Experiencias en el mes de Espiritualidad 2026 Del 20 de mayo al 29 de junio

La formación permanente es un privilegio que nos ofrece la Congregación, seguras de que necesitamos reavivar el don recibido para comunicarlo a los demás con verdadera pasión.

Un tiempo para volver a conectar con la profundidad de nuestro ser, preguntándonos por las motivaciones que nos empujan a vivir nuestra vocación como mujeres consagradas, Terciarias Capuchinas.

Durante este tiempo de renovación, las 25 hermanas participantes, han podido retomar  los núcleos del Documento final del XXIII Capítulo general, ayudándoles a seguir profundizando en ellos, en un ambiente propicio para orar y contemplar como ejercicio del corazón, descubriendo la belleza que se alberga en lo más profundo, para a dejarse “sacudir” de todo aquello que provoca la inercia, impidiendo vivir y servir con pasión al  mundo, un mundo que se desangra por la violencia y las guerras, lacerado por la pobreza y las injusticias, que camina desorientado en medio de una gran oscuridad.

Dos hermanas nos comparten lo que para ellas ha significado esta oportunidad:

Hna. Sor Alicia Vásquez Torres

Estar en Montiel me ha significado una auténtica experiencia de renovación. Primero el visitar las fuentes, los orígenes, corroborando la solidez de fe de nuestras primeras hermanas, su entereza, fuerza y decisión para responder al llamado, aunque las condiciones no fueran las más favorables y exigieran de ellas mucho trabajo y sacrificio.

Por otro lado, el compartir con hermanas de tan diversas nacionalidades y culturas ha sido de enorme riqueza, al comprobar que el cuerpo congregacional es múltiple y plural, pero unificadas en el Evangelio y en un carisma.

Además, el itinerario iniciado desde Roma, ha sido, más que ilustrativo, conmovedor.

Conmovedor porque toca fibras íntimas que nos constituyen como mujeres consagradas, porque relata la vivencia radical de San Francisco y del padre Luis siguiendo a nuestro Señor.

Conmovedor porque desde las mismas entrañas nos lanza a retomar nuestros compromisos. Andar estos lugares es una provocación para andar los nuestros con riesgo profético, sin glosa.

Todo esto me lo llevo sumado a un profundo agradecimiento a la Congregación y a la Demarcación a la que pertenezco por estos esfuerzos de renovación que promueven entre nosotras.

Hna. Mariela Giraldo Urrea:

Gratitud con el Señor y con la Congregación por todo lo recibido hasta este momento.

Gratitud por permitirme beber de las fuentes de una manera experiencial; palpar y contemplar el espíritu de sobriedad, sacrificio y entrega de San Francisco, de nuestro padre Luis y de las primeras hermanas, constituye para mí un compromiso y una tarea muy grande.

Me ha llenado el corazón la riqueza de compartir con tantas culturas y el gozo de ver cómo las Terciarias Capuchinas estamos presentes en cualquier cultura y lugar donde los pobres nos necesiten.

Algo que me ha impactado profundamente es el encuentro de San Francisco con la herida del leproso, que lo lleva a reflexionar sobre sus propias heridas. Este encuentro conduce a Francisco a una profunda renovación. Para mí, es una invitación a acoger mis propias heridas y sanarlas para poder asumir a mis hermanas y hermanos como don de Dios. La persona es sagrada y está por encima de cualquier norma.

Me invita, además, a salir al encuentro de mi propia pobreza con mayor apertura y flexibilidad ante el cambio.

Arriesgar la vida por el Evangelio, la fraternidad y los pobres.

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