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MÍSTICA, PROFECÍA Y TESTIMONIO

Mística, profecía y testimonio, tres palabras claves con las que inicia el texto del Horizonte Inspirador y que considero que han de ser los pilares de nuestra vida consagrada hoy. Como jóvenes consagrados es probable que a veces nos haga algo de “ruido” la palabra mística. Se trata de un término más o menos distante de nuestra época y que, por ese mismo motivo, pareciese un tanto difícil despertar el interés en los jóvenes religiosos. Sin embargo, no es tan complejo como pensamos; tiene mucha relación con la espiritualidad y con la contemplación. Ahora bien, contemplar es una gracia, un don del Espíritu, de la Ruah de Dios que nace en la oración y nos hace capaces de descubrirlo en todo y en todos. Esta es una verdad que Francisco de Asís supo vivir y por eso se dice de él que era “ya no solo orante, sino oración” (2 Celano, 24-25. Sobre la oración de San Francisco), todo él contemplación. ¿Cuál fue su secreto? Dejarse abrazar por el amor misericordioso de Dios Padre y saberse (y también sentirse) hijo y hermano de toda la creación y, en ella, está naturalmente incluido el ser humano. Qué bueno sería unirnos a Francisco y cantar: ¡loado seas, mi Señor,   por mis hermanos y hermanas! Porque de eso se trata cuando leemos que ser religiosas en el mundo de hoy es “un ejercicio continuo en la búsqueda de transformarse en sembradores de la soro-fraternidad universal” 1. Entonces, como primer punto, es fundamental recordar que como Nuevas Generaciones “en movimiento”, reconocer esto al abrir los ojos por la mañana y disponernos a la vida que se nos regala, es tarea diaria. En esta misma línea de acercarnos a estos tres vocablos, profecía quizá nos parezca un poco más familiar. De hecho, para el corazón de un joven consagrado suele avivar el fuego misionero y evangelizador, sobre todo si recordamos a tantos hombres y mujeres que han sido profetas en nuestro suelo latinoamericano, anunciando y denunciando, caminando al lado de nuestro pueblo, y dando la vida por el Reino en lugares muchas veces olvidados (¡tantos mártires y misioneros! ¡Casaldáliga, Romero, Labaka, Gerardi…). Las Mujeres del Alba: Las Mujeres del Alba: Reflexiones a partir del Horizonte Inspirador Nuevas Generaciones en “movimiento” MOVIMIENTO No 6 Hacia la utopía del Reino: un mundo de hermanas y hermanos ­–

Y eso está bien. Está muy bien. Sin embargo, creo que caminar hacia la utopía del Reino implica, en primer lugar, desear el modo de ser y proceder de esas mujeres de la primera comunidad cristiana, las del alba; ese hacer profético de vivir desde el Maestro que convoca a la soro-fraternidad. Ese es el “dónde” del Evangelio que va más allá de un lugar, y se acerca más a lo que significa ser con Jesús en el hermano y hermana, en el otro/a…Estar en movimiento desde la profecía nos exige asimilar que somos hijos y hermanos por el Hijo y con el Hijo, y, por lo tanto, estamos llamados a anunciar eso que nos vincula: Dios es nuestro Padre, Padre de todos. Y no necesariamente desde grandes campañas (aunque también es válido), sino desde la realidad en la que estamos inmersos: a veces será entre los pobres, entre los niños y jóvenes, con ancianos, migrantes… pero en otros momentos también nos tocará incluso ser hermanos y hermanas dentro de nuestras comunidades religiosas. Hermanos, no olvidemos esto último, porque creo que Jesús aprendió precisamente a ser hermano, entre los cercanos, con su familia, con los apóstoles, con sus amigos de

Betania. Desde esa experiencia de soro-fraternidad en nuestra familia religiosa, saldremos hacia los demás, llamados, como dice el Papa Francisco, a “intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos…” (Papa Francisco, Fratelli Tutti, num.16), y ese algo es la familia que Jesús soñó para todos: su Reino de amor.

Finalmente, al aproximarnos a la tercera palabra, testimonio, nos referimos a lo concreto, a lo palpable en la cotidianidad. En este punto, es bueno fijarnos en Jesús quien, siendo Hijo, vivió como hermano: “Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido…” (Jn 17,12). Se trata de un Jesús que amó y desde ese amor vivió y cuidó a los demás. Como Nuevas Generaciones en movimiento, testimoniar implica primero amar, y desde el amar, vivir, caminar, acompañar y cuidar a tantos hermanos y hermanas que Dios ha puesto en nuestras manos para hacerles partícipes de su amor. Por eso, ¡hagamos de la utopía del Reino, una realidad! Parece un sueño, pero como dijo el Papa Francisco en la reciente JMJ de Lisboa: “No tengan miedo, tengan coraje, vayan adelante, sabiendo que estamos “amortizados” por el amor que Dios nos tiene…” (Papa Francisco, XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud, Ceremonia de acogida, jueves 3 de agosto de 2023).

Hna Iria Agreda, tc

Provincia Nuestra Señora de Guadalupe

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Lectio Domingo 17 de marzo, 2024

Lectio del V Domingo de Cuaresma

Primera Lectura (Jeremías 31,31-34): Dios anuncia una alianza nueva con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la antigua alianza, escrita en tablas de piedra, sino que Dios inscribirá su ley en los corazones de su pueblo. Todos conocerán al Señor y serán perdonados de sus pecados.

Salmo 50: Nos invita a pedir a Dios un corazón puro y a reconocer nuestra necesidad de su misericordia. Que el Señor nos renueve por dentro y nos guíe por sus caminos.

Segunda Lectura (Hebreos 5,7-9): Cristo se presenta como el autor de la salvación eterna. A pesar de su angustia, Jesús obedeció hasta la muerte y se convirtió en fuente de vida para todos los que le siguen.

Evangelio (Juan 12,20-33): Jesús anuncia que ha llegado la hora de su glorificación. Como el grano de trigo que muere para dar fruto, él también se entregará para nuestra salvación y siguiendo a Cristo, encontraremos la vida eterna.

Empieza un nuevo día y despertamos al alba para escuchar y contemplar, ambas actitudes son fundamentales para acercarnos a Dios y a su voluntad. Escuchar implica estar atentos, receptivos y dispuestos a obedecer. Contemplar implica admirar, agradecer y alabar. Ambas actitudes nos ayudan a entrar en comunión con Dios y con los demás.

Escuchar.

La liturgia de hoy está llena de versículos que renuevan la Esperanza del creyente. Se acerca la pascua y por lo tanto el discurso de Jesús va dirigido a concientizar a los discípulos del fin que le espera y de las bendiciones que su muerte traerá para todos los que crean en EL.

Contemplar.

Jesús utiliza la analogía del grano de trigo para transmitir una profunda verdad espiritual a sus discípulos y a nosotros. Aquí hay algunas razones por las que Jesús hizo esta comparación:

  1. Muerte y Vida Nueva: Al igual que un grano de trigo que cae en la tierra y muere, Jesús sabía que su propia muerte en la cruz sería el acto crucial que daría lugar a una nueva vida. Su sacrificio no sería en vano; en lugar de quedarse solo, como un grano de trigo no sembrado, su muerte daría fruto abundante.
  2. Redención y Salvación: El grano de trigo debe morir para liberar su potencial de crecimiento. De manera similar, la muerte de Jesús no fue un fracaso, sino un acto redentor. A través de su muerte y resurrección, Jesús nos ofrece la salvación y la reconciliación con Dios.
  3. El Camino de la Cruz: Jesús estaba consciente de su destino en la cruz. Al compararse con un grano de trigo, nos enseñó que el camino hacia la vida eterna pasa por la entrega total de sí mismo.

Invitación.

La analogía del grano de trigo también es un ejemplo de Humildad y Obediencia porque el grano de trigo no se resiste a su destino; cae al suelo y muere. Por eso nos preguntamos:

  • ¿Aceptas humildemente la invitación del Padre de escuchar a su hijo (Mc 9,7b)?
  • ¿Cada día es una nueva oportunidad para ponerte en camino?
  • ¿Vives cada día la llamada de Jesús a la conversión? ¿Qué gestos lo evidencian?
  • ¿Qué áreas de tu vida necesitan transformación? ¿Qué debes dejar “morir” para experimentar un nuevo crecimiento espiritual?

Petición.

Que estas lecturas nos inspiren a vivir con esperanza y a seguir a Jesús, quien nos muestra el camino hacia la verdadera vida. Amén.

Hna. Mariulis Grehan, tc

 

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Lectio Domingo 10 de marzo, 2024

IV DOMINGO DE CUARESMA, <<LAETARE>>, CICLO B

Cada año el cuarto domingo de Cuaresma, vistiendose de rosa, nos hace notar que ya hemos caminado más de la mitad del camino hacia la alegría de la Pascua. La antífona de entrada de la Eucaristía comienza con la invitación «Laetare, Ierusalem», es decir “Alégrate, Jerusalén…” (Is 66,10). La liturgia de la Palabra de este día nos irá recordando los manantiales profundos e inagotables de la alegría que Dios mismo hace brotar en medio de cada realidad que vivimos.

Primera lectura – del segundo libro de las Crónicas 36, 14-16. 19-23 

Dios sigue muy empeñado en caminar con su pueblo, incluso cuando este no le corresponde. Y cuando todo parece perdido (el templo destruido, el pueblo exiliado…) Dios hace resurgir de las ruinas una nueva esperanza. Y lo hace por un camino sorprendente, inesperado: por medio de alguien ajeno al pueblo elegido: Ciro, el rey de Persia. La fidelidad y la misericordia de Dios llega mucho más allá de lo que somos capaces de percibir. ¿No es esto una razón de alegría bien profunda?

Salmo 136, 1-2. 3. 4. 5. 6 R. El salmo es una lamentación del pueblo en exilio de Babilonia. La negación a cantar los cantos propios de Sión (del templo) en tierra extranjera y para la diversión del opresor se entrelaza con el propósito de no olvidar a la Ciudad Santa ”cumbre de alegrías”. Cultivar la memoria de los lugares sagrados de nuestra historia personal de salvación, nos puede ayudar a estar conectados con lo que nos fundamenta, incluso en medio de los destierros que también nos toca vivir alguna vez. 

Segunda lectura – de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

San Pablo escribe a los creyentes de Éfeso (y a nosotros) insistiendo que la salvación es algo que ya está presente (“estáis salvados”) y es un don gratuito de Dios (“ por pura gracia”), cuyo amor llega más lejos que el pecado (“por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo”). Salvación, gracia, fe, amor… Son palabras que seguimos usando hoy muy a menudo. Dejemos que hoy, el domingo Laetare, vuelvan a tocar con toda su fuerza nuestro corazón y lo llenen de alegría.

Evangelio según san Juan 3, 14-21

En la perícopa del evangelio de este domingo escuchamos parte del diálogo de Jesús con Nicodemo, fariseo, jefe judío. El diálogo se lleva a cabo por la noche, poco después del gesto profético de Jesús en el templo. Llama la atención la claridad con la que Jesús le habla a Nicodemo de su muerte, de la salvación y luz que trae para la humanidad. De hecho con Nicodemo nos encontraremos tan sólo dos veces más (y sólo en el Evangelio según san Juan). Será Nicodemo el que insistirá a los que querían matar a Jesús que no se le puede condenar a nadie sin juicio (Jn 7, 50-52) y luego quien traerá mirra y áloe para su sepultura (Jn 19, 39). Jesús confía su ser, su misterio también a personas inseguras, buscadoras, dudosas, indecisas… A Nicodemo, a su diálogo “a escondidas” con Jesús, le debemos la gran noticia de que “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. ¿No es esto un motivo de esperanza y alegría?

Contemplar

  • DIOS ES SALVACIÓN. Jesús recuerda a Nicodemo uno de los acontecimientos que tuvo lugar durante el camino de Egipto hacia la Tierra Prometida: “Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida” (Num 21, 9). Avisa que “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”. La Cuaresma pone ante nuestros ojos a Jesús crucificado. Y tán sólo podemos acoger la invitación a mirarlo y dejarnos salvar por Él. A Dios realmente le importa nuestra salvación y la desea incluso más que nosotros: desea que vivamos en su amor eternamente. Miremos a Jesús y dejémonos mirar por Él.
  • DIOS ES AMOR. Y porque ama al mundo, a cada persona, a cada criatura con un amor inconmensurable, nos lo da todo: “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”. A veces caemos en la tentación de pensar que Dios está muy centrado en mirar y buscar nuestros pecados, nuestras faltas, las imperfecciones… Y es todo lo contrario: está muy centrado en amarnos y salvarnos. Seguramente tenemos la experiencia de sentirnos amados por alguien (los padres, abuelos, hermanos, el esposo, la esposa, un amigo…). Y sabemos lo valioso de esta experiencia de un amor gratuito y sincero, aunque tan humano… ¿Cuanto más amor de Dios? Nos puede hacer bien hoy orar, dialogar con Dios sobre su amar y sobre nuestro creer… 
  • DIOS ES LUZ. Y es significante que a Nicodemo que viene a escondidas y por la noche, Jesús le hable sobre la luz: “el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”. Nicodemo parece tener dudas: percibe la verdad que trae Jesús, pero todavía no es capaz de entregarse a ella con toda la decisión, en pleno día. Nos pasa también a nosotros: nos acercamos a Dios con mayor valentía cuando somos capaces de nombrar nuestra verdad, lo mismo la bella que la pobre o incluso vergonzosa. Podemos estar seguros que también con nosotros Jesús quiere hablar, recordarnos la salvación, el amor y la luz que trae. Regalémonos en este camino hacia la luz de la Pascua, la experiencia de acercarnos a Dios, de dejarnos iluminar por su luz, de estar ante Él con toda nuestra verdad.

Invitación

La salvación de Dios ya está presente en la realidad de nuestra vida. Y aunque quizás con mayor facilidad podríamos nombrar causas para estar preocupados ante la realidad del mundo o nuestra personal, la fe nos invita a la alegría: “Alégrate Jerusalén”. Acojamos la invitación a encontrarnos con Jesús en medio de nuestras noches, a acoger el amor que Dios nos tiene, a experimentar su salvación que llega más allá de lo que somos capaces de percibir, y a caminar en su luz y su verdad. Hoy es un día excelente para conectar con los manantiales más profundos de nuestra alegría y felicidad y descansar en Dios que es SALVACIÓN, LUZ Y AMOR.

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Lectio Domingo 03 de marzo, 2024

III DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

Primera lectura – del Éxodo (20,1-17): Dios nuevamente sale con la iniciativa de establecer una RELACIÓN especial con su pueblo, una alianza – es lo que viene a recordarnos esta primera lectura de la liturgia de hoy. Dios de alguna manera se pone a nuestro alcance, se deja coger por el corazón: “Yo soy el Señor tu Dios” y dibuja ante el pueblo una imagen de paz, de justicia y mutuo respeto que conocemos como el Decálogo. Nos puede ayudar mirarlo no tanto como “mandamientos”, como “promesas”: Dios nos dice que si lo acogemos como Señor y Dios entre nosotros no habrá robos, adulterios, mentiras, traiciones. La alianza me exige, pero también me protege. Es una de las expresiones de amor de Dios para con nosotros, su pueblo.

Salmo 18, 8. 9. 10. 11: El salmo es un canto lleno de gratitud por la ley con la que el Señor nos instruye. La experiencia que nos transmite el salmista también la podemos hacer nosotros recordando como es nuestra RELACIÓN con Él: los momentos en los que la Palabra de Dios ha sido para nosotros “descanso”, la “luz” que nos ha dado el Señor en algún momento de duda u oscuridad, la “dulzura” que hemos experimentado en nuestra relación con Dios… Es una invitación a cantar de corazón “Señor, tú tienes palabras de vida eterna”.

Segunda lectura – de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 22-25: San Pablo nos vuelve a recordar que en el horizonte de la Cuaresma que estamos viviendo y de nuestra vida de fe, no está una mayor sabiduría o el haber percibido signos. No. Es Cristo crucificado. La fe es estar en RELACIÓN con “un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios“. Ésta es la llamada que tenemos en común de todos los cristianos.

Evangelio según san Juan 2,13-25:

La perícopa que escuchamos este tercer domingo de Cuaresma es de las más conocidas. Quizás sea porque pocas veces podemos ver a Jesús tan indignado o hasta enfadado como en esta escena. Se nos presenta a Jesús que en compañía de sus discípulos, pocos días antes de la Pascua, llega a Jerusalén y en el templo encuentra “un mercado”. Su reacción nos la sabemos: echa del templo a los animales, esparce las monedas, vuelca las mesas de los cambistas. ¿Por qué? Porque el templo es “la casa de mi Padre” y la RELACIÓN con Dios no se puede comprar.

Contemplar

Jesús con sus discípulos subían a Jerusalén seguramente cantando, como era la costumbre de los peregrinos, uno de los salmos: “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor. (…) a celebrar el nombre del Señor;»” (Sal 122, 1.4). Pero si intentamos unirnos de corazón al grupo de los discípulos de Jesús que entra junto a su Maestro en el templo, quizás logramos percibir lo extraño que se llegó a sentir Él en el templo. En Jesús Dios se acerca “hasta el extremo” a la humanidad. Gratuitamente. Incluso “a pesar de todo”. Y la humanidad lo que intenta no es “celebrar el nombre del Señor” sino comprarlo. El templo que debía ser signo de la alianza con Dios (¡relación!) se ve convertido “en un mercado”. Nos relata el evangelista que los discípulos al observar a Jesús recuerdan otro salmo muy distinto: «El celo de tu casa me devora» (Sal 69, 10). Si hoy los discípulos de Jesús entrarían con nosotros a nuestro templo, nuestro espacio de encuentro con Dios ¿qué salmo entonarían? ¿Qué cantarían al llegar a nuestros corazones?

Si leemos atentamente el texto nos podemos fijar que lo que se ve directamente afectado por la indignación de Jesús son las ovejas, los bueyes, las monedas, las mesas de los cambistas y quizás los puestos de los vendedores de las palomas. Cosas. No las personas. Para las personas siempre hay sitio en la casa del Padre. Con su gesto Jesús deja claro que en relación con Dios no necesitamos negociar, intercambiar algo por sus favores. Dios desea una RELACIÓN personal con nosotros. Lo que quiere es que “celebremos su nombre” y que le dejemos a Él disfrutar de nosotros. Y que nuestra vida se encienda, se ilumine, se embellezca en relación con Él.

La palabra “templo” aparece varias veces en la perícopa de este domingo. San Juan nos señala la diferencia de entender su significado que hay entre los judíos y Jesús. Los primeros hablan de un edificio construido durante 46 años y que ha reemplazado los anteriores. Jesús habla primero de “la casa de mi Padre” y luego “del templo de su cuerpo”. Los primeros pasaron de considerar el templo como un lugar de encuentro con Dios a convertir la religión en comercio y el templo en un mercado. Y no deja de ser también una tentación nuestra el querer “ganarse los favores de Dios” a fuerza de… Jesús apunta, en este gesto profético que realiza, que ahora no es un edificio, sino Él mismo el lugar de encuentro con el Padre. Y por supuesto que necesitamos espacios concretos (iglesias, capillas, oratorios…) que nos ayuden a orar. Pero justamente su papel es el de facilitarnos el silencio y el encuentro en comunión de hermanos y hermanas, el entrar en el corazón de Jesús y con Él al del Padre en el Espíritu Santo. Ahí nos encontramos todos: en RELACIÓN con Jesús, en su Corazón.

Invitación:

Toda la liturgia de la Palabra de este domingo nos hace una invitación a revisar nuestra RELACIÓN con Dios. Y quizás nos podría hacer bien no tanto pensar nosotros, como preguntarle a Jesús, que es lo que nos diría a nosotros hoy. Quizás también en nuestro corazón hay algún buey (o una moneda pequeña y resplandeciente…) con la que queremos negociar con Dios. Es bueno que nos dejemos recordar por Jesús que su amor es gratuito, misericordioso y llega hasta el extremo, hasta más allá de nuestra miseria. Miremos a Jesús crucificado y aprendamos de Él cómo es Dios (y como es una persona plenamente humana).

Hna. Alicja  Grzywocz , tc

Provincia Nazaret

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Lectio Domingo 25 de febrero, 2024

II DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

Primera lectura del libro del Génesis (22,1-2.9-13.15-18). Esta lectura nos presenta el relato del sacrificio de Isaac, el hijo único de Abraham, a quien Dios le pide que le ofrezca en holocausto. Es una prueba de fe y de obediencia, que Abraham supera con confianza y generosidad. Dios le recompensa con una gran bendición y una promesa de descendencia numerosa y bendita. Esta lectura nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe y nuestra disposición a seguir la voluntad de Dios, incluso cuando no la entendemos o nos cuesta.

Salmo 115,10.15.16-17.18-19. El salmo es una acción de gracias de un fiel que ha sido librado de la muerte por el Señor. Expresa su gratitud y su compromiso de servir a Dios y de cumplir sus votos en presencia de todo el pueblo. El salmo nos anima a reconocer los beneficios que Dios nos hace y a ofrecerle nuestra vida como sacrificio de alabanza.

Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,31b-34). Esta lectura nos muestra la certeza de la victoria de los cristianos sobre cualquier adversidad, gracias al amor de Dios manifestado en Cristo. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Si Dios nos ha dado a su Hijo, ¿cómo no nos dará todo lo demás? Si Dios nos justifica, ¿quién nos condenará? Si Cristo murió y resucitó por nosotros, ¿quién podrá separarnos de su amor? Esta lectura nos fortalece en la esperanza y en la confianza en Dios, que nos ama y nos salva.

Evangelio según san Marcos (9,2-10). Esta lectura nos narra el episodio de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, ante tres de sus discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Jesús se muestra glorioso, con vestiduras blancas y rodeado de Moisés y Elías, que representan la ley y los profetas. Una voz desde el cielo proclama que Jesús es el Hijo amado de Dios y que hay que escucharlo. Los discípulos quedan asombrados y atemorizados, y guardan silencio hasta que Jesús resucite. Esta lectura nos revela la identidad y la misión de Jesús, el Mesías sufriente y glorioso, y nos invita a seguirlo y a escucharlo.

Empieza un nuevo día y despertamos al alba para escuchar y contemplar, ambas actitudes son fundamentales para acercarnos a Dios y a su voluntad. Escuchar implica estar atentos, receptivos y dispuestos a obedecer. Contemplar implica admirar, agradecer y alabar. Ambas actitudes nos ayudan a entrar en comunión con Dios y con los demás.

Escuchar

El Evangelio de hoy nos sitúa en el monte Tabor, lugar donde Jesús se transfigura delante de Pedro, Juan y Santiago. Contemplemos este pasaje acogiendo la hondura de la experiencia de la cual Dios nos hace testigos; sus vestidos resplandecían, muy blancos como la nieve (Mc 9,4), se aparecieron Moisés y Elías (Mc 9, 4), una nube los cubrió y desde el cielo se oyó una voz que decía. “Este es mi hijo amado, escuchadle” (Mc 9, 7b).

Contemplar

Continuamos la escalada cuaresmal y la oportunidad de dejarnos conducir por el Espíritu al desierto y acompañar al Señor a un lugar solitario sigue siendo vital en la liturgia de hoy II Domingo de Cuaresma. Veamos el texto desde cuatro claves que ayudarán para la reflexión:

  • Disposición a subir. El texto comienza aludiendo a la ascensión al monte donde Jesús lleva a tres de sus amigos (Pedro, Santiago y Juan). Así como los discípulos, es importante hacer esta ruta de subida, pues al disponernos para el viaje nos encontramos con la fatiga de lo cotidiano, donde se revela la necesidad de volver, de hacer penitencia, de escuchar el dolor del corazón que vive de las rentas espirituales. Es importante subir porque la llamada a la conversión nos la hace el Señor caminando con nosotros, siendo, obrando y escuchando en lo cotidiano.
  • No estamos solos como en el desierto, sino que vamos acompañados de Jesús y de los hermanos, porque la conversión surge del encuentro con los demás. Revisar las relaciones con uno mismo, con Dios, con la naturaleza, con el prójimo, es el secreto, porque en ese intercambio diario se manifiesta el Amor y el firme propósito de servir al Señor.
  • Jesús también se dispone a hacer este camino porque necesita reencontrarse con su Padre y consigo mismo. En el monte Tabor, Jesús recibe la confirmación de su Misión; no solo ve a Elías (los Profetas) y a Moisés (la Ley), sino que oye la voz de su Padre que lo envuelve y le regala un anticipo de la gloria y la cruz.
  • ¡Este es mi hijo, escuchadle¡ La transfiguración es un don para el creyente, pues no caminamos a ciegas sino que sabemos bien cuál es el destino de nuestro proceso de conversión: la experiencia del encuentro con Jesús glorioso, que nos mira con amor y nos consuela, nos disipa las dudas, los temores y las desilusiones. Él nos muestra su rostro resplandeciente, que anticipa la gloria de la resurrección y la vida eterna. Él nos invita a escuchar su voz, que nos revela su voluntad y su palabra.

Invitación.

El papa Francisco dijo: “el culmen no es solo alcanzar la gracia del perdón y la experiencia del amor del Padre, la cuaresma también nos permite forjar la voluntad de poner los medios para mantener el corazón centrado pues inclinados al pecado siempre seremos, pero podemos elegir quedarnos con ÉL”. Nos preguntamos:

  • ¿Cómo está tu relación contigo mismo, con los otros, con Dios, con la creación?
  • ¿Qué necesitaba escuchar Jesús según el Evangelio de hoy? ¿Qué le pudieron haber dicho Elías y Moisés?
  • ¿Qué quiere el Padre oigas de Jesús?

Intención.

Pidamos al Señor que podamos seguir haciendo camino de conversión. 

 

Hna. Mariulis Grehan, tc

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Lectio Domingo 18 de febrero, 2024

I DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

Primera lectura: Génesis 9, 8-15. Dios establece una alianza con Noé y su descendencia después del diluvio, y pone el arco iris como señal de su fidelidad y de su promesa de no volver a destruir la tierra con el agua.

Salmo responsorial: Salmo 24. Es un salmo de confianza en el Señor, que es el guía, el salvador y el perdonador de su pueblo. El salmista le pide que le enseñe sus caminos y le haga fiel a su alianza.

Segunda lectura: 1 Pedro 3, 18-22. El apóstol Pedro nos recuerda que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación. Él es el modelo de nuestra fe y de nuestro bautismo, que nos une a él y nos hace partícipes de su victoria sobre el mal.

Evangelio: Marcos 1, 12-15. El evangelista Marcos nos narra cómo Jesús fue impulsado por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por Satanás, pero también asistido por los ángeles. Después de la prisión de Juan el Bautista, Jesús comenzó a predicar el Evangelio del Reino de Dios, llamando a la conversión y a la fe.

Empieza un nuevo día y despertamos al alba para escuchar y contemplar, ambas actitudes son fundamentales para acercarnos a Dios y a su voluntad. Escuchar implica estar atentos, receptivos y dispuestos a obedecer. Contemplar implica admirar, agradecer y alabar. Ambas actitudes nos ayudan a entrar en comunión con Dios y con los demás.

Escuchar

Leemos en el Evangelio “Después de esto, el Espíritu llevó a Jesús al desierto” (Mc 1, 12), “Allí vivió durante cuarenta días entre las fieras, y fue puesto a prueba por Satanás; y los ángeles le servían” (Mc 1, 13). “Después que metieron a Juan en la cárcel Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios” (Mc 1, 14). Decía: “Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está cerca. Volveos a Dios y aceptad con fe sus buenas noticias” (Mc 1, 15).

Contemplar

Cruzando el umbral del miércoles de Ceniza, entramos en pleno período cuaresmal. El Evangelio de hoy es breve pero profundo en significado. La frase inicial nos dice: “El Espíritu empujó a Jesús al desierto, y se quedó en el desierto cuarenta días”. Esto es la Cuaresma: 40 días de desierto. La palabra “Cuaresma” proviene del latín “cuadragésima”, que significa precisamente “cuarenta”. Este tiempo evoca antiguos acontecimientos bíblicos cargados de simbolismo espiritual.

  • 40 años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto hacia la tierra prometida.
  • 40 días de permanencia de Moisés en el monte Sinaí, donde Dios renovó la alianza con su pueblo y le entregó las Tablas de la Ley.
  • 40 días que recorrió Elías por el desierto hasta encontrarse con el Señor en el monte Horeb.
  • 40 días que nuestro Señor Jesucristo pasó en el desierto orando y ayunando, antes de iniciar su vida pública que culminaría en el Calvario, donde llevaría a término nuestra redención.

En este pasaje (Mc 1, 12-15), contemplamos dos aspectos fundamentales: el desierto, donde Jesús se prepara para su misión, y el anuncio del Reino de Dios, que exige conversión y fe.

El desierto, en la literatura bíblica, no solo es un lugar físico, sino también un símbolo espiritual. Parece que Dios elige este escenario para llevar a cabo sus obras de salvación. El desierto es árido e inhóspito, pero también es un lugar de encuentro con lo divino. Es un lugar simbólico y profundo. Es el lugar donde el pueblo de Dios sufre, es probado y purificado pero también es el espacio donde Dios se revela a su pueblo y lo salva. Es un lugar de soledad, pero también de encuentro con el amor de Dios. Es un lugar de desolación y también de Esperanza. Es el lugar al que quiero ir porque en el “Dios me hablará al corazón y me volverá a conquistar” (Os 2, 14). En el desierto vemos a Dios tal cual es y Ell nos mira tal cual somos. Es el lugar donde me permito experimentar la debilidad y reconocer que “Misericordia es el nombre de Dios” (Papa Francisco).

 

Acoger la llamada del Espíritu al desierto y la conversión inicia por acoger la llamada a la santidad y a la vivencia del Evangelio como una vez lo expreso San Francisco “Esto es lo que quiero; esto es lo que busco; esto es lo que anhelo de todo corazón hacer” (cf. 1Cel 22)”. No es una idea, es la firme voluntad de dar el paso a la experiencia para ir configurando los propios sentimientos a los de Cristo de tal manera que la oración y la propia vida vayan pasando de los fundamentos superficiales hasta llegar a decir “ya no vivo yo es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20).

La conversión es un camino exigente, que implica renunciar y luchar contra todo lo que nos aleja de Dios. Pero también es un camino de misericordia, que nos acerca a Jesús y a su seguimiento. Durante estos días, la Iglesia nos invita a practicar las obras de misericordia espirituales (Enseñar al que no sabe, Dar buen consejo al que lo necesita, Corregir al que está en error, Perdonar las injurias, Consolar al triste, Sufrir con paciencia los defectos de los demás, Rogar a Dios por los vivos y los difuntos) y corporales (Dar de comer al hambriento, Dar de beber al sediento, Dar posada al necesitado, Vestir al desnudo, Visitar al enfermo, Socorrer a los presos, Enterrar a los muertos) como signos de nuestra conversión.

Invitación.

Nos preguntamos:

¿La ascesis, la limosna, el ayuno, la oración, la penitencia y la confesión, son medios que te ayudan a profundizar y vivir con sentido la Cuaresma, que es un tiempo de gracia y de regalo? ¿Qué propósito tengo al inicio de la cuaresma? ¿Qué significa para ti vivir en actitud de permanente conversión?

¿Qué opinas de esta frase del papa Francisco? “Sin reconocimiento del propio pecado no puedes recibir la Misericordia”.  

Intención.

Contemplemos la liturgia de hoy desde el deseo de estar con Jesús, de conocer su corazón, de amarlo y de seguirlo. Pidámosle al Señor que nos impulse su Espíritu al desierto.

Hna. Mariulis Grehan, tc

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Lectio Domingo 11 de febrero, 2024

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

  • Primera Lectura(Levítico 13, 1-2. 44-46), se nos presenta la terrible existencia de los enfermos de lepra en el judaísmo del Antiguo Testamento. El sacerdote declaraba impuro al leproso, quien debía vivir aislado fuera del campamento.
  • Salmo Responsorial(Salmo 31) nos muestra a un Dios misericordioso que borra nuestras culpas. Así como el leproso confiesa su enfermedad, nosotros también debemos reconocer nuestras faltas y acudir al Señor en busca de perdón.
  • Segunda Lectura(1 Corintios 10, 31—11, 1), Pablo nos exhorta a seguir el ejemplo de Cristo. Siguiendo sus normas cristianas, podemos reflejar la compasión y la misericordia divina en nuestra vida cotidiana.
  • Evangelio según san Marcos (1, 40-45). En este pasaje, Jesús se encuentra con un leproso que se acerca a Él con humildad y súplica: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». La respuesta de Jesús es conmovedora: «Quiero, queda limpio» y lo integra nuevamente en la vida de su pueblo.

Empieza un nuevo día y despertamos al alba para escuchar y contemplar, ambas actitudes son fundamentales para acercarnos a Dios y a su voluntad. Escuchar implica estar atentos, receptivos y dispuestos a obedecer. Contemplar implica admirar, agradecer y alabar. Ambas actitudes nos ayudan a entrar en comunión con Dios y con los demás.

Escuchar.

El Evangelio relata el último pasaje del capítulo 1 del Evangelio según san Marcos en sus versículos del 40 al 45 titulado “La curación de un leproso”. Te invito a desglosar el texto lo cual nos permitirá hacernos parte de la escena, imaginar, escuchar e involucrar el resto de los sentidos. Encontramos a Jesús a las afueras de un despoblado (Mc 1, 40), se encuentra con un leproso quien le pide ser curado si es su voluntad (Mc 1, 40b), Jesús le expresa su deseo de verle sanado (Mc 1, 41), le envía a cumplir lo prescito por Moisés para que conste su salud (Mc 1, 44) y vienen a él de todas partes (Mc 1, 45).  

Contemplar.

En la reflexión de este pasaje el contexto es importante. Según la ley judía el sacerdote era quien podía declarar impuro a una persona quien desde ese momento quedaba excluido de la vida social y religiosa de su pueblo teniendo que ir a vivir a las afueras del mismo entre otros enfermos y poseídos. En este contexto ubicamos a un hombre leproso que se acerca a Jesús cargando en si la marginación, la exclusión, el repudio, la indignidad, la inquietud de ser incluso rechazado por Dios y con la debilidad propia del que ha desterrado de si todo motivo para vivir se pone en manos de Jesús sin exigencias “Si quieres puedes limpiarme”.

Jesús tuvo compasión (Mc 1,41a) se acerca, no permanece indiferente, se deja implicar y herir por el dolor, por la enfermedad de quien se encuentra en el camino; lo toca con la mano (Mc 1,41b)  no se echa atrás, su meta es el hombre, sanar sus heridas; y le dice (Mc1,41c)  “Quiero, ¡queda limpio¡”, palabras que le reintegraron a la vida no solo social sino también religiosa de su comunidad así lo envía Jesús (Mc1,44 b) como lo establece la Ley anda y presentante ante el sacerdote para que conste ante todos que ya estas limpio de tu enfermedad.

El pasaje continua Mc1, 45b y dice que Jesús se quedó en las afueras porque ya no podía entrar libremente en los pueblos, un hecho significativo que nos acerca a la esencia de Dios para quien las fronteras no existen, Jesús permanece en este lugar teológico fracturando así las diferencias de la antigua ley que separaba a los malditos de los benditos. Allí recibía de muchos lugares a los enfermos por lo que este lugar debe convertirse para todos en una llamada a la conversión personal y pastoral, y para esto no tengamos miedo de ir a las periferias de los otros mundos y las propias, allí donde todos somos uno con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Allí donde todos somos Iglesia en salida, Iglesia en camino.

Invitación.

El Señor te espera en las periferias allí donde se aprende a mirar la vida multicolores, donde la vida duele, donde solo hay iguales y se puede sentir la vulnerabilidad, descubrir la propia desesperanza, desnudar el corazón, no ser apariencia, reconciliarse con el sí mismo, con los demás, tender puentes, dar y recibir la misericordia.

Para acercarse a la conversión personal y pastoral implícita en este pasaje bíblico es importante dar respuestas a estas preguntas:

  • ¿Cuáles son los leprosos de hoy?
  • ¿Tienes alguna lepra que te impide vivir en fraternidad, reconciliado y con esperanzas? Hoy puedes pedir a Jesús ser limpiado.
  • ¿Cuáles son las periferias donde puedes encontrar al Señor?

Intención.

En el contexto contemplado pedimos al Señor verle para conocerle internamente, amarle, acoger su voluntad y refrescar la memoria de la propia historia de salvación.

 

Hna Mariulis Grehan, tc

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Lectio Domingo 04 de febrero, 2024

Primera lectura: Job 7,1-4.6-7. El libro de Job nos presenta el drama de un hombre justo que sufre sin motivo aparente y que cuestiona a Dios sobre el porqué de su situación. En este pasaje, Job expresa su angustia y su desesperanza ante una vida que se le hace insoportable.

Salmo responsorial: Sal 146,1-6. El salmo contrapone la actitud de Job con la del salmista, que alaba a Dios por su bondad y su poder. El salmo nos recuerda que Dios es el creador y el sostén de todo lo que existe, y que se preocupa especialmente por los pobres y los afligidos.

Segunda lectura: 1 Corintios 9,16-19.22-23. El apóstol Pablo nos comparte su experiencia de predicador del Evangelio, que no es para él un motivo de orgullo, sino una obligación y una vocación. Pablo se hace todo para todos, adaptándose a las diferentes circunstancias y personas, con el fin de ganarlos para Cristo.

Evangelio: Marcos 1,29-39. El evangelista Marcos nos narra el inicio de la actividad pública de Jesús en Galilea, donde realiza signos de curación y liberación, y donde se retira a orar en lugares solitarios. Jesús muestra su compasión por los enfermos y los poseídos, y su fidelidad a la voluntad del Padre, que le envía a predicar el Reino de Dios.

Empieza un nuevo día y despertamos al alba para escuchar y contemplar, ambas actitudes son fundamentales para acercarnos a Dios y a su voluntad. Escuchar implica estar atentos, receptivos y dispuestos a obedecer. Contemplar implica admirar, agradecer y alabar. Ambas actitudes nos ayudan a entrar en comunión con Dios y con los demás.

Escuchar

Nos acercarnos a un día con el Maestro donde la cotidianidad está tejida de Celebración, Servicio, Fraternidad, Oración, Misericordia y Misión según lo confrontamos en el Evangelio propuesto para la contemplación de este día: Mc 1, 29 salen de la sinagoga (Celebración); Mc 1, 30 al encuentro de la suegra de Pedro enferma (Servicio); Mc 1, 31  en casa de Pedro Jesús cura a su suegra quien se pone a servirles (Fraternidad); Mc 1, 32 al atardecer cura a los enfermos agolpados en la puerta (Misericordia); Mc 1, 35 de madrugada se retira en silencio para estar con el Padre (Oración) y ante la inquietud de la gente que lo busca al alba responde a sus discípulos vamos a otros lugares (Misión) Mc 1, 38 .  Cada una de estas palabras nos muestran una faceta del amor de Jesús y su entrega, y nos invita a imitarlo en nuestra realidad concreta.

Contemplar

Se pudiera continuar reflexionando y ahondando en cada gesto de Jesús desde las seis palabras que perfilan su día sin embargo hay un detalle que nos ayuda a entra en el corazón de Dios y estar con Él que es el fin de todo espacio de oración. Fijamos la mirada en el versículo Mc 1, 31 cómo Jesús no sólo obra milagros sino la particular manera de relacionarse con confianza y predilección con los enfermos a quienes curaba; se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Más adelante el relato habla de otras curaciones, pero esta en particular caracteriza los gestos de Jesús que son los del Padre. ¿Nos preguntamos qué pudo ver o sentir la suegra de Pedro? No hubo palabras solo sabemos que los ojos y las manos de Jesús conectaron con su debilidad y en sus gestos encontró aquella mujer la fuerza y el apoyo que le hizo incorporarse para acoger, atender y servir a Jesús y a los discípulos.

Existe otra realidad implícita en este Evangelio y aunque no está del todo expuesta nace como una consecuencia irrefutable, y es que toda persona que se encuentra con Jesús y el rostro del Padre no puede callar la alegría de la salvación, el anuncio de lo vivido, el palpitar del corazón hecho palabras. Fue una realidad para la suegra de Pedro, su curación la focaliza, la empodera y la convierte en sacramento de Dios testificando con su vida la alegría de haber recobrado la Esperanza y el sentido de la vida. No solo a Dios abrió las puertas de su casa y sirvió a Jesús, sino que a sus vecinos también les anunció, invitó y acogió. Esto nos indica que Jesús no solo restauró su salud física, sino que también le dio una nueva vida espiritual. Este incorporarse de la suegra de Pedro nos desafía a renovar nuestra fe y nuestro compromiso pues escuchar al Maestro implica estar dispuestos a aprender de él, a seguir sus enseñanzas y a hacer su voluntad. Dejarse encontrar con su mirada implica reconocer su presencia, su amor y su acción en nuestra vida y en la de los demás.

Invitación:

Todo el que escucha no se puede quedar cayado. Recobra la alegría, escucha al Maestro y déjate encontrar con su mirada. Jesús se encontró con la mirada del Padre y su estilo de vivir nos ayuda a interrogarnos:

  • ¿Es la oración el espacio donde encuentras la fuerza, el consuelo y el impulso para vivir la misión?
  • ¿La entrega de Jesús en la cotidianidad de la vida anima tu diario vivir y te es necesario vivir la celebración, la oración, la fraternidad, la misericordia, el servicio, la misión como aspectos que no podemos descuidar si queremos seguir el ejemplo de Jesús?
  • ¿Qué piensas de la afirmación el que escucha a Jesús no pueda quedarse callado?

Intención:

Pide al Padre por intercesión de Jesucristo que durante esta semana puedas sentir su voz que te levanta de la fiebre y la alegría del encuentro con él y la intimidad con el Padre te den Consuelo y Esperanza.

Hna. Mariulis Grehan, tc

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Lectio Domingo 28 enero

Evangelio: «Ojalá escuchéis hoy su voz»

En este cuarto domingo del tiempo ordinario, nos enfrentamos a las características propias del profetismo y, a su vez, a la autoridad que Jesús posee por ser el Hijo de Dios. Observamos el equilibrio que manifiesta entre lo que es, piensa y hace.

Primera Lectura: Deuteronomio 18:15-20

Segunda Lectura: 1 Corintios 7, 32-35

Evangelio: san Marcos 1, 21-28

 

Primera Lectura: Deuteronomio 18:15-20

La lectura del Deuteronomio contiene las palabras de Moisés dirigidas al pueblo de Israel. Moisés comunica la promesa divina de levantar un profeta similar a él entre los israelitas. Muchos cristianos ven esta profecía como una referencia mesiánica a Jesucristo, el profeta supremo y mediador entre Dios y la humanidad. Este pasaje nos recuerda la importancia de estar atentos a la guía divina en nuestras vidas, a escuchar y seguir las enseñanzas que Dios nos brinda a través de diversos medios, incluyendo las Escrituras y aquellos que Él levanta como mensajeros. La advertencia sobre el falso profeta destaca la importancia de discernir entre los mensajeros auténticos de Dios y aquellos que buscan engañar. En un mundo lleno de diferentes voces y mensajes, es vital buscar la verdad y la guía de Dios, manteniéndonos fieles y evitando ser engañados por doctrinas llamativas y extrañas.

Segunda Lectura: 1 Corintios 7, 32-35

En la lectura de Corintios, el apóstol Pablo comparte su consejo sobre el estado civil y cómo vivir una vida enfocada en el servicio de Dios. Destaca que aquellos que no están casados pueden dedicar más tiempo y energía a las cosas del Señor en lugar de dividir su atención entre las responsabilidades familiares y las preocupaciones del mundo. Pablo no desestima el matrimonio, pero resalta cómo la soltería permite un enfoque más centrado en el servicio a Dios. Este texto nos invita a considerar la importancia de nuestras prioridades en la vida y a buscar el equilibrio adecuado entre nuestras responsabilidades cotidianas y nuestro compromiso con Dios, ya sea en el matrimonio o la soltería. La clave radica en cómo utilizamos nuestras vidas para honrar a Dios y servir a los demás de la mejor manera posible.

Evangelio

 «¡Este enseñar con autoridad es nuevo!» (Mc 1,27)

El inicio de la vida pública de Jesús destaca la autoridad con la que enseña, sana y expulsa lo que perturba la vida humana. Sus enseñanzas rompen con los prototipos tradicionales de las leyes y los métodos de los escribas. Jesús utiliza un método pedagógico coloquial, pero lleno de autoridad, no solo por ser Hijo de Dios, sino por el equilibrio que manifiesta en su pensamiento y acciones. Enseñar conlleva sacrificio, equilibrio, perseverancia, testimonio, investigación y, especialmente, vivir de acuerdo al Evangelio. Jesús, el gran maestro, enseñaba con autoridad divina y humana. Sus enseñanzas cobraban sentido por el equilibrio manifestado en su vida.

Fruto:

Pide al Señor que te permita enseñar con tu vida los valores del Evangelio y expulsar con la experiencia de fe todo aquello que atormenta el alma.

 

Hna. Johanna Andrea Cifuentes Gómez, tc

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Lectio Domingo 21 enero

El Reino de Dios no es utopía, es Relación

Introducción

 Hoy celebramos en nuestra Iglesia el tercer domingo del tiempo ordinario; en este domingo como católicos celebramos el día de la Palabra de Dios, es decir, como el Señor nos habla por medio de la sagrada Escritura y nos exhorta a una vida cristiana iluminada por su Palabra.

Primera lectura: Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

Segunda lectura: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Evangelio: según san Marcos 1, 14-20

 En la primera lectura de la profecía de Jonás, Dios envía a su profeta a la ciudad de Nínive para invitarlo a la conversión, asimismo Dios sigue enviando profetas en medio de su pueblo, la Iglesia para animarlo a cambiar desde un estilo de vida concreto. El primer gran profeta en medio de nosotros sin duda es la sagrada Escritura en ella encontramos alimento espiritual diario y amonestación para encontrar la verdadera felicidad. Nínive necesito de Jonás para que Dios le hablase, nosotros necesitamos de los hermanos para que Dios nos hable al corazón. Miremos nuestra vida, igual que lo hizo el pueblo de Nínive y demos el primer paso en aceptar que siempre tendremos que cambiar algo en nuestra vida, abrámonos para estar atentos al cambio.

En la Segunda lectura Estamos frente a un texto escatológico propio de las primeras comunidades cristianas, sin embargo, aún permanece la afirmación y la fe en cuanto nos permite confiar en lo eterno, pues todo es efímero y tiene la limitante del tiempo, es por ello apremiante que busquemos un estilo de vida de total entrega al Señor desde la vocación a la cual hemos sido llamados, pues todas nos llevan a Dios.

En el evangelio de Marcos se presenta la vida pública de Jesús y con esto la predicación rotunda que realiza sobre el Reino de Dios, ratificando no solo lo esencial sino lo que implica asumir y vivir el Reino de Dios. Diversas interpretaciones se hacen del Reino, sin embargo, quiero centrarme en lo que implica vivir el Reino de Dios. Es exactamente Relación. Jesús en medio de sus discursos no quiso otra cosa más que la humanidad aprendiera amar, esto implica saber relacionarse e incluso aprender a descubrir en el otro la presencia divina de Dios, este es el Reino, una permanente relación con lo otro. En la segunda parte del texto se presenta el llamado contundente de Jesús para ir y buscar nuevas almas y unirlas a la verdad del Reino, pues dice “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Es una expresión que viene cargada de compromiso, implica caminar hacia una meta, dirigir la mirada solo a EL. Como dice la virgen y mártir si dices «Sí» a su «Sígueme», entonces somos suyos y el camino está libre para que pase a nosotros su vida divina. (Edith Stein).

Fruto: Pide al Señor que te de la gracia de anhelar lo eterno, seguir lo verdadero, dar testimonio y especialmente ser artífice del Reino desde tu ser de cristiano.

Hna. Johanna Andrea Cifuentes Gómez, tc