo que brota de la filosofía Scout aunado a la pedagogía amigoniana, se va logrando progresivamente “la conversión ecológica” y los jóvenes y niños son capaces de exportar estos saberes a casa y replicar el cambio.

Actualmente me encuentro en el Colegio Pedro de Betancourt, Totonicapán, y voy haciendo camino para activar de nuevo el movimiento. Estoy encargada de JUVAM y, si bien es cierto que propicio fomentar este espíritu de encuentro con la naturaleza y de concientizar en los valores propios de la Laudato Si, poco a poco se va preparando el terreno para que los jóvenes y niños, en conjunto con los docentes y la comunidad de hermanas, logremos ir por la vía de la “conversión ecológica” y la vivencia progresiva de una “Ecología Integral”.

Cabe destacar que, tanto el Colegio Sagrada Familia de Chiquimula (donde tuve la oportunidad de gestar esta experiencia) como el Colegio Pedro de Bethancourt han sido reconocidos con el galardón de Bandera Verde Ecológica que otorga la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala y la Cámara del Comercio de Guatemala. Se trabaja también en ambas instituciones en conjunto con la Oficina de Derechos Humanos de la Arquidiócesis de Guatemala para profundizar en la “Laudato Si” y brindar  experiencias que acuerpan y motivan esta misión de “Sembrar semillas de cambio en niños y jóvenes que se convierten en guardianes del medio ambiente”.

Hna. Sheny María Fajardo Méndez


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«En busca de un hogar: Desafíos y oportunidades para las minorías migratorias».

Con una mirada esperanzada contemplamos las ilusiones y luchas de las personas migrantes que, desde muy antiguo, a lo largo y ancho del planeta tierra, se han desplazado en busca nuevas formas para  vivir con dignidad, superando la escasez y la presión social o política que les ha tocado enfrentar, logrando el encuentro de los pueblos donde han surgido las nuevas civilizaciones.

Ver de forma muy general las estadísticas de las migraciones en el mundo ha de servir para tomar conciencia personal y social de este fenómeno, que no es nuevo pero que, en la actualidad, se va definiendo como problema social, ante el cual los gobiernos se debaten entre la implementación de leyes o el cierre de fronteras. Son más de 281 millones de personas migrantes, entre niños, adolescentes, mujeres y hombres. De ellos, 169 millones son trabajadores, según las estadísticas. Además, 206 mil personas sufren trata, 43 millones son refugiados en busca de asilo, 60 mil son refugiados reasentados, 61 millones están desplazados por desastres, 71 millones están desplazados por conflictos y violencia, y 64 mil han desaparecido en su búsqueda de un hogar.

«Ten misericordia, Dios», y lo más admirable es que, a pesar de sus luchas y esfuerzos, las remesas que envían a sus países de origen, ampliando las ganancias de los bancos nacionales, son las más grandes de los últimos tiempos: 860 mil millones de dólares el año pasado. Este último dato demuestra la valentía, sacrificio y resiliencia de estas personas, que asumen las consecuencias por amor a la vida y al hogar. (Luis Donaldo González Pacheco, México)

La búsqueda de seguridad y una mejor vida impulsa a cada persona a desplazarse. Sin embargo, los migrantes enfrentan desafíos significativos, como diferencias en tierra, idioma, idiosincrasia y leyes. A pesar de estas dificultades, encuentran oportunidades de trabajo, comida, techo y, lo más importante, seguridad para ellos y sus familias. Esta realidad afecta a toda la humanidad y no debe llevar a la explotación laboral, esclavitud ni a la violación de sus derechos. En cambio, es esencial reconocer y valorar las contribuciones que los migrantes hacen a las naciones que los acogen, independientemente de su origen.

González amplía, en el contexto de la historia de la salvación, recordándonos los desplazamientos del pueblo elegido por Dios. Abraham y Jacob dejaron sus tierras y murieron lejos de ellas, siguiendo lo que Dios les había pedido, y así forjaron una historia en movimiento como parte del proyecto divino. En el Nuevo Testamento, Jesús y sus padres también tuvieron que migrar a Egipto para proteger sus vidas, enfrentando circunstancias similares a las de muchas personas que emigran hoy en día.

Ningún ser humano se desplaza sin motivo; detrás de cada persona hay una historia que comienza en el momento en que decide buscar una vida mejor. Este es el principio que impulsa a cada hombre o mujer a dejar su tierra. Los desafíos mencionados anteriormente se convierten en obstáculos, pero el amor a la vida les da el poder para enfrentarlos. Estos desafíos forman su corazón en la humildad, la fortaleza y la perseverancia, recordándonos que solo quien ama es capaz de soportar rechazos, maltratos, injurias y abandono para alcanzar su objetivo.

Numerosas experiencias se comparten en las redes sociales y revistas que se dedican a no olvidar las historias de empoderamiento que muchos migrantes en el mundo han logrado. Sus contribuciones socioculturales a las comunidades de acogida incluyen el aumento de la diversidad alimentaria, la creación de nueva música y logros deportivos. Un migrante hondureño abrió un restaurante, aportando la cocina de su país de origen a la escena culinaria mexicana. Un migrante venezolano creó una orquesta en la República Dominicana para compartir su música con los jóvenes de su comunidad. En 2019, Emmanuel Iwe, un futbolista nigeriano de 18 años, firmó un contrato con el Deportivo Saprissa, un club de fútbol costarricense. Estas son solo algunas de las muchas historias que representan las diversas contribuciones de los migrantes (OIM, oficina regional para migrantes).

Toda búsqueda implica salir, dejar, avanzar, asumir y enfrentar lo nuevo que trae la aventura. Como dice el texto bíblico: «El que busca, encuentra». Pero para llegar a ello, es necesario enfrentar y superar desafíos, con la esperanza y la ilusión de instalarse y emprender una nueva vida. Los migrantes expresan su deseo de volver a su tierra de origen, enfrentando los nuevos desafíos con la seguridad de un trabajo, una casa y el pan diario, y siempre con la mirada puesta en aquellos que se quedaron atrás.

 

Hna Edelma Toruño Reyes

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Conectados y Comprometidos “La Comunicación de los Jóvenes a través de las Redes Sociales»

En el bullicioso entorno de un aula de bachillerato, observo a menudo un fenómeno tan sutil como revelador: jóvenes, cada uno aparentemente sumergidos en la pantalla de su móvil. Mientras revisan sus últimas notificaciones, comentan una nueva publicación o responden rápidamente a un mensaje, esperan escuchar mi primera indicación de la clase “guarden los dispositivos”. Y en esa inquietante dinámica, surge una espontánea conversación con una joven que, logra darle un giro a mis ideas preconcebidas, antes de que estas puedan acomodarse en mi repertorio de quejas recurrentes. “¡Hermana hay algo en la vida consagrada que me atrae: es verlos vivir de manera plena!”

Sus palabras me permitieron dilucidar dos certezas que se convierten en un preámbulo de este artículo, por un lado, los jóvenes observan más allá de lo aparente y, por otro, están en búsqueda de lo profundo, no de lo superficial como muchas veces creemos. Cada clase me hace pensar que, frente a la comunicación de los jóvenes, a través de la Redes Sociales, hay barreras que tenemos que superar junto a ellos:

Pasar del “surfeo” de la interactividad a la profundidad de las palabras: ­­­­

Las redes sociales son una ventana abierta de par en par al continente más habitado del mundo, donde se responde de manera instantánea, atrayente, anónima, interactiva y adictiva a todos nuestros apetitos, incluso a los más oscuros y perniciosos. Y frente a esa realidad los jóvenes de hoy se cuestionan con más conciencia que el compromiso no puede surgir de contenidos que desaparecen con un scroll, sino que surgen sobre todo de la belleza de ir construyendo su mundo interior, inspirado por el Espíritu, que mueve el corazón, que guía a la verdad plena y que cuando lo conoces te hace más sabio, más firme, más humano. Pero, como nos enseñan los santos, no se entiende una vida interior si no desemboca en un compromiso: «no el mucho decir oraciones, sino el mucho amar» (S. Teresa). Por eso es necesario ir creando la cultura del silencio digital, como un camino atrayente para llegar al otro, por la profundidad de la palabra y no por la interactividad superficial.

Pasar de la “miopía” del pragmatismo a la perspicacia de la utopía

Desde una mirada pragmática, resulta más “complaciente” lo tangible y lo inmediato.  «lo que funciona», lo que produce resultados prácticos y concretos y desde este punto podrían decepcionarnos los jóvenes que atraviesan el continente digital, por eso, vale la pena matizar muy fino la belleza de lo utópico de no quedarnos atrapados en el aquí y el ahora al punto de perder de vista lo que podríamos ser, por esto necesitamos aprender a soñar con los jóvenes, igual que lo hizo Cristo; lanzándose a visiones utópicas de la vida.

La perspicacia de la utopía no es vivir de ingenuidades, sino de esa capacidad de soñar, de crear y de aspirar a mucho, para nosotros y para otros como primer paso que permite dar radicalidad a una vida comprometida que pueda devolver al evangelio esa fuerza de provocación desaparecida tantas veces en el vivir cotidiano.

Una utopía que nos mueva de lo inmediato, de lo útil y tangible a ideales evangélicos que apunten hacia un futuro más humano y desde allí cobran sentido las palabras del escritor Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

Pasar del hedonismo cibernético a la propuesta de la ascesis

Los jóvenes a diario reciben una “buena noticia” muy engañosa: ¡Puedes tenerlo todo, puedes vivirlo todo, puedes probarlo todo y siempre hay marcha atrás!, la felicidad que reciben está muy asociada al éxito y al placer (como imperativo hedonista), incluso la imagen de belleza contemporánea está tremendamente reducida a lo corporal, es de alguna manera la tiranía de Instagram. Por eso vale la pena anunciar la Buena Noticia que no deja de poner en el centro de su propuesta la cruz; en la felicidad evangélica cabe el sufrimiento y la capacidad de renunciar no como un límite sino como fuerza liberadora. No se trata de decir que la vida es solo sufrimiento, sino que en la vida hay sufrimiento y también las personas que sufren son felices y que habrán momentos donde aplazar las satisfacciones, será saludable hasta para el alma, porque no podemos abandonar la idea de que,  cualquier cosa que se quiera que dure y que eche sus raíces va a implicar esfuerzo y sacrificio y eso no es malo, es humano, por eso necesitamos recuperar el valor de la ascesis que es una forma de ordenar  todo aquello que desordena lo bueno, bello y verdadero en nosotros. Esta debe ser una propuesta válida para los jóvenes de nuestro tiempo, porque a diferencia de la “buena noticia” atrayente del mundo, ¡No se puede todo! Y quien nos quiera vender otra idea nos hará muy infeliz, porque la vida real exige dosis de sacrificio, de renuncia y solo cuando comprendamos esta dinámica viviremos menos frustrados, menos incompletos y ciertamente mucho más comprometidos con nosotros y con los demás.

En palabra de José María Rodríguez Olaizola (2014) diríamos:  El Evangelio hay que entenderlo desde sus polaridades. Si te quedas con una parte lo mutilas. Una polaridad evangélica es “muerte y resurrección”; el Evangelio no es una pura cruz. Pero, al mismo tiempo, el discurso triunfalista de la resurrección, sin pasar por la pasión concreta y por la cruz, es una evasión bucólica. Son las dos cosas.

No dejemos de creer que los jóvenes son capaces de superar estas barreras y pasar del atractivo mediático de las redes sociales a una vida más conectada y más comprometida.

 

Hna. Beatriz Iliana Quintero Pérez

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“Ucrania. Las cicatrices de la guerra y el camino hacia la recuperación”

Cuando me pidieron que escribiera este artículo y compartiera mi experiencia sobre la guerra en Ucrania, se me encogió el corazón y muchos recuerdos se agolparon en mi mente. A decir verdad, hasta hace unos años, ni siquiera sabía dónde estaba Ucrania en el mapa europeo. Hoy, este país me es familiar, por las muchas personas que conocí durante la conmovedora experiencia que viví en Polonia, acogiendo a familias de refugiados en nuestra comunidad; me es muy querido porque llegué a conocerlo a través de sus historias, que me revelaron un pueblo multiétnico, que tiene y cultiva diferencias lingüísticas y religiosas, unido, sin embargo, por un único sueño de independencia; y, por último, lo siento cercano por su fiel búsqueda para conseguir una identidad propia, como lo hicieron tantos otros países, incluido el mío.

El del pueblo ucraniano es un grito que hay que escuchar, comprender y acoger. Es la voz de un país, que busca levantar la mirada, mirar más allá para encontrar confianza en el cambio y descubrir un horizonte de libertad. A través de las historias de tanta gente, aprendí que Ucrania es una tierra hermosa, rica. con un suntuoso barroco, catedrales bizantinas y castillos medievales, además de tener una arquitectura vanguardista y de ser la patria de personalidades de renombre como el famoso ingeniero Igor Sikorskji, el brillante informático Max Levchin y muchos otros como el extraordinario pianista Vladimir Horowitz, Taras Shevchenco, héroe y poeta ucraniano, etc.

Ucrania, como su propio nombre la define (U-craina), tierra fronteriza, entre dos mundos, tierra intermedia, un país entre Occidente y Oriente. En su nombre está escrita su historia, su presente y su futuro, que lucha por tomar forma, debido a esta guerra insensata e intolerable. Un pueblo que busca hacer realidad el deseo de diferenciarse de sus raíces que se convirtieron en cadenas y de realizar el sueño de vivir plenamente su sentimiento nacional e identitario.

Hoy, después todo este tiempo, del comienzo de la guerra, que aún no ha terminado, no podemos hablar de cicatrices, sino de heridas que siguen sangrando con efectos negativos a largo plazo en todos los aspectos de la vida, la salud, el medio ambiente, la economía, el trabajo y el desarrollo del país. Pero hay heridas invisibles, como los traumas causados por el conflicto, por vivir en la oscuridad de un refugio, la precariedad por la falta de alimentos, el agua, la calefacción, el miedo por el sonido de una sirena o por la estela que deja un avión que pasa. Oleadas de miedo y terror que se clavan en el alma como puñales y comprometen gravemente la salud psicofísica, especialmente de los niños, los más vulnerables, que les lleva a encerrarse en sí mismos y en un aislamiento social, a tener pesadillas y ataques de pánico, a vivir con el miedo de perder a sus padres, amigos y tal vez su futuro, así como crecer con la sensación de lo frágiles que pueden ser los sueños. La guerra les ha arrebatado no sólo la infancia, sino también la magia de soñar y de creer en los sueños; ha abierto abismos en sus trayectorias escolares, debilitando sus perspectivas para un futuro brillante.

El conflicto también ha tenido un fuerte impacto en los ancianos, haciendo aumentar el fenómeno de la pobreza y del aislamiento social. Un estado de vulnerabilidad agravado aún más por el efecto de la inmigración y el reclutamiento de jóvenes. La guerra ha sido extremadamente violenta para Ucrania, perturbando el mercado laboral y provocando un éxodo masivo, obligando a más de un tercio de la población a desplazarse, refugiándose bien en el interior del mismo país (unos 7 millones) o, como mujeres y niños, (unos 8 millones), en el extranjero. El efecto negativo del conflicto ha afectado a la situación financiera de todas y cada una de las familias que se han quedado sin sustento.

Además, la guerra ha dejado profundas heridas en el paisaje natural del país, con tierras de cultivo especialmente afectadas, contaminadas y sembradas de minas, así como bosques quemados y parques nacionales destruidos. Importantes instalaciones e industrias fueron bombardeadas, provocando una fuerte contaminación del aire, el agua y el suelo y exponiendo a los habitantes a sustancias químicas tóxicas. Sin olvidar las restricciones de electricidad que han sufrido y dificultado la prestación y el suministro de servicios sanitarios, lo que ha provocado un aumento de neumonías y de enfermedades respiratorias, dados también los duros inviernos de este país.

Pero Ucrania no es sólo un país herido, sino un pueblo que está encontrando la fuerza para curarse incluso de algo tan feo como la guerra, porque lleva en su corazón el deseo de libertad y la convicción de que puede contribuir a restablecer una vida digna para todos sus habitantes y sueña con un país en el que no se discrimine y se pisotee la dignidad de nadie y en el pleno respeto de los derechos humanos y de la democracia, se busque siempre y únicamente el bien común, que garantice la seguridad y las condiciones necesarias para el diálogo y la convivencia pacífica. Tiene muchas razones para buscar una renovación sólida y duradera porque tiene sed de fraternidad y de paz.

Pero ¡con la guerra todos estamos derrotados!, incluso los que no participan en ella. Y un camino de recuperación nace de lo más profundo de cada persona, que desea una convivencia pacífica y se compromete para construirla desde las «batallas» de todos los días. De hecho, como dice Mons. Vincenzo Paglia en su libro «Sperare dentro un mondo a pezzi» (Esperanza dentro de un mundo roto), que para salir del «mundo roto» es necesario saber dialogar con todos, partir de los últimos, favorecer el encuentro entre pueblos diferentes para construir una convivencia pacífica, oponiéndose a las tensiones que llevan al conflicto. Escribe que debemos vivir construyendo la fraternidad, que es quizás la palabra que mejor honra el arte de la gratuidad y de la libertad, puede ayudarnos verdaderamente a convencernos de que nuestra responsabilidad para ser constructores de paz está en nosotros mismos. Habla de paz, de guerra, de los últimos, de los ancianos y los inmigrantes, pero sobre todo, nos hace reflexionar sobre un nuevo humanismo que concierne al hombre globalizado.

Por esta razón, todos estamos implicados en este camino de recuperación, desde los dirigentes de las naciones, hasta el panadero y los niños, todos implicados en un camino de confianza mutua: confianza entre las personas los pueblos y las naciones, para superar los conflictos y las divisiones. Como exhorta el Papa Francisco, «apresurémonos por caminos de paz y fraternidad. Alegrémonos por los signos concretos de esperanza que nos llegan de tantos países, comenzando por los que ofrecen asistencia y acogida a quienes huyen de la guerra y de la pobreza». De hecho, todos hemos sido protagonistas de pequeños o grandes gestos de solidaridad hacia el pueblo ucraniano, experimentando cómo el único antídoto contra la guerra y la desesperación es unir a las personas en torno a buenas acciones y obras hacia los necesitados, sobre todo, hacia los más vulnerables, ya que éste es precisamente el criterio de desarrollo de una sociedad. Aunque en este momento no parezca haber ningún atisbo de esperanza para posibles negociaciones, nunca debemos perder la esperanza y tenemos que mantener vivo el ideal de la paz y la confianza en Dios. ¡Animo!

 

Hna. Milena Prete, TC

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Hermanas Terciarias Capuchinas y laicos, caminando juntos cuidando y cultivando la vida

Releer, es volver la mirada sobre un documento, es retornar a su origen entrando a la raíz de sus intuiciones, escuchar y ver con hondura sus alcances y utopías, es habitar su contenido apropiándose de él, respetando lo esencial, para establecer un diálogo entre la experiencia de ayer y la de hoy.

Volver la mirada al Proyecto de vida congregacional “cuidar y cultivar la vida”, implica dejarse llevar por el Espíritu, para recorrer en su compañía el itinerario marcado por su Palabra y  acogido por las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, en el XXIII Capítulo general del año 2022 que dio origen al Documento final, “Juntas avanzamos, generamos y cuidamos la vida” y entrar a pie descalzo a las ocho llamadas de Dios, con valentía y compromiso, para irrumpir en la novedad de la nueva etapa de consolidación Tiempo de “cuidar y cultivar la vida”.  

El Proyecto de vida congregacional, abraza en sí mismo, una experiencia carismática, vivida por “Francisco de Asís, el místico y peregrino que vivía con simplicidad en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo (cf. Papa Francisco, Laudato sí no 10,”); la vida testimonial del poverello invita a crear comunidades-hogar donde todos, hermanas, Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, tengan cabida y la capacidad para cuidar y cultivar la vida en todas sus dimensiones, es allí, en las entrañas insondables de la fraternidad donde brotan los distintos gestos que enriquecen las relaciones humanas y fraternas, donde se aprende a remover la tierra para que el germen que se abre a la existencia, tenga raíces profundas y crezca con la fuerza entrañable de generar vida, una vida dispuesta a custodiar, salvaguardar y proteger el universo y en él a todos los seres llamados a proteger.

El Espíritu Santo a lo largo de la Historia, ha invitado a la Iglesia a ser buscadora incansable de nuevos caminos y a vivir el Proyecto de Dios en la misión encomendada, el anuncio del Reino; muchos hombres y mujeres, consagrados y laicos, conscientes de su responsabilidad y pertenencia al “rebaño de Dios” (I Pedro 5, 2), se han unido a esta inspiración para ser colaboradores inmediatos en los procesos de evangelización de los pueblos, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión con las Hermanas Terciarias Capuchinas, no pueden estar ajenos a este compromiso eclesial y congregacional, en su momento, se han comprometido a vivir la vida cristiana desde el carisma legado por  el Padre Luis Amigó y Ferrer y hoy, están convocados a incorporarse al Proyecto de vida congregacional “cuidar y cultivar la vida” poniendo en común su propia riqueza, que luego se convertirá en fuerza transformadora.

Cuidar y cultivar la vida, requiere de personas unificadas, coherentes y maduras, sin miedo a las adversidades y a su vulnerabilidad, hombres y mujeres resilientes con la disposición interior para adaptarse sin quejas a los desafíos del camino, hermanas y laicos que cuiden su vida y la de los demás con la ternura  y la compasión del buen samaritano, decididos a entrar a pie descalzo a lo más hondo de su ser para encontrarse con su propia verdad, agradecer los dones recibidos y cuestionar aquellos gestos que no permiten sacar de la vasija rota, lo más genuino que el Padre ha puesto en el corazón del ser humano.

El Proyecto congregacional, “cuidar y cultivar la vida”, no solamente es un derecho de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, sino un deber, cuyo objetivo principal es involucrar a los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión en la construcción de la casa común, en cuyo interior bulle la belleza de los seres que Dios ha creado y late la vida humana con sus gozos y esperanzas, sus búsquedas, fragilidades y fracasos, desigualdades culturales y económicas, sabiduría, aspiraciones carismáticas  y formativas… todo, revelación del Espíritu y regalo para  los que sintiendo en su ser su fuerza creadora, siguen las huellas de Luis Amigó y Ferrer y en sinodalidad, caminando juntos, hacen de su vida cotidiana un cuidado y cultivo permanente de la existencia humana, tanto a nivel personal comunitario, como social.

Esta es una tarea permanente, una misión loable, que sólo se logra cuando en el silencio sosegado del día a día, entra al santuario sagrado de la propia interioridad y se encuentra con la sorprendente presencia del Dios vivo que se revela y habla al corazón.

Quien cuida su interioridad, conecta con sus raíces y es capaz de dialogar de los secretos más íntimos con Aquel que ha hecho de él una creación única y singular, puesta en el corazón de la casa común para salvaguardar la vida humana, está  revestido de amor,  para acoger con un trato igualitario, amable, afectuoso y una actitud compasiva-misericordiosa propia de Francisco de Asís y Luis Amigó, a mujeres y hombres inmersos en el inmenso universo, personas talentosas, innovadoras, ignorantes y necias; ancianos y niños olvidados y descartados para asegurar los propios intereses; enfermos, pobres marginados y excluidos, poco visibles a los ojos del mundo; jóvenes cansados y sin sentido de la vida. Las Hermanas, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, son los convocados a rodear con el tierno abrazo del amor que acerca, rompe los esquemas fríos y ensancha los lazos de la fraternidad.

Todo esto, supone la conversión ecología que implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres (Papa Francisco, Laudato si no 220).

Las Hermanas Terciarias Capuchinas, buscadoras en camino, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, comprometidos con la Iglesia y la Congregación, son los primeros invitados a dejarse contagiar y afectar por este compromiso congregacional, siendo testimonio de la vivencia auténtica y coherente de las llamadas que Dios hace a caminar juntos, avanzar, generar, cuidar y cultivar la vida.

Hna. Ana Tulia López Bedoya, tc

Provincia Nuestra Señora de  la Divina Providencia

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Una propuesta trascendental a partir del proyecto de familia desde la perspectiva de las Hermanas Terciarias Capuchinas.

En el corazón de la sociedad contemporánea, donde las dinámicas familiares evolucionan y se transforman, el trabajo con las familias emerge como una necesidad imperante. Desde la promoción del bienestar emocional hasta la construcción de comunidades inclusivas, la labor con las familias adquiere una relevancia cada vez mayor en el mundo moderno. Este artículo, expone brevemente una propuesta de acompañamiento a la familia de hoy desde nuestra espiritualidad, destacando principios claves y prácticas que pueden fortalecer y nutrir a las familias en su viaje espiritual.

La familia, como comunidad de amor y vida, refleja la comunión de Dios y su relación de amor con la humanidad. Desde sus orígenes, la humanidad fue creada con la capacidad y responsabilidad de amar y vivir en comunión. El amor vivido en el seno de la Sagrada familia es tan vital que San Juan Pablo II lo describió como un «signo eficaz del amor de Dios», convirtiéndola en un santuario donde la vida y el amor se entrelazan. Es en la familia donde se forja la primera experiencia de amor y relación, un lugar de aprendizaje fundamental donde se desarrollan relaciones significativas y se cultiva la capacidad de hacer elecciones libres y acertadas. Por lo tanto, se le ha otorgado el título de «primera escuela de humanidad», esencial para el desarrollo de la sociedad.

He aquí algunos aspectos donde se podría centrar la propuesta de acompañamiento a las familias.

  1. Fortalecimiento de la relación con Dios: El acompañamiento familiar desde la espiritualidad franciscano amigoniana comienza con el fortalecimiento de la relación con Dios en el seno del hogar. Al igual que la Sagrada Familia, las familias de hoy pueden cultivar una vida de oración, adoración y obediencia a la voluntad de Dios, establecer momentos de oración en familia, participar juntos en la vida sacramental de la Iglesia y buscar discernir la voluntad de Dios en las decisiones familiares.
  2. Relaciones familiares saludables: La Sagrada Familia nos enseña la importancia de fomentar relaciones familiares saludables basadas en el amor, el respeto y la comunión. El acompañamiento familiar se centra en ayudar a los miembros de la familia a cultivar la unidad y el apoyo mutuo, así como en abordar conflictos y desafíos de manera constructiva, facilitar la comunicación abierta y honesta, promover el perdón y la reconciliación, brindar herramientas para resolver conflictos de manera pacífica, fomentar la empatía y promover el diálogo abierto y respetuoso entre padres, hijos y otros miembros de la familia. Como diría el Papa Francisco, “Es en la familia unida que los hijos alcanzan la madurez de su existencia, viviendo la experiencia significativa y eficaz del amor gratuito, de la ternura, del respeto recíproco, de la comprensión mutua, del perdón y de la alegría».
  3. Apoyo en las etapas de la vida familiar: El acompañamiento familiar desde la espiritualidad de la Sagrada Familia reconoce que las familias atraviesan diversas etapas y transiciones a lo largo de la vida. Esto puede incluir la formación de nuevas familias, la crianza de hijos, el cuidado de los ancianos y la adaptación a cambios en la estructura familiar. Proporcionar apoyo y orientación en cada una de estas etapas, ayudando a las familias a discernir cómo vivir su fe de manera auténtica y significativa en medio de los desafíos y alegrías de la vida familiar.
  4. Promoción de la solidaridad y el servicio: La Sagrada Familia nos desafía a vivir los valores cristianos a través del servicio y la solidaridad con los demás. El acompañamiento familiar incluye oportunidades para que las familias se involucren juntas en obras de caridad y servicio a los necesitados, tanto dentro de la comunidad como más allá de ella. Esto no solo fortalece el tejido social y comunitario, sino que también enriquece la vida espiritual de la familia al poner en práctica el mandamiento del amor al prójimo.

En conclusión, el acompañamiento familiar desde la espiritualidad de la Sagrada Familia ofrece un enfoque integral y enriquecedor para fortalecer y nutrir a las familias en la fe y en la vida cotidiana, a ejemplo del Venerable Luis Amigó desde la cercanía, la minoridad y la simplicidad.

Hna. Rosa Alix Fajardo Gómez, tc

Provincia Madre del Buen Pastor

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LECTIO DIVINA SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

DOMINGO DE LA MISERICORDIA

Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.

Salmo

Sal. 117, 2-4.16ab-18.22-24 R: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 5, 1-6

¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

¡Bienaventurados los que crean sin haber visto!

 Primera lectura – Hechos de los Apóstoles 4, 32-35: En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, escucharemos que las primeras comunidades cristianas se caracterizaban por su espíritu de comunión y por la práctica de la ayuda mutua. Los creyentes compartían lo que tenían, atendían las necesidades de los más vulnerables y vivían en unión fraterna, reflejando así los valores del Reino de Dios proclamados por Jesús, resaltando la importancia de esta vida comunitaria como un testimonio del amor de Cristo en medio de una sociedad marcada por la desigualdad y la injusticia debemos aprovechar estos gestos tan contundentes por los cuales mas que por las palabras un autentico cristiano es recocido

La vida de las primeras comunidades cristianas estaba centrada en la persona de Jesús, en su mensaje de amor, misericordia y en la esperanza de su retorno. Estos aspectos fundamentales daban cohesión y sentido a la vida comunitaria, fortaleciendo la fe y el compromiso de los primeros cristianos.

Salmo – Salmo 117, 2-4.16ab-18.22-24: En el Salmo de hoy, se nos invita a dar gracias al Señor por su bondad y su eterna misericordia. Recordemos que el Señor es bueno y su amor perdura para siempre. Que este Salmo nos motive a alabar al Señor con gratitud y alegría en nuestros corazones.

Segunda lectura – Primera carta de San Juan 5, 1-6: En este pasaje, el apóstol Juan nos habla sobre la importancia de la fe y del amor en la vida del creyente. Comienza afirmando que aquel que cree que Jesús es el Cristo, es hijo de Dios. Esta creencia en Jesucristo como el Mesías es fundamental para la identidad cristiana y para la relación con Dios como Padre.

Juan continúa explicando que amar a Dios implica cumplir sus mandamientos, y que estos mandamientos no son una carga pesada, sino que son el camino para vivir en comunión con Dios y con los hermanos. El amor a Dios se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos y en el amor al prójimo, reflejando así la relación de filiación con Dios.

Evangelio – Juan 20, 19-31: En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: «Bienaventurados los que creen sin haber visto”

En el Evangelio de este Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la misericordia se relata la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. Este pasaje nos muestra diferentes aspectos de la experiencia de fe de los discípulos después de la resurrección de Jesús. pero aun más destacaremos la experiencia de Tomás en el encuentro con Jesús quien ante sus incertidumbres y desconfianzas responderá con una mirada misericordiosa que le permite constatar por si mismo la resurrección, Jesús, no sin confrontar su incredulidad le permite a tomas tocar, palpar, ver y sentir  hacer la experiencia que necesitaba en el encuentro con Él, para purificar su experiencia de fe.

ESCUCHA

En la primera parte del pasaje, vemos a los discípulos reunidos en un lugar con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se presenta en medio de ellos y les muestra sus manos y su costado, mostrando las heridas de la crucifixión como señales de identificación. Esta experiencia les llena de alegría y les infunde el Espíritu Santo, enviándolos en misión para perdonar los pecados.

Tomás, uno de los discípulos, no estaba presente en la primera aparición de Jesús y expresa su escepticismo sobre la resurrección. Jesús se aparece nuevamente y le invita a tocar sus heridas, lo que lleva a Tomás a una profunda confesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!».

CONTEMPLA

El nombre «Tomás» es una forma abreviada del nombre arameo «Ta’oma», que significa «gemelo». En el Evangelio de Juan, Tomás es también conocido como «Didimo», que es la forma griega de «gemelo».

Desde el punto de vista bíblico el hecho de que Tomás sea llamado «Didimo» o «gemelo» puede tener un significado simbólico o representativo en el contexto de la narrativa evangélica. Algunos estudiosos sugieren que este apodo podría reflejar la dualidad de la fe de Tomás: por un lado, su incredulidad y escepticismo ante la resurrección de Jesús, como se muestra en Juan 20, 24-25; y por otro lado, su profunda confesión de fe cuando finalmente reconoce a Jesús como su Señor y su Dios, como se registra en Juan 20, 28.

En cualquier caso, la designación de «Dídimo» o «gemelo» podría también aludir a la naturaleza dual o ambivalente de la personalidad de Tomás, que oscila entre la duda y la fe, entre la incredulidad y la confesión de fe. Esta dualidad en la figura de Tomás puede servir como un recordatorio para que nosotros los creyentes nos sintamos de algún modo identificados con él en cuanto a nuestra experiencia de fe a veces tan cambiante y necesitada de certezas, pero sobre todo siempre comprendida por Jesús y presta a que vivamos una experiencia personal de encuentro con Él que transforme nuestra mirada y nos permita confesarle como el Señor de nuestra vida.  

PREGÚNTATE

  • ¿En qué me identifico con Tomás y para que me sirve su experiencia de encuentro con Jesús Resucitado?
  • ¿La resurrección tiene la fuerza de transformación que tuvo en la vida de los discípulos en mi propia vida?

INVITACIÓN

Dejémonos invitar por el papa Francisco a concretar como Tomás nuestra experiencia creyente “En el contacto salvífico con las llagas del Resucitado, Tomás manifiesta las propias heridas, las propias llagas, las propias laceraciones, la propia humillación; en la marca de los clavos encuentra la prueba decisiva de que era amado, esperado, entendido. Se encuentra frente a un Mesías lleno de dulzura, de misericordia, de ternura. Era ése el Señor que buscaba, él, en las profundidades secretas del propio ser, porque siempre había sabido que era así. ¡Cuántos de nosotros buscamos en lo profundo del corazón encontrar a Jesús, así como es: dulce, misericordioso, tierno! Porque nosotros sabemos, en lo más hondo, que Él es así. Reencontrado el contacto personal con la amabilidad y la misericordiosa paciencia de Cristo, Tomás comprende el significado profundo de su Resurrección e, íntimamente trasformado, declara su fe plena y total en Él exclamando: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 28). ¡Bonita, bonita expresión, esta de Tomás! (Regina Coeli, 12 de abril de 2015)

Hna. Sandra M. Velásquez Bedoya, tc

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LECTIO DIVINA PASCUA DE RESURRECCIÓN

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43 «A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día»

En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos recuerda el sacrificio de Jesús en la cruz y su gloriosa resurrección al tercer día. Este pasaje nos enseña que, a pesar de la muerte y el sufrimiento, la victoria final pertenece a Dios, quien tiene el poder de dar vida incluso a aquellos que han sido crucificados.

SALMO 117, 1-2. 16-17. 22-23 «Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo»

En el Salmo 117, se proclama la grandeza de Dios y la alegría que sentimos al celebrar el día hizo el Señor para nuestra alegría y gozo. Es un día de regocijo y esperanza, porque en él recordamos la victoria de Cristo sobre la muerte y la promesa de vida eterna que como ya hemos dicho nos ofrece en el Hijo amado del Padre.

SEGUNDA LECTURA de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

«Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él»

La segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Colosenses, nos invita a buscar las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Nos recuerda que nuestra verdadera vida está escondida con Cristo en Dios, y que cuando Él aparezca, también nosotros apareceremos gloriosos junto a Él. La muerte no es el final para un creyente que se ha dejado reconciliar con su Padre en el Hijo, es la manera de llegar al encuentro definitivo con Aquel de quien venimos y quien pertenecemos.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9

 «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

En este esperado domingo del alba pascual, celebramos con alegría la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quien venció la muerte cumpliendo su promesa y nos abrió las puertas de la vida eterna.

ESCUCHA

En el Evangelio según San Juan, se nos narra el momento en que María Magdalena descubre que el sepulcro de Jesús está vacío. Esta escena nos recuerda la sorpresa y la confusión de los discípulos ante la resurrección de Cristo, y nos invita a reflexionar sobre el misterio de la vida nueva que Él nos ofrece.

María Magdalena fue seguidora de Jesús que hoy el evangelio la menciona como testigo de la resurrección de Jesús. En el año 2016, el papa Francisco la nombró «Apóstol de los Apóstoles», reconociendo su importancia en la difusión del mensaje de Jesús.  Ella es ejemplo de fidelidad en el amor, de arrojo y osadía al no resguardarse por el miedo y la fatalidad que estaban experimentado los discípulos después de la muerte en Cruz del Maestro y la certeza de que esa misma suerte podrían correr todos sus seguidores.

CONTEMPLA

Al alba de la mañana de la resurrección María visita el sepulcro y sobrecogida de celo porque constata que se han llevado a su Señor y no sabe dónde lo han puesto comunica a los demás apóstoles su desconcierto, tristeza y zozobra. Anuncio que saca del miedo y del anonimato a Pedro y a “ese otro discípulo que corría más”, del que se sospecha sea Juan y los pone en un camino decidido y coherente con su llamada de discípulos.

Todos alguna vez hemos experimentado como nos es amenazado el amor o lo amado y paradójicamente el temor nos hace valientes, nos da lucidez y acierto para enfrentar las luchas y resistencias que trae consigo el sufrimiento.

PREGÚNTATE

¿Qué significa para ti contemplar el sepulcro vacío? ¿Qué sentimientos afloran en tu interior al saber que la muerte en Jesús no tuvo la Última Palabra? ¿Cómo puedes dar tú razón de la Resurrección del Señor?, ¿Cuál sería tu anuncio?

INVITACIÓN

En este tiempo de Pascua, recordamos con gratitud el sacrificio redentor de Cristo, su victoria sobre la muerte y la promesa de vida eterna para todos aquellos que creen en Él. Que la alegría de la resurrección llene nuestros corazones y nos inspire a vivir como testigos de la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. ¡Aleluya, Cristo ha resucitado!

Hna. Sandra Milena Velásquez B, tc