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Lectio Divina del 14 de enero

Seguir a Cristo desde la doble vía del llamado y la respuesta

«Habla, Señor, que tu siervo escucha».

La experiencia de caminar con Jesús se materializa en un llamado y una respuesta propia de aquel que recibe la llamada. Por ende, es una vía bidireccional que implica escuchar y responder, incluso con los temores inherentes a la existencia.

Primera Lectura: Del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

Segunda lectura: De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20

Evangelio Según San Juan 1, 35-42

La experiencia de Samuel representa la constante respuesta de la humanidad para abrazar los diversos llamados de la vida. Nos encontramos frente a diversas voces que nos instan a vivir de cierta manera, y corremos en busca de una respuesta. Sin embargo, Samuel, a pesar de sus intentos, no logra identificar la voz del Señor hasta el tercer llamado y con la guía de Elí. La respuesta de Samuel es dócil, atenta y con un corazón abierto. Descubrir la autenticidad del llamado divino requiere reconocer la voz de quien habla y escuchar. La escucha divina es una virtud desafiante de cultivar en un mundo ruidoso lleno de voces llamativas. A pesar de ello, Samuel, desde la docilidad de su corazón, responde: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». La docilidad y el silencio interior se convierten así en tareas esenciales para responder con certeza y fidelidad a la vocación y el sueño que Dios tiene preparado para aquellos a quienes ama.

Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20

«¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él». La comprensión cristiana del cuerpo se basa en contemplarlo como el sagrario del espíritu. Esta perspectiva confiere al cuerpo un valor sagrado al permitir manifestar con sus acciones la presencia divina. En una cultura obsesionada por la apariencia física y los estándares de belleza, la mirada cristiana del cuerpo implica un cuidado equilibrado de las necesidades básicas y de los placeres propios. La enseñanza de San Pablo destaca que el cuerpo puede convertirse en una expresión de glorificación al Señor, lo que implica cuidarlo, amarlo, respetarlo y valorarlo. Es crucial profundizar en la teología del cuerpo y en las reflexiones de San Juan Pablo II para obtener una nueva comprensión de la sexualidad y el amor.

Evangelio según san Juan 1, 35-42

«¿Qué buscáis?». Él les dijo: «Venid y veréis».

La experiencia del llamado se traduce en una respuesta a la búsqueda humana de la felicidad y el sentido de la vida. El llamado de Andrés y Juan refleja las características del llamado de Jesús, que enseña, acompaña y cautiva con solo unas palabras profundas y desde el corazón. Cada persona tiene diferentes búsquedas en la vida, algunas responden a historias personales, situaciones complejas, deseos y sueños. El encuentro de Jesús con estos discípulos manifiesta el deseo divino de encontrarse con aquellos que buscan respuestas. El llamado de Cristo presenta nuevas formas de pensar, actuar y relacionarse. San Ambrosio de Milán nos insta a buscar a Cristo no con pasos corporales, sino con la disposición del alma y la contemplación desde el corazón, que implica una profunda fe y un alma capaz de anhelar lo eterno desde la tierra.

Fruto: Pide al Señor que te haga un contemplativo de la vida, capaz de escuchar los llamados que te hace para vivir con plenitud desde el seguimiento propuesto por Jesucristo.

Hna. Johanna Andrea Cifuentes Gómez, tc

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Lectio Divina Bautismo del Señor

Redescubrir el SER virtuoso que has recibido por el Espíritu Santo

«Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo» (Juan 1, 33).

Primera lectura: Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

 Segunda lectura: De los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

Evangelio Según San Marcos 1, 7-11

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu».

Como un eco de la Epifanía, celebramos hoy el bautismo del Señor, su manifestación pública,»Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu».El profetismo es una auténtica forma de vivir, fundamentada en la elección que hace el Señor desde el vientre materno, como lo expresa Isaías en su llamado. Identificar las acciones propias del Espíritu requiere discernimiento y oración, al igual que comprender las obras propias del Reino. Es esencial reconocer hasta qué punto asumimos la elección de ser elegidos por Dios y, desde esta misión, abrazar nuestro ser cristiano. Si el Espíritu del Señor está sobre ti, tus decisiones, acciones y pensamientos estarán encaminados a proclamar la verdad de Aquel que te brinda sabiduría.

En la segunda Lectura…»Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea».

Una de las características más hermosas de nuestro Dios es la grandeza de su misericordia y el corazón que le permite amar sin reservas a todos sus hijos. Nuestra meta en la tierra es lograr tener un corazón como el del Padre, una tarea desafiante pero que traza un camino de configuración con el Señor. Si reflexionas sobre tu corazón, ¿cuánto has crecido en amar sin distinción, prejuicio o crítica?

Escucharemos en el Evangelio la Voz del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

El bautismo de Jesús revela la identidad plena y divina que le ha sido otorgada como Hijo de Dios, manifestando auténticamente los dones del Espíritu en la vida humana. Como afirmó San Cirilo, «las primicias y los dones que se otorgan a la humanidad se mostraron primero en la humanidad del Salvador». A partir de esta afirmación, podemos reflexionar sobre los dones otorgados al Hijo de Dios en su humanidad y redescubrir el sello auténtico que nos brinda el bautismo. La identidad de Jesús se basa en los principios del evangelio; por lo tanto, el amor y la caridad son la brújula para decisiones y acciones, y la verdad y la justicia son criterios para opinar, observar y analizar. Frente al sello del bautismo que nos regala la fe y la identidad de Jesús como culmen perfecto para actuar, ser y decidir, se nos presenta la vida auténtica de un creyente que no vive las virtudes y dones por sí mismo, sino por GRACIA del Espíritu. Ejercitarse en las virtudes y dones del Espíritu Santo nos permite crecer en autenticidad, verdad, justicia y santidad. ¿Cómo asumes esta identidad de hijo de Dios que te implica transformar tu debilidad en don y gracia para vivir con los hermanos?

Hna. Johanna Andrea Cifuentes Gómez, tc

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Lectio Divina en la Fiesta de la Sagrada Familia

Primera Lectura: Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6.12-14

Sal 127, 1-2. 3. 4-5

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Evangelio de San Lucas 2, 22-40

Vivir como hogares auténticos al estilo de la Familia de Nazareth es el desafío que nos presenta la octava de Pascua, una festividad hermosa capaz de despertar la espiritualidad y la conexión entre padres e hijos, siguiendo el ejemplo de Jesús, María y José.

Este año, la celebración de la Sagrada Familia conmemora su 150 aniversario desde su institución por el Papa León XIII. Esta celebración no solo ilumina la historia, sino que también arroja luz sobre la experiencia actual de la vida familiar. ¿Te has preguntado cómo vives tu papel como madre, padre o hijo/a en la misión que Dios te ha encomendado? Dedica tiempo a la oración y la reflexión.

En la primera Lectura el texto proporciona una reflexión sobre la   importancia del amor y respeto a los padres. Nos recuerda que honrar a los padres es un acto de justicia y gratitud, no importa las circunstancias, conllevando la promesa de una larga vida y bendiciones para los hijos. Nos invita a considerar como honramos y mostramos el amor a nuestros padres y la manera como se impacta a la comunidad y a comprender que el amor, el respeto y gratitud son fundamentales para la plenitud de la vida.

El Salmo 127 es un hermoso poema que nos habla sobre la importancia de depender de Dios en todas las áreas de nuestra vida. nos recuerda que debemos permitir que Dios sea el fundamento y la guía en todo lo que emprendemos. Sin Su ayuda, nuestros esfuerzos pueden ser en vano. Confiando en su protección y cuidado de Dios en nuestras vidas y en todo lo creado. Es una invitación a confiar en la providencia poniéndolo de primero y no colocando y dependiendo de nuestro esfuerzo y títulos. Por último, está el cuidado de los hijos como don y regalo de Dios, que se deben cuidar como amor y responsabilidad y enseñándoles y preparándolos para enfrentar los desafíos de la vida.

En la segunda Lectura San Pablo inicia una exhortación de carácter místico frente a las virtudes que tienen todos los elegidos por Dios, al mencionar la expresión “revestíos” indudablemente te imaginas un vestido, un traje, una manta, pues desde allí reconoce la grandeza que tiene el sentirte elegido y a la vez lo que implica vestirte no con atuendos materiales sino con las virtudes propias de los hijos de Dios. Compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón. No es sencillo vivirlas porque nuestra condición humana nos hace frágiles, sin embargo, la oración como elemento fundamental de la vida de fe te permite lograr caminos insospechados y espirituales. Un ejercicio sencillo y práctico que te puede servir lo menciona el mismo Pablo “empieza por agradecer cada situación, persona u acontecimiento de la vida con ello las demás virtudes se darán poco a poco”. 

Y Finalmente   nos acercamos a un evangelio familiar que relata la fidelidad de José y María al cumplir las prescripciones y leyes de Israel; en este caso, la purificación en el templo refleja una familia piadosa y devota, comprometida a cumplir fielmente lo que el Señor demanda. Sin embargo, enfocémonos en las figuras de José, María y Jesús.

José, un hombre prudente y silencioso, representa la auténtica propuesta de un esposo capaz de asimilar estas virtudes para la vida familiar. María, una esposa laboriosa, trabajadora y orante, encarna la figura de una madre que está atenta al proceso de su familia. Jesús, como bien dice Lucas, crece en sabiduría y gracia; este proceso es propio de los hijos que, a lo largo de la vida, van creciendo y, con la experiencia, reconocen la presencia de Dios.

Actualmente, nos encontramos ante una sociedad con propuestas diversas sobre lo que significa ser familia, pero Jesús, María y José son el SER auténtico de una familia que nunca deja de asumir la vivencia plena, mística y contemplativa de la existencia. Hoy presentan las virtudes propias de una familia cristiana.

SER familia es un reto que no solo desafía los esquemas sociales, sino que también irrumpe en la vida real de la caridad, fraternidad y amor en un hogar. SER FAMILIA es la propuesta del Reino expresada en vínculos afectivos. Si eres madre y sientes que esta tarea es difícil, asume el ejemplo de María en su espíritu de oración. Si eres padre, adopta el rol de José, un hombre prudente y atento a las necesidades de su esposa. Si eres hijo/a, recuerda que estás en un proceso de aprendizaje y que Dios te indicará día a día las enseñanzas necesarias para crecer en sabiduría.

Hna. Johanna Andrea Cifuentes Gómez, tc

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Lectio divina IV Domingo de Adviento

Primera Lectura. II Samuel 7:1-5, 8-12, 14, 16. … “Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo”.

Salmo Responsorial. Salmo 89:2-5, 27, 29. …Sellé una alianza con mi elegido”

Segunda Lectura. Romanos 16:25-27. …Revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos”

Evangelio. Lucas 1:26-38. “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Hemos llegado al IV Domingo de adviento y con él, al final de la ruta recorrida como preparación a la celebración de la Natividad del Señor, hemos recorrido esta senda de adviento con el único propósito de llegar dispuestos para renovar un año más el regalo más grande de Dios a la Historia de la Humanidad que es su propio Hijo, el Emanuel.  Hoy, en el cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos permite recordar que Dios cumple sus promesas en tan esperado Mesías.

En la primera lectura, escuchamos cómo el profeta Natán le habla al rey David sobre la promesa de Dios de establecer una dinastía eterna para su pueblo. Esta promesa se cumplió en Jesucristo, quien es el descendiente de David.

En el Salmo Responsorial, se nos recuerda que Dios es fiel a sus promesas y que su amor y misericordia son eternos.  Y En la segunda lectura, San Pablo nos habla sobre el misterio de la salvación que ha sido revelado a través de Jesucristo.

Pero detengámonos hoy de manera especial en el Evangelio. San Lucas nos ofrece el relato de la Anunciación, en el que el ángel Gabriel visita a María y le anuncia que ella será la madre del Mesías. María, con desconcierto, pero aun así con profunda fe, acepta su papel en la historia de la salvación.

En el corazón de esta celebración está el papel crucial que María desempeñó. Ella, una joven humilde y fiel, recibió la visita del Ángel Gabriel, quien le anunció que sería la madre del Hijo de Dios y su «Sí» fue un acto de entrega total y confianza en el plan divino, un ejemplo de obediencia y humildad que cambió el curso de la historia.

El «Sí» de María nos enseña que la verdadera grandeza radica en la disposición a cumplir la voluntad de Dios, incluso cuando no entendemos completamente su plan. Su ejemplo de fe   y determinación en un momento de la historia donde como mujer, estaba totalmente supeditada a la custodia de un varón es realmente desconcertante; María nos inspira al desafiar el orden social establecido en su época, tan solo afirmada en la certeza de que era Dios quien hablaba a su corazón y Dios no miente.

 Que admirable su confianza, aquella que muchas veces nos falta a nosotros porque existe una gran diferencia entre: Creer en Dios y creerle a Dios. Sin lugar a duda María le creyó a Dios y su fe fue suficiente para hacer posible el más importante acontecimiento de la historia: La Encarnación.

La anunciación es una invitación a pensar que Dios desea establecer una relación, un encuentro con nosotros, que nos envía mensajeros y mensajes para posibilitar ese vínculo, que se acerca de manera sorprendente e insospechada a nuestra vida, sin más pretensión que encontrar nuestro corazón dispuesto como el de María.  Y que en ese mensaje hay una enorme cuota de confianza suya depositada en nuestra vida, Él es el Dios que se pone en nuestras manos, a nuestro alcance, que se hace fragilidad desafiando los estereotipos e imágenes acomodadas que nos hemos hecho de Él.

Terminemos esta reflexión citando las palabras del padre Eduardo Meana en su Hermosa interpretación musical “Oh, tierracielo”, para que comprendamos en ella el sublime acto de amor que encierra la encarnación del hijo de Dios.

Oh Dios que te has atado con las cuerdas del tiempo
A nuestras coordenadas, a nuestros ritmos lentos
Al devenir incierto de nuestro aprendizaje
Al río irregular de nuestro crecimiento

Vos revelaste el fondo de ésta, nuestra existencia
Lo nuestro estaba en Vos, lo nuestro era lo tuyo
Lo humano era «más» – capaz de Dios, y sagrado
Dramático y sagrado, nuestro «estar en el mundo»

¡Lo opaco de la tierra en vos fue transparente!
Lo opaco fue capaz de cielo y de Palabra
Y se espejó en tu carne que somos «tierracielo»
Fragmentos de infinito en carne iluminada

Beso santo de dos palabras
¡Oh, Jesucristo, Oh, tierracielo!
Fuerte tierno, señor humano
Divino nuestro, divino nuestro

Divino y despojado, Dios asombroso y nuestro
Hermano y vulnerable, expuesto a desamores
Concreta superficie de humana piel dispuesta
A luna y sol, a abrazos, y a látigos y golpes

Tu encarnación es el mapa de nuestra esperanza
Lo humano, en tu humanidad, se yergue en silencio
Destino y maravilla que tu cuerpo nos narra
Lo nuestro cabe en Dios y este Dios cabe en lo nuestro

¿Qué Dios impronunciado viajó en el embarazo
Sereno y misterioso de la Madre Doncella
Sino el Dios cuya espalda viene por el trabajo
De siembras y semillas, de redes y de pesca?

Beso santo de dos palabras
¡Oh, Jesucristo, Oh, tierracielo!
Fuerte tierno, señor humano
Divino nuestro, divino nuestro.

Que el Dios con nosotros sea el más auténtico motivo que colma de gozo nuestro corazón en esta nueva navidad.

 

Hna. Sandra Milena Velásquez B, TC

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Lectio Divina Tercer Domingo de Adviento

1ª lectura: Is.61,1-2ª.10-11.    «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» dijo Isaías.

«Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,” dijo María.

2ª lectura: 1Tes. 5, 16-24 «Estad siempre alegres», dijo San Pablo.

EVANGELIO San Juan 1, 6-8.19-28: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor»,

 

«En la senda de este nuevo adviento hemos llegado al Domingo de la alegría y la iglesia lo denomina «Gaudete» Palabra latina que significa «alegraos». En el contexto del Domingo de la Alegría en el Adviento, la Iglesia lo denomina así para resaltar la importancia de la alegría que sentimos al acercarnos a la celebración del nacimiento de Jesús. Es un recordatorio de que, a pesar de las dificultades y desafíos, siempre hay motivos para la esperanza y el gozo.

Desentrañemos de estos textos de la liturgia la invitación a la alegría como telón de fondo.

La primera lectura tomada del profeta Isaías, nos permite remontarnos al evangelio: Traigamos a nuestra memoria aquel texto bíblico tomado del evangelio de San Lucas 4, 18-22, cuando Jesús llegando a la sinagoga en Shabbat, tomó el rollo de Isaías, proclamó justo este capítulo que hoy hemos leído y que en sus expresiones define al Mesías y a su encargo ratificando primero que está ungido por el Espíritu y que ha sido enviado para

  1. Dar buenas noticias a los pobres
  2. Curar a los de corazón desgarrado.
  3. Proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros de la libertad.
  4. proclamar el año de gracia del Señor.

Detengámonos en este último encargo del envío. José Antonio Pagola, teólogo y escritor español, interpreta la proclamación de Jesús sobre «el año del Señor» en el contexto del jubileo, un concepto del Antiguo Testamento. En su libro «Jesús, aproximación histórica», Pagola explica que Jesús alude al jubileo, un año sabático especial que se celebraba cada 50 años, durante el cual se proclamaba la liberación de las deudas y la restauración de propiedades.

Para Jesús, proclamar el «año del Señor» simbolizaba un mensaje de liberación, justicia y restauración integral para las personas.  Jesús estaba anunciando una transformación profunda en la vida de la gente, tanto a nivel espiritual como social, enfocándose en la misericordia y la equidad.

No cabe duda que el encargo del Mesías fue una noticia que colmaría a sus coterráneos de gozo y esperanza, sentimientos casi inconcebibles en el marco de una época de la historia donde se experimentaba el yugo opresor del imperio Romano y sus alianzas (Pax Romana)

Continúa la liturgia de este III Domingo de adviento presentándonos en el salmo la figura del María en la proclamación del Magníficat, su motivo de gozo, su más profunda alegría: Saber que el Señor ha mirado la humildad de su esclava y en ella a todos los pequeños y sencillos, los “Anawin” (Pobres de Yahvé).

Finalmente, en el Evangelio de este III Domingo continuamos identificando en Juan a ese profeta que hoy se autodefine como el testigo de la luz, el que como dice el texto bíblico Confiesa y no niega, que no es el Mesías. Aquel que prepara el camino al Señor. La Voz que grita en el desierto: “Allanad los Caminos”

 Hace algunos días Monseñor Manilla decía hermosamente al respecto: “Juan era la Voz, Jesús la Palabra” ¿Prestamos nosotros nuestra Voz a la Palabra?

Hna. Sandra Milena Velásquez B, tc

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Lectio Divina Segundo Domingo de Adviento

Lectura del Profeta Isaías Is 40, 1-5. 9-11.

“Consolad, consolad a mi pueblo dice el Señor”

Salmo 84: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”.

 

Segunda carta del Apóstol San Pedro 3, 8-14.

Marcos 1, 1-8: Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor,

Durante este segundo domingo de adviento Isaías concreta la misión de todo profeta diciendo: “Consolad, consolad a mi pueblo dice el Señor, hablad al corazón del Hombre”. Y presenta desde la primera lectura de manera intrínseca a Juan; lo va a definir como la voz que clama en el desierto, como el heraldo, el mensajero. Pero a su vez nos va a revelar su doble misión: En un principio, lo vemos como un profeta que emerge en el complicado escenario histórico para brindarnos esperanza, y más tarde como un profeta que demanda un cambio de actitud. Sin embargo, lo más importante es la definición que el profeta y más adelante el evangelista proporcionará de él, explicando la razón de su presencia especial en este momento: «Voz que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos».

La entrada del precursor, del Mesías en el escenario de la historia es el tema del evangelio de hoy,  Lucas nos conduce por un itinerario muy claro en el que nos presentará la figura de Juan Bautista  a partir de tres referencias directas:

Una mirada al marco histórico en el que Juan comenzó su ministerio (3,1-2ª)

El evangelio es claro, la labor de Juan y Jesús se desarrolla en un contexto histórico concreto, donde las figuras de los gobernantes destacan. A esta estructura de poder dominante de la época se envía un mensajero por eso la intención de este segundo domingo de adviento es advertir que Dios habla a través de su precursor que trae un doble anuncio, como ya lo hemos dicho.  Dios entra en la historia, se pone de nuestro lado en las circunstancias comunes de la vida humana. Los personajes mencionados están vinculados directa o indirectamente con el ministerio de Juan y Jesús; su relación con las autoridades será conflictiva. Una confrontación necesaria pero arriesgada es el encargo que tiene Juan.

Todos sabemos el desenlace cruel de la misión de Juan y sin embargo, el evangelio no promueve la actitud derrotista frente al poder que silencia a los profetas con métodos violentos. La mención de estos personajes que ejercen poder destructivo busca transmitir una buena noticia: no estamos completamente entregados a los poderes históricos, ya que la última palabra sobre el destino del mundo la tiene Dios, el Señor de la historia. Con la llegada de Jesús, cuyo camino prepara Juan Bautista, Dios rompe el ciclo de hierro y el curso inamovible de las fuerzas históricas que oprimen al ser humano acaparándolo todo ya lo veremos más a fondo en el III Domingo de adviento. Por tanto, Jesús y el último de los profetas entran en escena estrechamente ligados a esta historia.

La presentación de la vocación del profeta (3,2)

Juan es la voz que grita en el desierto y vale la pena detenernos para retomar este simbolismo: El “desierto” nos remite a los orígenes del pueblo de Israel en el éxodo e incluso nos devuelve a los comienzos de la historia misma. El desierto evoca aridez, soledad, anonimato, miedo, carencia, falta de esperanza. En él nos rozamos con la muerte. El desierto es el lugar donde si uno grita nadie lo escucha; donde si uno se desvanece agotado sobre la arena, no hay quien se ponga a su lado.

¿Qué significa entonces escuchar la voz de Dios en el desierto, para proclamarla también en el desierto? Significa que debemos oír lo inaudible y pregonar lo indecible, sobreponernos a todos los impedimentos que quieran frustrar nuestra misión y silenciar nuestro anuncio.

Y finalmente un resumen de lo esencial de la misión profética de Juan (3,3-6)

Nuestros tiempos no son distintos a los de Juan, seguimos teniendo la honda necesidad de la conversión, y convertirse significa devolverse para desandar los pasos en falso y afirmar nuestras pisadas por la senda correcta. Juan Preparó el camino del Señor, más con su vida que con sus palabras, esforzándose por no caer nunca en la autoreferencialidad y dándole a Jesús el lugar que le correspondía, primero en su propia vida y luego en la historia. Preparar el camino es dejarlo todo dispuesto para los que, por ese mismo camino, llegarán al esperado destino, y esto debería hacernos reflexionar. ¿De qué modo estamos transitando esta senda, que es la vida misma? ¿A otros, nuestras huellas les servirán de referencia para llegar a un único destino, que es el amor?, o por el contrario, ¿nuestras huellas les harán recorrer caminos confusos y equivocados? Sabemos discernir ¿Cuál es el camino a seguir, o vamos a tientas por la vida? Dios no aplaza sus promesas, como lo hemos escuchado en la segunda lectura   vino a nuestra tierra, a nuestra historia, a nuestra familia. Un Salvador vino, y seguirá llegando. ¿Qué tan honda es nuestra certeza y bajo qué presencias cotidianas reconocemos al Dios con nosotros?

Agradezcamos estas presencias y validémoslas en nuestra propia historia. ¡Maranatha!

 

Hna. Sandra Milena Velásquez B, tc

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Lectio Divina, primer domingo de Adviento.

Isaías 63,16b-17.19b; 64,2b-7: ¡Ojalá rasgaras el cielo y bajaras!

Salmo 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

1 Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de Jesucristo

Marcos 13,33-37: Velen, mientras llega el dueño de la casa

Hoy iniciamos un nuevo año litúrgico y con el renovamos el entusiasmo y la esperanza.

¿Qué palabra puede definir mejor el adviento que la esperanza?

¿Quién no ha sentido que la liturgia de adviento es un aire renovador que impregna nuestro corazón de gozo y consuelo?.

En la liturgia de este Primer domingo de Adviento empezamos situándonos cerca del final del libro de Isaías, que es una recopilación de oráculos de varios profetas a lo largo de la historia de Israel. El pasaje que leemos hoy pertenece al «Tercer Isaías» (Is 56-66), quien vivió en un momento difícil de reconstrucción después del exilio, lo que se refleja en sus palabras llenas de emociones intensas, incluso llanto.

Isaías expresa en la primera lectura un grito de expectativa, un anhelo, un deseo profundo y sentido desde lo más íntimo de su corazón. ¡Ojalá rasgaras el cielo y bajaras! El representa el anhelo más profundo del pueblo de Israel, de ser habitados por el Mesías, pero también la voz del profeta es reveladora y cuestiona la doble moral de un pueblo que espera y que, mientras lo hace, no prepara el camino para su llegada;  contaminado de injusticia, un pecado totalmente despreciable a los ojos de Yahvé, porque va en contra de la ética del pueblo, del pacto en el Sinaí, de la promesa de ser el pueblo de Dios, va en contra de la alianza, no sólo pactada con Él, sino aún más entre ellos mismos.

Este tinte escatológico de la primera lectura nos pone en modo alerta, sobre todo si reconocemos que somos ese mismo pueblo suyo, el de la alianza y que sorteamos a menudo nuestras opciones de conciencia deseando su presencia en nuestra vida y trasgrediendo el compromiso de unidad y justicia que hemos pactado.

Las últimas palabras del profeta Isaías actualizan las primeras páginas del Génesis. Destacan la figura de Dios como Padre, creador y restaurador de la vida: «Tú, Señor, eres nuestro Padre»… «Tú, Señor, sigues siendo nuestro Padre». Esta imagen renueva la esperanza. La llegada de Dios también requiere disposición para acercarse a Él. La oración que reconoce el dolor, busca perdón y canta la esperanza es el camino para encontrarlo. Surge del corazón con la certeza de que Dios se interesa profundamente en nuestra situación y vendrá a nosotros, como lo ha hecho en el pasado. Este pasaje tiene implicaciones en el Nuevo Testamento. El nacimiento de Jesús en Navidad cumple la profecía de Isaías: los cielos se abren y, en Jesús, Dios se encuentra con la humanidad. Él vendrá nuevamente al final de los tiempos, como Jesús les hace saber a sus seguidores en la parábola del Evangelio.

El salmista interviene clamando la restauración y con humildad invoca a Dios Diciendo:  “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

La segunda lectura tomada de la primera carta de los Corintios nos recuerda que Dios es fiel y que al llamarlos a la comunión con su Hijo nos quiere irreprochables en el amor, asegurándonos que no carecemos de ningún don para lograr esa comunión. Como nos decía Benedicto XVI en su encíclica Dios es amor, “El amor puede ser mandado porque antes ha sido dado”. (14)

 Finalmente, Marcos en el Evangelio nos recuerda que preparar la llegada del Señor requiere una actitud permanente de vigilancia porque no sabemos el día ni la hora.

El verbo «velar» aparece en la parábola sumando un total de cuatro repeticiones de este término. Pero, ¿Qué implica exactamente el mandato de Jesús de «velar»? El término griego «gregoreo» significa principalmente «estar despierto». Sin embargo, esto no quiere decir que los discípulos no puedan dormir (físicamente sería imposible), en este contexto, los discípulos deben estar alerta y atentos para reconocer la venida del Señor en un momento incierto.

Existe un llamado de atención hacia algo más profundo. El no estar durmiendo puede expresarse de esta manera: debemos estar atentos en la oscuridad de la historia, con toda nuestra existencia concentrada en el seguimiento de Jesús si deseamos presenciar la llegada del Reino, pues podemos correr el riesgo de olvidarnos de él y de sus enseñanzas, ya que no está presente de manera visible. Los siervos «vigilantes» son aquellos que están siempre preparados para recibirlo y responder.

Ojalá el Señor nos encuentre despiertos y dirigiendo la porción que nos ha encomendado con amor, dignidad y justicia. Que nuestras obras más que nuestras palabras reparen todos los signos de dolor, contradicción e injusticia que hay en nuestro mundo, aquellos que nosotras mismas hemos provocado y aquellos que, aunque no hayamos provocado, podemos reparar. No olvidemos que como Francisco de Asís y Luis Amigó, conscientes de su misión, estamos llamados a ser operantes, proactivos y propositivos, y sobre todo a escuchar la voz del Señor que por medio de la fuerza de su espíritu inspira cada una de nuestras palabras y acciones.

¡Celebremos la esperanza que nos llena de certeza y nos impulsa a seguir adelante! El Adviento nos invita a renovar nuestra confianza en la salvación que está por venir, a liberarnos del desencanto y a esperar con alegría la llegada del Señor. A través de la escucha orante de la Palabra, dejemos que nuestra oración nos lleve a clamar: «¡Ven, Señor Jesús!»

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya

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Saboreando pentecostés a la luz de las sagradas escrituras

Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que Pablo encontró cierta vez en Éfeso un grupo de cristianos desconocidos. Algo debió de resultarle raro porque les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando comenzasteis a creer?” La respuesta fue rotunda: “Ni siquiera hemos oído que hay un Espíritu Santo”. Si Pablo nos hiciera hoy la misma pregunta, muchos cristianos deberían responder: “Sé desde niño que existe el Espíritu Santo. Pero no sé para qué sirve, no influye nada en mi vida. A mí me basta con Dios y con Jesús”. Esta respuesta sería sincera, pero equivocada. Las palabras que acaba de pronunciar las ha dicho impulsado por el Espíritu Santo. Tiene más influjo en su vida de lo que él imagina. Y esto lo sabemos gracias a las discusiones y peleas entre los cristianos de Corinto.

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12,3b-7.12-13)

Los corintios eran especialistas en crear conflictos. Una suerte para nosotros, porque gracias a sus discusiones tenemos las dos cartas que Pablo les escribió. La que originó la lectura de hoy no queda clara, porque el texto, para no perder la costumbre, ha sido mutilado. Quien se toma la pequeña molestia de leer el capítulo 12 de la Primera carta a los Corintios, advierte cuál es el problema: algunos se consideran superiores a los demás y no valoran lo que hacen los otros.

La sección suprimida en la lectura (versículos 8-11) describe la situación en Corinto. Unos se precian de hablar muy bien en las asambleas; otros, de saber todo lo importante; algunos destacan por su fe; otros consiguen realizar curaciones, y hay quien incluso hace milagros; los más conflictivos son los que presumen de hablar con Dios en lenguas extrañas, que nadie entiende, y los que se consideran capaces de interpretar lo que dicen.

Pablo comienza por la base. Hay algo que los une a todos ellos: la fe en Jesús, confesarlo como Señor, aunque el César romano reivindique para sí este título. Y eso lo hacen gracias al Espíritu Santo. Esta unidad no excluye diversidad de dones espirituales, actividades y funciones. Pero en la diversidad deben ver la acción del Espíritu, de Jesús y de Dios Padre. A continuación de esta fórmula casi trinitaria, insiste en que es el Espíritu quien se manifiesta en esos dones, actividades y funciones, que concede a cada uno con vistas al bien común.

Además, el Espíritu no solo entrega sus dones, también une a los cristianos. Gracias al él, en la comunidad no hay diferencias motivadas por el origen (judíos – griegos) ni por las clases sociales (esclavos – libres).

En definitiva, todo lo que somos y tenemos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

¿Cómo comenzó la historia? Dos versiones muy distintas.

Si a un cristiano con mediana formación religiosa le preguntan cómo y cuándo vino por vez primera el Espíritu Santo, lo más probable es que haga referencia al día de Pentecostés. Y si tiene cierta cultura artística, recordará el cuadro de El Greco, aunque quizá no haya advertido que, junto a la Virgen, está María Magdalena, representando al resto de la comunidad cristiana (ciento veinte personas según Lucas).

 

Pero hay otra versión: la del evangelio de Juan.

La versión de Juan 20, 19-23

Muy distinta es la versión que ofrece el cuarto evangelio. En este breve pasaje podemos distinguir cuatro momentos: el saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, el envío y el don del Espíritu.

El saludo es el habitual entre los judíos: “La paz esté con vosotros”. Pero en este caso no se trata de pura fórmula, porque los discípulos, muertos de miedo a los judíos, están muy necesitados de paz.

Esa paz se la concede la presencia de Jesús, algo que parece imposible, porque las puertas están cerradas. Al mostrarles las manos y los pies, confirma que es realmente él. Los signos del sufrimiento y la muerte, los pies y manos atravesados por los clavos, se convierten en signo de salvación, y los discípulos se llenan de alegría.

Todo podría haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituyen al miedo. Sin embargo, en los relatos de apariciones nunca falta un elemento esencial: la misión. Una misión que culmina el plan de Dios: el Padre envió a Jesús, Jesús envía a los apóstoles. [Dada la escasez actual de vocaciones sacerdotales y religiosas, no es mal momento para recordar otro pasaje de Juan, donde Jesús dice: “Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies”].

El final lo constituye una acción sorprendente: Jesús sopla sobre los discípulos. No dice el evangelistas si lo hace sobre todos en conjunto o lo hace uno a uno. Ese detalle carece de importancia. Lo importante es el simbolismo. En hebreo, la palabra ruaj puede significar “viento” y “espíritu”. Jesús, al soplar (que recuerda al viento) infunde el Espíritu Santo. Este don está estrechamente vinculado con la misión que acaban de encomendarles. A lo largo de su actividad, los apóstoles entrarán en contacto con numerosas personas; entre las que deseen hacerse cristianas habrá que distinguir entre quiénes pueden aceptadas en la comunidad (perdonándoles los pecados) y quiénes no, al menos temporalmente (reteniéndoles los pecados).

José Luis Sicre

 

ORACIÓN EN PENTECOSTÉS

Espíritu Santo, Tú habitas en nuestro corazón y consagras todo lo que es. Haznos tu nueva humanidad.

Eres Dios vivo, en quien creo y en quien espero. Nos humanizas para que podamos comulgar en tu divinidad.

Creo en Ti… Dios que amanece la vida en cada instante.

Creo en Ti… Dios que manifiestas tu poder en la ternura y la fragilidad.

Creo en Ti, Dios amor que te revelas en la mirada franca, en la sonrisa alegre, en las lágrimas y los sollozos, en el silencio y en el abrazo.

Creo en Ti, Dios que te nos muestras en los ojos que sueñan, en el pecho conmovido, en las manos abiertas, en los brazos dispuestos, en el rostro indignado y vivo.

Quiero vivir consciente en tu presencia; en el gozo y en la pena, en el esfuerzo y en el cansancio, en la certeza y en la duda, en las adversidades y en la fiesta, en cada nacimiento y en cada duelo.

Quiero vivir conscientemente este presente que me estás regalando.

Contigo, por Ti y en Ti, quiero ser quien soy.

Te amo y quiero que me muevas a amar libremente a los demás. Te amo y quiero amar con tu amor, a cada criatura y a toda la Creación.

Cuando me irrite, sosiégame. Con quien me exaspere, hazme sentir paciencia y empatía.

Regálame ser don y bendición para la persona con la que me encuentre, a quien ya quiero, concédeme amar en gratuidad, no depender ni pretender poseer.

Que nos dejemos amar y sepamos recibir con gratitud de los demás.

Líbranos de la desconfianza y el miedo. Líbranos de toda dependencia y adicción, de toda mentira y crispación. Cúranos de la ceguera que nos impide darnos cuenta de que nos une la fraternidad.

¡Líbranos de seguir buscando saciar nuestro propio «yo»! ¡Líbranos de la búsqueda compulsiva del confort individual!

Despiértanos para que seamos conscientes de que somos comunidad. Que anhelemos con pasión el bien común. Aviva en cada persona la generosidad para darse y para dar. Que cada quien cuide con esmero de los demás.

Llena de Ti el corazón de toda la humanidad.

Disipa los miedos y desvanece el rencor. Que soñemos con fuerza el reinado de la Vida.

Espíritu Santo, consagra a toda la creación y haznos tu nueva humanidad.

Espíritu Santo: Sé que me habitas y que habito en Ti…

Algunas veces, he llegado a sentirlo, como si fuera más consciente… Algunas veces he vislumbrado comprenderlo, como más lúcidamente… Muchas veces, ni siento, ni entiendo, ni siquiera me acuerdo que estás en mí y que estamos en Ti… Pero creo… creo en Ti, Espíritu Divino de la Creación…

Creo, porque quiero creerle más y más a Jesús, que me reveló tu presencia viva y discreta en todo lo que es… Creo, cada vez más, que no se trata de mí, ni de que yo tenga vida, sino de Ti en todo y de que me regalas ser parte de la Vida.

Por eso; quiero iniciar esta y cada semana, este y cada día, este y cada instante de mi historia; invocándote y evocándote. ¡Acepto feliz que llenes mi cuerpo, mi intelecto, mi afecto, y hasta lo más silencioso de mi espíritu!

Gracias por cada sensación, por cuanto percibo y capto. Gracias por cada sentimiento y cada emoción, por cuanto vivo y expreso. Gracias por cada recuerdo, cada idea, cada momento de comunicación. Gracias por cada rostro que habita en mi corazón. Gracias por el silencio, cada vez más lleno de tu divino amor.

Deseo dejarme mover por tu acción. Deseo fluir, no pasiva ni resignadamente sino confiadamente, atentamente, felizmente.

Deseo liberarme de cualquier necesidad y deseo, desapegarme y soltar, decir «adiós» sin aferrarme pero saber darme y siempre amar.

Te consagro mi ser, y que quiero que llenes a las personas con las que comparto esta historia.

Deseo que reines en toda la creación y que seamos más y más, humanidad consciente de tu amor que une sin fundir, que anima sin someter, que ilumina sin deslumbrar, que da vida dándose y sin dejar de amar.

¡Gracias, Espíritu Santo! ¡Gracias y amén con toda la humanidad!

Rogelio Cárdenas

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125 Años dando vida Segorbe-Castellón

La conmemoración se ha celebrado con la organización de diversos actos que han tenido su máxima en la celebración Eucarística que ha tenido lugar esta mañana en la S. I. Catedral de Segorbe y que ha estado presidida por el Obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón, Mons. Casimiro López Llorente. En la misma han participado también los párrocos de Santa María, San Pedro, en Segorbe, el de San Miguel Arcángel de Altura, y el secretario del Obispo. También de así como la Hermana Provincial, junto a las Hermanas Terciarias Capuchinas de Segorbe y las autoridades locales, con la Alcaldesa a la cabeza, como máxima representante de las mismas, así como feligreses de las parroquias segorbinas y demás representantes de Cofradías, movimientos y asociaciones eclesiales

En la homilía,  el Sr. Obispo ha tenido palabras de agradecimiento a la labor que durante más de un siglo vienen realizando las hermanas en pro y en beneficio de los más necesitados. D. Casimiro, gran conocedor de la Iglesia que pastorea, ha realizado un breve repaso por su historia, y ha recordado cómo comenzaron su andadura y su servicio en nuestra Diócesis. Por ello, hoy nuestro Obispo ha dado «gracias a Dios por el servicio prestado desde entonces por la Casa de Nuestra Señora de la Resurrección, poniendo en valor el sacrificio de las hermanas por tantas niñas y niños, huérfanos y vulnerables». Una vida, ha dicho, «que brota del Misterio Pascual a través de vosotras, queridas hermanas, que durante tantos años habéis trabajado dando vida»..

En ellas se muestra, a lo largo de todos estos años, el rostro del mismo Jesucristo «acogiendo a tantos necesitados, acompañándoles y sanándoles de sus heridas, y haciéndoles sentir la cercanía, la misericordia y la compasión de Dios», que por otra parte, ha recalcado nuestro Obispo, «es la tarea encomendada a nuestra Iglesia». Y en este sentido, la celebración lo ha sido de acción de gracias «por los múltiples frutos que se han derivado a través de vosotras en estos niños y niñas, gracias. A la presencia del Señor en vosotras».

D. Casimiro no es ajeno tampoco a los dones de tantas personas de Segorbe que en este trayecto han acompañado a las Hermanas «en su labor y misión en el pasado, pero también en el presente a través de la Asociación de Amigos de Fray Luis Amigó».

La conmemoración, ha dicho el Obispo, «ha de servir para recordar el origen, sin olvidar la duras pruebas, pero sobre todo, para vivir el presente poniendo la mirada en el futuro haciéndolo desde la Palabra de Dios» que se ha proclamado hoy que ha mostrado a Jesús «como la resurrección y la vida, mostrándonos que Él es el camino, la verdad y la vida: verdadero Dios y verdadero hombre». Y ha recordado la celebración litúrgica de ayer de la Anunciación del Señor y el Misterio de la Encarnación.

Cristo Jesús, fuente de vida, a través de las Hermanas Terciarias Capuchinas «de vida y llegue a los más necesitados, a aquellos que el Señor va a seguir poniendo en vuestras manos». Y así ha recordado el importante papel de la Iglesia en favor de la vida desde siempre, antaño por los huérfanos y hoy, «en este estado del bienestar nadie lo va a hacer como vosotras, consagradas a Dios, en Cristo para servir a los más necesitados y acueducto del agua que brota del amor de Dios». Y así, a través de la cercanía que muestran, «cada joven, cada adolescente, sienta la cercanía misma de Dios y su misericordia». Y es que ellas, ha valorado D. Casimiro, a pesar de su voto de castidad, sienten «como Madres desde las mismas entrañas y actúan como tal dando amor y mostrándolo ante aquellos que el Señor ponga en vuestras manos».

De esta forma las ha exhortado a seguir poniendo «la confianza en el Señor que es el único capaz de dar vida, luz, esperanza y aliento en nuestro caminar» refiriéndose a que éste es su presente y que «en manos de Dios» está su futuro, «porque Él nunca nos abandona». Ellas, igual que todos los que formamos el Pueblo de Dios de Segorbe-Castellón, ha concluido el Obispo, están «llamadas, en este Año Jubilar, a salir a la misión y a llevar la buena noticia de Cristo Jesús, a todos aquellos con quienes os relacionéis». Todo ello lo ha puesto D. Casimiro, «a los pies del Altar, elevando súplica y oración «para que Nuestra Señora de la Resurrección y Madre de Dios os siga protegiendo, guiando y alentando en vuestro caminar».

En la eucaristía se leyó el hermoso saludo de nuestra Hna. General, Blanca Nidia Bedolla, uniéndose a nuestra fiesta. Transcribimos este párrafo, alentando nuestra esperanza: “El sueño de nuestro Padre Luis a quien amamos y recordamos, se ha realizado y continúa vigente, porque el amor misericordioso y compasivo se ha tornado en distintivo del compromiso cristiano de quienes le han dado vida a través de los años y de los que hoy se mantienen en pie, aferrados a la “piedra angular”, Cristo Jesús, como fieles cuidadores y gestores de la herencia recibida… El mundo sigue su curso y hoy más que nunca nuestros niños, niñas y jóvenes necesitan y esperan que nuestra mirada materna les abrace; los retos apremian y la finalidad de la obra se mantiene.

Al finalizar la Eucaristía se ha realizado una ofrenda floral a Fray Luis Amigó, en la escultura que se erige en la plaza de la Seo, con alegría de todos los presentes.

A la celebración de hoy se han sumado otros actos. El pasado viernes, con motivo de la efeméride, se celebró un acto de carácter cultural que consistió en una conferencia y un concierto. El sábado día de la Encarnación, celebramos nuestra fiesta patronal de la Provincia con nuestras hermanas de Altura, y a continuación jornada de convivencia con los niños, adolescentes, jóvenes, personal laboral y hermanas que pasaron por esta residencia a lo largo de estos años.

Y desde estas tierras Valencianas, con corazón agradecido al Señor, bajo el manto de Ntra. Sra. de la Resurrección, queremos compartir con todas nuestras Hnas. de la Congregación los laicos Amigonianos, destinatarios y todo aquel que se encuentre con estas páginas, nuestra alegría queriendo y confiando que continuaremos estos siendo 125 Años, dando vida. Como dice nuestro lema

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Colegio de la Sagrada Familia “100 años de presencia en Montería, Córdoba”

 “Paso a paso Dios hace la historia, también nosotros la relatamos con el tejido del bien realizado en la cotidianidad.” (Papa Francisco)

Dios lleva adelante la historia y siempre va caminando con nosotros. En 1923 por iniciativa de los señores Ignacio Cabrales, Antonio Lacharme, Eusebio Pineda y otros quienes pidieron a la congregación les fuera enviado un grupo de religiosas, se da inicio a esta magna obra del colegio la Sagrada Familia.

Celebrar 100 años es motivo para la gratitud como el sello distintivo de los corazones nobles.

Agradecer a nuestras hermanas que un día con la fuerza que solo proviene de Dios iniciaron esta obra, a quienes los obstáculos y condiciones del momento no impidieron alcanzar sus sueños. Con sacrificio, amor y perseverancia acompañaron los procesos que dieron lugar a esta obra educativa, a la formación integral de los estudiantes, pero sobre todo a las enseñanzas impartidas desde el corazón.

Damos gracias porque Dios ha sido compañero fiel en el camino.  Cuánto esfuerzo, dedicación y entrega de nuestras hermanas, este tiempo es oportuno para honrar la memoria agradecida de tantas hermanas Terciarias Capuchinas que con arrojo y coraje gastaron sus vidas en la misión confiada de educar muchas generaciones. Junto a ellas, tantos maestros, mujeres y hombres convencidos y llenos de vocación de servicio, que apostaron por la siembra de semillas de vida y esperanza en los corazones de innumerables familias en córdoba y la región.

Son 100 años que suman muchos acontecimientos y en la actual página de la historia estamos invitados a conservar fresco el deseo de hacer crecer los motivos para creer el futuro. Como equipo Colsafa nos acompaña el reto de brindar a nuestros estudiantes una formación integral, cimentada en la columna de los valores, para que como egresados sean personas de bien, líderes positivos y propositivos, con una nota distintiva de la ética en los distintos escenarios donde Dios les permita desempeñarse y servir. Hombres y mujeres gestores de nueva sociedad, defensores de la vida, de la unidad familiar y de la ecología.

Agradecer a Dios por el gran ramillete de nuestras queridas exalumnas, 94 promociones la mayoría femeninas y tres mixtas. Han hecho eco de lo vivido en su colegio manifestado en la dedicación, responsabilidad, eficiencia y gratitud demostradas a través de una meritoria labor como profesionales en escenarios educativos, en colegios, universidades, organizaciones, empresas y en los lugares que Dios les ha trazado para su vida, cumpliendo la misión, en sectores oficiales o privados donde el desempeño ha sido ampliamente reconocido.

Ellas llevan impreso en sus corazones el sello Colsafista, sembrando vida, dejando huellas de su calidad humana y profesional en Montería, córdoba,  Colombia y muchos países donde hoy se encuentran, sin olvidar sus raíces, historia y la tierra que los vio nacer.

En sintonía con la enseñanza del papa Francisco está planteado nuestro reto, ser promotores de vida, artesanos de humanidad, expertos en convivencia.

Gratitud por 100 años de existencia, que nos permite hacer un recorrido histórico, donde aparecen nombres, rostros, sucesos y experiencias que al devolver el tiempo los contemplamos con el corazón lleno de regocijo.

A los docentes que con desvelo han dado lo mejor de sí mismos, nuestros colaboradores en el ejercicio de enseñanza de tantos años, a los de hoy, enfrentados a tantos retos que nos plantea el momento actual, su labor del día a día es fundamental, gracias porque con el paso del tiempo siguen creyendo en el poder transformador de la educación, haciendo vigente y fecunda la pedagogía de nuestro Padre Luis Amigó y Ferrer, “Pedagogía del amor”.

Imploramos al Señor nos regale siempre su luz y sabiduría para continuar esta delicada misión que nos ha sido confiada, la de formar integralmente a nuestros estudiantes y la invitación esta ofertada con esperanza seguir tejiendo esta historia.