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El dolor puede abrir nuevos horizontes

El 11 de febrero de cada año, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por el Papa Juan Pablo II en 1992. La fecha tiene una evidente coincidencia con la memora litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, que la tradición católica venera como mediadora de gracias e incluso de milagros de curaciones; todos los años, el Papa dirige en este día su mensaje no solo a los cristianos sino a todo el mundo y propone una reflexión con el fin de reavivar la sensibilidad del hombre por el mundo del dolor y la enfermedad.  

El Mensaje del Papa para la Jornada del Enfermo de este año, cuyo tema es “La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo”, pone en evidencia la importancia de las relaciones personales entre el enfermo, su familia y el personal médico que le atiende, porque le permiten vivir la experiencia de la enfermedad sin sentirse solo y abandonado. Por otro lado, reflexionando sobre el sentido del sufrimiento, el Papa hace referencia a Job, ese personaje bíblico tocado por el dolor en su propia carne y en su propio espíritu, subrayando que, a pesar del abandono e incomprensión que sufrió y de los gritos de angustia que elevó hacia Dios, logró reconocer que Él había estado presente a lo largo de toda su vivencia de dolor, devolviéndole después la salud y los bienes perdidos, abriéndose delante de él, un “nuevo horizonte” de vida.

La naturaleza humana no logra percibir la presencia de Dios en el dolor y en la muerte.  La religión cristiana que ha impregnado culturas y tradiciones en todo el mundo, presenta a Dios como un padre bueno y, si bien la pasión, muerte y resurrección de Cristo han revelado la dimensión salvífica del dolor, el cristiano se resiste a asumir que Dios permita el sufrimiento inocente, la muerte prematura, la violencia y todo aquello que pone en peligro la vida. Amenazado y aplastado por el sufrimiento, el creyente también puede dirigirse a Dios invocando su ayuda y la liberación del mal, pero también gritando con ira e incluso, alejándose de Él.

Los seguidores de otras religiones viven el dolor según sus convicciones; algunos logran mantener una actitud pasiva y resignada o sacar de su cuerpo y de su alma las energías positivas que pueden contrastar aquellas negativas que provocan dolor, pero es indudable que, sea cual sea la creencia religiosa, el dolor y la muerte son experiencias duras que hacen correr muchas lágrimas sobre el rostro de quien está enfermo y de sus seres queridos.

Las lágrimas regaron también el rostro de Jesús frente al misterio de la muerte de su amigo Lázaro (cf. Jn 11,32-36) y durante su oración en el Huerto de los Olivos, lágrimas que nos recuerda el autor de la carta a los Hebreos (cf. Hb 5,7), manifestación  de su plena humanidad, enseñándonos  que la fe y la confianza en Dios, que el Hijo seguramente poseía en sumo grado, no son “anestésicos” que reducen o anulan el sufrimiento humano, pero pueden ayudar al hombre a enfrentar el dolor desde la certeza de que Dios no lo abandona. Es el “nuevo horizonte” que la fe abre frente al hombre que sufre, y del cual habla el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada del Enfermo de este año.

El dolor físico y moral juega un gran papel en la formación humana y espiritual del hombre, y la historia revela que todos aquellos que consideramos “grandes” han sido probados en “el crisol” del dolor (cf. Sab 3,6). La fragilidad física debida a la enfermedad, a la oscuridad interior que resta gusto a la vida y a todas aquellas situaciones que conducen al hombre a redimensionar una percepción de sí mismo demasiado alta, lo llevan a reubicarse en su verdad de ser humano, creatura hecha de barro que solo el soplo de Dios puede hacer “grande” (cf. Gen 2,7). El dolor rompe la vasija de barro que lleva en su interior, el espíritu del Creador, pero nunca puede ahogar este mismo espíritu que genera fuerza en la debilidad (cf. 1Cor 1,25) y reviste al hombre de vida nueva (cf. 2Cor 13,4).

En el dolor, Dios actúa y renueva al hombre. La fe cristiana ilumina el misterio del dolor desde la Palabra de Dios y el ejemplo de Cristo pero, muchas veces, incluso personas ajenas al mensaje cristiano encuentran fortaleza en él y descubren algo positivo en su falta de salud o en la limitación que afecta su existencia.

Con relación a esto, recuerdo a un niño que encontré en mi peregrinación a Lourdes. El pequeño, confinado en una silla de ruedas, se encontraba con su madre frente a la Gruta y ella le animó a que rezara a la Virgen para que le devolviera la posibilidad de caminar, correr y jugar a la pelota como sus amigos; para su sorpresa, el chiquito, echando la mirada a su alrededor y viendo a otros niños y adultos postrados en sus camillas, respondió a su madre que iba a rezar para que la Virgen ayudara más bien a esos enfermos porque, al menos, él podía jugar a la pelota utilizando sus manos. Este pequeño, quizá inconscientemente, dio un gran testimonio de cómo la gracia de Dios puede reorientar nuestras exigencias hacia lo verdaderamente esencial y sostenernos en el camino del dolor.

Independientemente de nuestra fe y madurez humana, Dios está siempre presente cuando atravesamos el río del sufrimiento y, discretamente como hace Él cuando entra en relación con sus criaturas, nos sostiene con su mano y no permite que nos hundamos en el mar del dolor y de la muerte. En estas circunstancias, el descubrir su presencia es una experiencia profunda y regeneradora, una inyección de esperanza y fortaleza que abraza también a quienes, con amor, acompañan al enfermo en su sufrimiento.

Lamentablemente, nuestra sociedad tiende a evitar toda experiencia de dolor y todo lo que recuerda la existencia del sufrimiento, que en cualquier momento nos alcanza a todos, y lo que es peor, se atreve incluso a suprimir el dolor, interviniendo violentamente con acciones que apagan la vida y que no son moralmente correctas.

En su Mensaje, el Papa Francisco recuerda que “una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno”; recuerda también  que “la salud es un bien común primario” e invita a los que ocupan cargos de responsabilidad política y social a priorizar la inversión de recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas y estimula a todos a caminar hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, excluido o abandonado.

En sintonía con la encíclica social “Fratelli tutti”, la Jornada Mundial del Enfermo celebrada este año, en plena pandemia, hace un llamamiento a los hombres de buena voluntad a potenciar las actitudes de cercanía a los más frágiles, siendo para ellos, como lo fue el Buen Samaritano, “un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo”  y exhorta a levantar la mirada hacia Dios para que, como Job, podamos descubrir su rostro manifestado en la fragilidad de los que sufren. Esto reavivará la fortaleza y la esperanza de la humanidad herida. 

HNA. CECILIA PASQUINI, TC

cecilia@terciariascapuchinas.org

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Saber descubrir la verdad que bulle dentro de mi hermana

La Revista Vida Religiosa publicó el pasado 14 de enero un artículo de Dolores Aleixandre, con el título COMPOSTURA, que tal vez no sea ajeno a nosotras y nos puede ayudar a pensar si de verdad vivimos esta misma realidad en nuestra propia persona, en nuestras comunidades. Acabamos de celebrar el 2 de febrero la Jornada de la Vida consagrada y nos parecía interesante facilitar esta reflexión en nuestra página. Vivamos a fondo ese acompañamiento mutuo que estamos trabajando en nuestro Proyecto “Crecimiento y Transformación” y que sin duda nos facilitaría intentar intuir lo que pasa en lo profundo del corazón de quienes viven a nuestro lado, más allá de las apariencias, del cumplimiento de las normas, de esa “compostura” a la que se refiere la autora. A continuación es Dolores Aleixandre la que habla:

“Fui con mi comunidad a un retiro para hacer el proyecto comunitario del año y a las afueras del pueblo en el que estábamos, había un álamo enorme caído junto al camino. Debía haber caído la víspera porque las ramas estaban aún llenas de hojas verdes, aunque el tronco estaba hueco y las raíces al aire. Me ha venido la imagen al oír un comentario sobre la salida de una religiosa joven: “Y a su comunidad le pilló por sorpresa, no habían notado nada que hiciera pensar que estaba en crisis”. La asociación con el árbol caído parece evidente: esa joven religiosa se parecía a un tronco hueco que, al no recibir savia de las raíces, no tenía consistencia y se vino abajo. Punto final, nos quedamos tan anchos.

¿Y si hubiera otras explicaciones posibles, solo que más incómodas? Cómo preguntarnos, por ejemplo, si el tronco vacío no sería esa comunidad, tan miope como para no haber detectado ninguna señal de alarma en uno de sus miembros. Otra variante posible: detectar en nosotros síntomas de esa compostura (hoy sería el “postureo”) que siempre acecha en la vida consagrada: una habilidad generada al amparo de las estructuras que nos permite comportarnos externamente con corrección, según unos “códigos convenidos”, unos hábitos adquiridos, unos horarios cumplidos y unas cuantas frases estereotipadas. Una vida de plástico, adaptada y ordenada, como la cinta estirada que señala la página de las Vísperas de la segunda semana. Eso “por fuera”. Por dentro bulle quizá un mundo paralelo: lo que de verdad pensamos, sentimos y deseamos, oculto en lo escondido de la recámara hasta que un día “sale del armario” y los demás lo ven. Es una posibilidad tan “de siempre”, que el Nuevo Testamento usa el adjetivo dipsichós, “persona de dos mentes”, doble, dividida (St 1,8).

La amenaza se acentúa en la etapa que vivimos, en medio de tantos procesos de reestructuraciones, fusiones y rea-justes en marcha. Inmersos en esa agitación, asoma una pregunta esencial: ¿qué está ocurriendo en realidad con los sujetos reestructurados, reconfigurados, unidos, agrupados, fusionados o rea-justados que somos? Porque lo que de verdad importa con tanto tinglado es si cada uno está recibiendo o no la savia de vida y de sentido que necesita para vivir.

En el encuentro de Zaqueo con Jesús aparece de alguna manera lo de la doblez: «Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres…». Buena ocasión la de comienzo de año para preguntarnos qué está haciendo cada uno con esa otra “mitad” que se reserva. Porque a lo largo de nuestra vida hemos ido seguramente entregando, con edificante compostura, la mitad de lo que somos y tenemos, pero ¿no tendremos allá en lo profundo otra mitad que aún escondemos?

La presencia del Huésped que se cuela en nuestra casa nos hace posible saludar confiadamente a esos “agentes de disminución” que están llamando a nuestra puerta y colándose por nuestro tejado. A poco que consintamos a su trabajo, ellos se encargan de despejar esos rincones de doblez en que nos refugiamos, y nos urgen a entregar también esa otra mitad que tan ávidamente tratamos de retener.

Ojalá nos decidamos a tirarla por la ventana, y con ella también los restos de tanta engañosa y tonta compostura”.

 Dolores Aleixandre – Revista Vida  Religiosa (14 enero 2021)

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Whatsapp ¿qué cambia en sus nuevos términos de privacidad?

¿Cambios en Whatsapp? Esto es lo que en realidad pasa con tus datos, ¿qué cambia en sus nuevos términos de privacidad y a quién afecta?

En realidad, todo es bastante sencillo, aunque el interés por ganar tu atención puede hacer que en algunos sitios se exagere y cause un poco de confusión.

Por eso, voy a intentar explicártelo todo, incluyendo qué aspectos cambian en WhatsApp, qué implica esto para sus usuarios, y por qué si vives en Europa no debes preocuparte por ello. Todo para que si sale el tema alguna vez o tienes alguna duda, puedas tener la mente tranquila.

Qué cambia en las nuevas políticas de privacidad 

En 2014, Facebook compró WhatsApp por 16.000 millones de dólares. Durante el proceso de adquisición, a la hora de recibir los permisos por parte de la Comisión Europea, Facebook aseguró que no tenían una forma fiable y automática de relacionar las cuentas de WhatsApp y Facebook de sus usuarios. Sin embargo, una vez terminada la operación anunciaron que empezarían a combinar estos datos, lo que hizo que la Unión Europea les acusara de proporcionar información engañosa.

Mensajes temporales de WhatsApp: qué son, qué límites tienen y cómo usarlos

La nueva política de privacidad es un nuevo paso en esta dirección, en el que los datos de los usuarios de WhatsApp se compartirán con el resto de servicios de Facebook o Instagram. Se trata de un cambio obligatorio, de manera que los usuarios deben aceptarlos para seguir usando WhatsApp. Si no los aceptan, no podrán usar la aplicación.

Pero aquí viene lo importante, ya que este cambio no se le aplica a usuarios de estados miembros de la Unión Europea. Esto es debido a la normativa europea de protección de datos, la GDPR, que impide que Facebook comparta los datos de WhatsApp con sus otras empresas para su propio interés.

Por lo tanto, si vives en España, Francia, Italia, o cualquier país miembro de la Unión Europea, estos cambios no te van a afectar, por lo que aunque los aceptes, Facebook no va a compartir datos tuyos con el resto de aplicaciones de la empresa.

Compartiendo estos datos, Facebook pretende conseguir tener perfiles más completos de todos sus usuarios unificando la información que le das (y esa que no le das pero recopila igualmente) en todas sus aplicaciones, en un único perfil. Esto le ayudará a dirigir mejor las campañas publicitarias a los gustos personales de sus usuarios, y así ganar más dinero con publicidad más efectiva.

¿Por qué no afecta a países europeos?

Como te he dicho, en 2016 Facebook empezó a combinar algunos datos de sus usuarios de WhatsApp con el resto de empresas, concretamente el número de teléfono. Esto provocó que las autoridades iniciaran una investigación, y Facebook canceló ese tipo de movimientos de forma temporal, pero que todavía hoy sigue en vigor.

De hecho, WhatsApp tiene una especie de subempresa creada únicamente para usuarios europeos, de forma que aquí no tenemos que compartir contenido. En todo el mundo, la app que se usa pertenece a la empresa WhatsApp LLC, mientras que en Europa usamos la de la empresa WhatsApp Ireland Limited. Al tener empresas separadas, a los usuarios europeos se nos pueden ofrecer condiciones y acuerdos diferentes a los del resto del mundo, y que han sido aprobados por la Comisión Europea.

¿Pero qué sucede en América y otros continentes?

Es necesario entender qué es la privacidad de datos, un tema que en Europa se lleva varios años trabajando; a veces no damos la verdadera importancia a nuestros datos en internet, de ahí los malentendidos con la aplicación.

Primero, esto es un legado de la costumbre de Facebook de ser arrogante con nuestros datos personales y atrevida con la forma de usarlos (ya sea la misma compañía o sus socios). No es de extrañar que la gente asumiera que Facebook cambió las políticas de WhatsApp de manera truculenta.

En segundo lugar, la gente ha comprendido que las políticas de privacidad son confusas y que realmente no tenemos poder para hacer que las empresas recopilen menos datos.

Los chats siguen estando a salvo para todos

Una cosa que debes tener clara es que Facebook no puede leer lo que escribes en los chats, por lo que en ningún caso y en ningún lugar se les va a enviar a ellos el contenido de las conversaciones. Esto es así debido a que WhatsApp utiliza lo que se conoce como cifrado de extremo a extremo.

Facebook no puede mirar el contenido de los mensajes o de las llamadas telefónicas porque las comunicaciones de WhatsApp están codificadas. Facebook también dice que no mantiene registros sobre las personas con las que te contactas en WhatsApp, y que los contactos de WhatsApp no se comparten con Facebook.

WhatsApp tiene muchos aspectos positivos. Es fácil de usar y las comunicaciones en la aplicación son seguras. Pero sí, WhatsApp es Facebook; debemos recordar que Facebook es una empresa en la que muchos no confían.

Existen alternativas, como Telegram y Signal, que han recibido un gran número de nuevos usuarios recientemente.

Entender lo que sucede con nuestros datos digitales parece requerir un entrenamiento avanzado en ciencias de la computación y una licenciatura en derecho. Y Facebook, una compañía con montones de dinero y un valor de acciones de más de 700.000 millones de dólares, no explicó o no pudo explicar lo que sucedía de una manera que la gente pudiera comprender.

Si no tienes cuenta en Facebook o Instagram tu WhatsApp seguirá funcionando igual, quizás en el futuro agreguen publicidad en la plataforma, pero si estás fuera de Europa seguramente la nueva política de privacidad fusione tus datos con las dos aplicaciones Facebook e Instagram.

Un debate personal y ético

Ante la negativa de aceptar estas políticas, seguramente deshabilitarán tu cuenta; existen otras aplicaciones alternativas como Telegram o Signal, que hacen la misma función, algo así como la Coca-Cola y la Pepsi. Si consideras que tus datos no son tan importantes, ni tienes cuentas en las redes sociales como Facebook o Instagram, puedes dejar tu cuenta como está y continuar con el servicio.

Al final es una decisión personal. Si me pides un consejo te diría que pruebes a instalar Telegram y aprendas un poco, para no depender de un solo operador; recuerda que nada en internet es gratis, pagamos estas aplicaciones con nuestros datos; allí estas empresas saben lo que nos gusta y lo que no. Para enfocar la publicidad, son esos datos los que venden a grandes multinacionales que luego nos envían su publicidad, pero esto ya sucede con la tele o la radio. ¡Menudo dilema!

Por: Webmaster

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La familia es el eje transversal de nuestra misión apostólica

Celebrar la fiesta de la Sagrada Familia es para las Terciarias Capuchinas motivo de regocijo, reflexión y compromiso. En la familia de Nazaret encontramos la mejor escuela de humanidad a la que nos remite siempre la Iglesia.

El Papa Francisco en su última encíclica Fratelli Tutti, cuando hace referencia a construir una gran familia habla del amor: “El amor que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa […] Amor que sabe de compasión y de dignidad”.

Nosotras hemos comprendido que la familia sigue siendo el mejor lugar para ir encontrando el sentido de la vida, ir descubriendo y desarrollando los dones personales y comunitarios que nos fueron otorgados, construir los valores que nos hacen mejores seres humanos, poder ser en nuestras particularidades, aprender a cuidar lo que se nos ha prestado mientras estamos aquí, y para todo lo demás que tú y yo podemos reconocer.

Si todo esto es tan importante, si allí descubrimos y recibimos lo fundamental, es vital para las terciarias capuchinas trabajar, ser puentes, ser luz para que las familias desempeñen la misión de sembrar lo que hace posible que brote una humanidad más compasiva, bondadosa, amorosa, tierna… la humanidad que estamos necesitando hoy.

El cambio climático, como dice Leonardo Boff, no es la enfermedad, es la fiebre que evidencia que hay algo que no está bien en el planeta; también el consumo de drogas, los feminicidios, la violencia, el narcotráfico y todas las realidades que nos duelen, porque dañan la vida, son la consecuencia; la causa es la violencia que hay en nuestro corazón, el egoísmo, la indiferencia y el individualismo. La institución que puede generar siempre una nueva cultura, la que se necesita, la que supera los males que van en contra de la vida y propicia en cambio “la cultura del encuentro” de la que habla el Papa Francisco, es la familia.

Nuestro Padre Fundador, Luis Amigó, nos quiso de la Sagrada Familia porque desea que vivamos así, como una familia de hermanas que va creando en lo cotidiano relaciones de confianza, seguridad, amistad, preocupación desmedida por la otra y el otro, lugar donde se supera el miedo, lo que según dicen los psicólogos necesita una persona para sentirse bien, para dar lo mejor de sí misma, para proyectarse de la mejor manera en su misión.

“Nadie da de lo que no tiene”. Sigamos apostando porque nuestras comunidades sean realmente esos espacios de vida, que mi hermana, mi hermano puedan recibir lo mejor de mí, lo que construye, lo que Dios ha hecho conmigo. Y, luego, eso mismo proyectaremos a las familias con las que compartimos, les podremos decir que sí, que es posible perdonar, porque yo me he sentido perdonada y acogida por la misericordia de Dios y de mis hermanas y, a la vez, he disculpado sus pequeñas equivocaciones; que es posible servir porque en mi comunidad todas estamos al servicio de todas y de todos; que es posible sacrificarse por el otro porque nos turnamos y llevamos unas las cargas de las otras; que es posible que todos estén bien en la familia, porque las personas que nos ven se dan cuenta que en mi comunidad nos preocupamos por la más vulnerable, la que está enferma, triste, en duelo o en crisis, porque todas pasamos por esas situaciones en algún momento.

Y además, algo en lo que vamos creciendo, la gente admira ¡cuánto nos guardamos la espalda!; también vamos creciendo en el sentido de pertenencia que habla de que nuestras raíces son como las del árbol de ceiba, árbol que siempre está verde, aun en tiempos de sequía, porque la ceiba toma el agua de la fuente, no necesita ser regada, vive desde dentro. Nuestras comunidades cuando toman el agua de la fuente, de la fuente que es Dios, están siempre vivas, reflejan el verde de la esperanza que sólo puede dibujar Él en nosotras.

La vida de familia que nuestro Padre Luis vislumbró para las terciarias capuchinas, al fundarnos, es la que nos inspira y nos lleva a trabajar con las familias, como dicen nuestras Constituciones en el n° 61: “La Familia de Nazaret estimula con su ejemplo nuestra vida diaria y nos compromete, en la labor apostólica que realizamos, a crear un clima de familia y prestar especial interés en la promoción cristiana de los hogares”.

El sueño congregacional es que en cada comunidad local vivamos como verdadera familia de hermanas, acompañemos a las familias y oremos por ellas. Seguimos caminando bajo la mirada atenta y la protección constante de Jesús, María y José, en comunión y solidaridad con las familias del mundo.

Hna. Lilia Celina Barrera Ramirez, TC

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La debilidad puede transformarse en fortaleza

La pandemia del Covid 19 que, desde hace casi un año, está azotando al mundo, nos hace experimentar la fragilidad de la naturaleza humana, las limitaciones de los recursos de atención sanitaria con que cuentan los países, incluso los más desarrollados, y la precariedad de nuestra vida. Por otro lado, lo que estamos viviendo está transformando el mundo y, no sólo por lo que se refiere a los hábitos culturales y nuestras formas de encuentro, sino también a otras dimensiones de nuestra existencia.

El Coronavirus amenaza nuestra vida, pone en crisis nuestra economía, revela las franjas de pobreza que a veces no logramos ver y menos aún encontrar, nos hace vivir en una situación de vulnerabilidad y, con todo ello, nos lleva a replantearnos el sentido de la vida humana. Para enfrentar estas situaciones nuevas e imprevisibles estamos intentando buscar respuestas nuevas a nuestras necesidades materiales y morales, y el hombre va inventando o descubriendo nuevas formas de subsistencia familiar y social, afina su sentido de solidaridad y, con frecuencia, la experiencia de impotencia lo lleva a ahondar en la dimensión espiritual y religiosa de su vida.

Continuamente, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, circulan noticias contradictorias sobre el virus, la conveniencia o menos de aplicar las medidas impuestas por los gobiernos para contener la difusión del mismo y la posibilidad de contar pronto con una vacuna que impida y contenga el contagio masivo, así como informaciones alarmantes sobre el número de contagios y fallecimientos, y todo esto crea tensión, temor, dudas junto con expectativas que, desde el punto de vista científico, nadie puede garantizar. La soledad, la pérdida de seres queridos y las consecuencias socio-económicas de la pandemia envuelven en dolor y sufrimiento a un número cada día más alto de la población mundial que, con frecuencia, pierde la esperanza y la confianza en las instituciones y esto contribuye a ir desestabilizando ulteriormente el equilibrio social y moral de los ciudadanos.

Por otro lado, los gestos de solidaridad de organismos y personas que contribuyen a aliviar el dolor y la soledad, saliendo al encuentro de las necesidades de la población más frágil; la entrega del personal que trabaja en contacto directo con los enfermos, exponiéndose al riesgo de contagio; el esfuerzo conjunto de los investigadores que buscan terapias eficientes para salvar vidas y vacunas que prevengan el contagio… son luces que iluminan el escenario de sombra y de muerte en que vivimos. Y sabemos que, más allá de estos testimonios concretos, mucha gente está descubriendo o redescubriendo la luz de la fe, y la experiencia de la fragilidad nos lleva a buscar algo más allá de lo que vemos y a reanudar el contacto con Dios. Lo testimonia el alto número de personas que durante el “lockdown”, participaban en la Eucaristía a través de los medios, en los millones de personas que siguieron a través de la televisión y las redes sociales la oración del 27 de marzo de este año 2020, presidida por el Papa Francisco, para pedir a Dios el fin de la pandemia.

Cuando la oscuridad envuelve la tierra, cuando el hombre vive la dramática experiencia del dolor y del anonadamiento, cuando más grande es su fragilidad, Dios sale a su encuentro y con discreción manifiesta su gloria. Es el gran misterio de la redención que se nos revela en la Palabra y se encarna en la historia.

En el momento de la Creación, Dios rompió las tinieblas del caos inicial creando la luz (Gn 1,2-3); la presencia misteriosa de Dios en una columna de fuego, condujo a los judíos fuera de las tinieblas de su esclavitud (Ex 13,21-22); y la luz del Resucitado alumbró para siempre a la humanidad, despertando en su corazón la esperanza y la fe (Lc 24,13ss).

La experiencia de fragilidad que vive el mundo es indudablemente una experiencia de dolor y muerte pero, como dice san Pablo, en la debilidad humana se manifiesta la fortaleza de Dios (2Cor 12,9-10) y los hechos revelan cómo el Señor se hace discretamente presente en medio de nosotros, a través de todo el bien que crece en medio de esta pandemia.

Las fuentes carismáticas franciscanas y amigonianas abundan en hechos que prueban que la debilidad es terreno fecundo de novedad y de vida. Francisco de Asís, antes de que su vida diera un giro significativo, experimentó un profundo fracaso humano en la derrota militar y en la enfermedad; y el Padre Luis Amigó maduró humana y espiritualmente a través de experiencias duras de desamparo por el fallecimiento de sus padres, de la violencia social en la agitación política que caracterizaba el momento histórico en que vivió, y en tiempo de epidemias.

La Palabra de Dios y la historia, maestra de vida, enseñan que la fragilidad y la debilidad, asumidas con fe y confianza en el Señor, pueden abrir paso a una nueva creación; el dolor y la muerte destruyen pero el corazón del hombre, siempre sediento de vida, busca siempre lo que puede regenerarla y la fe que nos abre a la relación con Dios y nos injerta en su vida nueva y eterna, es la luz y la esperanza que alumbran las tinieblas que nos rodean y mueven la caridad, que siempre renuevan el bien y la vida.

La misma pandemia está transformando nuestros estilos de vida rompiendo esquemas y hábitos culturales que, quizá, no siempre son malos, pero a lo mejor necesitan ser reorientados y, a la vez, nos lleva a redescubrir el gusto de las cosas sencillas, el valor y la importancia de las relaciones y la vida en familia, la belleza del encuentro del cual estamos momentáneamente privados, la utilidad de los medios de comunicación que nos permiten seguir trabajando y muchas otras cosas más. Todo esto puede ser el inicio de una novedad de vida más humana, de relación e incluso más ecológica y podemos valorar positivamente todo esto.

Para el creyente, la pandemia, experiencia de temor, desorientación, dolor, muerte, cansancio, búsqueda inquieta de soluciones que ayuden a superar este momento e incluso de indisciplina en la aplicación de las medidas que proponen e imponen los gobiernos civiles, es una invitación a tomar en las manos la lámpara de su fe, alimentarla con el óleo de la oración que lo pone en comunión con Dios e intercede por el mundo, mantener firme la esperanza en el Señor que todo lo puede, entregarse a los demás con gestos de caridad y ser testigo de obediencia y colaboración con las autoridades civiles y eclesiales (Rm 13,1; Tit 3,1), siguiendo sus directivas y motivando a otros a hacerlo. Y esto es lo que hizo el Padre Luis Amigó, en circunstancias parecidas (cf. OCLA 2192).

Fortaleza que brota de la debilidad y luz que rompe la tiniebla: en el encuentro de dos realidades aparentemente contrapuestas se regenera la vida y la experiencia de la pandemia, aún en medio del dolor que nos afecta, puede transformarse en una profunda renovación de la vida personal y social, en el momento histórico que vivimos. Que el hombre no pierda esta oportunidad y confíe a su Creador la re-creación que la humanidad necesita hoy.

 

Hna. Cecilia Pasquini TC    

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La vida religiosa y las redes sociales

Estamos viviendo un momento crucial en la humanidad debido a la pandemia y la infodemia (saturación de información que se dispersa y difunde a cada instante), sin embargo, posiblemente en años posteriores tendremos certeza de la pregunta antes descrita y sabremos si la vida consagrada no se merma por la tecnología y las redes sociales.

En la actualidad, se tiene contemplado que las formas de religiosidad han cambiado totalmente debido a la tecnología. Autores que no ignoran la autonomización de la práctica religiosa, ni los cambios del mundo de vida y del imaginario religioso contemporáneo, afirman incluso que el ideario religioso se ve modificado también por las redes sociales, y por nuevas interacciones a través de lo digital. Sin embargo, la pregunta sería ¿serán las redes sociales y el internet el mejor medio para crecer espiritualmente? ¿Es necesario tener presencia en estos nuevos escenarios?

Al hablar de las redes sociales, entendemos el cambio radical que se ha efectuado en la vida y en el modo de hacer, de pensar y de actuar de las personas. Basta mirar alrededor para notar que en poquísimos decenios ha cambiado la sociedad tan rápidamente que no nos hemos dado cuenta de ello. Hoy es normal que, como en todas las casas, también en las parroquias y en las comunidades religiosas haya un ordenador conectado a internet, para mandar y recibir informaciones mediante e-mail o para mantener contactos en Facebook, Twitter, todos ellos instrumentos que han modificado notablemente la vida cotidiana y las relaciones.

No solamente las relaciones sociales, sino también el diálogo sobre y entre los diferentes credos que corren en Internet. Precisamente la aparición de la web ha llevado a la Iglesia a replantearse la misión que Cristo le ha confiado de anunciar el Evangelio hasta los confines del mundo. En efecto, la web está ampliando constantemente las formas en que la Iglesia y la vida consagrada proponen el mensaje evangélico, con ideas comunicativas cada vez más estimulantes: blog religiosos, portales de noticias, espacios de reflexión personal o de discusión sobre temas espirituales, por no hablar de las numerosas presencias de religiosos y religiosas en redes sociales

Un estudio de 2019 muestra que, entre los adultos, las cuatro redes sociales más usadas son Facebook, Pinterest, WhatsApp y Twitter y para los adolescentes, TikTok e Instagram. La tendencia general es que cada vez más, las puertas de acceso a redes sociales son los dispositivos móviles. Es significativo que, de hecho, dos redes sociales que funcionan como aplicaciones sólo por dispositivo móvil se encuentren entre las más usadas a nivel planetario: WhatsApp tiene más de 1900 millones de usuarios (dato hasta el segundo  semestre de 2018) e Instagram 800 millones (datos hasta enero de 2018); la gran revelación ha sido TIK TOK con más de 700 millones de usuarios.

Todos estos datos ofrecen coordenadas para perfilar una adecuada acción apostólica: facilitan un sano realismo, permite redimensionar necesidades más o menos generales según las tendencias y ofrecen una oportunidad para examinarse a sí mismo en torno a estos datos. Por ello las redes sociales, se nos ofrecen como OPORTUNIDAD para servir a la cultura del AMOR y en medio de tanta banalidad, ofrecer un oasis de fe y espiritualidad; la red nos puede proponer muchas experiencias,  aunque hay que saber identificarlas porque muchas veces pueden estar vacías. Por eso unas recomendaciones  para ordenarse en internet pueden ser:

  • Utilizar internet como herramienta de información.
  • Atención a la mediación digital en la relación.
  • Criterio de necesidad y uso de la red.
  • Mejor cuanto menos, para encontrar el equilibrio.
  • Ser auténticas.
  • Crear espacios off-line (desconexión).
  • Llevar un control.
  • Planificar
  • Usar el Protocolo Congregacional de uso de las redes sociales

Tenemos que evangelizar en internet por mandato de Jesucristo, por la naturaleza misionera de la Iglesia, porque el mundo lo espera de nosotros (sin saberlo) y porque es un lugar habitado, es un atrio de los gentiles y es siempre una oportunidad. Hemos sido creados y estamos en la red para ser LUZ.

No basta pasar por las calles digitales, es decir simplemente estar conectado: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro (Mensaje 50 Jornada de las comunicaciones sociales, Papa Francisco).

Nuestra presencia en las redes tiene que ser en SALIDA HACIA LAS PERIFERIAS. Tenemos que ser testigo, crear Comunidades, ser hijas de la Iglesia, ser mujeres orantes.

Algunas claves para pensar en internet con la Iglesia. Tenemos que preguntarnos:

  • ¿Utilizo la red como medio, como un lugar habitado por corazones humanos?
  • ¿Fomento una cultura del encuentro con los otros o por el contrario me refugio en sectores cerrados?
  • ¿Acepto mi responsabilidad mostrándome como cristiana en la red?
  • ¿Forma internet parte de mi vida de fe (oración, sacramentos, vida espiritual…)?

La vida consagrada tiene que aportar a la red:

  • Fraternidad
  • Testimonio evangélico vivido y creíble.
  • Misericordia y encuentro personal.
  • Esperanza a nuestra sociedad.

La red nos da la posibilidad de un apostolado “gratuito” y eficaz, nos puede ayudar a vivir el Carisma, nos potencia la creatividad, nos inserta en una nueva cultura en la que inculcar el Evangelio, nos propicia en el encuentro personal con usuarios de toda condición, podemos dar visibilidad a la Congregación.

Un gran reto es la SIGNIFICATIVIDAD, no sólo estar, hay que penetrar en las conciencias, hay que propiciar un verdadero encuentro, tenemos que actualizarnos tanto personal como comunitariamente, debe ser un ejercicio planificado, que tenga un objetivo claro, tenemos que saber comunicar lo cotidiano de manera atrayente. Es clave que nos mostremos siempre de forma explícita o implícitamente, vale la pena  estar en las redes para ser testimonio de misericordia, acogida y evangelización constante, ya que la marca personal de una consagrada no termina en ella, sino en Dios. “Para que vean vuestras buenas obras” (Mt 5,16).

Unos  consejos y herramientas para ser más productivos en las redes sociales:

  1. Programar
  2. Organizar el tiempo en tareas.
  3. Poner un tiempo límite.
  4. Utilizar un calendario.
  5. Crear plantillas para contenidos.
  6. Gestionar la información
  7. Tomar el pulso a la audiencia.
  8. Trabajar en equipo.
  9. Medir, potenciar y mejorar.
  10. El bloqueo solo está en nuestra imaginación.