Categorías
Últimas Noticias

VI Capítulo Viceprovincia Santa Clara

Con alegría y espíritu de comunión, la Vice Provincia General Santa Clara, ha dado  inicio al VI Capítulo Viceprovincial, que se lleva a cabo del 17 al 22 de marzo en Filipinas.

Este acontecimiento de bendición, congrega a las hermanas delegadas de las distintas comunidades para vivir un tiempo de discernimiento, reflexión y fraternidad, iluminadas por el Espíritu Santo. Durante estos días, las participantes revisan el camino recorrido en los últimos años, evalúan la vida y misión de la Vice Provincia y proyectarán juntas nuevos horizontes para continuar sirviendo con fidelidad a la Iglesia y a los más necesitados.  El mismo es presidido por hna.  Blanca Nidia Bedoya Salazar, Superiora general, a quien le acompaña  Hna. María Luisa García Casamián, Vicaria general.

El Capítulo Viceprovincial constituye un momento privilegiado de escucha, diálogo y corresponsabilidad, en el que se fortalecen los lazos de comunión y se renueva el compromiso de seguir anunciando el Evangelio con alegría y esperanza.

Categorías
Últimas Noticias

La Superiora General y la Vicaria General realizan visita fraterna a las comunidades de Corea

Seúl, Corea del Sur, 5 de marzo de 2026. Con alegría fraterna, las comunidades de Corea recibieron a la Hna. Blanca Nidia Bedoya, Superiora General, y a la Hna. María Luisa García C., Vicaria General, quienes realizan una visita fraterna del 5 al 8 de marzo de 2026.

La presencia de ambas hermanas ha sido acogida con gozo por las comunidades de Seúl y Bucheon, en un ambiente marcado por la cercanía, la fraternidad y la esperanza compartida. Esta visita representa una valiosa oportunidad para fortalecer los lazos de comunión, compartir la vida y la misión, y renovar juntas el compromiso de servicio allí donde el Señor sigue llamando.

Durante estos días, las hermanas viven momentos de diálogo fraterno, oración y reflexión, en un clima de sencillez y gratitud, reafirmando la belleza de una misión que se construye cada día desde la cercanía, la entrega y la esperanza. Asimismo, esta visita constituye un espacio privilegiado de escucha, acompañamiento y discernimiento, que anima a seguir caminando como familia religiosa con el corazón abierto a la acción de Dios.

Se espera que esta experiencia sea un tiempo fecundo de gracia, comunión y renovación misionera para todas las hermanas y comunidades que participan de este encuentro.

Tras concluir su visita en Corea, la Superiora General y la Vicaria General continuarán su recorrido por Asia. Del 9 al 12 de marzo, visitarán las dos comunidades de Vietnam, donde animarán la vida y la misión de las hermanas. Posteriormente, el 13 de marzo, viajarán a Filipinas para participar en el VI Capítulo de la Viceprovincia Santa Clara, que se celebrará del 17 al 22 de marzo.

De este modo, la visita se enmarca en un itinerario de cercanía y acompañamiento que busca fortalecer la comunión congregacional y alentar la misión en los distintos lugares donde las hermanas hacen presente el Evangelio.

¡Bienvenidas, hermanas!

Categorías
Artículos

Justicia, pobreza y ecologia los desafios de la paz Según la reflexion franciscana.

 

El estilo de vida de Francisco de Asís, sale a nuestro encuentro para orientarnos en el camino de la justicia, la pobreza, la ecología y también para enderezar nuestros pasos hacia una convivencia pacífica.

Justicia como convivencia fraterna:
» Ninguno de los hermanos tenga potestad o dominio, y menos entre ellos… y todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo» (RnB 5, 9.11).

En la visión franciscana, la lucha por la justicia no es sólo un compromiso hacia afuera, como cambiar las estructuras y las instituciones que no defienden la justicia, sino que es un compromiso hacia dentro, es un cambio del corazón. Porque sólo a partir del corazón, el hombre es capaz de ser constructor de justicia y portador de paz. Es cuestión de mentalidad, de modos de vivir y de actitudes y no sólo de cultura, de política y de estructura. Porque el hombre puede ser justo y honesto a pesar de la estructura, de la sociedad y de la cultura a la cual pertenece, por lo tanto, la defensa y la promoción de la justicia, no es sólo una gestión política, económica o institucional. Es, sobre todo, una decisión personal, un compromiso comunitario y un cambio de criterios que fundamentan la mentalidad y que justifican las actitudes frente a los desafíos de la paz. Es una opción, un proceso personal hacia criterios que cimientan la vida a partir de la dignidad de la persona hasta llegar a la dimensión de sentirse creatura y parte de una fraternidad, además de ser un compromiso comunitario y político. Por desgracia, hoy día, el clamor por la justicia lo encontramos en tantas situaciones dramáticas de miseria, de hambre, de desnutrición, de abandono, de racismo y de guerra. Esto revela, de hecho, la desvalorización de la vida humana y de su integral dignidad. Por lo tanto, es necesario construir la justicia a partir de los criterios de valoración de la persona humana, es un reto urgente. Justicia como forma fraterna de convivencia, donde la prioridad la tiene la persona sobre el lucro, el servicio sobre el poder y el dominio.

Francisco de Asís supo vivir la audacia de sentirse creatura con las creaturas, de ser pobre junto a los pobres y de ser hermano entre hermanos. El episodio del leproso nos puede ayudar para entender el concepto de injusticia social, de marginación y de sufrimiento humano que se puede llegar a experimentar, también en nuestra realidad. Francisco en su opción de estar entre los pobres y de ser pobre, quiso reivindicar la dignidad del hombre, deformada por la estructura social, el egoísmo y el poder humano. Él quiso asumir la causa del Creador de la Vida, en su generosa y radical entrega. Para ser pobre y hermano no hay que poseer, sino sólo dar, hay que servir como lo hizo Jesús. Francisco inaugura una hermandad fundada en la justicia y la igualdad.

Pobreza y ecología para la convivencia:
¨Nada se apropien para sí¨ (RB 22).

La pobreza es ¨sine propio¨ porque se está entre hermanos. Dios “se hizo pobre por nosotros en este mundo”, Cristo al hacerse humano quiso mostrarnos su amor en toda su indigencia y dependencia. Francisco imita a Cristo en su pobreza, reconociendo la pobreza como justicia de relación con su Creador y con la creación. El hombre es el administrador, el servidor y el guardián de la creación, de la vida, para que no prevalezca la injusta desigualdad, el apasionado interés por el poder, la deshumanizante manipulación de los pueblos. Por lo tanto, él en nombre de su Creador, debe gobernarla con fidelidad, justicia y respeto. Ella es su morada y en ella debe aprender a vivir y a convivir, a habitar la realidad y la propia existencia, como en un hogar. Una casa común donde no haya dominadores y dominados, sino creaturas diferentes, respetuosas de la vida humana, del mundo y de toda la creación. Un lugar donde todos juntos buscan como apoyar la ecología desde la convivencia fraterna, la formación de hombres y mujeres de buena voluntad para la justicia, la paz y el respeto entre todos los seres. La pobreza es, por lo tanto, una llamada a vivir un espíritu de desapego de los bienes, simplificar las necesidades materiales, para vivir en la verdadera, paz, que significa, fundamentalmente, vida plena, armónica. El Cántico de las criaturas es el otro icono donde se puede hacer experiencia de fraternidad, de convivencia, experimentar cómo la pobreza, el respeto y el cuidado de la creación, posibilitan el encuentro, venciendo las barreras que generan la voluntad y la ansiedad de poseer y dominar. Francisco reconoce la interconexión de todos los seres vivos, donde cada elemento tiene su valor intrínseco y fundamenta un comportamiento natural que va más allá de la utilidad y el beneficio humano.

El desafío de la paz:

Todos los cristianos y sobre todo, nosotros seguidores de Francisco de Asís, tenemos una ”responsabilidad” hacia la paz, porque como él, la vemos como una virtud que se manifiesta en la armonía interior, en la relación con Dios, con los demás, y en el cuidado de la creación. Para él, la paz era un don de Dios que debía ser cultivado y compartido y que requería una transformación personal y social. Por lo tanto, se hace necesario, un proceso de transformación, en primer lugar, a nivel individual, para renovar la esperanza, reconocer la autonomía, defender y respetar la vida, pensar en la ternura y cómo ser personas solidarias. Un desafío basado en el reconocimiento, el respeto y la vivencia de los derechos humanos, así como la consideración de la dignidad de las personas, para tener una convivencia pacífica. Esto implica un proceso de cambio de mentalidad, de actitudes individuales y colectivas para el empoderamiento y la acción. Francisco plantea la paz como un valor esencial y un derecho humano, paz como bondad hacia las necesidades básicas de supervivencia, bienestar, libertad e identidad; paz para la libertad, la equidad y el diálogo, la integración, la solidaridad y la participación del ser humano en su proceso de legitimación y satisfacción, justicia social y defensa de la vida. Paz como vivencia, que se vincula con las relaciones y las condiciones sociales, basada en el reconocimiento de la dignidad del ser humano, el respeto de sus derechos y libertades fundamentales. San Francisco vivió la paz en su día a día, a través de su humildad, sencillez y su servicio a los demás. La visión de San Francisco implica un desafío constante para superar las divisiones, el odio, la injusticia y la violencia. Requiere coraje, humildad y una fe profunda para construir puentes de diálogo y reconciliación. En resumen, la paz según San Francisco de Asís es un don divino, es un camino que implica un compromiso activo con la justicia, la misericordia y el amor, tanto a nivel individual como social.

Concluyo esta reflexión con la oración de San Francisco «Señor, hazme instrumento de tu paz», que refleja muy bien la actitud de entrega y servicio que el vivió y que hoy nos deja como legado, siendo sus seguidores.

Señor, hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya odio, lleve yo tu amor
donde haya ofensa, tu perdón Señor,
donde haya duda, lleve yo la fe.

Hazme un instrumento de Tu paz,
donde haya desesperación
lleve yo esperanza,
donde haya obscuridad, lleve Tu luz,
donde haya tristeza, lleve yo alegría.

Maestro ayúdame a nunca buscar,
querer ser consolado, sino consolar
querer ser entendido, sino entender
ser amado, sino yo amar.

Porque es dando, que se recibe,
perdonando, que se es perdonado,
Muriendo, que se resucita a la
vida eterna.  Amén

 

Hna. Milena Prete

Categorías
Artículos

Mensaje de Cuaresma 2026

Con el Miércoles de Ceniza abrimos las puertas a un tiempo de gracia, a un camino de conversión que se marca no solo con signos externos, sino con gestos concretos de solidaridad, justicia y conciencia. La ceniza que recibimos sobre nuestra frente nos recuerda con humildad que somos frágiles, pero también profundamente amados, llamados a rehacer nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.

La Cuaresma nos hace memoria de los cuarenta años en que el pueblo de Dios peregrinó por el desierto, aprendiendo a confiar, a desprenderse y a descubrir que la verdadera libertad no llega sin antes reconocer los propios límites. “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer… para afligirte y probarte, y conocer lo que había en tu corazón” (Dt 8,2). El desierto fue escuela de humanidad antes que tierra prometida, porque no hay liberación de estructuras si primero no acontece la liberación en el interior de cada persona.

El Evangelio del Miércoles de Ceniza (cf. Mt 6,1-6.16-18) nos invita a vivir la oración, el ayuno y la limosna desde la autenticidad, lejos de toda apariencia: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Jesús nos desplaza de una religiosidad centrada en lo visible hacia una espiritualidad que transforma el corazón y las relaciones.

Por eso, el ayuno que Dios nos pide no se reduce a prácticas piadosas que pueden encerrarnos en el individualismo o en la autorreferencialidad. La Palabra es clara:
“¿No será más bien este el ayuno que yo quiero: desatar las cadenas injustas, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo?” (Is 58,6-7).
El ayuno cuaresmal tiene rostro social, nombre propio, historia concreta. Es justicia, dignidad restaurada, presencia cercana con quien ha sido olvidado, invisibilizado o excluido.

Esta Cuaresma 2026 es una oportunidad para revisar nuestras prácticas y también nuestros paradigmas. Tal vez algunas tradiciones han acentuado más el escrúpulo que la misericordia, más la norma que el Evangelio, más el temor que la esperanza. Hoy el Señor nos llama a romper con aquello que no genera vida, para volver a lo esencial: el amor que reconcilia, la fe que humaniza, la conversión que se vuelve compromiso.

San Pablo nos lo recuerda con fuerza: “Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Co 6,2). No mañana, no después, sino ahora.

Que este camino cuaresmal nos encuentre dispuestos a dejarnos transformar; que nuestras comunidades sean espacio de reconciliación y ternura social; que cada gesto, por pequeño que parezca, abra sendas de Reino.

Caminemos juntos hacia la Pascua con un corazón renovado, convencidos de que la verdadera conversión siempre florece en fraternidad.

Feliz camino de Cuaresmal

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya

Categorías
Artículos

Bienvenido, el Adviento del año de la esperanza

Este año, nos toca el verbo de la espera hecho palabra clara: ¡ESPERARTE!, y al esperarte, descubrir que la espera no es ausencia, sino presencia pulida por la memoria de lo que vendrá. No es un silencio que cae, sino una respiración que se afina, un paso que se ordena, una vela que se enciende con paciencia. Bienvenido, Adviento, año de la esperanza: que tu llegada no sea un susurro que se pierde en la multitud de los días, sino una promesa que se asienta en el pecho, un pulso que marca el rumbo.

Habitar este Adviento es habitar la casa de la mirada. Mirar no para recoger imágenes bonitas, sino para ver con la claridad que transforma. Mirar mucho. Mirar donde nadie mira, o donde olvidaste mirar por cansancio. Porque la mirada, cuando es fiel, no condena al mundo, lo invita a asomarse a la verdad: la verdad de nuestra fragilidad que, sin embargo, contiene la potencia de la gracia. En esa mirada que no se rinde, se fragua la capacidad de perdonar, de reconciliar, de escoger la ruta estrecha que lleva a la vida. Y así, cada domingo, encendemos una vela no para llenar de luz un vacío, sino para recordar que la luz ya está, esperando en la frontera de cada amanecer.

Este Adviento no es un calendario, sino un camino de domingos que se alargan como una promesa que se repite y se profundiza. Cada vela encendida es una memoria que se levanta: de aquellos que nos enseñaron a creer, de aquellos que nos mostraron el valor de la paciencia, de aquel niño que supo mirar al mundo con asombro. Se enciende una vela para cada una de las estaciones del corazón: la justicia que cuestiona, la compasión que abraza, la humildad que acoge, la esperanza que sostiene. Y cuando las sombras se alargan, la llama no se apaga; se ajusta, se fija, se transforma en brújula para el camino.

A la espera de tu llegada, Adviento, yo te digo: estoy aquí, con mis dudas y con mi fe, con mis ritmos cansados y mis pulsos sorprendidos por la gracia. Esperaré por ti, y esperar contigo se vuelve oficio de vida. No para apresurarte, sino para aprender a discernir tus signos en lo cotidiano: en la risa de un niño, en la frase sencilla de un viejo que conserva la memoria, en la música que surge como un suspiro de la creación. Esperaré contigo, atento y expectante, paciente y caminante. Porque la espera bien vivida no es pasividad, es una forma de apertura: abrir la puerta de la casa interior para que entre lo que todavía no vemos, para que se revele lo que ya está.

Y cuando la jornada se haga dura, cuando el cansancio pese como una piedra, te invito, Adviento, a que traigas contigo a María como compañera, nuestra dulce consejera. Que su silencio, que su fe, que su confianza en el misterio nos enseñe a sostener la esperanza con ternura. Que José, hombre de oficio y de sueño, nos muestre que la obra de la fe no es especialidad de unos pocos, sino oficio cotidiano: creer, obrar, esperar, sostener. Porque en la simplicidad de lo pequeño se revela la grandeza de lo eterno.

Adviento, año de la esperanza, también es un llamado a mirar la realidad desde la hondura de la misericordia. Mirar la vida de los otros: a los pobres que caminan con nosotros, a los que no tienen voz, a los que están aferrados a la memoria de la pérdida. Nuestra mirada no puede quedarse en la curiosidad; debe convertirse en una acción que alivia, que acompaña, que transforma. La ruta que se propone no es un mero itinerario espiritual, sino un viaje de compasión que se traduce en gestos concretos: una palabra que sane, una mano que sostenga, una mesa que se abra.

El Hijo, que quiere encarnarse, busca un vientre que esté dispuesto a acoger lo desconocido y a permitir que la vida recorra la casa. No llega a una casa llena de certezas, sino a una casa que escucha, que espera, que se abre a lo misterioso. En ese proceso de encarnación, la fe no es una idea que se sostiene en la cabeza, sino una presencia que se vive en las manos: laboriosa, concreta, tendida hacia los otros. Buscar una playa en espera ante el mar infinito para hacerse ola es una imagen que nos dirige a la humildad de dejarse mover por la gracia: no reclamar la ola para mí, sino permitir que la ola sea para el mundo.

Adviento es también la disciplina de un camino que aprendemos a caminar con nosotros mismos: aceptar la duda como parte del viaje, llorar alguna lágrima que se nos escapa y dejar que esa lágrima se convierta en una lámpara que alumbra el interior. Buscar una ruta clandestina por el agua y el desierto no para evadir la realidad, sino para descubrir, en lo improbable, el lugar donde la vida resiste, nace y se ofrece.

Y si la ruta de la vida se revela como una música que se entrelaza con las voces de quienes nos rodean, entonces el Adviento se llena de voces: de aquellos que bendicen con su presencia la fragilidad de otros, de quienes, sin palabras, sostienen la esperanza con gestos. En la quietud de la oración, en el ruido de la ciudad, en el ritmo del trabajo y en la pausa de la noche, escuchamos la promesa que no se impone, sino que se invita: ven, y no tardes tanto, porque el cansancio nos llama a descansar en la luz que ya brilla.

Así, Adviento, año de la esperanza, te recibimos como quien recibe un don que pide respuesta: una respuesta de vida. Cantamos con la esperanza de que lo que nace en Belén no se quede allí, sino que se vuelva presencia en cada casa, en cada calle, en cada mesa compartida. Que la Navidad que se acerca no sea solo una fecha, sino una transformación: la que nos hace ver a los demás con ojos nuevos, la que nos llama a vivir la ruta de la justicia, la paz y la bondad que no pierde su camino ante la adversidad.

Y cuando finalmente cuenten los días y las luces se simplifiquen en un solo brillo, que nuestro corazón esté ya preparado para la gran señal: la de la carne que se acerca, la de la esperanza que se encarna, la de un amor que no se rinde. Porque Adviento es, en su esencia, la primavera de la fe: una promesa que se desvela, un verano que se anticipa, un otoño que se prepara para la cosecha. Es la historia de un camino que comienza en la humildad de un pesebre y llega hasta la altura de una promesa que se cumple en el mundo entero.

Ven, Adviento, con tu ritmo paciente. Llévanos a Belén, no como peregrinos cansados que buscan consuelo, sino como buscadores que aceptan la sorpresa de lo revelado. Y que, en ese encuentro, descubramos que la verdadera espera no consiste en que Dios se nos muestre a nuestra manera, sino en que nuestra vida se ajuste a la suya: una vida que se dona, que perdona, que comparte, que ama. Así, caminaremos juntos, hacia la luz que no se apaga, hacia la verdad que libera, hacia la vida que da sentido. Y el mundo, al mirarnos, sabrá que no estamos solos: estamos convocados por la esperanza que no defrauda, por el amor que se encarna, por la paz que llega. ¡ Bienvenido… Adviento de la esperanza!

 

Equipo general de comunicaciones,TC

Categorías
Últimas Noticias

Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia 75 años en Costa Rica

Con alegría replicamos esta bella noticia publicada por el Eco Católico, que recoge la historia y el testimonio vivo de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, presentes en Costa Rica desde 1950.

Felicitamos de corazón a nuestras hermanas por estos 75 años de entrega, evangelización y servicio al estilo de Luis Amigó. ¡Gracias por sembrar esperanza y educar en el amor en tierras costarricenses! 

📖 Lee el artículo completo en la edición del Eco Católico (semana del 4 al 10 de mayo, 2025).

Categorías
Artículos

Retos y oportunidades de la interculturalidad en el siglo XXI

INTRODUCCIÓN

Con la actual globalización económica, muchos individuos de muchas naciones y culturas residen en la misma ciudad, ya sea de forma permanente o temporal.

El multiculturalismo es el resultado de la mezcla de muchas culturas que forman una sociedad multicultural.

Principalmente, esta sociedad multicultural está causada por la mano de obra mundial, los estudiantes internacionales y el flujo de refugiados. Con la intención de promover la paz y la armonía y el respeto de los derechos humanos en una sociedad multicultural, la UNESCO ha abordado esta cuestión proponiendo principios que ayudarán a las jóvenes generaciones a hacer frente a la sociedad multicultural, a desarrollar relaciones pacíficas y de amistad entre los pueblos, a comprender mejor el modo de vida de los demás y a permitir que todos tengan acceso al conocimiento y contribuyan al enriquecimiento de la vida cultural. Los principios de trabajo educativos que se recomiendan a todos los países son los siguientes:

Principio I: La Educación Intercultural respeta la identidad cultural del educando mediante la provisión de una educación de calidad culturalmente apropiada y receptiva para todos.

 Principio II: La Educación Intercultural proporciona a todos los educandos los conocimientos, actitudes y aptitudes culturales necesarios para lograr una participación activa y plena en la sociedad.

Principio III: La educación intercultural proporciona a todos los educandos los conocimientos, actitudes y aptitudes culturales que les permiten contribuir al respeto, la comprensión y la solidaridad entre las personas, los grupos étnicos, sociales, culturales y religiosos y las naciones.  

Además, se está fomentando el diálogo intercultural en todo el mundo mediante la celebración de numerosas conferencias de diferentes organismos internacionales de las Naciones Unidas. Junto con el diálogo intercultural, también se promueve la interculturalidad como forma de interactuar con la gente en una sociedad multicultural.

INTERCULTURALIDAD: DEFINICIÓN

La interculturalidad es un concepto dinámico y se refiere a la evolución de las relaciones entre grupos culturales. Se ha definido como «la existencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas a través del diálogo y el respeto mutuo». La interculturalidad presupone el multiculturalismo y es el resultado del intercambio y el diálogo «intercultural» a escala local, regional, nacional o internacional.

La práctica de la interculturalidad va acompañada de retos y oportunidades en diferentes ámbitos de interés, como la educación, el empleo y la empresa, el entorno digital y la Iglesia con sus actividades misioneras y evangelizadoras.

Centrándome en las actividades misioneras y evangelizadoras de la Iglesia católica, sin omitir ni añadir nada, he tomado como referencia a la Iglesia de Inglaterra, con sus diversas congregaciones, comunidades, tradiciones y teologías, que se enfrenta a dinámicas y perspectivas únicas a la hora de participar en la labor misionera intercultural y ha identificado los retos y las oportunidades de la interculturalidad.

Vale la pena tomar la siguiente formulación como ejemplo de cómo tener éxito en la práctica de la interculturalidad en nuestra iglesia.

HE AQUÍ ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES RETOS Y OPORTUNIDADES:

RETOS:

– Sensibilidad cultural: Ser culturalmente sensible y evitar la insensibilidad cultural involuntaria o los prejuicios puede ser un reto. Una misión intercultural eficaz requiere un profundo conocimiento de las diversas culturas de la Iglesia de Inglaterra.

– Barreras lingüísticas: La diversidad lingüística dentro de las congregaciones puede ser una barrera para la comunicación y la comprensión efectivas, lo que dificulta el intercambio del Evangelio y el fomento de la unidad.

– Diferencias teológicas: Los diferentes contextos culturales pueden aportar diversas perspectivas y prácticas teológicas. Equilibrar estas diferencias manteniendo al mismo tiempo los principios fundamentales de la fe cristiana puede resultar difícil.

– Liderazgo y representación: Garantizar que las funciones de liderazgo reflejen la diversidad de la congregación y mantener la representación de diversos orígenes culturales es crucial, pero puede ser difícil de lograr.

– Integración en la comunidad: Construir relaciones sólidas con las comunidades locales, especialmente en zonas urbanas culturalmente diversas, puede ser un reto, ya que requiere un profundo compromiso con el compromiso comunitario y la comprensión cultural.

– Estilos de culto: Encontrar un equilibrio entre el mantenimiento de las formas tradicionales de culto y la incorporación de elementos de diversas tradiciones culturales puede ser un reto para mantener la identidad de la Iglesia de Inglaterra.

Oportunidades:

– Rica diversidad cultural: Las diversas congregaciones de la Iglesia de Inglaterra ofrecen una oportunidad única para el aprendizaje y la comprensión intercultural, fomentando la tolerancia y el respeto por las diferentes culturas.

– Misión en comunidades de inmigrantes: Muchas congregaciones de la Iglesia de Inglaterra se encuentran en zonas con importantes poblaciones de inmigrantes. Esto ofrece una oportunidad natural para el trabajo misionero y el acercamiento a estas comunidades.

– Red mundial: La Iglesia de Inglaterra forma parte de la Comunión Anglicana mundial, que abarca diversos contextos culturales. Esta red mundial puede facilitar el aprendizaje intercultural y la colaboración en la labor misionera.

– Diálogo interreligioso: Diversas confesiones religiosas del Reino Unido ofrecen oportunidades para el diálogo y el compromiso interreligiosos, fomentando la tolerancia y el entendimiento religiosos.

– Intercambio cultural: La misión intercultural permite un intercambio dinámico de prácticas culturales, música, arte y tradiciones dentro de la iglesia, enriqueciendo la experiencia del culto.

– Participación de los jóvenes: Las generaciones más jóvenes suelen tener una perspectiva más inclusiva e intercultural. La participación de los jóvenes en la misión intercultural puede ser especialmente fructífera.

– Impacto en la comunidad: Al abrazar la misión intercultural, la Iglesia de Inglaterra puede tener un impacto positivo en las comunidades locales al promover la unidad, la cohesión social y el respeto mutuo.

– Inclusividad: Demostrar un compromiso con la diversidad y la inclusión en la labor misionera puede atraer a personas y familias que buscan una comunidad de culto acogedora e inclusiva.

Para tener éxito en su misión intercultural, en la Iglesia de Inglaterra debemos abordar intencionadamente los retos y aprovechar al mismo tiempo las oportunidades. Esto incluye la formación y la educación culturales continuas, la adaptación de los estilos de culto cuando proceda, la participación activa de personas de diversos orígenes en funciones de liderazgo y el fomento de una atmósfera de aceptación, respeto y comprensión entre los feligreses. De este modo, la Iglesia de Inglaterra podrá cumplir su misión de compartir el amor y las enseñanzas de Jesucristo en una sociedad cada vez más multicultural y globalizada.

CONCLUSIÓN:

Los Retos y Oportunidades de la Interculturalidad en el Siglo XXI es un tema complejo y no es fácil parafrasearlo ni desarrollar una mayor reflexión puesto que ya se está tratando en diferentes sectores a nivel mundial. Después de leer muchas referencias me quedo con el principio de que vivir en una sociedad multicultural conlleva muchos retos pero sigue siendo una oportunidad para ampliar nuestra perspectiva personal y comunitaria de que la creación de Dios es rica y se muestra en diferentes culturas y es maravilloso descubrir y apreciar las diferencias y vivir con ellas pacíficamente bajo la luz de los Valores Evangélicos enseñados y vividos por nuestro Señor Jesucristo: El camino, la Verdad y la Vida.

Referencias

1.UNESCO,2006 Guidleines on Intercultural Education, p.17; P.33-38

2.https://stpaulsslough.org.uk/challenges-and-opportunities-for-intercultural-mission/

Por: Hna. Nida B. Galera

Categorías
Últimas Noticias

Inicio de la Visita Canónica General en la “Provincia Nazaret”

Madrid, enero 14, 2025. Las Hermanas Terciarias Capuchinas, Provincia “Nazaret” se han preparado con espíritu de fe, comunión y esperanza,  para vivir un acontecimiento significativo en su caminar: el inicio de la Visita Canónica general, que se extenderá del 7 de enero al 3 de marzo de 2025, abriéndose paso por las comunidades locales de España, Eslovaquia, Italia y Bélgica, países en los que la provincia hace presencia.

La Superiora general, Hna. Blanca Nidia Bedoya Salazar, junto con la Hna. María Luisa García Casamián, Vicaría general, la Hna. María Anabelle Céspedes Morales, 2ª consejera general y la Hna. Bilma Narcisa Freire Chamorro, 3ª Consejera general, acompañarán esta visita cuyo propósito principal es acompañar, estimular, animar y revitalizar la vida y misión de las comunidades y obras apostólicas. Está inspirada en los ocho núcleos de vida que contempla el Documento Final del XXIII Capítulo general, titulado «Juntas avanzamos, generamos y cuidamos la vida», buscando favorecer espacios de renovación humana, espiritual y de compromiso apostólico bajo el lema de la etapa actual que se dinamiza en la Congregación, «Tiempo de cuidar y cultivar».

Un Encuentro Fraterno y Espiritual

Durante dos meses, las hermanas compartirán momentos de oración, reflexión y encuentros fraternos con las comunidades locales. Este tiempo de gracia busca fortalecer los lazos de unidad, promover el discernimiento comunitario y profundizar en el carisma franciscano-amigoniano, que inspira a la Congregación para realizar su misión al servicio de las personas más vulnerables.

La Provincia “Nazaret”, conocida por su riqueza cultural y espiritual, se ha preparado con alegría y sentido de pertenencia para ser protagonista de este acontecimiento que impulsará la renovación carismática y de servicio apostólico acorde con los retos de hoy. En cada comunidad, se propiciarán espacios para el diálogo personal y comunitario (cf. Const. 105), generando un clima de escucha y corresponsabilidad.

Unidas en Oración

Se invita a toda la Familia Carismática Amigoniana y a quienes comparten su misión, a fortalecer la comunión fraterna  y oración confiada por los frutos de esta Visita Canónica General. Que este tiempo de discernimiento y encuentro impulse un renovado espíritu carismático – misionero y fortalezca el “ser” de Terciarias Capuchinas dentro de la Iglesia.

Categorías
Últimas Noticias

Entramado vocacional

En este nuevo trienio en la Provincia Nuestra Señora de Guadalupe nos acompaña el lema: “artesanas del cuidado” y la vivencia del mismo no se ha hecho esperar, el pasado mes de noviembre tuvimos la oportunidad de acompañar dos encuentros vocacionales en dos países que forman parte de nuestra demarcación.

Guatemala y Costa Rica, aunque separados por kilómetros, pero enriquecidos por sus culturas fueron los escenarios que nos unieron en un mismo espíritu: el deseo de acompañar a las jóvenes en su camino de discernimiento y búsquedas de la propia vocación. Esta experiencia se nos convirtió en todo un entramado vocacional donde incluso las hermanas que participamos renovamos nuestro sí generoso. Ambos encuentros fueron acompañados y dinamizados por la hermana María Damaris García, Promotora Provincial.

Por un lado, el Hogar Luis Amigó abrió sus puertas los días 8, 9 y 10 de noviembre para recibir a las hermanas promotoras vocacionales de las comunidades presentes en Guatemala, para compartir la alegría de la vocación junto a ocho señoritas procedentes de los departamentos de Totonicapán y Quetzaltenango que respondieron a la invitación de  participar del retiro de discernimiento, el cual tuvo como lema: «Tu eres mi tesoro» las jóvenes tuvieron la oportunidad de compartir momentos de oración con la Palabra, temas de formación, adoración al Santísimo, dinámicas, un día de silencio en ambiente de desierto en el que cada una tuvo un espacio a solas con Jesús Sacramentado. Y este entramado vocacional va tomando forma ya que de este grupo de jóvenes que participaron, saldrán las próximas candidatas que con esperanza y fe ingresarán al aspirantado el próximo año 2025. Damos gracias a Dios que sigue tocando el corazón de las jóvenes para dejarse inquietar por la persona de Jesús que continúa llamando obreros a su mies.

En esa misma sintonía, la comunidad Postulantado en la Ribera de Belén, Costa Rica, dispuso con mucha ilusión su hogar para recibir a las jóvenes los días 22, 23 y 24 de noviembre junto al equipo de hermanas promotoras vocacionales presentes en el país, en el mismo, participaron cinco jóvenes bajo el lema: “Enciéndeme” Las actividades del retiro incluyeron momentos de oración contemplativa, dinámicas grupales y testimonios una religiosa que dijo sí a este estilo de vida. La figura de María fue clave en el encuentro donde compartimos las consecuencias del sí.  El lema «Enciéndeme» resonó fuertemente en cada corazón, recordándoles que Dios es quien enciende la chispa de la vocación en cada una, pero necesitamos estar dispuestas a pedirlo con corazón abierto y generoso.

En esta experiencia el entramado nos regala la certeza que es Él, el que inquieta los corazones y, aunque no siempre veamos los frutos de inmediato, confiamos en que su gracia continuará trabajando en cada joven, guiándolas hacia el discernimiento de su vocación, ellas mismas manifestaban que después del encuentro se llevaron claridades que se vuelven relevantes para dar una respuesta.

Al final del retiro, las jóvenes salieron con el corazón ardiendo de amor y compromiso, dispuestas a llevar el fuego de la fe a sus vidas cotidianas, renovadas y fortalecidas para seguir su camino vocacional con valentía y esperanza.

En este entramado nos hemos experimentado artesanas del cuidado, confiando que nuestra tarea es acompañar, sembrar y cuidar con la oración las vidas que el Señor nos confía.

Categorías
Artículos

La compasión: El rostro de Dios en el carisma amigoniano: una invitación a la conversión y al perdón

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. La misericordia se ha hecho viva y visible en Jesús de Nazaret. El padre rico en misericordia (Ef.2,4) Misericordia: la palabra revela el misterio mismo de la Santísima Trinidad. Misericordia: el acto último y supremo por el que Dios sale a nuestro encuentro. Misericordia: puente que une a Dios con el hombre, abriendo nuestro corazón a la esperanza de ser amados para siempre a pesar de nuestra pecaminosidad. Su ser misericordioso se demuestra concretamente en sus numerosas acciones a lo largo de la historia de la salvación, donde su bondad prevalece sobre el castigo y la destrucción. En resumen, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta a través de la cual revela su amor como el de un padre o una madre que se conmueven hasta lo más profundo por amor a su hijo.

Los signos que obra especialmente ante los pecadores, los pobres, los marginados, los enfermos y los que sufren, tienen por objeto enseñar la misericordia. Todo en Él habla de misericordia, nada  está desprovisto de compasión. La misericordia y la compasión desempeñan un papel importante en el mundo actual, dondequiera que miremos parece haber demasiada miseria. En algún lugar hay alguien que tiene hambre y sed. Hay alguien que lucha por su vida o alguien que suplica ayuda.

Tanto la misericordia como la compasión se refieren a la preocupación por las personas necesitadas. La compasión es una conciencia empática del sufrimiento ajeno, unida al deseo de aliviarlo. Proviene de dos palabras latinas, com (con) y pati (sufrir) y se traduce literalmente como «sufrir con».  Es la compasión la que nos impulsa a sentir el dolor de otra persona y, al hacerlo, nos unimos a su camino. Cuando Jesús fue crucificado, su madre María, al pie de la cruz y sufriendo con su hijo, era el rostro de la compasión.

El rostro del Dios misericordioso y compasivo visto en Jesús curando a los enfermos, resucitando a los muertos, dando la vista a los ciegos y sobre todo ofreció su vida por la salvación de todos nosotros. Cuando JESÚS dice: «Sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso» (Lc 6, 36-42) no sólo nos está diciendo qué hacer, sino también cómo hacerlo. Su ejemplo y su ministerio vinculan lo interno (lo que sentimos) y lo externo (nuestras acciones). Jesús nos insta a perdonar a nuestros enemigos (mostrar misericordia), pero también nos anima a amarlos y a rezar por ellos (compasión).La tradición católica introduce la virtud de la solidaridad. Ésta tiende un puente entre la misericordia y la compasión. No se trata simplemente de un vago sentimiento de compasión, sino de una compasión que nos lleva a la acción. Obliga no sólo a mostrar misericordia y sentir compasión, sino hacer algo que alivie el sufrimiento de los demás.

En la Biblia encontramos a un Dios compasivo con su pueblo, que ve y actúa. Cuando Dios ve al pueblo de Israel sufriendo bajo el faraón en Egipto y baja para liberarlos de la esclavitud y los conduce a la tierra prometida (Éxodo 3:7). Cuando Dios ve a la humanidad sufriendo por la esclavitud del pecado y baja en persona para liberarnos a través de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 Todo el ministerio de Jesucristo estuvo marcado por la misericordia, la compasión, la llamada a la conversión y el perdón. En su ministerio público, cuando ve a la gente deambular como ovejas sin pastor agobiadas por el hambre y la enfermedad, les da de comer y les cura y sacia su sed con la Palabra de Dios, les enseña y les ofrece restauración. En resumen, el carácter distintivo de Jesucristo era la misericordia y la compasión que mostraba por las personas que encontraba más especialmente, los sufrientes y marginados, los de la periferia de la sociedad.

La verdadera compasión significa sufrir con alguien, sentirse como otra persona. En otras palabras, el profundo poder motivador de la empatía. De este modo, la compasión puede llevar a un cambio de corazón, a la conversión, al arrepentimiento y al perdón.

Del libro «Padre Luis Amigo el amigo de los marginados» leemos que» el Padre Luis era conocido por su servicialidad y deseo de hacer el bien a los demás, sensible a las necesidades ajenas. Los domingos visitaba a los enfermos al hospital, se ocupaba de su aseo, atendía a las víctimas de la discriminación, a la cárcel para consolar e instruir a los presos especialmente a los condenados a cadena perpetua. De nuevo durante la epidemia de cólera en España, narra «el gobierno de Masamagrell me pidió ayuda a la recién nacida congregación, de las hermanas terciarias capuchinas, para enviar a las hermanas a socorrer y atender a los enfermos afligidos por la peste. Fue un acto de heroísmo desafiando peligros y despreciando su propia vida por amor, como resultado tres hermanas menores murieron tras ser contaminadas por la enfermedad. Después de la epidemia, el padre Luis Amigo narra con palabras que nos recuerdan al buen samaritano: «Muchos niños se quedaron sin refugio después de haber perdido a sus padres. Movido por la compasión, pensé que podríamos cuidar de ellos» (OCLA 86).

Bíblicamente, compasión es mostrar piedad, amor y misericordia, como dice el Señor Jesús: «Tengo compasión de esta gente, ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos con hambre, o se desmayarán en el camino» (Mt. 15:32). La Compasión de Dios es lo primero, como ha demostrado en toda la historia de nuestra Salvación. En el misterio mismo de la creación está la revelación de nuestro Dios que se caracteriza por la bondad amorosa, la misericordia, la compasión y el perdón. Es un Dios que es la fuente de nuestra creación, que sostiene nuestro mismo aliento y lo lleva a su plenitud, como lo atestigua el don mismo de la vida que se nos ha dado gratuitamente. La omnipotencia divina se manifiesta claramente en el ejercicio de la misericordia divina. La misericordia divina es abundante e infinita. Como cristianos, estamos llamados a imitar y reproducir la misericordia y la compasión de Dios hacia nuestros hermanos y hermanas. Decir que alguien está lleno de misericordia es como decir que su corazón está lleno de amor. En otras palabras, la compasión y la misericordia de Dios nos obligan a actuar cuando vemos a nuestros hermanos y hermanas necesitados de apoyo y ayuda. Esforzarnos al máximo para remediar el problema, porque al final se ha convertido en nuestro problema.

Este es el efecto de la misericordia, ya que da a conocer la presencia de Dios que es el Padre, lleno de amor y de perdón. Jesús hace del perdón uno de los temas principales de su enseñanza. También es importante señalar que, al revelar el perdón amoroso de Dios, Jesús pone de manifiesto ante nosotros la necesidad de que la vida de todo cristiano esté guiada por el perdón.

El perdón es el aspecto fundamental de la fe cristiana, como se subraya tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios es retratado como misericordioso y perdonador, llamándonos a buscar el perdón y a extenderlo a los demás, como se recuerda en la oración del Señor. La parábola del siervo que no perdona subraya la naturaleza recíproca del perdón. Jesús enciende la expectativa de que mostremos misericordia a los demás del mismo modo que la recibimos de Dios. El perdón es un verdadero camino de conversión. El Señor respondió a la pregunta de Pedro: «Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí, y yo le perdono? ¿Hasta siete veces?» «No te digo siete veces, sino setenta y siete veces» ( Mt 18, 21-22), con lo que entendemos que Cristo proclama con su acción, incluso más que con sus palabras, que la llamada a la misericordia y a la compasión, el perdón y, finalmente, la conversión son los elementos esenciales de cualquier proclamación del Evangelio.

En otras palabras, la Conversión es ese proceso que tiene lugar para que un cristiano vuelva a Dios después de confesar sus pecados a Dios. Es el proceso que exige e implica no sólo el cambio en las acciones, sino también el cambio de corazón. Es importante destacar que este proceso no será posible sin la aceptación y el perdón de Dios. Es a través de la sanación y el perdón de nuestro Señor Jesucristo que podemos ser redimidos. En resumen, existe una fuerte relación entre la conversión y el perdón, porque la conversión es imposible sin el perdón y, a la inversa, sin la conversión nunca habrá un proceso completo de perdón. En el Misterio pascual de Cristo, Dios muestra su perdón gratuito y ofrece la salvación universal y cada persona está llamada a comprometerse en un camino personal de conversión como respuesta a la invitación de Dios (Lc 23,26-56).

 Un claro ejemplo de ello es la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32), que expresa la esencia de la misericordia y el perdón amoroso de Dios en el drama amoroso del amor del Padre y la prodigalidad y pecaminosidad del hijo menor. La parábola toca todos los aspectos de la alianza de amor, todas las pérdidas de gracia y todos los pecados.

La parábola muestra el amor misericordioso de Dios por cada persona y su atención personal hacia la humanidad entera. Vemos en esta parábola la compasión misericordiosa del Padre que eclipsa la pecaminosidad del hijo, así como el recuerdo de la bondad del Padre que motiva al hijo pródigo al arrepentimiento. ¡Qué imagen del amor compasivo y de la misericordia de Dios! El corazón de Dios está lleno de compasión por nosotros, sus hijos. Siempre está dispuesto con los brazos abiertos a acoger al pecador que regresa a casa con una alegre celebración.

En conclusión, el desafío de la misericordia de Dios plantea una exigencia a nuestra generosidad que sólo los purificados y el amor pueden esperar satisfacer. A toda persona que apela al perdón de Dios se le exige que se acerque al lado de Dios mediante la conversión, y que comparta la compasión de Dios, comprendiendo la misericordia sin medida, con la que Dios mira la fragilidad humana y el pecado. Tan radical y difícil es la llamada cristiana a la conversión, al arrepentimiento y al perdón, especialmente cuando ha habido una herida real y profunda que perdonar, que sólo tiene lugar por obra del Espíritu, en unión con el Señor resucitado.

El perdón es un elemento central del mensaje bíblico, que promueve la reconciliación, la compasión y el poder transformador de la gracia de Dios. No es un signo de debilidad, sino el signo de la verdadera fuerza, como demostró poderosamente Jesús en la cruz.

Nuestro seráfico padre san Francisco de Asís nos llama a lo mismo diciendo «No debe haber fraile en todo el mundo que haya caído en pecado, no importa lo lejos que haya caído, que nunca deje de encontrar tu perdón por pedirlo, si tan sólo te mira a los ojos. Y si no te pide perdón, pregúntale tú si lo quiere. Y si mil veces vuelve a presentarse ante ti, debes amarle más que a mí, para atraerle a Dios.

Que yo también me perdone a mí mismo y abra mi corazón a aquellos a quienes debo pedir perdón. Que sea rápido para perdonar en toda circunstancia. Que el perdón me enseñe la compasión.

Hna. Diana Kayetan Mhule