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Aún seguimos… creyendo y apostando

En este tiempo de tantos cambios, cuando parece que no hay camino, cuando la noche cree que ha ganado, tu voz sentencia, Yo estoy contigo (cf. Mt 28,20).

Cuando hablamos de la realidad tan difícil que vive nuestro mundo, lo primero que planteamos es que nos falta conciencia del cuidado que debemos tener con él para preservar su existencia, y es una frase que hemos escuchado y repetido hasta la saciedad, “el mundo está como está, porque nos falta conciencia” pero ¿será esto cierto del todo? o ¿es una frase que se ha viciado con el tiempo y se ha desgastado de tanto repetirla? 

Frente a la saturación de tanta información, aparece el fantasma de la desesperanza y la indiferencia, con aquella frase lapidaria: ESO YA LO SABEMOS. Para salvaguardarnos de este fantasma, la ética del cuidado nos insta a ayudar a los demás, de tal modo que no puede plantearse la OMISIÓN. Constatamos la necesidad, nos sentimos obligados a procurar que se resuelva; y esto se basa en la comprensión del mundo como una red de relaciones, en la que nos sentimos insertos. Desde el Génesis (Gen 1,28)  nos ha encomendado Dios, la tarea de custodiar y señorear la tierra  y hoy  el Papa, consciente de la crisis ecológica planetaria, nos  exhorta a desarrollar “un nuevo paradigma de comprensión de la relación entre la especie humana y la naturaleza. Partiendo de la categoría bíblica de la creación, concibe el mundo como un don de Dios, orgánico y frágil, que debe ser amado, respetado y regulado según la misma ley de Dios (…)  La solución está en la unión y en la armonía entre la ecología medioambiental y la ecología humana.

No podemos huir de nuestra responsabilidad ni de la tarea que tenemos ante el mundo, es preciso, urgente y necesario, orar, reflexionar y unirnos para detener esta autodestrucción; debemos cuidar, recrear y defender nuestro planeta, tenemos la necesidad imperante de articular equilibradamente una ecología medioambiental y una ecología humana. Así lo ha expresado Bernardo Toro: “vivimos en una paradoja, primero como especie humana, hemos creado todas las condiciones para desaparecer: el cambio climático (calentamiento global) el uso (abuso)  del agua, el consumo excesivo de electricidad, la acumulación de la riqueza en unos pocos que genera hambre en muchos, los límites y deterioro de los territorios (fracking, minería ilegal, tala indiscriminada de bosques), esto nace de nuestra mala relación con el planeta; por otro lado, hemos creado todas las condiciones para reconocernos como una sola especie, ya que no existen razas, sino una especie con diferentes tonos de piel  (…) El internet, el turismo, la globalización, la interculturalidad, la migración, nos han unido en red y si queremos podemos salvaguardarnos quitando las fronteras que nos separan, nos dividen, enfrentan y destruyen.

Parafraseando lo dicho por el Papa en varios de sus discursos ante los desastres naturales que ha vivido el mundo, siempre afirma que el mundo creado por Dios, es bello, uno y armónico, pero el ser humano, en la medida en que se ubica en el centro de la creación, se pone por encima del Todo; sus intereses egocéntricos, introducen una fractura, una desarmonía que conduce el mundo al caos y a la pérdida del equilibrio que lo caracteriza. La raíz, pues, del mal, de la ruptura, es la lógica del ego, consiste en vivir conforme a los propios intereses. 

El mal uso de la libertad humana es la génesis de la devastación medioambiental que sufrimos. Vivimos una crisis predominantemente antropológica: para sanar la herida del ecosistema, primero hay que curar la fractura dentro del hombre; cuidar es igual a curar – sanar.

Por eso nos urge retomar los principios esenciales de la ética del cuidado que   es ante todo una forma de vida, que prioriza las relaciones humanas alrededor del cuidado, entendido éste como el afecto en su máxima dimensión. El cuidado de sí mismo, el cuidado del otro, el cuidado de lo que es de todos; como bien lo explicita la encíclica Laudato Si, la casa común es asunto de todos; o nos unimos y comprometemos o desaparecemos por nuestra propia mano.

Carol Gilligan, al hacer un estudio sobre las acciones humanas con mujeres, distinto al que había hecho su maestro Kohlberg (solo con hombres) decía entre otras cosas que “las mujeres nos preocupamos por los demás, tenemos mayor capacidad emocional, somos más sensibles, priorizamos las necesidades por encima del cumplimiento abstracto de deberes y el ejercicio de derechos. A las mujeres se les facilita un poco más el respeto a la diversidad y procuran la satisfacción de las necesidades del otro, no solo según su trabajo sino su necesidad”. 

Es hora de tener un cambio de enfoque en la relación de uno mismo con los demás y con el mundo: se trata de “pasar del consumismo al sacrificio, de la avidez a la generosidad”. Todo cambio de comportamiento, y más de mentalidad, necesita de unas motivaciones concretas y un camino pedagógico que hay que ir elaborando entre todos, y en este punto, los consagrados tenemos mucho que aportar.

Al mirarnos a la luz de esta realidad, las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, nos sentimos impulsadas a comprometernos más, no solo desde las comunidades locales, haciendo cosas buenas, como tratar de convivir bien entre nosotras, reciclar, ahorrar energía, no contaminar los ríos y mares, entre otras iniciativas; también es necesario apostar desde la institucionalidad para trabajar  en red con otros y otras, puesto que tenemos varias ventajas: en primer lugar, somos mujeres, que poseemos esa sensibilidad natural que brota de nuestras entrañas, de nuestra maternidad espiritual obligándonos a no ser indiferentes ante el que sufre. Segundo, somos mujeres consagradas en búsqueda de la hondura espiritual que no es otra que la identificación con la persona de Jesús y sus acciones (cf. Gal 4,19); Él, se dejó conmover a profundidad por la hemorroísa, la viuda de Naïm, la sirofenicia, el leproso, el ciego del camino, entre otros; por otro lado, somos herederas de una rica espiritualidad franciscano-amigoniana, donde el amor fraterno es universal, abarcando la creación y el cosmos; la compasión y la misericordia son ejes transversales de nuestro accionar.  

También es necesario tejer red en cuanto a la ecología humana y nuestra opción por la humanidad, con la certeza que se debe amar a todos. Gilligan,  también explica que, el bienestar humano y la sostenibilidad ambiental dependen de la diversidad biocultural, de su interacción y de su transformación temporal, comprendiendo que: La biodiversidad es esencial para el correcto funcionamiento de los servicios que mantienen la estabilidad de los ecosistemas y la dignidad de sus habitantes. La pérdida de biodiversidad se asocia con el rápido crecimiento de las poblaciones humanas, su concentración en núcleos urbanos con un modelo de consumo insostenible que va unido al aumento de residuos y contaminantes, a conflictos bélicos y a un muy lento avance de la igualdad en la distribución del bienestar y los recursos.  

La inequidad social tiene unas raíces muy profundas en la desigualdad social, heredadas de generación en generación, las cuales son difíciles de erradicar y para contrarrestar esto es preciso unirnos al caminar de otros para que la voz sea más fuerte y llegue a los oídos de aquellos que mueven los hilos del mundo, pero no solas, sino en comunión con la Iglesia y con toda la humanidad especialmente en las fronteras donde la vida clama porque está en peligro de extinción. 

Carlos Cullen de manera poética dijo así: “Si sabemos estar siendo y no pretendemos ser sin estar, cuidaremos del otro en cuanto otro, como la forma más profunda de entender el cuidado de sí”.

Y finalmente ante la hecatombe que se avecina si no nos convertimos, se comprende desde la ecología humana que: Hay dos superestructuras del ambiente cultural, que condicionan los ciclos el primero es el dinero, que modula la cantidad y calidad de vida en los diferentes grupos humanos; el segundo la información, difundida con rapidez vertiginosa a través de las nuevas tecnologías, condiciona los patrones de comportamiento social en todos sus aspectos, incluidos los relacionados con el gasto y consumo desmedido de los recursos. Solo cuando tomemos conciencia y sigamos apostando por el Reino de los cielos, la hermandad y la comunión con todos, la situación del mundo y del planeta se revertirá.

“Y aún seguimos en tu camino,  Dios hecho hombre, maestro y guía y aún vivimos tan convencidos que solo el Reino es nuestra utopía. Y aún seguimos enamorados de tu persona y de tu proyecto y aun reímos y aun cantamos tan obstinado de un mundo nuevo” (Himno 50 años de la CLAR)

HNA. CILIA IRIS BONILLA, TC

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El sentido de la vida

Abrir los ojos y respirar cada día es un regalo, y encontrar el sentido a nuestra existencia es algo a lo que definitivamente aspiramos. Vivir con propósito requiere un trabajo consciente y permanente con nosotros mismos. 

Cada uno tiene una historia personal y desde mi experiencia he llegado a comprender, que el propósito de la vida no es un lugar al cual llegar o una meta por alcanzar, es un camino que se recorre de manera muy personal. Algunas veces ese camino es llano pero muchas otras es un camino escabroso, por el cual hay que aprender a transitar para crecer. 

A pesar de que en ocasiones, no encontramos sentido a lo que estamos viviendo, con certeza puedo asegurar que en cada vivencia Dios ha tenido un propósito especial que me ha hecho trascender. 

Pensar en mi origen, la familia a la que pertenezco, las personas con las que he tenido que interactuar, mi trabajo, las pérdidas materiales y humanas que he enfrentado, problemas de salud y todo lo que encierra mi historia personal hasta este momento… han generado en mí un sentimiento de gratitud que me ha permitido descubrir principalmente en los momentos difíciles, paz y fortaleza. 

A inicios del año 2019, recibí el diagnóstico de un cáncer de mama y, aunque fue una noticia inesperada y desconcertante, tuve la oportunidad en muchos momentos de experimentar el amor y cuidado de Dios (soy una persona de fe). Por ejemplo, en el hospital que recibí el tratamiento encontré un lugar acogedor y un ambiente cálido, con un personal médico comprometido y de gran sensibilidad humana, lo cual permitió que mi situación de enfermedad fuera mucho más llevadera, al punto de lograr en mí la convicción de que a pesar de la circunstancia, era afortunada y esto a su vez ayudó en gran manera a mi proceso de sanidad y crecimiento personal.

Todo este proceso me ha permitido replantearme el valor del sentido de mi vida y con ello buscar el propósito al que he sido llamada, esforzándome ahora mayormente a dejar de lado prejuicios, temores, inseguridades y todo lo que obstaculice mi espíritu libre. 

Vivir en libertad para mí, es disfrutar de cada día como si fuera el último, porque cada momento, cada día es único e irrepetible. Sentirme agradecida y satisfecha con lo que tengo, disfrutar del amor que recibo y poder amar a los demás, apreciando cada detalle y convencida de que, aunque no podemos elegir lo que nos ocurre, sí podemos elegir cómo enfrentarlo. 

También he llegado a comprender que una vida bien vivida tiene que ver con servir a otros.  A menudo dejamos de hacer favores a los demás porque estamos demasiado ocupados, como si temiéramos perder el tiempo; pero ayudar a quienes se cruzan en nuestro camino, lejos de quitarnos algo, nos enriquece. El tiempo que invertimos en servir a otros no se desperdicia, sino que se transforma. Estoy segura que ayudar a nuestros semejantes nos ayuda a nosotros mismos, porque nuestra existencia adquiere mayor sentido y resulta una excelente forma de crecimiento personal.

Cuando descubrimos el sentido de nuestra vida y vivimos de manera apasionada por lo que hacemos y cuando somos capaces de transmitirlo día a día, todo cambia.  Mejora nuestra autoestima, nos sentimos útiles y valiosos, optimistas y positivos; esto provoca un efecto transformador, no sólo en nosotros mismos sino también en las personas que están a nuestro alrededor, pues se genera un efecto multiplicador que beneficia a todo el entorno. 

Así que ánimo, estamos en este mundo para ser felices, no ;cuando despiertes cada mañana, respira, sonríe y agradece a Dios por la vida y todo lo que ella te regala. 

GABRIELA MORA ABARCA

(Psicóloga del Colegio “Nuestra Señora de Desamparados”, Costa Rica)

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Francisco: El Jubileo de 2025 signo de renacimiento, de esperanza y confianza

El Santo Padre ha enviado una Carta a Monseñor Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Dicasterio al cual se le confía la organización del Jubileo de 2025, y la responsabilidad de encontrar las maneras apropiadas para que el Año Santo se prepare y se celebre con fe intensa, esperanza viva y caridad operante.

Renato Martínez – Ciudad del Vaticano

“El próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente”, lo escribe el Papa Francisco en su Carta dirigida a Monseñor Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Dicasterio al cual se le confía la organización del Jubileo ordinario del año 2025, que tiene como lema “Peregrinos de la Esperanza”.

El Jubileo, un don especial de gracia

En su Misiva – firmada en San Juan de Letrán, el 11 de febrero de 2022, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes – el Santo Padre recuerda que, el Jubileo ha sido siempre un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia. “Desde que Bonifacio VIII instituyó el primer Año Santo en 1300 —con cadencia de cien años, que después pasó a ser según el modelo bíblico, de cincuenta años y ulteriormente fijado en veinticinco—, el pueblo fiel de Dios ha vivido esta celebración como un don especial de gracia, caracterizado por el perdón de los pecados y, en particular, por la indulgencia, expresión plena de la misericordia de Dios”.

“Los fieles, generalmente al final de una larga peregrinación, acceden al tesoro espiritual de la Iglesia atravesando la Puerta Santa y venerando las reliquias de los Apóstoles Pedro y Pablo conservadas en las basílicas romanas… Dando testimonio vivo de su fe perdurable”.

Vivir el Año Santo en todo su significado pastoral

Asimismo, el Papa Francisco señala que, el Gran Jubileo del año 2000 introdujo la Iglesia en el tercer milenio de su historia. San Juan Pablo II lo había esperado y deseado tanto, con la esperanza de que todos los cristianos, superadas sus divisiones históricas, pudieran celebrar juntos los dos mil años del nacimiento de Jesucristo, Salvador de la humanidad.  “Ahora que nos acercamos a los primeros veinticinco años del siglo XXI – afirma el Pontífice – estamos llamados a poner en marcha una preparación que permita al pueblo cristiano vivir el Año Santo en todo su significado pastoral”.

“En este sentido una etapa importante ha sido el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que nos ha permitido redescubrir toda la fuerza y la ternura del amor misericordioso del Padre, para que a su vez podamos ser sus testigos”.

Dos años de sufrimientos y limitaciones

Sin embargo, el Santo Padre recuerda que, en los dos últimos años no ha habido país que no haya sido afectado por la inesperada epidemia que, además de hacernos ver el drama de morir en soledad, la incertidumbre y la fugacidad de la existencia, ha cambiado también nuestro estilo de vida. Como cristianos, señala el Papa, hemos pasado juntos con nuestros hermanos y hermanas los mismos sufrimientos y limitaciones. Nuestras iglesias han sido cerradas, así como las escuelas, fábricas, oficinas, tiendas y espacios recreativos. Todos hemos visto limitadas algunas libertades y la pandemia, además del dolor, ha despertado a veces la duda, el miedo y el desconcierto en nuestras almas. Los hombres y mujeres de ciencia, con gran rapidez, han encontrado un primer remedio que permite poco a poco volver a la vida cotidiana.

“Confiamos plenamente en que la epidemia pueda ser superada y el mundo recupere sus ritmos de relaciones personales y de vida social. Esto será más fácil de alcanzar en la medida en que se actúe de forma solidaria, para que las poblaciones más desfavorecidas no queden desatendidas, sino que se pueda compartir con todos los descubrimientos de la ciencia y los medicamentos necesarios”.

El Jubileo puede ayudar a restablecer la esperanza

De ahí deriva la invitación del Papa Francisco a “mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras”. Por ello, afirma el Pontífice, el próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente. Por esa razón elegí el lema Peregrinos de la Esperanza. Todo esto será posible si somos capaces de recuperar el sentido de la fraternidad universal, si no cerramos los ojos ante la tragedia de la pobreza galopante que impide a millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños vivir de manera humanamente digna. Pienso especialmente en los numerosos refugiados que se ven obligados a abandonar sus tierras. 

“Ojalá que las voces de los pobres sean escuchadas en este tiempo de preparación al Jubileo que, según el mandato bíblico, devuelve a cada uno el acceso a los frutos de la tierra: «podrán comer todo lo que la tierra produzca durante su descanso, tú, tu esclavo, tu esclava y tu jornalero, así como el huésped que resida contigo; y también el ganado y los animales que estén en la tierra, podrán comer todos sus productos» (Lv 25,6-7)”.

No descuidemos el cuidado de nuestra Casa común

Por lo tanto, el Obispo de Roma indica que, la dimensión espiritual del Jubileo, que nos invita a la conversión, debe unirse a estos aspectos fundamentales de la vida social, para formar un conjunto coherente. Sintiéndonos todos peregrinos en la tierra en la que el Señor nos ha puesto para que la cultivemos y la cuidemos (cf. Gn 2,15), no descuidemos, a lo largo del camino, la contemplación de la belleza de la creación y el cuidado de nuestra casa común. Espero que el próximo Año Jubilar se celebre y se viva también con esta intención. 

“De hecho, un número cada vez mayor de personas, incluidos muchos jóvenes y adolescentes, reconocen que el cuidado de la creación es expresión esencial de la fe en Dios y de la obediencia a su voluntad”.

Fe intensa, esperanza viva y caridad operante

Así, el Papa Francisco confía a Monseñor Fisichella la responsabilidad de encontrar las maneras apropiadas para que el Año Santo se prepare y se celebre con fe intensa, esperanza viva y caridad operante. El Dicasterio que promueve la nueva evangelización sabrá hacer de este momento de gracia una etapa significativa para la pastoral de las Iglesias particulares, tanto latinas como orientales, que en estos años están llamadas a intensificar su compromiso sinodal. En esta perspectiva, la peregrinación hacia el Jubileo podrá fortificar y manifestar el camino común que la Iglesia está llamada a recorrer para ser cada vez más claramente signo e instrumento de unidad en la armonía de la diversidad. Será importante ayudar a redescubrir las exigencias de la llamada universal a la participación responsable, con la valorización de los carismas y ministerios que el Espíritu Santo no cesa de conceder para la edificación de la única Iglesia. 

“Las cuatro Constituciones del Concilio Ecuménico Vaticano II, junto con el Magisterio de estos decenios, seguirán orientando y guiando al santo pueblo de Dios, para que progrese en la misión de llevar el gozoso anuncio del Evangelio a todos”.

El año 2024 una gran “sinfonía” de oración

El Santo Padre también precisa en su Carta que, la Bula de convocación, que será publicada en su momento, contendrá las indicaciones necesarias para la celebración del Jubileo de 2025. En este tiempo de preparación, me alegra pensar que el año 2024, que precede al acontecimiento del Jubileo, pueda dedicarse a una gran “sinfonía” de oración; ante todo, para recuperar el deseo de estar en la presencia del Señor, de escucharlo y adorarlo. Oración, para agradecer a Dios los múltiples dones de su amor por nosotros y alabar su obra en la creación, que nos compromete a respetarla y a actuar de forma concreta y responsable para salvaguardarla. Oración como voz “de un solo corazón y una sola alma” que se traduce en ser solidarios y en compartir el pan de cada día. Oración que permite a cada hombre y mujer de este mundo dirigirse al único Dios, para expresarle lo que tienen en el secreto del corazón. Oración como vía maestra hacia la santidad, que nos lleva a vivir la contemplación en la acción. 

“En definitiva, un año intenso de oración, en el que los corazones se puedan abrir para recibir la abundancia de la gracia, haciendo del “Padre Nuestro”, la oración que Jesús nos enseñó, el programa de vida de cada uno de sus discípulos”.

Pidiendo a la Virgen María que acompañe a la Iglesia en el camino de preparación al acontecimiento de gracia del Jubileo, el Papa Francisco concluye su Misiva agradeciendo a Monseñor Rino Fisichella y a sus colaboradores, a quienes imparte su Bendición Apostólica.

https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2022-02/papa-francisco-carta-jubileo-monsenor-rino-fisichella-2025-inici.html

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120 aniversario de la aprobación pontificia de nuestra congregación

El próximo 25 de marzo, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia estaremos de fiesta al conmemorar el 120 aniversario de la Aprobación Pontificia de nuestra Congregación y Constituciones, emitida por Su Santidad León XIII.

La Congregación celebra igualmente en esta fecha “El día de la Misión Terciaria Capuchina”,  porque la fiesta de la Encarnación es la revelación del amor de Dios derramado para darnos vida. Es así mismo la fiesta de la disponibilidad de María que ilumina la vida de toda Terciaria Capuchina, para vivir disponibles haciendo presente el amor de Dios donde más falta hace.

Felicitamos a las hermanas misioneras de la Congregación y nos disponemos a vivir en misión desde todo lo que somos y hacemos, en el lugar donde la obediencia nos ha colocado. 

Agradecemos al Señor el don maravilloso de nuestro Padre Fundador, Luis Amigó y Ferrer y el don de nuestra vocación y carisma en y para la Iglesia. 

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Día Internacional de la Mujer

Cada 8 de marzo, el mundo y la Iglesia conmemoran el Día Internacional de la Mujer. Este acontecimiento, cuyos orígenes datan de principios del siglo XX, debe interpelar a las naciones para que fortalezcan las condiciones que garanticen la participación de la mujer en todos los espacios sociales. 

En el marco de esta conmemoración de las diferentes luchas femeninas, queremos compartir un texto del Padre Javier Leoz, actual pastor de la Parroquia de San Lorenzo, ubicada en el Casco viejo de la ciudad de Pamplona, en Navarra – España. 

 

BIENAVENTURANZAS DE LA MUJER
  • Bienaventurada la mujer que decide qué hacer y cómo hacer… Porque se sentirá representante y no solo representada.
  • Bienaventurada la mujer que no solo lucha por un día…  Porque caerá en la cuenta de que todos los días del año son una llamada a trabajar por sus derechos y obligaciones.
  • Bienaventurada la mujer que lejos de faltarle valor emprende cualquier acción para no ver su conquista difícil…Porque comprobará que su voz será oportunamente certera y tenida en cuenta.
  • Bienaventurada la mujer que es consciente del camino recorrido… Porque ello le animará a superar los obstáculos que todavía quedan por salvar en igualdad, oportunidades y condiciones.
  • Bienaventurada la mujer que no se siente ni un lujo y menos un jarrón de adorno… Porque seguirá exigiendo, no una limosna, y sí aquello que en dignidad y justicia le corresponde.
  • Bienaventurada la mujer que descubre que no es ni “menos ni más” sino que es un “igual”… Porque hará lo indecible para que nada ni nadie pueda infravalorar ni arrebatarle su iniciativa y dinamismo.
  • Bienaventurada la mujer que se revuelve contra la violencia doméstica y denuncia sin miedo ni temblor los maltratos que la humillan… Porque hará visible y comprensible el trecho que existe por el logro de sus derechos fundamentales.
  • Bienaventurada la mujer que lee y escribe, estudia y se forma, cree y ama, ríe y perdona, acompaña y ayuda, celebra y trabaja, la aventurera y la valiente, la emprendedora y justa...Porque será semilla y punto de referencia para aquellas otras que, aún en medio de los logros conseguidos, no pueden hablar ni sonreír, trabajar o triunfar, decidir o aconsejar, por ser postergadas a un segundo plano o al silencio que amordaza.
  • Bienaventurada, la mujer, que cuando le faltan fuerzas en la tierra… sabe mirar al cielo y escuchar la voz de DIOS: “Yo estaré contigo todos los días, en todos tus afanes”
  • Bienaventurada la mujer que, contemplando a María, no le importa como a ella romper moldes e ir contra corriente para irrumpir, también como ella, en la historia.   Amén.
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La crisis de Ucrania en el corazón de la Iglesia

La Iglesia no aparta sus ojos de la difícil situación que vive Ucrania. El peligro ante una posible invasión por parte de Rusia continúa levantando tensiones a nivel internacional.  Esta situación se ha visto provocada debido a las exigencias de Rusia a la OTAN y Estados Unidos para que ninguna ex república soviética se una a la alianza occidental.     

Mons. Dionisio Lachovicz, el Obispo de los católicos ucranianos en Italia, mostró la gran preocupación con la que los fieles de esta nacionalidad están viviendo el conflicto entre su país y Rusia. En declaraciones a Vatican News, señaló que la tensión que se está viviendo es “altísima” y aseguró que “no podemos hacer otra cosa que rezar, con la esperanza de que nuestros líderes políticos puedan encontrar una solución diplomática”. 

El Prelado dijo que la causa de todo “es la lógica imperialista” que hace que demos “un paso atrás, en lugar de dar un paso adelante y buscar el diálogo”.  El Obispo de los ucranianos en Italia aseguró que Ucrania “es el único país verdaderamente democrático de la antigua Unión Soviética”, algo que “no es bueno a los ojos de los demás, por eso hay un deseo de destruir”.

 

Mons. Dionisio Lachovicz advirtió que Ucrania ya pasó la experiencia de la guerra “que hizo que casi siete millones de ucranianos murieran de hambre”. Ante esto, el Prelado aseguró que “la vida cristiana es ayuda, participación y dar la vida por el otro”, por lo que “no se puede llamar cristianos a los que predican la cultura de la muerte y la guerra”.

Por su parte el Nuncio Apostólico en Ucrania pidió “construir un mayor entendimiento entre las Iglesias”, ya que “cuanto más unidos estemos, más fuertes seremos por dentro y más capaces seremos de dar un testimonio del Evangelio a los demás”.  

Del mismo modo, el embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andriy Yurash, lamentó desde Kiev que estamos viviendo “una situación terrible, no sólo para Ucrania, sino también para Europa y para el mundo entero”. 

“El pueblo ucraniano está más unido que nunca. Aquí se respira un ambiente de gran solidaridad”, señaló el embajador, quien agradeció las palabras del Papa Francisco y su llamado por la paz.  “El apoyo espiritual del Papa Francisco es vital para nosotros. La Santa Sede se ofrece a hacer de mediadora, la iniciativa ya existe y agradecemos mucho esta disponibilidad”, aseguró. 

El pasado 8 febrero el Papa Francisco recibió en el Vaticano al Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy; la audiencia privada entre el Santo Padre y el Presidente de Ucrania duró media hora. Al final del encuentro, el Pontífice regaló al Presidente Zelensky un medallón de San Martín de Tours quien el Papa indicó “ayudaba a las personas necesitadas y en dificultad” por lo que añadió que “en una situación difícil como la guerra, espero que San Martín proteja a su pueblo”.

Desafortunadamente, lo que se temía desde hace días ha sucedido y el mundo es testigo de una nueva guerra. Durante la noche del 24 de febrero, Rusia lanzó operaciones militares en territorio ucraniano. Las explosiones y las sirenas de alarma empezaron a oírse al amanecer incluida la capital, Kiev. Miles de personas, mujeres y niños, huyen de la guerra, buscando un lugar más seguro en los países fronterizos, entre los que se encuentran Polonia y Eslovaquia. A pesar de la amenaza del presidente Putin que ha afirmado: “Cualquiera que intente crear obstáculos e interferir con nosotros sabe que Rusia responderá con consecuencias sin precedentes”, se ha creado una red inmensa de solidaridad para acoger a los prófugos de guerra, en la que también nuestras hermanas se hacen presentes. 

Se mantiene la esperanza que después del encuentro entre la delegación de Rusia y Ucrania, se pueda llegar por vía del diálogo y la buena voluntad, a una solución pacífica para el bien de todos que ponga fin al conflicto armado. Mientras tanto, millones de personas en muchos rincones del mundo, se manifiestan en contra de esta guerra absurda. 

Nos gustaría poder publicar noticias de paz y reconciliación en la próxima ocasión. El Papa Francisco invitó a todos a una jornada de ayuno y oración el 2 de marzo, miércoles de ceniza. Que nuestra oración incesante y confiada por la paz, alcance este don tan preciado y escaso en nuestro mundo.

Fuente: Aciprensa

Foto: Vatican Media

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24/7 en Familia

Cuando se piensa en la familia, es fácil recordar miles de situaciones que acompañamos, escuchamos y que incluso vivimos dentro de nuestros propios entornos familiares. Nuestra espiritualidad, justamente enraizada en el seno de la Familia de Nazaret nos reclama esa presencia, esa palabra y ese gesto siempre oportuno y necesario en un escenario tan importante como es el entorno familiar en la vida humana.

Se ha querido llamar este artículo 24/7 EN FAMILIA, para representar analógicamente que la vivencia familiar involucra la totalidad del ser. Entrar y salir, matizar el tiempo en casa con el tiempo fuera, es lo propio de la vida y a lo que usualmente se suele llamar cotidianidad, y se compone de actividades, hábitos, costumbres, idiosincrasias y formas de llevar adelante las obligaciones, rutinas, tiempo de esparcimiento y afecto. Lo cotidiano está armado de una infinidad de pequeños detalles que se vuelven naturales hasta tal punto que se hacen imperceptibles, se tornan tan invisibles y corrientes que pueden llegar a automatizarse.

Solo cuando por alguna razón, se atraviesan situaciones realmente cruciales como es el caso de la pandemia para estos tiempos; también cuando se vive un accidente, una pérdida, o cualquier otro evento que interrumpe el rumbo de la vida cotidiana, se constata que estamos apegados a nuestras costumbres.

Entrar y salir como ya se ha dicho, fue lo común de nuestra vida, pero ¿qué pasa cuando por obligación no se puede salir o simplemente la vida impone precipitada y hostilmente cambiar hábitos y ritmos de vida?

Cada familia tiene sus fortalezas y valores de los que sentirse orgullosa; ellos son motivo para experimentar gratitud e incluso satisfacción. Pero también puntos débiles, zonas difíciles de conflicto y problemáticas con las que lidiar. Por tanto, en estos tiempos es mejor darse una tregua de lo pendiente y de lo que querrán modificar y dar paso a la paciencia, comprensión y alegría.

Para todos los seres humanos la familia es el elemento identitario que marca y define casi por completo su modo de estar en el mundo, sus valores, manera de relacionarse e incluso, sus opciones de conciencia. Ya sea porque se ha tenido el privilegio de crecer en una familia vinculante que ofrece una base segura como apoyo a la autoafirmación del yo en la etapa infantil, preadolescente y/o juvenil, porque ofrece respaldo a los ideales de vida, seguridad emocional y solvencia económica a las necesidades vitales de un ser humano. O en su defecto, porque en ella se prescinde de todo lo anterior y por ello se enfrenta la vida con miedo, desamparo, rabia o dolor. 

La pertenencia siempre será una necesidad vital que urge suplir no solo en orden a lo material sino, además, que proporciona contención emocional. Se puede ser padres, hijos o hermanos; en cualquier rol que se esté ubicados será necesario experimentarse parte de una familia 24/7, es decir, de tiempo completo, y sin perder de vista la individualización y el proyecto personal, encontrar allí la solidez humana que garantiza una vida llena de sentido y de valor.

No se puede hablar aún de la pandemia en tiempo pasado, porque es evidente que aún se está enfrentando a un cúmulo de situaciones y amenazas con las que este hecho histórico ha cambiado el ritmo cotidiano de la vida. Pero algo sí se puede decir al respecto: situaciones como ésta, ya han dado la oportunidad de releer e interpretar muchos aspectos de la vida, que las costumbres y rutinas no permitían notar. 

“Los humanos con frecuencia somos así; en las situaciones más difíciles solemos encontrar recursos que ni sospechábamos que teníamos, y también es frecuente que en los momentos de horror surja lo maravilloso, como esas flores que crecen en las piedras” (Rodríguez, s.f). 

Es hora de mirar desde dentro hacia fuera todos los insospechados recursos que ha suscitado este tiempo y aunque cada familia tiene su propia y singular manera de llevar la vida, y por supuesto, que esto vale también para los días normales lejos de la pandemia o dentro de ella, en definitiva, no debería hablarse de fórmulas mágicas para que el tiempo juntos sea “ideal”. Lo que sí podría referirse al respecto es que deber ser tiempo de calidad 24/7 no simboliza todo el tiempo que se debería estar juntos, sino mejor aún, todo el tiempo en el que hemos de sentirnos  “parte de…”  Ninguno debería quedar por fuera del diálogo, de la escucha, del abrazo y de la comprensión necesaria para que allí encuentre el amor incondicional que en otros ámbitos suele estar siempre condicionado.

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya, tc

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Mensaje para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2022

«CAMINANDO JUNTOS»

La vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia» (Vita consecrata, n. 3). Son las palabras de la exhortación apostólica postsinodal sobre la vida consagrada que, recogiendo el rico caudal de la herencia conciliar, ha marcado, como brújula segura, el camino de todos los consagrados en los últimos veinticinco años. Como don precioso y necesario para todos los cristianos, la vida consagrada despliega su ser en la vida, la santidad y la misión eclesial.

Siguiendo la estela del Concilio Vaticano II, el papa Francisco ha emplazado a todo el pueblo de Dios a situarse en «modo sinodal» convocando un Sínodo bajo el título «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», que culminará en octubre de 2023. La mirada está puesta en «encaminarnos no ocasionalmente, sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal». La razón ya la había explicado el Papa unos años atrás: «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Y la Iglesia «no es otra cosa que el “caminar juntos” de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor».

En un sentido amplio y de modo más genérico, la sinodalidad vendría a designar: «El estilo peculiar que califica la vida y la misión de la Iglesia expresando su naturaleza como el caminar juntos y el reunirse en asamblea del pueblo de Dios convocado por el Señor Jesús en la fuerza del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio. Debe expresarse en el modo ordinario de vivir y obrar de la Iglesia. Este modus vivendi et operandi se realiza mediante la escucha comunitaria de la Palabra y la celebración de la eucaristía, la fraternidad de la comunión y la corresponsabilidad y participación de todo el pueblo de Dios, en sus diferentes niveles y en la distinción de los diversos ministerios y roles, en su vida y en su misión».

Los consagrados son «buscadores y testigos apasionados de Dios» en el camino de la historia y en la entraña de la humanidad. Caminar juntos es un ejercicio de necesidad y una experiencia de belleza. La necesidad nace de la exigencia de la Iglesia de fortalecer las sinergias en todos los ámbitos de misión. La belleza brota al contemplar el testimonio de quienes son llamados por la misma vocación a vivir en fraternidad y dar la vida por el reino al servicio de los hermanos.

De este modo, recogiendo la invitación del papa Francisco, la XXVI Jornada de la vida consagrada lleva por lema «La vida consagrada, caminando juntos». Al evocar la categoría camino, no podemos sino volver nuestra mirada al mismo Jesús que se proclamó «camino, verdad y vida» (Jn 14, 6), recorrió el camino de subida a Jerusalén hasta la cruz para establecer una nueva alianza entre Dios y los hombres (Lc 9, 51) y, una vez resucitado,  «se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 15) para descubrir a los discípulos la verdad de la Palabra, la fuerza del sacramento y el dinamismo de la misión. Recogiendo la experiencia del Señor, la fe de los primeros cristianos fue identificada como «el camino» y en los primeros pasos de la comunidad apostólica tenemos ya un referente fundamental en el Concilio de Jerusalén (Hch 15), donde las categorías camino, discernimiento e Iglesia encontraron su punto de encuentro y llegaron así a cristalizar en la doctrina de los Padres: «Sínodo es nombre de Iglesia».  

Para la vida consagrada, la invitación a caminar juntos supone hacerlo en cada una de las dimensiones fundamentales de la consagración, la escucha, la comunión y la misión.

Caminar juntos en la consagración significa ser conscientes de la llamada recibida, la vocación compartida y la vida entregada. En el fondo, supone darse cuenta de que a Dios solo se le encuentra caminando. Solamente cuando nos ponemos en búsqueda (Tu rostro buscaré, Señor) y nos dejamos encontrar por él, se produce el encuentro milagroso entre la llamada divina por pura gracia y la respuesta humana total, absoluta y sin condiciones. Compartir el camino como peregrinos de la eternidad recuerda a todos la fuerza de la dimensión profética de la vida consagrada, que encuentra su fuente en la sequela Christi y en la fuerza de la fidelidad de saber por quién han sido llamados y de quién se han fiado (cf. 2 Tim 2, 12). Cuando las personas llamadas a una especial consagración son capaces de desplegar esta confianza plena en Dios, entonces es posible que sean una voz y una interpelación «para despertar al mundo». La convicción de que este tiempo sinodal es tiempo de gracia y tiempo del Espíritu anima a todos los consagrados a fortalecer la consagración viviendo este momento como una oportunidad de encuentro y cercanía con Dios y los hermanos.

Caminar juntos en la escucha de la Palabra de Dios. Este camino común para encontrar a Dios solo se puede hacer desde la escucha, que es otra de las claves fundamentales de la sinodalidad: «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que “escuchar es más que oír”». Agudizar el oído para escuchar al Espíritu, a los hermanos con los que se comparte la vida y a la humanidad herida con sus gozos y tristezas es la mejor garantía para caminar juntos por las sendas de la fidelidad a la propia vocación. La vida consagrada, que nace de la escucha de la Palabra y acoge el Evangelio como norma de vida, puede ser considerada «como una “encarnación” de la misma Palabra de Dios escuchada, meditada e interiorizada». Es tiempo de intensificar la oración, que es, para toda vida cristiana, como el aire que necesitan nuestros pulmones. Por su parte, la verdadera escucha requiere de tres condiciones: reciprocidad, respeto y compasión. Se hace necesaria siempre sincera comunicación, empatía hacia el otro y apertura de corazón para recibir la verdad que nos pueda comunicar. Solo así, los consagrados pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento y convertirse en testimonio interpelante en medio de la sociedad, que en ocasiones cierra sus oídos a la voz de Dios y al grito de los más débiles.

Caminar juntos en la comunión. Los consagrados están llamados a ser en la Iglesia y en el mundo «“expertos en comunión”, testigos y artífices de aquel “proyecto de comunión” que constituye la cima de la historia del hombre según Dios». Esta comunión se ha de manifestar, en primer lugar, con Dios, amado sobre todas las cosas; además, con todos aquellos con los que en la experiencia cotidiana comparten vida, oración y misión configurando así un signum fraternitatis; finalmente, la comunión se extiende a toda la humanidad necesitada de restañar heridas y curar llagas. La comunión eclesial, que no supone uniformidad, es el sello de discernimiento y verificación del camino sinodal. Por eso, caminar juntos en unidad y armonía invita a los consagrados a fortalecer la comunión dentro de las mismas familias carismáticas; con otros institutos favoreciendo la intercongregacionalidad; y, sobre todo, en la Iglesia local, intensificando la implicación y la participación en la vida diocesana.

Caminar juntos en la misión supone descubrir «la dulce y confortadora alegría de evangelizar» (EN, n. 80) y experimentar simultáneamente la alegría de creer y el gozo de comunicar el Evangelio. Sabemos que una Iglesia sinodal es una Iglesia en salida y que la sinodalidad está ordenada a animar la vida y la misión evangelizadora de la Iglesia. La misión en clave sinodal pasa por el diálogo, la escucha, el discernimiento y la colaboración de todos los actores de la acción misionera. Para la vida consagrada, caminar juntos en misión supone reforzar la corresponsabilidad y el compromiso en la misión de la Iglesia local aportando sus dones carismáticos sin perder nunca de vista la disponibilidad a la Iglesia universal. Esta misión que se ha de llevar adelante en comunidad misionera se traduce en múltiples formas, ya sea desde la oración del claustro, la liturgia de la parroquia, la habitación del hospital, la clase de la escuela o en el encuentro a pie de calle. Los consagrados, cada uno con sus dones y carismas, contribuyen a enriquecer la misión de la Iglesia e incluso a posibilitar que la semilla del Evangelio pueda llegar capilarmente a ámbitos mucho más profundos.

Mientras avanzamos en el camino sinodal, damos gracias a Dios por el don de la vida consagrada que enriquece a la Iglesia con sus virtudes y carismas y le muestra al mundo el testimonio alegre de la entrega radical al Señor. Mientras siguen siendo memoria Iesu y signo escatológico, las personas consagradas edifican el Cuerpo de Cristo y son testigos del reino en medio del mundo. De esta manera, soñando juntos, rezando juntos y participando juntos contribuyen decisivamente para que la Iglesia sinodal no sea un espejismo, sino un verdadero sueño que pueda hacerse realidad.

Comisión Episcopal para la Vida Consagrada (escrito por: IGLESIAACTUALIDAD)

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Convocatoria al XXIII Capítulo general Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia

El día 2 de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, la Superiora general de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, Hna. Ana Tulia López Bedoya, envió a toda la Congregación la carta convocatoria al XXIII Capítulo general, que se realizará en la Sede de la Curia general en Roma. 

La apertura del Capítulo tendrá lugar el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María e igualmente, fiesta de Ntra. Sra. de Montiel, en cuyo Santuario situado en Benaguacil (Valencia) – España, dio comienzo la Congregación el 11 de mayo de 1885. La clausura del Capítulo será el 4 de octubre, solemnidad de san Francisco de Asís. Antes de la apertura del Capítulo, están previstos unos días de retiro espiritual como preparación a este acontecimiento congregacional y eclesial, en el que participarán hermanas procedentes de los diversos países y demarcaciones, donde está presente la Congregación en cuatro continentes. 

El tema elegido para este XXIII Capítulo general es: “Fortalecidas en el Espíritu, abrazamos nuestra realidad y a la humanidad sufriente, avanzando con esperanza en un camino sinodal”, con el lema: “Escuchamos con humildad para avanzar en sinodalidad”.

En su circular, la Hna. Ana Tulia decía a las hermanas:  “el XXIII Capítulo general es la oportunidad de dialogar, escuchar, caminar juntas, e implicarnos en un cambio desde la raíz de nuestros dones y fragilidades para dar respuestas esperanzadoras a quienes caminan con nosotras. Las invito a que todas participemos en la celebración del Capítulo, abriendo los espacios cerrados de nuestro corazón para dejar entrar la luz, la sabiduría y la novedad del Espíritu, única manera de ser mujeres auténticamente sinodales…” 

Acompañemos este tiempo precapitular con nuestra súplica confiada al Señor.

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La devastación del tifón Rai en Filipinas supera lo previsto: es el segundo desastre natural más importante de 2021

El pasado 16 de diciembre de 2021, el tifón Rai (nombre local Odette) azotó las diferentes provincias de Filipinas. La primera recalada fue en la isla de Siargao a la 1:30 p. m., la segunda en la isla de Dinagat a las 3:10 p. m., seguida en el sur de Leyte dos veces a las 4:50 a. m. y 5:40 a. m., y dos veces también en Bohol a las 6: 30 am y 7:30 am. Llegó a Cebú por la noche y tocó tierra a las 22:00 h. Al día siguiente a las 2:00 de la mañana tocó tierra en Negros Oriental. La última recalada de Odette fue en Palawan a las 4:00 de la tarde.

El tifón trajo lluvias torrenciales, vientos violentos; deslizamientos de tierra y marejadas ciclónicas se produjeron en diferentes lugares de Filipinas, pero muy especialmente en los lugares donde tocó tierra. Después del tifón quedaron muchas familias sin casa, perdieron su sustento e incluso algunos de sus seres queridos, hubo escasez de agua especialmente agua potable, no había electricidad y muchos establecimientos quedaron destruidos.

Nuestras dos comunidades de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia en Negros y en Cebú también se vieron afectadas, se produjeron daños en nuestras casas y no tuvimos electricidad durante casi un mes. Fue una providencia que, en Cebú, recientemente habíamos abierto el proyecto de la estación de agua y hay suficientes reservas de agua potable para la comunidad. Por eso, las hermanas no han tenido problema para conseguir agua potable pero su preocupación era cómo ayudar a otras familias para que también ellas pudieran beber. Como no había electricidad, era imposible que la comunidad produjera agua en ese momento, pero la providencia de Dios nos asistió. Muchas personas se unieron y ayudaron a la comunidad para producir agua a fin de que la gente pudiera beber, obteniendo alrededor de 2000 botellas de agua de 5 galones cada una. Fue un privilegio para la comunidad poder ayudar a las personas que también se vieron muy afectadas por el tifón.

En este momento, Filipinas todavía se está recuperando; aún hay algunos lugares, incluso aquí en Cebú, donde no hay electricidad debido a los grandes daños sufridos, pero la situación es un poco mejor en comparación con el devastador panorama que se observó después del tifón.

Según las investigaciones, el tifón ‘Rai’ dejó al menos 450 muertos a su paso por Filipinas. Y la situación se está viendo agravada además por el avance de la covid-19, que está complicando la respuesta humanitaria, así como por perturbaciones meteorológicas. Por ello, en los próximos días se revisará ese plan humanitario y se ha pedido solidaridad a la comunidad internacional.

Un promedio de 20 tifones azotan Filipinas cada año y el más destructivo fue el supertifón Haiyan -el mayor que ha tocado tierra conocido-, que en noviembre de 2013 golpeó las islas de Samar y Leyte, mató a unas 7.000 personas y dejó a 200.000 familias sin hogar.