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Más allá de la religiosidad popular: María, Reina de Polonia

Cuando pienso en mi experiencia de Dios, los primeros recuerdos que guardo son de la tradicional Eucaristía dominical junto a mis padres y hermanos. Una vez terminada la Misa, mi padre nos llevaba de la mano delante de la imagen de la Madre de Dios (así le llamamos a María en Polonia, más que “la Virgen”), Madonna Negra, Madre de Dios de Częstochowa, Reina de Polonia, con su rostro serio y dos heridas en la mejilla. Recuerdo que de niña no sabía para qué nos arrodillábamos ante esta imagen sombría y majestuosa, pero parece que a María esto no le molestaba: ella sí que sabe siempre por qué nos mira y señala a su Hijo. Soy la Hna. Alicja Grzywocz, Terciaria Capuchina, polaca, y tengo el gusto de compartir contigo algunas pinceladas de la vivencia de María como Reina de Polonia.

Aunque de Roma a Gniezno -la primera capital de Polonia- hay poco más de 1500 km, la fe cristiana ha tardado casi mil años en llegar a estas tierras eslavas. Nuestro príncipe Mieszko I fue bautizado en el año 966 y la primera iglesia que mandó construir tenía como advocación la Asunción de la Virgen María. Hasta hoy la catedral de Gniezno -que bajo sus muros esconde las ruinas de aquella primera iglesia-  es llamada “madre de las iglesias de Polonia”. Una madre muy fecunda de la que sus hijos habían heredado una veneración muy especial por la Madre de Dios. 

El primer himno de nuestro país fue una oración cantada a la Virgen María. Con ella y el nombre de María en la boca, el ejército polaco iniciaba sus batallas que -entre otros motivos, debido a su ubicación geográfica en el centro de Europa- han sido muy numerosas a lo largo de nuestra historia. Fue en el siglo XVII -también en el contexto de la guerra- cuando el rey de Polonia coronó a la Madre de Dios, llamándola Reina de Polonia. Lo curioso es que casi 50 años antes, la mismísima Virgen pidió ser llamada así. La historia dice, que un jesuita italiano oraba en Nápoles y vio a María vestida como Reina y con el Niño Jesús en sus brazos. El jesuita quiso saludar a la Virgen con un título con el que todavía no había sido venerada por nadie. La Virgen tomó la iniciativa y le dijo: “¿Por qué no me llamas Reina de Polonia? Me encanta este reino y voy a hacer grandes cosas por él, porque un amor peculiar por mí arde dentro de sus hijos”. Los jesuitas -después de examinar cuidadosamente esta aparición y tenerla confirmada por la Iglesia como verídica- hicieron llegar la noticia a nuestro rey que incluso llegó a recibir al citado jesuita, quien caminando llegó a Polonia, el Reino de la Virgen María. En la torre de la iglesia de la Asunción, en la plaza mayor de Cracovia (por entonces, capital de Polonia), se puso una corona en señal de acoger esta petición de la Virgen.

El momento de la coronación más sonado no llegó hasta después de la invasión de Polonia por Suecia y Rusia (conocida como la “inundación sueca”). Un momento clave de esta guerra fue la defensa milagrosa del monasterio de Jasna Góra (La Montaña Clara) en Częstochowa, donde se veneraba el icono de la Madonna Negra. Las crónicas cuentan que un grupo muy limitado de soldados, después de haber pasado la noche en oración ante el icono de la Madre de Dios, defendió a Jasna Góra ya que Ella luchaba con ellos en contra de un ejército mucho mayor. Otras ciudades al oír la noticia, volvieron también a la batalla con ánimo renovado, sabiendo que la Virgen estaba de su parte. La victoria en Jasna Góra y finalmente en todo Polonia, llevó al rey Juan Casimir a coronar a la Virgen como Reina de Polonia y pronunciar sus votos en nombre de todo su reino. La celebración se llevó a cabo en Lviv (hoy Ucrania, pero en aquel momento Polonia) en 1656.

No ha sido ésta la única ocasión en que se ha coronado a María como Reina de Polonia: se ha repetido este hecho más de 50 veces, renovando en diferentes momentos históricos el compromiso que conlleva. Pocos años después de haber recobrado Polonia la independencia (1918) y finalizada la II guerra mundial, tienen lugar dos jubileos muy significativos: en el año 1956 se cumplieron los 300 años desde los votos de Juan Casimir y la coronación de la Virgen como Reina de Polonia y en 1966, los mil años del bautismo de Polonia. El Cardenal Stefan Wyszynski (muy amigo de Juan Pablo II y cuya beatificación será el próximo ms de junio) proclamó  novenas de preparación a dichos jubileos. En 1956 toda la nación renovó los votos ante la imagen de la Madre de Dios de Czestochowa y comenzó la preparación al jubileo del milenio del bautismo, donde una de las iniciativas fue la peregrinación de una copia de la imagen de la Virgen Negra de Czestochowa por las parroquias de Polonia. 

Sobre aquella peregrinación he oído hablar a muchas personas y aunque yo por mi edad no la viví, puedo sentir la importancia de este acontecimiento en Polonia. El contexto era muy poco favorable, ya que el gobierno comunista hacía todo lo posible para ahogar la fe en Polonia. Durante 9 años observaron la peregrinación del icono de la Virgen que cada 24 horas cambiaba de parroquia. La gente adornaba sus casas y calles para la llegada de la Madonna Negra, las multitudes oraban día y noche ante la imagen… Los comunistas veían que todos sus esfuerzos por debilitar la fe eran en vano, ya que la peregrinación de la Madre de Dios de Częstochowa hacía despertar en todos una fuerza muy especial. Finalmente, decidieron arrestar a la Virgen… En 1966, pocos días antes de la celebración del milenio del bautismo de Polonia, bajo el pretexto de un control del vehículo en el que se transportaba el icono, se hicieron con él y llevaron a la imagen a la catedral de Varsovia, impidiendo su paso por las parroquias que todavía iban a recibir a su Reina. Después del jubileo pusieron la imagen en la ventana de la sacristía, asegurada con rejas, y prohibieron que siguiera peregrinando y aunque se volvió a intentar que pudiera seguir realizándose esta peregrinación, una vez más los comunistas se hicieron con la imagen y la llevaron a Częstochowa, donde permaneció 8 años detrás de las rejas, con vigilancia militar. Sorprendentemente, en estos 8 años la peregrinación toma una fuerza todavía mayor: lo que es llevado de una parroquia a otra es… un marco vacío. La gente sigue adornando las casas y calles de sus pueblos, las iglesias se llenan de gente y todos oran ante el marco vacío de la imagen de su Reina “encarcelada” y vigilada. El mensaje es muy claro: la fe nos hace libres, no hay manera de aprisionarla y el pueblo polaco reunido ante el marco vacío del icono de la Madonna Negra, señala a quién quiere servir, a quién pertenece su corazón. 

El monasterio de Czestochowa sigue siendo aún uno de los lugares más importantes de Polonia. Cada año, unas 250.000 personas salen de sus pueblos y ciudades y van caminando hasta la Madonna Negra. La peregrinación más antigua cumplirá pronto 400 años de tradición. Para algunos, son más de 600 km a pie. Para los que viven “de camino” a Czestochowa es una peregrinación de hospitalidad: durante los meses de julio y agosto mantienen las puertas de sus casas abiertas para hospedar de forma gratuita a los peregrinos que van a presentar sus intenciones y pedir la bendición a la Reina. Otros sacan delante de sus casas mesitas con agua, dulces, pan… para reconfortar a los peregrinos. 

¿Por qué la Virgen de Częstochowa y no otra imagen de tantas otras representaciones milagrosas de María que hay en Polonia? Quizás, el pueblo tantas veces herido por las guerras y otros males, ve en el rostro triste y cortado por las cicatrices de la Madonna Negra, una Reina muy capaz de entender y compartir el sufrimiento… Quizás, al mirar este icono recuerda la batalla victoriosa a pesar de la magnitud del enemigo y recobra la esperanza en sus batallas cotidianas. O quizás, la Madre de Dios con el Niño Jesús en sus brazos, inspira una oración de lo más sencilla y confiada: “Madonna, Madonna Negra, qué bueno es ser tu hijo; permíteme Madonna Negra, esconderme en tus brazos”, como dice uno de los cantos. 

Todos los días a las 21,00 horas delante del icono de la Reina de Polonia en Częstochowa, pero también en miles de familias que desde sus casas se unen espiritualmente con Jasna Góra, se reza “Apel Jasnogórski” – “Apelación de la Montaña Clara”. Es una oración para “rendir cuentas” a la Reina del día vivido y pedirle su bendición para la noche y el día siguiente. Suele terminar con una oración cantada: “María, Reina de Polonia, estoy junto a ti, recuerdo, vigilo”. La última vez que pude vivirlo en Czestochowa, después de haber recorrido a pie los 100 km que dista Jasna Góra de mi parroquia natalicia, entendí que quizás más que decir nosotros, como pueblo polaco eso de “estoy junto a ti, recuerdo, vigilo”, es nuestra Reina la que nos lo dice a nosotros. Su presencia en Polonia se respira a cada paso; en ningún momento se ha olvidado de este pueblo que ella misma eligió para ser su Reina y como cada Madre, de día y de noche, está en vilo, pendiente de sus hijos e hijas. 

Donde sea que estés, seguramente tarde o temprano te encontrarás con la imagen de la Madonna Negra, Reina de Polonia, ya que su pueblo la ha llevado siempre consigo… Rézale también como nosotros: “Madonna, Madonna Negra, qué bueno es ser tu hijo, permíteme Madonna Negra, esconderme en tus brazos”. Y ojalá escuches en tu corazón su respuesta:  “estoy junto a ti, recuerdo, vigilo”.

 HNA. ALICJA GRZYWOCZ, TC

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En familia… alegres en el Señor

A dos meses de iniciado el Año “Familia Alegría del Amor”, aceptado con ilusión en muchos rincones del mundo, volvemos nuestra mirada a nuestras experiencias de vida familiar. Descubrimos que hemos vivido momentos muy alegres que nos han hecho disfrutar el trabajo, los descansos, los encuentros…,  hasta hemos aprendido a ser alegres en medio de las dificultades. Unos a otros nos pasamos  esa alegría, esa apertura del corazón que es fuente de felicidad porque “hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos 20,35) y es precisamente lo que el Año de la Familia pretende, que crezcamos en la alegría de amar y seamos misioneros de la alegría. Que al finalizar este Año dedicado a la familia, comprobemos  que hemos crecido en la alegría que da el verdadero amor.

Reconocemos  también que en algunos momentos, la tristeza nos ha invadido y hasta hemos contagiado el ambiente de negativismo, de falta de entereza y hasta casi hemos hecho rupturas familiares. El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectiva, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada (EG 226).

Entremos  hoy a pie descalzo a nuestra realidad, porque es tierra sagrada (Ex 3,5), siempre con la mirada puesta en Dios que es alegre. Este Dios alegre habita en nosotros.

Dios alegra nuestro corazón: “Tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino  nuevo” (Salmo 4,7). La alegría nace en el corazón de Dios. Él no es triste ni melancólico. Por tanto, los que amamos a Dios tenemos el mismo sentir y nos regocijamos con Él, “pero alégrense todos los que en Ti confían; “den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes,” “en Ti se regocijen los que aman tu nombre” (Salmo 5,11).

Y Dios se alegra en su Creación.  La creación de Dios refleja la alegría del Creador: “Destilan sobre los pastizales del desierto, y los collados se ciñen de alegría” (Salmo 65:12). La Palabra de Dios nos invita a unirnos a ella y alegrarnos con ella, a cantar alegres levantando la voz y aplaudiendo: “Cantad alegres al Señor, toda la tierra” (Salmo 95:1).

Como parte de esa creación, también nos alegramos: “En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán” (Salmo 34:2); cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Salmo 95:1).  Con Jesús siempre nace y renace la alegría,  somos liberados del pecado, la tristeza, el vacío interior y del aislamiento (cf. EG 1). San Pablo VI nos decía: “Nadie queda  excluido  de la alegría reportada por el Señor” (Exhort. apost. Gaudete in Domino 22).

El gran riesgo de nuestro tiempo, con su abrumadora oferta de consumo, es la tristeza individualista que brota de un corazón cómodo, donde no hay espacio para los demás, no se escucha a Dios, no se disfruta “la dulce alegría de su amor” (cf. EG 2).

“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra” (Salmo 100:1). Se trata  de un asunto personal y familiar.

En nuestra casa común que es la naturaleza, herida y maltratada, vive  la familia humana o familia de la humanidad, un nivel más amplio de familia que también experimenta por dentro heridas que la desgarran y desunen.  Por eso, «el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral» (LS 13).

Las mejores prácticas ecológicas requieren la cooperación de todos y cada uno de los miembros de la familia. El consumismo desmedido que nos afecta hoy, es causa importante de una contaminación de primer orden de la cual todos nos quejamos, sin meditar que cada uno de nosotros, se contamina individualmente, sin medir las consecuencias familiares, grupales y sociales que como entes o individuos  aportamos.

Cada año la ONU nos invita en el Día internacional de la familia, el 15 de mayo, a profundizar uno de los objetivos del desarrollo sostenible. Este año 2021 el tema es el objetivo nº. 13: “Acción por el clima, pone de foco a las familias y las políticas familiares para adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”.

Nos invita la ONU a prestar atención, entre otras, a las siguientes metas:

  • Mejorar la educación, sensibilización y la capacidad humana e institucional para mitigar los efectos de este cambio climático.
  • Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en los distintos países.Algunas tareas podrían ser: Consumir lo necesario, disfrutar el aire libre y nuestros espacios libres, nuestras plantas ornamentales, muchas o pocas. Mantener limpios y acogedores nuestros espacios en casa. Merecemos lugares limpios y donde nos encante estar. Utilizar lo necesario, a lo mejor poseemos cosas que otro sí las necesite.

En fin, lo que tenemos mantengámoslo de tal manera que nos sea útil y nos deleite; a la vez, haga sentir bien a otros. ¿Te apuntas? YO ME APUNTO, TE INVITO.

Nos queda de tarea  concretar  acciones para emprender como familia este reto, contagiando a nuestros vecinos a hacer lo mismo, así construiremos familias alegres en el amor cotidiano, disfrutando el espacio donde vivimos. Los vecinos también se sentirán bien; el Papa Francisco nos invita a ser buenos vecinos “el espíritu del vecindario, donde cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino (…) se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un “nosotros” barrial (FT nº. 152).

Para concluir, este mismo mes de mayo celebramos Pentecostés. Necesitamos el calor, el fuego del Espíritu para la transformación de las familias. Él trabaja en nosotros para llevar adelante nuestras tareas. Así lo han experimentado muchos orantes. En ellos late una vida diferente, su mirada ve más allá y esto también en nosotros se puede dar.

La primera tarea de los cristianos es mantener vivo el fuego que Jesús ha traído a la tierra, el AMOR. Sin el fuego del Espíritu, la tristeza suplanta  a la ALEGRÍA, la costumbre sustituye al amor. El servicio se transforma en esclavitud. El Espíritu Santo nos hace experimentar la ALEGRÍA conmovedora de ser amados por Dios (Catequesis Papa Francisco, 17-3-2021). Y quien se siente amado, ama y ama con alegría.

HNA. BERTA MARÍA PORRAS FALLAS, TC

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Biodiversidad

Origen del concepto de “biodiversidad” y su conmemoración el 22 de mayo

El cuidado de la creación, no obedece solamente a razones prácticas como compromiso con las generaciones futuras; las razones más profundas son de orden teológico. La creación es la obra del Espíritu Santo y no se puede destruir una obra, sin ofender a su autor (Raniero Cantalamessa. Ven Espíritu Creador)

El tema que hoy nos ocupa es la “Biodiversidad”, expresión que se origina en entornos científicos, pero rápidamente despierta el interés en campos filosóficos, sociales, políticos, económicos y religiosos, quienes se interesan por la conservación de la diversidad biológica, por el temor que causa la pérdida irreversible de los ambientes naturales, poniendo en peligro la base de la existencia humana.

La ONU busca soluciones y en la Conferencia Científica de Naciones Unidas de Nueva York (1949), trata el tema “Conservación y Utilización de los Recursos”, pero su interés se centra en la adecuación de los recursos naturales a las necesidades del desarrollo económico y social, sin ocuparse de su conservación. 

La primera cumbre por la tierra, se dio en la “Conferencia de Estocolmo sobre el medio humano” (1972). En ella se plantea la necesidad de preservar la tierra, la flora, la fauna y los ecosistemas naturales, evitando su agotamiento, con miras al beneficio de las generaciones presentes y futuras. En su declaración, enuncia los principios para la conservación del medio humano, formula recomendaciones para la acción medioambiental internacional y advierte a los gobiernos que deben tomar las medidas necesarias para el control de actividades que puedan provocar daños atmosféricos y sus repercusiones sobre el clima. Para el cumplimiento de su declaración, crea el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente PNUMA, mayor autoridad ambiental a nivel mundial.

El concepto de biodiversidad es el resultado de varios estudios realizados por Thomas Lovejoy (1980), Presidente del Centro de Biodiversidad del Amazonas, profesor universitario y miembro principal de la Fundación de Naciones Unidas, y Norse y McManus (1996), en los que emplean la expresión “diversidad biológica”, al referirse a la variedad de especies, incluyendo la diversidad genética y ecosistémica. Siendo Walter G. Rosen (1985), quien, por primera vez emplea la expresión “biodiversidad” en el Foro Nacional sobre Diversidad Biológica, celebrado en Washington, para hablar de la variedad de la vida en la tierra, a todos  los niveles, desde la genética hasta los diferentes biomas. Expresión que se hace popular en las memorias del evento, publicadas por Edward O. Wilson, profesor de la Universidad de Harvard.

Sobre estos estudios, se apoya la Convención de la Diversidad Biológica, Río (1992).  Estudia los problemas de producción de materiales tóxicos y contaminantes, el agua potable y la producción de energías limpias. Sintetiza el concepto de “Diversidad Biológica” como la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte. Uno de los mayores logros de la convención es el Convenio sobre la Diversidad Biológica, que consigue que el tema de la biodiversidad haga parte de las agendas políticas de los países firmantes, no solo en lo referente al desarrollo, sino en el cuidado ambiental, teniendo en cuenta que el futuro de la biodiversidad depende tanto de los procesos biológicos, como de los procesos socioculturales. Este Convenio es un tratado internacional jurídicamente vinculante, cuyo texto fue aprobado el 22 de mayo de 1992.

Por otra parte, la Cumbre del Milenio, se reúne en septiembre del año 2000, en la sede de la ONU en Nueva York, para aprobar la Declaración del milenio y sus ocho objetivos para trabajar hasta el año 2015 como valores de la ONU: la paz, la seguridad y el desarme; la erradicación de la pobreza; la protección del entorno común; los derechos humanos; la democracia y el buen gobierno; la protección de las personas vulnerables; la atención a las necesidades de África y el fortalecimiento de la ONU.

En esta cumbre, la Organización de las Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2000, para conmemorar el día en que se aprobó el Convenio sobre la Diversidad Biológica, declara el día 22 de mayo, Día Mundial de la Biodiversidad, con el propósito de difundir el significado y el valor de la diversidad biológica (especies y ecosistemas) en la vida humana. Fecha señalada como oportunidad para sensibilizar a los gobiernos, los medios de comunicación y el público en general, sobre problemas de interés común, que están aún sin resolver y que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas.

Muchos son los logros alcanzados por el Convenio de la Diversidad Biológica, en las diferentes cumbres: en Nagoya (2015), el Plan Estratégico para el Decenio 2011-2020, en Cancún (2016) el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y en Kunming (2021) , la Cumbre de la adaptación climática y sus esfuerzos  para acabar con el COVID 19.

Aún quedan deudas pendientes con el planeta, ya que si se daña el ecosistema, este no puede ofrecer el bienestar esperado y aparecen epidemias zoonóticas, relacionadas con enfermedades del ecosistema. La biodiversidad está en peligro y es compromiso de todos protegerla, haciendo uso consciente de sus recursos, generando medidas de protección, pues de ella se reciben a diario innumerables beneficios, con frecuencia, desapercibidos. Por ejemplo:

Las abejas y los colibrís polinizan el planeta: siembra plantas que produzcan flores para que se alimenten. Los bosques regulan la temperatura y las plantas generan oxígeno: siembra árboles, te generarán oxígeno y tu entorno será más fresco. Los arrecifes albergan la cuarta parte de las especies marinas, protegen las costas de las olas, de las tormentas y los tsunamis: cuida las costas y las playas, evita productos desechables, nada de icopor o plástico. Los manglares capturan el dióxido de carbono: protégelos si tienes el privilegio de vivir cerca de ellos.  Muchas gracias.

 

HNA. LIGIA INÉS PÉREZ ARANGO, TC

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Experiencia de vida y servicio en la Pastoral Juvenil Vocacional

Con la alegría que caracteriza este tiempo pascual, celebraremos el próximo 25 de abril la LVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Esta iniciativa de la Iglesia se prolonga en nuestras fraternidades durante todo el año pero este día, la comunión eclesial nos hermana, recordando por medio de esta invitación y mensaje del Papa Francisco que todas tenemos la responsabilidad de anunciar, cuidar, llamar y colaborar en la tarea de la Pastoral Juvenil Vocacional.

Mi nombre es Sandra Milena Velásquez Bedoya; con especial cariño me permito compartir mi experiencia como acompañante y promotora vocacional durante 8 años. Conmemoro  este día con la certeza de que todo cristiano es ya una carta de Dios para el mundo; lo vivo consciente de que todas las facultades y habilidades han de ser prestadas a Cristo de tal manera que se pueda exclamar “¡Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí!” (cf. Gal 2, 20 ), razón por la que estoy profundamente agradecida con todo lo que este servicio le ha aportado a mi opción como Religiosa Terciaria Capuchina.

La Pastoral Juvenil Vocacional, ha sido  una escuela de vida, me ha regalado la posibilidad de crecer en humanidad y de profundizar en la razón de mi llamada. Si alguien me preguntara, ¿qué me motivó a prestar este servicio?, no sólo diría “que la obediencia me ha enviado por medio de mis superiores mayores a ejercerlo”, sino que añadiría además “que me impulsa el deseo profundo de que muchos jóvenes puedan ser tan felices como yo lo he sido”.

Cuando en fraternidad pedimos al Señor que envíe muchas y buenas vocaciones a la Congregación, siempre me quedo pensando interiormente ¡ya no importa la cantidad!,  estoy segura de que cada persona que llega a nosotras, ya sea para quedarse o simplemente para descubrir su lugar en el mundo de cara Dios, es ya la tarea y el don compartido.

Si me preguntaran ¿qué les agradecería a las jóvenes que he acompañado?, sin lugar a duda diría que “su confianza es el mayor regalo que me han hecho en este servicio y a su vez la mayor responsabilidad que he tenido que custodiar con lealtad y respeto”; valoro la historia que con profunda fe y generosidad ponen entre mis manos y esto es lo que más he amado de este servicio; lo bueno que viene con cada persona, la novedad y distinción que ella trae con su experiencia de fe tan genuina y singular.

En estas primeras etapas de formación, disfruto profundamente escuchando a los jóvenes hablar de su experiencia de Dios, de su amor de juventud, de ese amor primero al que muchas de nosotras estamos invitadas a retornar. En las jóvenes, al inicio de su camino de discernimiento, hay tanta autenticidad a ese nivel que a menudo lamento que el tiempo vaya volviendo la experiencia tan uniforme y común.

Este es un servicio que no sólo se hace con dinamismo, creatividad o destreza en tecnologías; ni siquiera, estando a la vanguardia de los jóvenes de hoy. Sí que se requiere un poco de todo eso, pero más aún se requiere acierto, comprensión y amor incondicional en el arte de acoger a cada joven sin prejuicios ni etiquetas que bloqueen la posibilidad de un vínculo saludable, afectivo y efectivo que le permita avanzar en su camino de discernimiento con libertad y conciencia.

Un día, evocando mi propio camino de discernimiento vocacional, recordé un consejo de mi papá; antes debo decir que por algún tiempo él se opuso a mí opción vocacional -por ser hija única-, pero cuando conoció nuestro estilo de vida la valoró mucho. Pues bien, en aquella ocasión mi papá me dijo: “Sandra, yo creo que tú deberías hacer videos vocacionales en donde las niñas vean realmente cómo es la vida de ustedes y se los muestren a sus papás, para que no sean como yo que te hice sufrir tanto cuando me dijiste que querías ser religiosa, porque yo tenía una idea muy distinta de ese estilo de vida”.

Ese día comprendí que  la vida religiosa ha estado muy oculta y que necesitaba abrir sus puertas; por tanto, junto a las hermanas del equipo de PJV de mi Provincia, ideamos un programa semanal llamado: “Las Terciarias Capuchinas te abrimos las puertas de nuestras fraternidades”.  Un espacio sencillo, que ha convocado cada tarde del sábado a muchas de nuestras fraternidades, jóvenes y otros destinatarios de nuestra misión evangelizadora, que además  aprovechando estos medios, han expresado su cercanía y cariño a la Congregación.

Como Hermanas Terciarias Capuchinas hemos podido responder a las inquietudes de los jóvenes, darnos a conocer con sencillez y “sin filtros”, recuperar las historias de nuestras obras y nuestras propias historias vocacionales; sobre todo, dedicar tiempo para ellos, como bien nos anima a hacerlo el Papa Francisco en su Exhortación apostólica post-sinodal Christus Vivit (cf. nº 199). Por tanto, siempre que abrimos la puerta de una nueva fraternidad, revivimos el gozo de sabernos hermanas de todos, de puertas abiertas, dispuestas a acoger a quienes llegan de paso o para quedarse; porque sabemos que cada joven que llega a nosotras se queda con algo de nuestro Carisma y lo expande.  Así, nuestro corazón amigoniano se llena de nombres, presencias y recuerdos.

Finalmente, quiero agradecer este espacio tan nuestro, para compartir mi experiencia personal y  agradecer también el cariño con el que me han apoyado en la misión confiada. El Señor sigue llamando, sigue cautivando más corazones jóvenes y con ellas llega una extraordinaria novedad como promesa para nuestra Congregación; por eso, entreguemos con esperanza y confianza la señal de relevo, para que ellas continúen la carrera por los caminos ya andados por nosotras. Con seguridad, en esos caminos,  hay imborrables huellas de tantas hermanas que han pasado haciendo el bien; personalmente diré, que encontrar en el camino las huellas recorridas, da mucha confianza y también exige mucha responsabilidad.

Sintámonos  bendecidas con todas las jóvenes que llegan a nuestra Congregación, atraídas por el Señor, por su proyecto y por nuestro modo particular de vivirlo en la Iglesia.

HNA. SANDRA MILENA VELÁSQUEZ BEDOYA, TC5

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“Llamada a ser presencia misericordiosa en la experiencia de acompañamiento y atención a los enfermos de coronavirus”

“Si te despiertas por la mañana y ves que todavía estás con vida es que tienes una misión divina que cumplir”.

Este pensamiento que el Señor puso ante mis ojos en un momento difícil y duro de mi vida me acompaña desde entonces cada mañana como una llamada a renovar mi “sí” y entregarme con confianza para realizar esa misión que me confía sabiendo que ahí donde vaya, Él me precede. Tal vez por eso, ante la realidad de la pandemia que con tanta fuerza y dureza nos sorprendió a todos, en ningún momento sentí miedo, sino que al contrario, me sentí feliz y agradecida al Señor por el privilegio de poder estar en primera línea, aun intuyendo que no iba a ser fácil.

Durante mis más de 35 años al cuidado de los enfermos he vivido situaciones duras, difíciles, pero también, y muchas más, esperanzadoras y llenas de vida. Sin embargo, la experiencia de la pandemia nos ha obligado a todos no sólo a replantearnos quizás una manera nueva de entender la vida, sino también una manera nueva de trabajar, afrontar y compartir todo aquello por lo que luchamos cada día para mejorar la salud y la calidad de vida de nuestros enfermos.

Al principio, todo era desconcierto y mucha confusión. Por todas partes nos llegaban nuevas instrucciones, medidas, protocolos… Lo que nos era conocido y dominábamos, se transformó en unas horas y para todos en algo desconcertante, incontrolable, invisible y peor aún, con “sabor y color a muerte”, pero real, pues las camas se iban llenando de enfermos angustiados, asustados, con la impresión de ser arrancados de sus seres queridos y con un gran sentimiento de soledad. Este primer momento donde caen todas las seguridades fue para mí un experimentar la fuerza y la gracia del abandono y confianza en Dios; experimentar que toda nuestra energía se multiplica y se vuelve creativa dejando a Dios actuar a través nuestro. Así es como ocurre el milagro.

Nuestra unidad de cirugía donde los enfermos entran con un problema concreto de salud y salen curados, se convirtió rápidamente en una unidad “Covid” donde nada era programable, ni calculable, ni previsible, ni había respuestas claras para muchas de las preguntas que nos hacían los enfermos. Esta impotencia nos obligó a todos, incluso a los más alejados de Dios, a actitudes de humildad, diálogo, búsqueda común y reconocimiento de que, sin una intervención divina, no íbamos a poder afrontar esa situación.

Si siempre ha sido importante para mí el ocuparme del enfermo en su integralidad, esta ha sido una experiencia en la que con mucha más fuerza y claridad he percibido que ese “salvar vidas” que tanto hemos escuchado no sólo consiste en salvar el cuerpo, sino que también se puede “salvar la vida” acompañando con el cuidado, la misericordia y la ternura de Dios el camino hacia la muerte, como un paso y despertar a una nueva vida en plenitud.

Es a veces muy difícil decir al enfermo con palabras o simplemente con el silencio que la vida se le está escapando y que humanamente va a ser difícil detener ese proceso. Sin embargo, pude experimentar cómo la verdad puede ser fuente de paz y aceptación. Recuerdo un enfermo que me dijo: “Gracias porque es usted la primera que me escucha y sin miedo no me niega la verdad con falsas esperanzas porque yo sé que se me acaba la vida” u otra enferma que me decía: “Perdone que le hable tanto pero cuando una se siente en confianza es más fácil hablar y hablando se pierde un poco el miedo”.

Si el sufrimiento es una experiencia dura, cuánto más lo es cuando se vive en la soledad y lejos de aquellos que más que nunca necesitas tener a tu lado. No se me olvida la expresión de emoción y agradecimiento en la cara de una enferma cuando le entregué la bolsa con cosas que le había traído su hija y, aunque no la había visto, expresó con una inmensa alegría: “¡Mi hija ha estado aquí!”, y al coger la bolsa era como si tuviera a su hija en los brazos. También aquel enfermo que con tanta alegría y orgullo acogía los bollos que su hijo cada día, antes de ir a trabajar, dejaba en la recepción del hospital para el desayuno de su padre.

Acompañar esa soledad ha sido un gran reto en el que en todo momento me he sentido acompañada yo misma por la mano de Dios. En los primeros días, entrando en una habitación me dijo una enferma: “Con toda esa protección que llevan encima les veo a todos iguales y no sé quién es el que entra o el que me cuida”. En ese instante me di cuenta de lo importante que era estar presente junto al enfermo, para quien éramos el único contacto humano, pararse y a través de un silencio, una palabra, un gesto, una mirada, una manera de tocar, de escuchar, de acoger,  ir ofreciendo calidez y humanidad para crear una relación que pudiera llenar, aunque sea un poco, ese vacío y reclamo del corazón. “No hay ternura posible en ritmos acelerados porque la ternura necesita del silencio y de la escucha para gestarse”. El Señor me concedió poder “estar” junto al enfermo y en medio del trabajo, del movimiento y a veces también las prisas, tuve el regalo de escuchar frases como estas: “¿También la veré a usted mañana?”; “La reconozco porque veo sus ojos que siempre sonríen”; “Es usted un ángel para mí” o “He estado pensando en lo que hablamos ayer”…

Junto al cuidado  y acompañamiento al enfermo también tuvimos que afrontar una manera nueva de acompañar a las familias, particularmente en los momentos fuertes y duros de despedida o de duelo en los que éramos el único medio de contacto y en los que tampoco para nosotros era fácil controlar las emociones. Pero una vez más, sentí como privilegio el poder ser transmisora de tanto cariño y entereza a pesar del dolor. Me quedan en el corazón las palabras que me transmitía una hija para que le dijese a su madre que llevaba días entre la vida y la muerte: “Dígale a mi madre que se puede marchar, que desde el cielo seguirá cuidándonos a cada uno y a toda la familia”. Unas horas más tarde, el Señor la acogía en el cielo. Así va actuando el Señor, de manera silenciosa, escondida, misteriosa.

Otra situación dura en la que nunca pensé que sería posible llegar fue, dada la falta de camas disponibles en la UCI, el tener que elegir entre dos pacientes para poder beneficiar de cuidados más técnicos. Después de un largo diálogo para evaluar la situación, acordamos esperar un día más antes de decidir. Pedí con fuerza al Señor que si era posible nos librase de tal decisión. Y allí se produjo el milagro, pues al llegar al día siguiente me informaron que uno de los pacientes había presentado una gran mejoría y el otro se mantenía estable.

Con inmensa gratitud puedo decir que, día tras día, y especialmente en los momentos en que se mezclan el cansancio, las emociones, la incertidumbre, el dolor, ha sido un gran regalo el poder contar con la presencia, la escucha, la comprensión y el apoyo incondicional de mis hermanas de comunidad.

Cuántas veces en situaciones duras, de sufrimiento, de impotencia hemos oído esta pregunta: “¿Dónde está Dios en todo esto?”. Quizás incluso nos la hemos hecho también nosotras. Pero la respuesta no está en las palabras sino en la experiencia de la fe en un Dios que nos ama, sufre con nosotros y se manifiesta acompañándonos con su gran misericordia y ternura. Un Dios que también nos necesita y quiere contar con nosotras confiándonos cada día “una misión divina que cumplir”.

Por todo:  “¡Alabado seas mi Señor!”

M.R.A.R.

(La autora de este artículo es una hermana enfermera terciaria capuchina que desea mantener su anonimato)

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Experiencias alternativas de autosostenibilidad económica en Filipinas

La pandemia originada por el Covid 19 cumple ya un año de presencia en el mundo y parece que aún está lejos su fin, si bien han ido disminuyendo tanto su fuerza como la sorpresa que nos causaba. Ya antes de la pandemia nuestra Congregación, inserta en la realidad del mundo y caminando en los pasos de “avanzada” con la Iglesia, se había replanteado el tema de una economía evangélica, fraterna, sostenible y solidaria.

En la Viceprovincia general “Santa Clara”, la pandemia ha sido sin duda una gran oportunidad para “vivir la profecía de la economía solidaria desde la austeridad, minoridad y el uso adecuado de los bienes, el compartir con los pobres y las exigencias de la justicia social vivida evangélicamente” (cf. XXII Capítulo general, Opción 4).

En este año se ha ido haciendo un proceso de adaptación, aprendizaje y toma de conciencia en el que ha sobresalido la creatividad, la solidaridad y la fraternidad, elementos esenciales para lograr una economía evangélica y sostenible. La creatividad ha surgido ante la necesidad de tenernos que re-inventar la vida ante el cierre de la mayor fuente de ingresos que la Viceprovincia tenía y esto a su vez nos ha reportado:

  • Solidaridad con los pobres, empatía, sentir en la propia piel la incertidumbre de no tener trabajo y lo que esto supone.
  • Re-descubrimiento de nuestras capacidades y habilidades, ha abundado el ingenio, la cooperación y la resiliencia.
  • Nueva forma de percibir nuestra vida religiosa desde una manera diferente de un compartir mutuo con los pobres.
  • Fortalecimiento de nuestros vínculos fraternos, reconocimiento.
  • Constante cuestionamiento por apostar no solamente por la auto-sostenibilidad sino también por el tema ecológico, por el impacto positivo que pueda tener al menos en nuestro pequeño entorno.
  • Hemos descubierto la necesidad de re-pensar el cómo ayudar a sostener las pequeñas economías y a optar por lo “no-branded”.
  • Nuestro entorno apostólico se ha ampliado y de manera inimaginada, todo desde nuestra necesidad.

Entre los proyectos emprendidos citamos:

  1. Venta de comida tradicional y pastelería: “Pick n´eat”.
  2. Total Cleaning: fabricación casera de productos de aseo e higiene que incluye un bio-líquido de aprovechamiento de la corteza de la fruta y otros desperdicios naturales que reducen el impacto químico.
  3. Incremento de huertas domésticas en las diferentes comunidades para el propio consumo.
  4. Creación de una pequeña Granja, aprovechando un terreno de nuestra propiedad, con criadero de peces, pollos, cerdos.
  5. Fabricación de velas
  6. Clases y tutoriales de inglés online

Las fotografías y los videos que aportamos son una muestra gráfica de lo que hemos podido realizar.

HNA. ÁNGELA MARÍA MARTÍNEZ SIERRA, TC

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Mujer, regalo de Dios a la humanidad

El hoy san Juan Pablo II, considera central en sus escritos, el papel de la Palabra de Dios para fundamentar antropológicamente la dignidad de la persona mujer. Para tener una visión clara y coherente de lo que el Papa ha dicho en su tiempo acerca de la mujer, es necesario ir a sus  escritos: Mulieris Dignitatem, Redemptoris Mater, la Carta a las mujeres, entre otros.

Este  interés  por la mujer está vinculado a la predilección por María, la mujer perfecta, la mujer madre, la mujer virgen, la mujer de todos los tiempos. Para él, la mujer forma parte de la estructura viviente del cristianismo; afirma que la feminidad pertenece al patrimonio constitutivo de la humanidad y de la misma Iglesia.

Resalta que  el conjunto de dones  femeninos: comprensión,  compasión, intuición, capacidad de sufrimiento… son manifestación del Espíritu.  No se trata de una serie de dones extraordinarios encarnados en mujeres extraordinarias, sino de dones vividos por mujeres simples que los encarnan en la vivencia de lo cotidiano.

La mujer campesina, la mujer empresarial, la mujer política, la mujer madre, la mujer docente,  la mujer consagrada, la mujer…  ha  conquistado en  el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad sufre una transformación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio aportan su inestimable contribución.

La decadencia de valores, el permisivismo, el relativismo, la violencia generalizada,  han oscurecido el horizonte y, es precisamente la mujer, la llamada a encender luces  de esperanza, a ser lámpara en el corazón del hogar, llámese núcleo familiar, conventual, o social.

A lo largo de los siglos encontramos mujeres de fe, de esperanza, de amor profundo por su pueblo, Ruth, Rebeca, Esther, Martha, María, la Magdalena, privilegiada al recibir el primer abrazo de la Resurrección y la lista es larga, porque  está la mujer de hoy, la  que se atreve a levantar la voz contra la violencia, la mujer que lleva con amor el peso del hogar, la mujer que llora ante el cadáver de su hijo vilmente asesinado por una violencia que tiene como trasfondo el pecado del dinero fácil, del poder abusivo de unos seres que han dejado de ser humanos para convertirse en fieras, más  fieras que el lobo fiero que un día el manso y humilde Francisco de Asís domesticó con su oración y humildad.

“La mujer se encuentra en el corazón mismo del acontecimiento salvífico. La autorrevelación de Dios, en la inescrutable unidad de la Trinidad, está contenida,  en la anunciación de Nazaret. «Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo». «¿Cómo será esto puesto que no conozco varón?» «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios (…) ninguna cosa es imposible para Dios»” (cf. MD 3)

El reconocimiento más grande lo hizo Cristo en la Cruz. Mujer, ahí tienes a tu hijo (Jn 19,26). Qué grandeza, qué mensaje a la mujer,  a aquel ser capaz de donarse sin esperar nada a cambio. María, tú eres el prototipo de mujer madre, virgen, consagrada,  humilde, fiel, de fe profunda.

Hoy, 8 de marzo, es el día del reconocimiento a ese ser que paradójicamente parece  tan frágil  siendo  la roca donde todos se apoyan;  capaz de soportar los crueles golpes de una humanidad sin piedad que la explota, la esclaviza, la violenta en la sacralidad de su dignidad.

Esa mujer del oriente y del occidente, del norte y del sur; esa mujer que sin importar el color de su piel siempre lleva el alma blanca, las intenciones puras y el corazón en sus manos para ofrecerlo en la ternura de sus palabras y la  comprensión de una mirada  elevada al cielo en la plegaria del “hágase tu voluntad”, a ejemplo de María, la siempre mujer virgen madre.

¡Felicitaciones a todas las mujeres del mundo, que llevan la paz en su alma y la plegaria en su corazón!

Hna. MARTHA GALVIS MARTÍNEZ, TC

 

        

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Cuaresma de caridad

En el sábado de la IV semana del tiempo ordinario, terminamos de leer y proclamar la CARTA A LOS HEBREOS ¡tantas veces leída, reflexionada, meditada…! Pero como “la Palabra de Dios siempre es viva y eficaz…” (Hb 4,12), ese día me sorprendió “más incisivamente” esta recomendación del autor de la Carta: “No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios” (Hb 13,16).

Enseguida recordé otra recomendación del Antiguo Testamento: “Quiero misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6,6).

A vueltas con mis pensamientos y estando próxima la Cuaresma me he dicho: “¿No es éste el mejor programa para la preparación a la Pascua? Y con ese convencimiento, lo he compartido con las hermanas.

Pero no queda ahí el “breve y fundamental programa de Cuaresma”. Con propuestas e invitaciones por doquier para conectarnos online: retiros, charlas, coloquios…, ha llegado el Mensaje del Papa Francisco que, en este año 2021, y con la pandemia todavía como telón de fondo, se ha centrado en las virtudes teologales. Con su lenguaje claro y comprometedor, estimulante y esperanzador, va describiendo lo que hoy, como ayer, es primordial en nuestra vida cristiana. De su lectura fui subrayando… ¡prácticamente todo! Pero, de modo particular, esto:

A modo de preámbulo, nos recuerda que “…el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo”, y, continúa el Papa, “El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”.

La virtud teologal de “la FE nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas”. Una Verdad que “es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino… que lleva a la plenitud de la Vida”. Es por esto que “el ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón, lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento”, “…quien ayuna se hace pobre con los pobres”.

La ESPERANZA es como agua viva que nos permite continuar nuestro camino…”. En este tiempo de pandemia, hablar de esperanza “podría parecer una provocación”, nos dice el Papa. No. “El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos” (cf. LS, 32-33; 43-44).

En la Cuaresma, estemos más atentos a ‘decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan’ en lugar de ‘palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian’ (FT 223). En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión”.

La CARIDAD es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza”. Quien vive la caridad “se alegra de ver que el otro crece”, y “sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidadvivir una Cuaresma de caridad -en el momento actual es- cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19”.                                            Concluye el Papa Francisco su mensaje recordando que “cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la FE que viene de Cristo vivo, la ESPERANZA animada por el soplo del Espíritu y el AMOR, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre”.

Siguiendo mi reflexión, he vuelto la mirada a Francisco de Asís y al Padre Luis Amigó. En los escritos del Poverello encontramos las palabras que dirigió a “todos los fieles” y que comienzan así: “Todos aquellos que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y la mente, con todas las fuerzas, y aman a sus prójimos como a sí mismos, y aborrecen sus cuerpos con sus vicios y pecados, y reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y hacen frutos dignos de penitencia: ¡Oh, cuán dichosos y benditos son aquellos y aquellas que hacen tales cosas y perseveran en ellas! Porque se posará sobre ellos el espíritu del Señor y hará en ellos habitáculo y mansión; y son hijos del Padre celestial, cuyas obras realizan; y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo” (cf. CtaF I,1).

Lo primero que subraya Francisco es el amor y lo suscribe para quienes hicieron de este texto la base de la Orden de Penitencia, cuyo compromiso de conversión llevaba consigo renuncias y el distintivo de un hábito penitencial. Una vida centrada en la propia conversión como camino de unión con Dios y amor creciente a los hermanos a los que ofrece los “frutos dignos de penitencia”, y que no son otra cosa que las Obras de misericordia, acciones concretas de caridad. Las recordamos:

OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA
1. Dar de comer al hambriento
2. Dar de beber al sediento
3. Dar posada al necesitado
4. Vestir al desnudo
5. Visitar al enfermo
6. Socorrer a los presos
7. Enterrar a los muertos

 

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA
1. Enseñar al que no sabe
2. Dar buen consejo al que lo necesita
3. Corregir al que está en error
4. Perdonar las injurias
5. Consolar al triste
6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás
7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

 

Su relectura nos centra en la obra que realiza la Iglesia en todo su conjunto: Diócesis, Órdenes religiosas,  Institutos de vida consagrada, Sociedades de vida apostólica, Asociaciones, Cofradías, ONGs, y un largo etcétera. Es estar en la frontera, allá donde están los pobres, todo hombre necesitado.

Y el Padre Luis, en el lenguaje de su época, ¿qué nos dice sobre la penitencia? El recorrido por sus escritos nos permite conocer que hay 242 citaciones al respecto. Él, que a los Terciarios y Terciarias Capuchinos nos imprimió un marcado carácter franciscano-capuchino de penitencia, contemplación, minoridad y fraternidad, considera que san Francisco es perfecto modelo de penitencia para todos los tiempos (cf. OCLA 1288, 1294, 1295); que la cruz, la penitencia y la mortificación hallan su razón de ser en la imitación de Cristo (cf. OCLA 397, 840, 1196, 1201, 1204, 1211, 1505); que los sacrificios, como toda forma de penitencia, tienen por base la caridad (cf. OCLA 1055, 1062, 1719, 1806). Y, lo que dice nuestro Fundador en sus escritos es lo que vivió, como lo atestiguan los testigos en el Proceso ordinario y apostólico de canonización en la Positio Super Virtutibus.

Me invito y os invito a vivir una Cuaresma de caridad.

HNA. MARÍA DESAMPARADOS ALEJOS MORÁN, TC           

 
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Celebremos agradeciendo y honrando

El próximo 22 de marzo celebramos el Día mundial del Agua y el 22 de abril el Día mundial de la Tierra, dos elementos vitales en nuestra existencia.

Sobre ellos, encontramos escritos de toda índole que nos presentan una amplia gama de conceptos, realidades, valoraciones y desafíos. En este contexto me pregunto ¿qué se podría decir que no haya sido dicho? Y viene a mi mente acentuar la forma cómo nos acercamos, contemplamos y actuamos frente al agua y a la tierra.

La Biblia en el capítulo I del libro del Génesis, nos narra cómo fueron formados cada uno de los elementos de la Creación, pero en los versículos 9 y 10 del citado capítulo, nos habla específicamente de la tierra y las aguas: “Dijo Dios acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto y déjese ver lo seco; y así fue. Y llamó Dios a lo seco tierra y al conjunto de mares lo  llamó mares y vio Dios que era bueno”; termina el texto con una expresión muy significativa “vio Dios que era bueno”. Esta frase la encontramos al concluir cada acto creador y nos remite a la relación de lo creado con el Creador, es decir, todas las cosas son buenas porque su Creador es bueno y su bondad se materializa en cada criatura, de ahí que todo esté signado con un sello;  “ser buenos”, esa es su esencia.

Del mismo modo en cada criatura podemos contemplar el bien, lo bueno y transportarnos a su origen, o sea a Dios; así lo comprendió san Francisco de Asís, patrono mundial de la ecología quien llamó a todo cuanto existe “hermano”, “hermana”,  porque procedían de las mismas manos y del mismo amor. Así lo entendieron también los primeros pueblos que habitaron la tierra; en su cosmovisión encontramos una gran riqueza cultural que nos muestra cómo ellos concebían y se relacionaban con el entorno y vemos un denominador común: entre los primeros habitantes (pueblos indígenas) y la tierra hay una relación de simbiosis, de unión filial, de unidad y no de dominación. La tierra es un recurso colectivo y no tiene valor individual, generalmente se sienten hijos de la tierra y para referirse a ella la nombran como madre.

¿Qué nos queda a nosotros hoy, habitantes del siglo XXI? Tomar conciencia de la forma cómo miramos y nos relacionamos con el entorno porque estamos lejos de esa mirada fraterna, hemos aprendido a ver las cosas, las personas, las realidades desde una mirada utilitarista, comercial, hemos aprendido a dominar, acaparar, explotar, pensando egoístamente y buscando siempre el provecho propio; el progreso, las industrias, el consumismo y la contaminación dejan huellas de dolor y muerte en todo ser viviente, poniendo a un lado el valor del cuidado, del respeto y de la solidaridad ecológica y /o fraternidad universal.

El papa Francisco en la encíclica Laudato Sí nos dice que: “El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos” (cf. LS 28). Y nos advierte además, que “en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo término… grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos. En algunos países hay regiones con abundante agua y al mismo tiempo otras que padecen grave escasez (cf. LS 28). También evidencia preocupación por “la calidad del agua que afecta a los más pobres, que provoca muchas muertes todos los días y enfermedades relacionadas con la contaminación” (cf. LS 29). De igual manera, otra amenaza contra el agua y la tierra es la tendencia a privatizar convirtiéndolo en mercancía” (cf.  LS 30).

Pero, volvamos la mirada nuevamente a los primeros habitantes y no me refiero a pueblos que ya no existen, sino a aquellos que permanecen en un estado más natural y que luchan por conservar su tierra y sus costumbres;  ellos que viven en armonía con su entorno y en territorios comunes, nos enseñan el carácter sagrado de la naturaleza y su relación con la vida y el modo de sobrevivir.  Nos invitan a acercarnos al agua y a la tierra con una actitud humilde y contemplativa; solo entonces como discípulos podremos aprender de su riqueza aspectos tan necesarios para la vida cotidiana tales como, la capacidad de fluir del agua, fecundar, limpiar y colaborar con otros elementos para ser alimento, medicina y bendición; de la tierra, la firmeza, la capacidad de contener, acoger, proteger, proveer e intercambiar, transformar y dar con generosidad.

La pandemia generada por la Covid 19 ha sido un llamado de atención y una oportunidad para reflexionar sobre el valor de la vida, los vínculos, la naturaleza y las sanas costumbres. Preguntémonos, ¿cómo podemos agradecer al Padre creador el agua y la tierra? ¿De qué modo podemos honrar su existencia? ¿Qué acciones debemos implementar para el uso fraterno y respetuoso de estos dos elementos?

HNA. BILMA NARCISA FREIRE CHAMORRO, TC

 

 
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José con corazón de padre: una misión encomendada

La vida de José transcurría en Nazaret, una pequeña aldea judía, donde todos eran bien conocidos por la misma comunidad  en medio de la realización de las diferentes  tareas laborales, artesanales, agrícolas, religiosas y de compromisos sociales.  José, al igual que todos los jóvenes de su tiempo, ha vivido un proceso de formación,  crecimiento y madurez que lo han orientado en la búsqueda de la realización de su proyecto de vida, hacia la plenitud del amor, según la ley y tradiciones propias de su cultura judía.

Dios, en sus inescrutables designios, elige a José desde siempre para una misión grande, ser el esposo de María y el padre de Jesús durante su vida terrena. Por tanto, entra a participar en el servicio de la economía de la salvación, dotado con las facultades y las gracias especiales para cumplir su misión.

En este tiempo, el Espíritu acontece a nuestro favor como Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. ¿Cuánta fuente de inspiración y referencia se puede tener desde este gran santo, para la vivencia de nuestra espiritualidad y carisma?  Es por ello que retomamos algunos aspectos de su vida como iluminación a nuestros desafíos.  

1. Defensor y custodio de la vida

Situación crucial que pone a prueba a José. Se había comprometido con María, una joven casta y de profunda fe. Pero un día se enteró de que estaba embarazada. Para protegerla de un vergonzoso escándalo, planeó repudiarla en secreto.  Sin embargo, tras el anuncio en sueños, el ángel le pide que “no tenga miedo de llevar a María como esposa a su casa” (Mt 1:18-21). Con valentía de  hombre, acepta su misión, confía en Dios y toma el desafiante camino de la fe, acoge y abraza a María como esposa y en ella al Hijo que tiene en sus entrañas.

En otro momento, el ángel del Señor le revela a José los peligros que amenazan a Jesús y María, obligándolos a huir a Egipto y luego a instalarse en Nazaret. Con discreción, con humildad, con ternura, con una entrega fecunda y en fidelidad, vive el misterio de este acontecer; en silencio sufre la exclusión, la persecución, la emigración a tierra extranjera, aunque no lo comprende, siempre en sintonía con su Dios y, en actitud de escucha orante, va dando respuesta pronta y asertiva  a las diferentes circunstancias dadas desde el desposorio hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años.   

Por lo tanto, José es un referente para vivir nuestro compromiso.

Defender con actitud profética  la vida en todas sus manifestaciones. Ser portadoras de paz y esperanza ante el sufrimiento provocado en las diferentes manifestaciones, situaciones de exclusión y negación de la dignidad humana.

(Cf. Documento final XXII Capítulo general –  1.3. Acciones renovadoras)

 2. En su rol de padre que salvaguarda su identidad en unidad con el ser y el acontecer

Hablar de la vida de José en  Nazaret es hablar de una vida normal, aceptar una historia, una cultura, una familia, unas relaciones; es descubrir que la fidelidad a lo cotidiano es la fidelidad a Dios, es vivir en el anonimato común de la mayoría de las personas de su pueblo, es buscar lo que Dios quiere, hacer proyectos y renunciar a ellos, buscando siempre el proyecto de Dios; es aprender a leer los signos del Reino en el mundo.

Reconocemos en José un hombre religioso, de oración, fiel cumplidor de los preceptos de Dios, quien inicia a su hijo Jesús en la piedad y en las tradiciones religiosas de su pueblo. José, protector de una  familia, descubre por su fortaleza espiritual, grandeza de corazón y capacidad intuitiva,  que en  cada uno de los tres, en esa familia de Nazaret, está el gran secreto de Dios, el misterio del Padre eterno en sus vidas. José, hombre de silencio fecundo, entra en la dinámica de la contemplación y asume con paciencia, asombro y respeto los planes providentes que vienen de lo alto y se hace instrumento dócil al querer de Dios.

Este aspecto humano divino que se percibe en José, es una prioridad  en nuestro ser  de Terciarias Capuchinas, conscientes de que la fidelidad a lo cotidiano es la fidelidad a Dios, que quiere que seamos presencia de Reino. Estamos llamadas a contemplar a Dios abiertas a la novedad de cada día para descubrir, “a través de la fe, su presencia en las personas, en los acontecimientos y en la creación entera” (cf.  Const. 42).

3. Protector de la familia

A José se le ha encomendado el cuidado de la Sagrada Familia y la vivencia del plan de Dios en ella, para llevarla adelante. En su vida familiar se desempeña como un esposo, un  padre, amable, tierno, obediente; propicia la comunión familiar, en el amor, en la ayuda mutua, en una vida de aprendizajes, de sorpresas y preocupaciones familiares como cualquier familia de su tiempo, no solo al interior sino de proyección a sus coterráneos. “Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía, se desarrollaba y se hacía cada día más sabio; y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,39-40).

Del mismo modo, nosotras hemos recibido a través de nuestro nombre el legado de la labor apostólica con la familia y lo  tenemos como prioridad  (Cf. Const. 61).

Conocer y acompañar las diferentes situaciones y realidades de la familia en el entorno de nuestra misión.

San José nos enseñe y acompañe en la respuesta ante las diferentes exigencias propias de la misión encomendada por el Padre Luis Amigó y mucho más ahora, cuando la vida nos confronta frente a la vulnerabilidad y desequilibrio de la sociedad donde estamos inmersas.           

HNA. MARÍA ELENA LOPERA SIERRA, tc