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«En busca de un hogar: Desafíos y oportunidades para las minorías migratorias».

Con una mirada esperanzada contemplamos las ilusiones y luchas de las personas migrantes que, desde muy antiguo, a lo largo y ancho del planeta tierra, se han desplazado en busca nuevas formas para  vivir con dignidad, superando la escasez y la presión social o política que les ha tocado enfrentar, logrando el encuentro de los pueblos donde han surgido las nuevas civilizaciones.

Ver de forma muy general las estadísticas de las migraciones en el mundo ha de servir para tomar conciencia personal y social de este fenómeno, que no es nuevo pero que, en la actualidad, se va definiendo como problema social, ante el cual los gobiernos se debaten entre la implementación de leyes o el cierre de fronteras. Son más de 281 millones de personas migrantes, entre niños, adolescentes, mujeres y hombres. De ellos, 169 millones son trabajadores, según las estadísticas. Además, 206 mil personas sufren trata, 43 millones son refugiados en busca de asilo, 60 mil son refugiados reasentados, 61 millones están desplazados por desastres, 71 millones están desplazados por conflictos y violencia, y 64 mil han desaparecido en su búsqueda de un hogar.

«Ten misericordia, Dios», y lo más admirable es que, a pesar de sus luchas y esfuerzos, las remesas que envían a sus países de origen, ampliando las ganancias de los bancos nacionales, son las más grandes de los últimos tiempos: 860 mil millones de dólares el año pasado. Este último dato demuestra la valentía, sacrificio y resiliencia de estas personas, que asumen las consecuencias por amor a la vida y al hogar. (Luis Donaldo González Pacheco, México)

La búsqueda de seguridad y una mejor vida impulsa a cada persona a desplazarse. Sin embargo, los migrantes enfrentan desafíos significativos, como diferencias en tierra, idioma, idiosincrasia y leyes. A pesar de estas dificultades, encuentran oportunidades de trabajo, comida, techo y, lo más importante, seguridad para ellos y sus familias. Esta realidad afecta a toda la humanidad y no debe llevar a la explotación laboral, esclavitud ni a la violación de sus derechos. En cambio, es esencial reconocer y valorar las contribuciones que los migrantes hacen a las naciones que los acogen, independientemente de su origen.

González amplía, en el contexto de la historia de la salvación, recordándonos los desplazamientos del pueblo elegido por Dios. Abraham y Jacob dejaron sus tierras y murieron lejos de ellas, siguiendo lo que Dios les había pedido, y así forjaron una historia en movimiento como parte del proyecto divino. En el Nuevo Testamento, Jesús y sus padres también tuvieron que migrar a Egipto para proteger sus vidas, enfrentando circunstancias similares a las de muchas personas que emigran hoy en día.

Ningún ser humano se desplaza sin motivo; detrás de cada persona hay una historia que comienza en el momento en que decide buscar una vida mejor. Este es el principio que impulsa a cada hombre o mujer a dejar su tierra. Los desafíos mencionados anteriormente se convierten en obstáculos, pero el amor a la vida les da el poder para enfrentarlos. Estos desafíos forman su corazón en la humildad, la fortaleza y la perseverancia, recordándonos que solo quien ama es capaz de soportar rechazos, maltratos, injurias y abandono para alcanzar su objetivo.

Numerosas experiencias se comparten en las redes sociales y revistas que se dedican a no olvidar las historias de empoderamiento que muchos migrantes en el mundo han logrado. Sus contribuciones socioculturales a las comunidades de acogida incluyen el aumento de la diversidad alimentaria, la creación de nueva música y logros deportivos. Un migrante hondureño abrió un restaurante, aportando la cocina de su país de origen a la escena culinaria mexicana. Un migrante venezolano creó una orquesta en la República Dominicana para compartir su música con los jóvenes de su comunidad. En 2019, Emmanuel Iwe, un futbolista nigeriano de 18 años, firmó un contrato con el Deportivo Saprissa, un club de fútbol costarricense. Estas son solo algunas de las muchas historias que representan las diversas contribuciones de los migrantes (OIM, oficina regional para migrantes).

Toda búsqueda implica salir, dejar, avanzar, asumir y enfrentar lo nuevo que trae la aventura. Como dice el texto bíblico: «El que busca, encuentra». Pero para llegar a ello, es necesario enfrentar y superar desafíos, con la esperanza y la ilusión de instalarse y emprender una nueva vida. Los migrantes expresan su deseo de volver a su tierra de origen, enfrentando los nuevos desafíos con la seguridad de un trabajo, una casa y el pan diario, y siempre con la mirada puesta en aquellos que se quedaron atrás.

 

Hna Edelma Toruño Reyes

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Conectados y Comprometidos “La Comunicación de los Jóvenes a través de las Redes Sociales»

En el bullicioso entorno de un aula de bachillerato, observo a menudo un fenómeno tan sutil como revelador: jóvenes, cada uno aparentemente sumergidos en la pantalla de su móvil. Mientras revisan sus últimas notificaciones, comentan una nueva publicación o responden rápidamente a un mensaje, esperan escuchar mi primera indicación de la clase “guarden los dispositivos”. Y en esa inquietante dinámica, surge una espontánea conversación con una joven que, logra darle un giro a mis ideas preconcebidas, antes de que estas puedan acomodarse en mi repertorio de quejas recurrentes. “¡Hermana hay algo en la vida consagrada que me atrae: es verlos vivir de manera plena!”

Sus palabras me permitieron dilucidar dos certezas que se convierten en un preámbulo de este artículo, por un lado, los jóvenes observan más allá de lo aparente y, por otro, están en búsqueda de lo profundo, no de lo superficial como muchas veces creemos. Cada clase me hace pensar que, frente a la comunicación de los jóvenes, a través de la Redes Sociales, hay barreras que tenemos que superar junto a ellos:

Pasar del “surfeo” de la interactividad a la profundidad de las palabras: ­­­­

Las redes sociales son una ventana abierta de par en par al continente más habitado del mundo, donde se responde de manera instantánea, atrayente, anónima, interactiva y adictiva a todos nuestros apetitos, incluso a los más oscuros y perniciosos. Y frente a esa realidad los jóvenes de hoy se cuestionan con más conciencia que el compromiso no puede surgir de contenidos que desaparecen con un scroll, sino que surgen sobre todo de la belleza de ir construyendo su mundo interior, inspirado por el Espíritu, que mueve el corazón, que guía a la verdad plena y que cuando lo conoces te hace más sabio, más firme, más humano. Pero, como nos enseñan los santos, no se entiende una vida interior si no desemboca en un compromiso: «no el mucho decir oraciones, sino el mucho amar» (S. Teresa). Por eso es necesario ir creando la cultura del silencio digital, como un camino atrayente para llegar al otro, por la profundidad de la palabra y no por la interactividad superficial.

Pasar de la “miopía” del pragmatismo a la perspicacia de la utopía

Desde una mirada pragmática, resulta más “complaciente” lo tangible y lo inmediato.  «lo que funciona», lo que produce resultados prácticos y concretos y desde este punto podrían decepcionarnos los jóvenes que atraviesan el continente digital, por eso, vale la pena matizar muy fino la belleza de lo utópico de no quedarnos atrapados en el aquí y el ahora al punto de perder de vista lo que podríamos ser, por esto necesitamos aprender a soñar con los jóvenes, igual que lo hizo Cristo; lanzándose a visiones utópicas de la vida.

La perspicacia de la utopía no es vivir de ingenuidades, sino de esa capacidad de soñar, de crear y de aspirar a mucho, para nosotros y para otros como primer paso que permite dar radicalidad a una vida comprometida que pueda devolver al evangelio esa fuerza de provocación desaparecida tantas veces en el vivir cotidiano.

Una utopía que nos mueva de lo inmediato, de lo útil y tangible a ideales evangélicos que apunten hacia un futuro más humano y desde allí cobran sentido las palabras del escritor Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”

Pasar del hedonismo cibernético a la propuesta de la ascesis

Los jóvenes a diario reciben una “buena noticia” muy engañosa: ¡Puedes tenerlo todo, puedes vivirlo todo, puedes probarlo todo y siempre hay marcha atrás!, la felicidad que reciben está muy asociada al éxito y al placer (como imperativo hedonista), incluso la imagen de belleza contemporánea está tremendamente reducida a lo corporal, es de alguna manera la tiranía de Instagram. Por eso vale la pena anunciar la Buena Noticia que no deja de poner en el centro de su propuesta la cruz; en la felicidad evangélica cabe el sufrimiento y la capacidad de renunciar no como un límite sino como fuerza liberadora. No se trata de decir que la vida es solo sufrimiento, sino que en la vida hay sufrimiento y también las personas que sufren son felices y que habrán momentos donde aplazar las satisfacciones, será saludable hasta para el alma, porque no podemos abandonar la idea de que,  cualquier cosa que se quiera que dure y que eche sus raíces va a implicar esfuerzo y sacrificio y eso no es malo, es humano, por eso necesitamos recuperar el valor de la ascesis que es una forma de ordenar  todo aquello que desordena lo bueno, bello y verdadero en nosotros. Esta debe ser una propuesta válida para los jóvenes de nuestro tiempo, porque a diferencia de la “buena noticia” atrayente del mundo, ¡No se puede todo! Y quien nos quiera vender otra idea nos hará muy infeliz, porque la vida real exige dosis de sacrificio, de renuncia y solo cuando comprendamos esta dinámica viviremos menos frustrados, menos incompletos y ciertamente mucho más comprometidos con nosotros y con los demás.

En palabra de José María Rodríguez Olaizola (2014) diríamos:  El Evangelio hay que entenderlo desde sus polaridades. Si te quedas con una parte lo mutilas. Una polaridad evangélica es “muerte y resurrección”; el Evangelio no es una pura cruz. Pero, al mismo tiempo, el discurso triunfalista de la resurrección, sin pasar por la pasión concreta y por la cruz, es una evasión bucólica. Son las dos cosas.

No dejemos de creer que los jóvenes son capaces de superar estas barreras y pasar del atractivo mediático de las redes sociales a una vida más conectada y más comprometida.

 

Hna. Beatriz Iliana Quintero Pérez

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“Ucrania. Las cicatrices de la guerra y el camino hacia la recuperación”

Cuando me pidieron que escribiera este artículo y compartiera mi experiencia sobre la guerra en Ucrania, se me encogió el corazón y muchos recuerdos se agolparon en mi mente. A decir verdad, hasta hace unos años, ni siquiera sabía dónde estaba Ucrania en el mapa europeo. Hoy, este país me es familiar, por las muchas personas que conocí durante la conmovedora experiencia que viví en Polonia, acogiendo a familias de refugiados en nuestra comunidad; me es muy querido porque llegué a conocerlo a través de sus historias, que me revelaron un pueblo multiétnico, que tiene y cultiva diferencias lingüísticas y religiosas, unido, sin embargo, por un único sueño de independencia; y, por último, lo siento cercano por su fiel búsqueda para conseguir una identidad propia, como lo hicieron tantos otros países, incluido el mío.

El del pueblo ucraniano es un grito que hay que escuchar, comprender y acoger. Es la voz de un país, que busca levantar la mirada, mirar más allá para encontrar confianza en el cambio y descubrir un horizonte de libertad. A través de las historias de tanta gente, aprendí que Ucrania es una tierra hermosa, rica. con un suntuoso barroco, catedrales bizantinas y castillos medievales, además de tener una arquitectura vanguardista y de ser la patria de personalidades de renombre como el famoso ingeniero Igor Sikorskji, el brillante informático Max Levchin y muchos otros como el extraordinario pianista Vladimir Horowitz, Taras Shevchenco, héroe y poeta ucraniano, etc.

Ucrania, como su propio nombre la define (U-craina), tierra fronteriza, entre dos mundos, tierra intermedia, un país entre Occidente y Oriente. En su nombre está escrita su historia, su presente y su futuro, que lucha por tomar forma, debido a esta guerra insensata e intolerable. Un pueblo que busca hacer realidad el deseo de diferenciarse de sus raíces que se convirtieron en cadenas y de realizar el sueño de vivir plenamente su sentimiento nacional e identitario.

Hoy, después todo este tiempo, del comienzo de la guerra, que aún no ha terminado, no podemos hablar de cicatrices, sino de heridas que siguen sangrando con efectos negativos a largo plazo en todos los aspectos de la vida, la salud, el medio ambiente, la economía, el trabajo y el desarrollo del país. Pero hay heridas invisibles, como los traumas causados por el conflicto, por vivir en la oscuridad de un refugio, la precariedad por la falta de alimentos, el agua, la calefacción, el miedo por el sonido de una sirena o por la estela que deja un avión que pasa. Oleadas de miedo y terror que se clavan en el alma como puñales y comprometen gravemente la salud psicofísica, especialmente de los niños, los más vulnerables, que les lleva a encerrarse en sí mismos y en un aislamiento social, a tener pesadillas y ataques de pánico, a vivir con el miedo de perder a sus padres, amigos y tal vez su futuro, así como crecer con la sensación de lo frágiles que pueden ser los sueños. La guerra les ha arrebatado no sólo la infancia, sino también la magia de soñar y de creer en los sueños; ha abierto abismos en sus trayectorias escolares, debilitando sus perspectivas para un futuro brillante.

El conflicto también ha tenido un fuerte impacto en los ancianos, haciendo aumentar el fenómeno de la pobreza y del aislamiento social. Un estado de vulnerabilidad agravado aún más por el efecto de la inmigración y el reclutamiento de jóvenes. La guerra ha sido extremadamente violenta para Ucrania, perturbando el mercado laboral y provocando un éxodo masivo, obligando a más de un tercio de la población a desplazarse, refugiándose bien en el interior del mismo país (unos 7 millones) o, como mujeres y niños, (unos 8 millones), en el extranjero. El efecto negativo del conflicto ha afectado a la situación financiera de todas y cada una de las familias que se han quedado sin sustento.

Además, la guerra ha dejado profundas heridas en el paisaje natural del país, con tierras de cultivo especialmente afectadas, contaminadas y sembradas de minas, así como bosques quemados y parques nacionales destruidos. Importantes instalaciones e industrias fueron bombardeadas, provocando una fuerte contaminación del aire, el agua y el suelo y exponiendo a los habitantes a sustancias químicas tóxicas. Sin olvidar las restricciones de electricidad que han sufrido y dificultado la prestación y el suministro de servicios sanitarios, lo que ha provocado un aumento de neumonías y de enfermedades respiratorias, dados también los duros inviernos de este país.

Pero Ucrania no es sólo un país herido, sino un pueblo que está encontrando la fuerza para curarse incluso de algo tan feo como la guerra, porque lleva en su corazón el deseo de libertad y la convicción de que puede contribuir a restablecer una vida digna para todos sus habitantes y sueña con un país en el que no se discrimine y se pisotee la dignidad de nadie y en el pleno respeto de los derechos humanos y de la democracia, se busque siempre y únicamente el bien común, que garantice la seguridad y las condiciones necesarias para el diálogo y la convivencia pacífica. Tiene muchas razones para buscar una renovación sólida y duradera porque tiene sed de fraternidad y de paz.

Pero ¡con la guerra todos estamos derrotados!, incluso los que no participan en ella. Y un camino de recuperación nace de lo más profundo de cada persona, que desea una convivencia pacífica y se compromete para construirla desde las «batallas» de todos los días. De hecho, como dice Mons. Vincenzo Paglia en su libro «Sperare dentro un mondo a pezzi» (Esperanza dentro de un mundo roto), que para salir del «mundo roto» es necesario saber dialogar con todos, partir de los últimos, favorecer el encuentro entre pueblos diferentes para construir una convivencia pacífica, oponiéndose a las tensiones que llevan al conflicto. Escribe que debemos vivir construyendo la fraternidad, que es quizás la palabra que mejor honra el arte de la gratuidad y de la libertad, puede ayudarnos verdaderamente a convencernos de que nuestra responsabilidad para ser constructores de paz está en nosotros mismos. Habla de paz, de guerra, de los últimos, de los ancianos y los inmigrantes, pero sobre todo, nos hace reflexionar sobre un nuevo humanismo que concierne al hombre globalizado.

Por esta razón, todos estamos implicados en este camino de recuperación, desde los dirigentes de las naciones, hasta el panadero y los niños, todos implicados en un camino de confianza mutua: confianza entre las personas los pueblos y las naciones, para superar los conflictos y las divisiones. Como exhorta el Papa Francisco, «apresurémonos por caminos de paz y fraternidad. Alegrémonos por los signos concretos de esperanza que nos llegan de tantos países, comenzando por los que ofrecen asistencia y acogida a quienes huyen de la guerra y de la pobreza». De hecho, todos hemos sido protagonistas de pequeños o grandes gestos de solidaridad hacia el pueblo ucraniano, experimentando cómo el único antídoto contra la guerra y la desesperación es unir a las personas en torno a buenas acciones y obras hacia los necesitados, sobre todo, hacia los más vulnerables, ya que éste es precisamente el criterio de desarrollo de una sociedad. Aunque en este momento no parezca haber ningún atisbo de esperanza para posibles negociaciones, nunca debemos perder la esperanza y tenemos que mantener vivo el ideal de la paz y la confianza en Dios. ¡Animo!

 

Hna. Milena Prete, TC

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Hermanas Terciarias Capuchinas y laicos, caminando juntos cuidando y cultivando la vida

Releer, es volver la mirada sobre un documento, es retornar a su origen entrando a la raíz de sus intuiciones, escuchar y ver con hondura sus alcances y utopías, es habitar su contenido apropiándose de él, respetando lo esencial, para establecer un diálogo entre la experiencia de ayer y la de hoy.

Volver la mirada al Proyecto de vida congregacional “cuidar y cultivar la vida”, implica dejarse llevar por el Espíritu, para recorrer en su compañía el itinerario marcado por su Palabra y  acogido por las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, en el XXIII Capítulo general del año 2022 que dio origen al Documento final, “Juntas avanzamos, generamos y cuidamos la vida” y entrar a pie descalzo a las ocho llamadas de Dios, con valentía y compromiso, para irrumpir en la novedad de la nueva etapa de consolidación Tiempo de “cuidar y cultivar la vida”.  

El Proyecto de vida congregacional, abraza en sí mismo, una experiencia carismática, vivida por “Francisco de Asís, el místico y peregrino que vivía con simplicidad en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo (cf. Papa Francisco, Laudato sí no 10,”); la vida testimonial del poverello invita a crear comunidades-hogar donde todos, hermanas, Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, tengan cabida y la capacidad para cuidar y cultivar la vida en todas sus dimensiones, es allí, en las entrañas insondables de la fraternidad donde brotan los distintos gestos que enriquecen las relaciones humanas y fraternas, donde se aprende a remover la tierra para que el germen que se abre a la existencia, tenga raíces profundas y crezca con la fuerza entrañable de generar vida, una vida dispuesta a custodiar, salvaguardar y proteger el universo y en él a todos los seres llamados a proteger.

El Espíritu Santo a lo largo de la Historia, ha invitado a la Iglesia a ser buscadora incansable de nuevos caminos y a vivir el Proyecto de Dios en la misión encomendada, el anuncio del Reino; muchos hombres y mujeres, consagrados y laicos, conscientes de su responsabilidad y pertenencia al “rebaño de Dios” (I Pedro 5, 2), se han unido a esta inspiración para ser colaboradores inmediatos en los procesos de evangelización de los pueblos, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión con las Hermanas Terciarias Capuchinas, no pueden estar ajenos a este compromiso eclesial y congregacional, en su momento, se han comprometido a vivir la vida cristiana desde el carisma legado por  el Padre Luis Amigó y Ferrer y hoy, están convocados a incorporarse al Proyecto de vida congregacional “cuidar y cultivar la vida” poniendo en común su propia riqueza, que luego se convertirá en fuerza transformadora.

Cuidar y cultivar la vida, requiere de personas unificadas, coherentes y maduras, sin miedo a las adversidades y a su vulnerabilidad, hombres y mujeres resilientes con la disposición interior para adaptarse sin quejas a los desafíos del camino, hermanas y laicos que cuiden su vida y la de los demás con la ternura  y la compasión del buen samaritano, decididos a entrar a pie descalzo a lo más hondo de su ser para encontrarse con su propia verdad, agradecer los dones recibidos y cuestionar aquellos gestos que no permiten sacar de la vasija rota, lo más genuino que el Padre ha puesto en el corazón del ser humano.

El Proyecto congregacional, “cuidar y cultivar la vida”, no solamente es un derecho de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, sino un deber, cuyo objetivo principal es involucrar a los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión en la construcción de la casa común, en cuyo interior bulle la belleza de los seres que Dios ha creado y late la vida humana con sus gozos y esperanzas, sus búsquedas, fragilidades y fracasos, desigualdades culturales y económicas, sabiduría, aspiraciones carismáticas  y formativas… todo, revelación del Espíritu y regalo para  los que sintiendo en su ser su fuerza creadora, siguen las huellas de Luis Amigó y Ferrer y en sinodalidad, caminando juntos, hacen de su vida cotidiana un cuidado y cultivo permanente de la existencia humana, tanto a nivel personal comunitario, como social.

Esta es una tarea permanente, una misión loable, que sólo se logra cuando en el silencio sosegado del día a día, entra al santuario sagrado de la propia interioridad y se encuentra con la sorprendente presencia del Dios vivo que se revela y habla al corazón.

Quien cuida su interioridad, conecta con sus raíces y es capaz de dialogar de los secretos más íntimos con Aquel que ha hecho de él una creación única y singular, puesta en el corazón de la casa común para salvaguardar la vida humana, está  revestido de amor,  para acoger con un trato igualitario, amable, afectuoso y una actitud compasiva-misericordiosa propia de Francisco de Asís y Luis Amigó, a mujeres y hombres inmersos en el inmenso universo, personas talentosas, innovadoras, ignorantes y necias; ancianos y niños olvidados y descartados para asegurar los propios intereses; enfermos, pobres marginados y excluidos, poco visibles a los ojos del mundo; jóvenes cansados y sin sentido de la vida. Las Hermanas, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, son los convocados a rodear con el tierno abrazo del amor que acerca, rompe los esquemas fríos y ensancha los lazos de la fraternidad.

Todo esto, supone la conversión ecología que implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres (Papa Francisco, Laudato si no 220).

Las Hermanas Terciarias Capuchinas, buscadoras en camino, los Laicos Amigonianos y los que comparten la misión, comprometidos con la Iglesia y la Congregación, son los primeros invitados a dejarse contagiar y afectar por este compromiso congregacional, siendo testimonio de la vivencia auténtica y coherente de las llamadas que Dios hace a caminar juntos, avanzar, generar, cuidar y cultivar la vida.

Hna. Ana Tulia López Bedoya, tc

Provincia Nuestra Señora de  la Divina Providencia

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Una propuesta trascendental a partir del proyecto de familia desde la perspectiva de las Hermanas Terciarias Capuchinas.

En el corazón de la sociedad contemporánea, donde las dinámicas familiares evolucionan y se transforman, el trabajo con las familias emerge como una necesidad imperante. Desde la promoción del bienestar emocional hasta la construcción de comunidades inclusivas, la labor con las familias adquiere una relevancia cada vez mayor en el mundo moderno. Este artículo, expone brevemente una propuesta de acompañamiento a la familia de hoy desde nuestra espiritualidad, destacando principios claves y prácticas que pueden fortalecer y nutrir a las familias en su viaje espiritual.

La familia, como comunidad de amor y vida, refleja la comunión de Dios y su relación de amor con la humanidad. Desde sus orígenes, la humanidad fue creada con la capacidad y responsabilidad de amar y vivir en comunión. El amor vivido en el seno de la Sagrada familia es tan vital que San Juan Pablo II lo describió como un «signo eficaz del amor de Dios», convirtiéndola en un santuario donde la vida y el amor se entrelazan. Es en la familia donde se forja la primera experiencia de amor y relación, un lugar de aprendizaje fundamental donde se desarrollan relaciones significativas y se cultiva la capacidad de hacer elecciones libres y acertadas. Por lo tanto, se le ha otorgado el título de «primera escuela de humanidad», esencial para el desarrollo de la sociedad.

He aquí algunos aspectos donde se podría centrar la propuesta de acompañamiento a las familias.

  1. Fortalecimiento de la relación con Dios: El acompañamiento familiar desde la espiritualidad franciscano amigoniana comienza con el fortalecimiento de la relación con Dios en el seno del hogar. Al igual que la Sagrada Familia, las familias de hoy pueden cultivar una vida de oración, adoración y obediencia a la voluntad de Dios, establecer momentos de oración en familia, participar juntos en la vida sacramental de la Iglesia y buscar discernir la voluntad de Dios en las decisiones familiares.
  2. Relaciones familiares saludables: La Sagrada Familia nos enseña la importancia de fomentar relaciones familiares saludables basadas en el amor, el respeto y la comunión. El acompañamiento familiar se centra en ayudar a los miembros de la familia a cultivar la unidad y el apoyo mutuo, así como en abordar conflictos y desafíos de manera constructiva, facilitar la comunicación abierta y honesta, promover el perdón y la reconciliación, brindar herramientas para resolver conflictos de manera pacífica, fomentar la empatía y promover el diálogo abierto y respetuoso entre padres, hijos y otros miembros de la familia. Como diría el Papa Francisco, “Es en la familia unida que los hijos alcanzan la madurez de su existencia, viviendo la experiencia significativa y eficaz del amor gratuito, de la ternura, del respeto recíproco, de la comprensión mutua, del perdón y de la alegría».
  3. Apoyo en las etapas de la vida familiar: El acompañamiento familiar desde la espiritualidad de la Sagrada Familia reconoce que las familias atraviesan diversas etapas y transiciones a lo largo de la vida. Esto puede incluir la formación de nuevas familias, la crianza de hijos, el cuidado de los ancianos y la adaptación a cambios en la estructura familiar. Proporcionar apoyo y orientación en cada una de estas etapas, ayudando a las familias a discernir cómo vivir su fe de manera auténtica y significativa en medio de los desafíos y alegrías de la vida familiar.
  4. Promoción de la solidaridad y el servicio: La Sagrada Familia nos desafía a vivir los valores cristianos a través del servicio y la solidaridad con los demás. El acompañamiento familiar incluye oportunidades para que las familias se involucren juntas en obras de caridad y servicio a los necesitados, tanto dentro de la comunidad como más allá de ella. Esto no solo fortalece el tejido social y comunitario, sino que también enriquece la vida espiritual de la familia al poner en práctica el mandamiento del amor al prójimo.

En conclusión, el acompañamiento familiar desde la espiritualidad de la Sagrada Familia ofrece un enfoque integral y enriquecedor para fortalecer y nutrir a las familias en la fe y en la vida cotidiana, a ejemplo del Venerable Luis Amigó desde la cercanía, la minoridad y la simplicidad.

Hna. Rosa Alix Fajardo Gómez, tc

Provincia Madre del Buen Pastor

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LECTIO DIVINA SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

DOMINGO DE LA MISERICORDIA

Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.

Salmo

Sal. 117, 2-4.16ab-18.22-24 R: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 5, 1-6

¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19-31

¡Bienaventurados los que crean sin haber visto!

 Primera lectura – Hechos de los Apóstoles 4, 32-35: En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, escucharemos que las primeras comunidades cristianas se caracterizaban por su espíritu de comunión y por la práctica de la ayuda mutua. Los creyentes compartían lo que tenían, atendían las necesidades de los más vulnerables y vivían en unión fraterna, reflejando así los valores del Reino de Dios proclamados por Jesús, resaltando la importancia de esta vida comunitaria como un testimonio del amor de Cristo en medio de una sociedad marcada por la desigualdad y la injusticia debemos aprovechar estos gestos tan contundentes por los cuales mas que por las palabras un autentico cristiano es recocido

La vida de las primeras comunidades cristianas estaba centrada en la persona de Jesús, en su mensaje de amor, misericordia y en la esperanza de su retorno. Estos aspectos fundamentales daban cohesión y sentido a la vida comunitaria, fortaleciendo la fe y el compromiso de los primeros cristianos.

Salmo – Salmo 117, 2-4.16ab-18.22-24: En el Salmo de hoy, se nos invita a dar gracias al Señor por su bondad y su eterna misericordia. Recordemos que el Señor es bueno y su amor perdura para siempre. Que este Salmo nos motive a alabar al Señor con gratitud y alegría en nuestros corazones.

Segunda lectura – Primera carta de San Juan 5, 1-6: En este pasaje, el apóstol Juan nos habla sobre la importancia de la fe y del amor en la vida del creyente. Comienza afirmando que aquel que cree que Jesús es el Cristo, es hijo de Dios. Esta creencia en Jesucristo como el Mesías es fundamental para la identidad cristiana y para la relación con Dios como Padre.

Juan continúa explicando que amar a Dios implica cumplir sus mandamientos, y que estos mandamientos no son una carga pesada, sino que son el camino para vivir en comunión con Dios y con los hermanos. El amor a Dios se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos y en el amor al prójimo, reflejando así la relación de filiación con Dios.

Evangelio – Juan 20, 19-31: En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: «Bienaventurados los que creen sin haber visto”

En el Evangelio de este Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la misericordia se relata la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. Este pasaje nos muestra diferentes aspectos de la experiencia de fe de los discípulos después de la resurrección de Jesús. pero aun más destacaremos la experiencia de Tomás en el encuentro con Jesús quien ante sus incertidumbres y desconfianzas responderá con una mirada misericordiosa que le permite constatar por si mismo la resurrección, Jesús, no sin confrontar su incredulidad le permite a tomas tocar, palpar, ver y sentir  hacer la experiencia que necesitaba en el encuentro con Él, para purificar su experiencia de fe.

ESCUCHA

En la primera parte del pasaje, vemos a los discípulos reunidos en un lugar con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se presenta en medio de ellos y les muestra sus manos y su costado, mostrando las heridas de la crucifixión como señales de identificación. Esta experiencia les llena de alegría y les infunde el Espíritu Santo, enviándolos en misión para perdonar los pecados.

Tomás, uno de los discípulos, no estaba presente en la primera aparición de Jesús y expresa su escepticismo sobre la resurrección. Jesús se aparece nuevamente y le invita a tocar sus heridas, lo que lleva a Tomás a una profunda confesión de fe: «¡Señor mío y Dios mío!».

CONTEMPLA

El nombre «Tomás» es una forma abreviada del nombre arameo «Ta’oma», que significa «gemelo». En el Evangelio de Juan, Tomás es también conocido como «Didimo», que es la forma griega de «gemelo».

Desde el punto de vista bíblico el hecho de que Tomás sea llamado «Didimo» o «gemelo» puede tener un significado simbólico o representativo en el contexto de la narrativa evangélica. Algunos estudiosos sugieren que este apodo podría reflejar la dualidad de la fe de Tomás: por un lado, su incredulidad y escepticismo ante la resurrección de Jesús, como se muestra en Juan 20, 24-25; y por otro lado, su profunda confesión de fe cuando finalmente reconoce a Jesús como su Señor y su Dios, como se registra en Juan 20, 28.

En cualquier caso, la designación de «Dídimo» o «gemelo» podría también aludir a la naturaleza dual o ambivalente de la personalidad de Tomás, que oscila entre la duda y la fe, entre la incredulidad y la confesión de fe. Esta dualidad en la figura de Tomás puede servir como un recordatorio para que nosotros los creyentes nos sintamos de algún modo identificados con él en cuanto a nuestra experiencia de fe a veces tan cambiante y necesitada de certezas, pero sobre todo siempre comprendida por Jesús y presta a que vivamos una experiencia personal de encuentro con Él que transforme nuestra mirada y nos permita confesarle como el Señor de nuestra vida.  

PREGÚNTATE

  • ¿En qué me identifico con Tomás y para que me sirve su experiencia de encuentro con Jesús Resucitado?
  • ¿La resurrección tiene la fuerza de transformación que tuvo en la vida de los discípulos en mi propia vida?

INVITACIÓN

Dejémonos invitar por el papa Francisco a concretar como Tomás nuestra experiencia creyente “En el contacto salvífico con las llagas del Resucitado, Tomás manifiesta las propias heridas, las propias llagas, las propias laceraciones, la propia humillación; en la marca de los clavos encuentra la prueba decisiva de que era amado, esperado, entendido. Se encuentra frente a un Mesías lleno de dulzura, de misericordia, de ternura. Era ése el Señor que buscaba, él, en las profundidades secretas del propio ser, porque siempre había sabido que era así. ¡Cuántos de nosotros buscamos en lo profundo del corazón encontrar a Jesús, así como es: dulce, misericordioso, tierno! Porque nosotros sabemos, en lo más hondo, que Él es así. Reencontrado el contacto personal con la amabilidad y la misericordiosa paciencia de Cristo, Tomás comprende el significado profundo de su Resurrección e, íntimamente trasformado, declara su fe plena y total en Él exclamando: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 28). ¡Bonita, bonita expresión, esta de Tomás! (Regina Coeli, 12 de abril de 2015)

Hna. Sandra M. Velásquez Bedoya, tc

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LECTIO DIVINA PASCUA DE RESURRECCIÓN

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43 «A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día»

En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos recuerda el sacrificio de Jesús en la cruz y su gloriosa resurrección al tercer día. Este pasaje nos enseña que, a pesar de la muerte y el sufrimiento, la victoria final pertenece a Dios, quien tiene el poder de dar vida incluso a aquellos que han sido crucificados.

SALMO 117, 1-2. 16-17. 22-23 «Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo»

En el Salmo 117, se proclama la grandeza de Dios y la alegría que sentimos al celebrar el día hizo el Señor para nuestra alegría y gozo. Es un día de regocijo y esperanza, porque en él recordamos la victoria de Cristo sobre la muerte y la promesa de vida eterna que como ya hemos dicho nos ofrece en el Hijo amado del Padre.

SEGUNDA LECTURA de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

«Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él»

La segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Colosenses, nos invita a buscar las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Nos recuerda que nuestra verdadera vida está escondida con Cristo en Dios, y que cuando Él aparezca, también nosotros apareceremos gloriosos junto a Él. La muerte no es el final para un creyente que se ha dejado reconciliar con su Padre en el Hijo, es la manera de llegar al encuentro definitivo con Aquel de quien venimos y quien pertenecemos.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9

 «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

En este esperado domingo del alba pascual, celebramos con alegría la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quien venció la muerte cumpliendo su promesa y nos abrió las puertas de la vida eterna.

ESCUCHA

En el Evangelio según San Juan, se nos narra el momento en que María Magdalena descubre que el sepulcro de Jesús está vacío. Esta escena nos recuerda la sorpresa y la confusión de los discípulos ante la resurrección de Cristo, y nos invita a reflexionar sobre el misterio de la vida nueva que Él nos ofrece.

María Magdalena fue seguidora de Jesús que hoy el evangelio la menciona como testigo de la resurrección de Jesús. En el año 2016, el papa Francisco la nombró «Apóstol de los Apóstoles», reconociendo su importancia en la difusión del mensaje de Jesús.  Ella es ejemplo de fidelidad en el amor, de arrojo y osadía al no resguardarse por el miedo y la fatalidad que estaban experimentado los discípulos después de la muerte en Cruz del Maestro y la certeza de que esa misma suerte podrían correr todos sus seguidores.

CONTEMPLA

Al alba de la mañana de la resurrección María visita el sepulcro y sobrecogida de celo porque constata que se han llevado a su Señor y no sabe dónde lo han puesto comunica a los demás apóstoles su desconcierto, tristeza y zozobra. Anuncio que saca del miedo y del anonimato a Pedro y a “ese otro discípulo que corría más”, del que se sospecha sea Juan y los pone en un camino decidido y coherente con su llamada de discípulos.

Todos alguna vez hemos experimentado como nos es amenazado el amor o lo amado y paradójicamente el temor nos hace valientes, nos da lucidez y acierto para enfrentar las luchas y resistencias que trae consigo el sufrimiento.

PREGÚNTATE

¿Qué significa para ti contemplar el sepulcro vacío? ¿Qué sentimientos afloran en tu interior al saber que la muerte en Jesús no tuvo la Última Palabra? ¿Cómo puedes dar tú razón de la Resurrección del Señor?, ¿Cuál sería tu anuncio?

INVITACIÓN

En este tiempo de Pascua, recordamos con gratitud el sacrificio redentor de Cristo, su victoria sobre la muerte y la promesa de vida eterna para todos aquellos que creen en Él. Que la alegría de la resurrección llene nuestros corazones y nos inspire a vivir como testigos de la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. ¡Aleluya, Cristo ha resucitado!

Hna. Sandra Milena Velásquez B, tc

 

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Lectio Domingo 24 de marzo, 2024

LECTIO DIVINA DOMINGO DE RAMOS, Ciclo B

Primera Lectura: Isaías 50, 4-7: «Por eso, endurecí el rostro como piedra, sabiendo que no sería defraudado (Cf. Is, 50,7).

 El profeta Isaías nos presenta la figura del siervo sufriente, describiéndolo como “discípulo y enviado” con un mensaje de consuelo: “Me ha dado lengua de iniciado para saber decir al abatido una palabra de aliento” (Cf. Is, 50,4), y continúa diciendo: “Me ha abierto el oído. Yo no me resistí ni me eché atrás, lo ha fortalecido para “Soportar los ultrajes y salivazos de sus agresores”, seguro de que no sería defraudado.» (Cf. Is, 50, 4;9a) 

Salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Cf. Sal 22,1)

Este salmo, en su interpretación atribuida a la escuela Elohista, no se contrapone a la semblanza del siervo sufriente que nos presenta Isaías, seguro de que por más que sufra no quedaría defraudado. Algunos hermeneutas y exégetas sugieren que, al poner estas palabras en boca de Jesús en el suplicio de la cruz, se alude a la oración de la hora tercia que todo judío ofrecía un viernes. Él, asociado a su fe, se une al salmista, pero jamás se siente abandonado o dejado por el Padre y menos en el momento culmen de su sacrificio y entrega por amor.»

Segunda lectura: Filipenses 2, 6 – 11

 «Tomó la condición de esclavo, haciendo semejante a los hombres. (Cf Filp, 2, 7) Jesús pasó por el mundo como uno de tantos, demostrándonos que fuimos creados por amor y a imagen de Dios y que la semejanza con Él es nuestra tarea diaria. Sin embargo Jesús: “No hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo y tomó la condición de esclavo. Por eso Dios lo exaltó, dándole el nombre que está sobre todo nombre.»(Cf. Filp 2, 6-8

 Evangelio, Marcos 14, 1-15; 47: «La pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos se sitúa por su autor y por su estrecho vínculo con Pedro ante la comunidad de los romanos, a quien Marcos deseó fortalecer en tiempo de persecución con todos sus relatos. Marcos presenta a Jesús en su pasión como modelo en el sufrimiento y como salvador de los que creen en él.»

ESCUCHA:

Después de leer el Evangelio de Marcos en sus innumerables detalles para enmarcar el contexto de la pasión del Señor, es importante destacar un itinerario por el cual nos lleva el Evangelio. Todo empieza con el detalle del encuentro y la unción en Betania y las cruzadas interpretaciones en torno al “despilfarro del perfume” al que aluden algunos de sus discípulos intentando persuadir a los demás de que, podría haber sido mejor vendido para repartirlo entre los pobres.

Continuando este itinerario del evangelio presentando el diálogo en torno a los detalles de la preparación de la cena pascual y el relato destaca  el diálogo entre Jesús y sus discípulos durante la misma, desencadenando  la traición de Judas, la negación de Pedro, el arresto de Jesús, la confrontación ante pilatos, el suplicio de la condena, la flagelación, el camino al Gólgota con la cruz a cuestas y finalmente la muerte y sepultura de Jesús .»

CONTEMPLA:

Todos conocemos los detalles de este relato y su cruento desenlace; pero detengámonos en algunas expresiones claras y contemplemos desde la memoria del corazón estas palabras dejando que calen en lo más profundo de nuestra experiencia creyente:

  1. “Ella se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura”.
  2. prometieron dinero a Judas Iscariote.
  3. ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la pascua con mis discípulos?
  4. “Uno de vosotros me va a entregar; uno que está aquí comiendo conmigo.»
  5. «Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre; sangre de la alianza”.
  6. “Antes que el gallo cante dos veces me habrás negado tres”.
  7. “Empezó a sentir terror y angustia”.
  8. “Prendedlo y conducidlo bien sujeto”.
  9. “Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios.”
  10. “No conozco a ese hombre”.
  11. ¿Qué decís?… ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
  12. “Le pusieron una corona de espinas que habían trenzado. Llevaron a Jesús al Gólgota y lo crucificaron”.
  13. “A otros ha salvado, que se salve a sí mismo”
  14. “Jesús dando un fuerte grito, expiró”. J
  15. “José de Arimatea rodó una piedra a la entrada de la sepultura.»

Es importante detenerse y permitir que esas expresiones resuenen en lo más profundo de nuestro ser. Cada palabra puede confrontar nuestra fe y fortalecer nuestra esperanza. 

PREGÚNTATE

¿Cómo podemos actualizar la Pasión de Cristo en nuestra vida diaria? ¿Cómo adherirnos a su sacrificio de amor, sin sentir que la  muerte en Cruz es una derrota?

INVITACIÓN

En este tiempo de gracia que inaugura el Domingo de ramos dispongamos nuestro corazón para actualizar el misterio de la Pasión, muerte y resurrección del Señor en nuestra propia vida. Que estas vivencias nos ayuden a comprender el sentido redentor del sufrimiento y sobre todo a anhelar con esperanza el alba de la pascua y el encuentro con el Señor de la vida que vence la muerte con su resurrección.

Hna. Sandra Milena Velásquez Bedoya, tc

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En Cuaresma – Perfuma la cabeza… (Mt 6, 17-18)

Todos sabemos que la Cuaresma es un tiempo de reflexión, de cambio, de conversión. Es como un camino de renacimiento espiritual, avanzando hacia el FUEGO NUEVO en la celebración pascual. A menudo, este tiempo de cambios pasa desapercibido para cada uno de nosotros, ya que nos conformamos con actitudes externas de renuncia, ayuno, penitencia, sin dejarnos tocar por la persona de Jesús que nos impulsa hacia el otro, permitiendo que la Cuaresma transforme verdaderamente nuestra vida.

Nuestra existencia experimenta varias transformaciones; estamos en constante cambio y siempre desprendemos AROMAS que atraen o repelen a quienes nos rodean. El tiempo de Cuaresma es el momento de buscar la fragancia que pueda ser un buen aroma en el camino que recorremos, para que absorba toda nuestra esencia y viva intensamente la lógica de la Cuaresma, que es RESUCITAR.

La BUENA FRAGANCIA nos coloca en la sintonía de la reconciliación con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Este es el gran camino de la Cuaresma: la RECONCILIACIÓN. Necesitamos preguntarnos constantemente en este camino: ¿DÓNDE Y CON QUÉ, O CON QUIÉN DEBO RECONCILIARME?

En este camino de transformación interior y renovación, debemos dejar atrás los viejos hábitos para que el nuevo hombre y la nueva mujer nazcan en el corazón. Esto rescata nuestra mirada de esperanza para un nuevo comienzo, una nueva Pascua.

Nuestra realidad actual muestra que vivimos en una cultura de indiferencia, individualismo, intolerancia, prejuicio… todo es transitorio, y así, a veces, nos dejamos envolver por esta transitoriedad y perdemos la oportunidad de vivir nuestro día a día más intensamente como una bendición. La Cuaresma nos desafía a RENACER de nuestras propias cenizas, a desprendernos de lo efímero y dejarnos embriagar por la FRAGANCIA de la Resurrección.

«Todos ustedes son hermanos» (Mt 23,8), esta es la fragancia que debemos despedir, experimentada en este tiempo cuaresmal. Nuestra fe nos recuerda esta HERMANDAD, donde el otro siempre es hermano y hermana; sin esta conciencia, no hay Pascua.

Reflexionar sobre la Pasión de Jesús en este tiempo, con su punto culminante en la Pascua, calienta e ilumina nuestro ser para alcanzar esta conexión más profunda con Dios, que nos invita a ser anunciadores del mensaje de misericordia y esperanza, alegría y amor de esta gran experiencia pascual. Que la vivencia de esta Cuaresma nos ayude a “Ensanchar el espacio de nuestra tienda” (cf. Is 54,2), abriéndonos a la NUEVA FRAGANCIA que nos impulse a seguir buscando y construyendo este nuevo sueño de fraternidad.

Pedimos al Espíritu Santo que sostenga nuestra marcha, que nos ayude a no detenernos en el camino, ya que somos peregrinos en esta vida. Que nos permita siempre despedir la buena fragancia avanzando en el camino cuaresmal e contagiando a aquellos que buscan sentir en nosotros el amor de Jesús…

Señor Jesús, nos permites vivir este tiempo como gracia y don en el cambio de nuestra propia manera de ser y estar. Nos desafía a salir de nosotros mismos con todo lo que nos aleja de Ti. Nos invita a acoger tu presencia resucitada, llevándonos a vivir la caminata cuaresmal en este desierto interior, rompiendo nuestras máscaras y abriéndonos al nacimiento de esta nueva vida, que soy yo. Así sea.

 

Hermana Julia María da Silva Irio, tc

Provincia Madre del buen Pastor

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MÍSTICA, PROFECÍA Y TESTIMONIO

Mística, profecía y testimonio, tres palabras claves con las que inicia el texto del Horizonte Inspirador y que considero que han de ser los pilares de nuestra vida consagrada hoy. Como jóvenes consagrados es probable que a veces nos haga algo de “ruido” la palabra mística. Se trata de un término más o menos distante de nuestra época y que, por ese mismo motivo, pareciese un tanto difícil despertar el interés en los jóvenes religiosos. Sin embargo, no es tan complejo como pensamos; tiene mucha relación con la espiritualidad y con la contemplación. Ahora bien, contemplar es una gracia, un don del Espíritu, de la Ruah de Dios que nace en la oración y nos hace capaces de descubrirlo en todo y en todos. Esta es una verdad que Francisco de Asís supo vivir y por eso se dice de él que era “ya no solo orante, sino oración” (2 Celano, 24-25. Sobre la oración de San Francisco), todo él contemplación. ¿Cuál fue su secreto? Dejarse abrazar por el amor misericordioso de Dios Padre y saberse (y también sentirse) hijo y hermano de toda la creación y, en ella, está naturalmente incluido el ser humano. Qué bueno sería unirnos a Francisco y cantar: ¡loado seas, mi Señor,   por mis hermanos y hermanas! Porque de eso se trata cuando leemos que ser religiosas en el mundo de hoy es “un ejercicio continuo en la búsqueda de transformarse en sembradores de la soro-fraternidad universal” 1. Entonces, como primer punto, es fundamental recordar que como Nuevas Generaciones “en movimiento”, reconocer esto al abrir los ojos por la mañana y disponernos a la vida que se nos regala, es tarea diaria. En esta misma línea de acercarnos a estos tres vocablos, profecía quizá nos parezca un poco más familiar. De hecho, para el corazón de un joven consagrado suele avivar el fuego misionero y evangelizador, sobre todo si recordamos a tantos hombres y mujeres que han sido profetas en nuestro suelo latinoamericano, anunciando y denunciando, caminando al lado de nuestro pueblo, y dando la vida por el Reino en lugares muchas veces olvidados (¡tantos mártires y misioneros! ¡Casaldáliga, Romero, Labaka, Gerardi…). Las Mujeres del Alba: Las Mujeres del Alba: Reflexiones a partir del Horizonte Inspirador Nuevas Generaciones en “movimiento” MOVIMIENTO No 6 Hacia la utopía del Reino: un mundo de hermanas y hermanos ­–

Y eso está bien. Está muy bien. Sin embargo, creo que caminar hacia la utopía del Reino implica, en primer lugar, desear el modo de ser y proceder de esas mujeres de la primera comunidad cristiana, las del alba; ese hacer profético de vivir desde el Maestro que convoca a la soro-fraternidad. Ese es el “dónde” del Evangelio que va más allá de un lugar, y se acerca más a lo que significa ser con Jesús en el hermano y hermana, en el otro/a…Estar en movimiento desde la profecía nos exige asimilar que somos hijos y hermanos por el Hijo y con el Hijo, y, por lo tanto, estamos llamados a anunciar eso que nos vincula: Dios es nuestro Padre, Padre de todos. Y no necesariamente desde grandes campañas (aunque también es válido), sino desde la realidad en la que estamos inmersos: a veces será entre los pobres, entre los niños y jóvenes, con ancianos, migrantes… pero en otros momentos también nos tocará incluso ser hermanos y hermanas dentro de nuestras comunidades religiosas. Hermanos, no olvidemos esto último, porque creo que Jesús aprendió precisamente a ser hermano, entre los cercanos, con su familia, con los apóstoles, con sus amigos de

Betania. Desde esa experiencia de soro-fraternidad en nuestra familia religiosa, saldremos hacia los demás, llamados, como dice el Papa Francisco, a “intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos…” (Papa Francisco, Fratelli Tutti, num.16), y ese algo es la familia que Jesús soñó para todos: su Reino de amor.

Finalmente, al aproximarnos a la tercera palabra, testimonio, nos referimos a lo concreto, a lo palpable en la cotidianidad. En este punto, es bueno fijarnos en Jesús quien, siendo Hijo, vivió como hermano: “Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido…” (Jn 17,12). Se trata de un Jesús que amó y desde ese amor vivió y cuidó a los demás. Como Nuevas Generaciones en movimiento, testimoniar implica primero amar, y desde el amar, vivir, caminar, acompañar y cuidar a tantos hermanos y hermanas que Dios ha puesto en nuestras manos para hacerles partícipes de su amor. Por eso, ¡hagamos de la utopía del Reino, una realidad! Parece un sueño, pero como dijo el Papa Francisco en la reciente JMJ de Lisboa: “No tengan miedo, tengan coraje, vayan adelante, sabiendo que estamos “amortizados” por el amor que Dios nos tiene…” (Papa Francisco, XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud, Ceremonia de acogida, jueves 3 de agosto de 2023).

Hna Iria Agreda, tc

Provincia Nuestra Señora de Guadalupe