Categorías
Artículos

María, mujer de la esperanza

Dentro de poco se dará el cierre del año fiscal, en algunos países se ha finalizado el ciclo académico, otros están prontos a ello y así, nuestra vida es de cerrar unos ciclos y abrir otros; cada etapa está cargada de un sinfín de experiencias de todo tipo. A nivel litúrgico la Iglesia nos da el don de un nuevo Adviento, y estamos invitados a hacer de éste una experiencia que renueve nuestras fuerzas, como un vaso de agua fresca después de un largo recorrido bajo el sol.

Al mirar la realidades vividas este año en las diferentes regiones del mundo, contemplamos panoramas realmente desesperanzadores: el tema de la guerra que parece ser ya un tema trillado, pero que sigue cobrando vidas, ocasionando zozobra y dolor, las oleadas de migrantes cansados y hambrientos, la situación política en tantas naciones que coarta la libertad, mina los derechos básicos de millones de personas, las secuelas de la Pandemia, el daño indiscriminado a nuestra madre tierra, por citar algunos.

Por ello, estamos invitados a reavivar la esperanza. Aunque son muchas los textos escritos al respecto, en esta ocasión podríamos meditar con ojos nuevos en algunos textos del evangelista san Lucas respecto a las actitudes de la Virgen María y en el pensamiento del educador y filósofo brasileño Paulo Freire.

Recordemos cómo María nos ha dado muestra de su esperanza. Esta joven nazarena como mujer de su época, tuvo vivencias muy similares a las nuestras y aún en medio de ellas supo escuchar la palabra de Dios que le habló por mediaciones. El evangelista Lucas nos lo hace ver:

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;»  (Lc 1, 26, 32)

Al ver a María, constatamos su capacidad para acoger serena el desconcierto y continuar el diálogo con el ángel.  Viéndonos a nosotros mismos podríamos verificar estas mismas cualidades y preguntarnos además: ¿Cómo propicio la verdadera escucha a Dios, a qué espacios le permito entrar?  ¿Tengo quizá horarios establecidos, esquemas de sobra conocidos, pero quizá hay rincones de mi ser donde aún no le he invitado a entrar?

“María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.” (Lc 1, 34-35

Pues “precisamente quien —como María— está totalmente abierto a Dios, llega a aceptar el querer divino, incluso si es misterioso, también si a menudo no corresponde al propio querer” (Papa Benedicto XVI, diciembre de 2012). María da una respuesta y como consecuencia a esta escucha y disponibilidad recibe una misión que le sorprende, desacomoda y ella se pone en movimiento:

“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.” (Lc. 1, 39-40)

María es mujer de una esperanza activa, no se queda cruzada de brazos esperando para ver qué sucede. Respecto a la esperanza que hace vida María podríamos iluminarnos con las palabras de Paulo Freire:

“Es necesario tener esperanza, pero tener esperanza del verbo esperanzar; porque hay gente que espera del verbo esperar.  Y la esperanza del verbo esperar no es esperanza, es espera.  Esperanzar es levantarse, esperanzar es salir al paso, esperanzar es construir, esperanzar es no darse por vencido.  Esperanzar es llevar adelante, esperanzara es unirse a otros para hacer de otro modo.”

María nos muestra que es mujer de esperanza porque vivió el verbo esperanzar, levantándose y poniéndose en riesgo por el estado que se encontraba caminando hacia las montañas de Judá, salió al paso de las necesidades de Isabel.  Y más aún en la persecución de Herodes al Niño, no se dio por vencida al tener que huir a Egipto (cf.Mt. 2, 13-15).

Volvamos los ojos a María, encontraremos en ella ánimo y fuerza. ¿Cómo podemos vivir para que éste no sea un Adviento más, si no que nos traiga novedad?

  • Desde la realidad que nos circunda
  • En los quehaceres cotidianos
  • En los encuentros con el Señor, con los hermanos y hermanas

¿Cómo damos vida al verbo ESPERANZAR?

Hna. Nancy Margoth Monterroso Monterroso. tc

Provincia Nuestra Señora de Guadalupe

Categorías
Artículos

“Al ir iban llorando, llevando las semillas. Al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (Salmo 126, 5-6)

Este versículo 5, del Salmo 126, resonaba en mi corazón y en mi mente mientras subía al avión con destino a Tanzania-África. Así eran exactamente mis sentimientos y mi determinación de alcanzar el lugar al que nuestro Dios Todopoderoso me enviaba. Y precisamente, cuando, después de mis tres primeros años de servicio misionero, viajaba de vacaciones a Filipinas, experimentaba el gozo que expresa el siguiente versículo del salmo (126,6): Mi corazón cantaba de alegría, por regresar y compartir mis experiencias. Esta ha sido mi vivencia duradera, hasta el momento en que estoy escribiendo este artículo. En efecto, el proyecto de Dios para cada uno de nosotros es siempre una llamada a vivir plenamente nuestra vida. Y por siempre cantaré Su Alabanza y Gloria por el regalo de mis padres y mi gran familia, mis amigos y parientes, por el regalo de mis hermanas en la Congregación, por el regalo de mi fe, el regalo de nuestra Amada Congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia donde se nutre mi vida desde que ingresé en la congregación hasta esta etapa de “edad media”.

Es realmente hermoso mirar hacia atrás y ver una vida vivida llena de colores, de luces y sombras, altibajos, subidas y bajadas pero en su conjunto poder contemplar una hermosa obra de Dios en mí, a través de su constante Amor, Misericordia y Providencia. Con María, nuestra madre, canto el Magnificat en cada celebración vespertina con mi comunidad y los fieles que se unen a nuestra misión.

Como Hermana Terciaria Capuchina de la Sagrada Familia, comprendí, desde el primer contacto con nuestras primeras Hermanas misioneras en Filipinas, que ser Hermana Terciaria Capuchina es ser misionera fuera de mi país. Del testimonio de vida de nuestras Hermanas, aprendí que ser misionera es compartir el día a día más ordinario en espíritu de oración, vida comunitaria y en el servicio específico de la congregación. Ofrecer nuestro servicio a la gente según nuestra espiritualidad franciscano-amigoniana. Aunque debemos entender que la vida misionera debe ser vivida donde quiera que estemos ya sea dentro o fuera de nuestro país de origen.

Brevemente, mi itinerario de vida en Tanzania comenzó el 1 de enero de 1998 hasta el presente, 2022 con dos años de pausa 2010-2011 para estudios superiores y todavía, hasta el momento, aquí sigo en el servicio a la misión. Durante toda mi estancia en Tanzania he servido y sirvo actualmente en el campo de la Educación. ¿Cómo es mi experiencia? ¡Yo digo que es estupenda y maravillosa! Vivida con alegría, con todas mis imperfecciones, contratiempos, fracasos y éxitos.

Tanzania es ahora mi segundo país de origen. Al igual que otros países, Tanzania tiene su propia riqueza y especial cultura. La expresión de la fe católica, específicamente en la liturgia, es vibrante y pausada, sin contar el tiempo. Ellos tienen un sentido muy profundo de solidaridad. Son un pueblo con familia extendida en el sentido literal. Celebran y lloran con un espíritu de unidad, marcado por un serio programa ceremonial. Son gente alegre, hospitalaria, cariñosa y buena. Tanzania es geográficamente hermosa, rica en parques naturales y sobre todo conocida por su famosa y majestuosa montaña del Kilimanjaro. Los niños y los jóvenes son respetuosos y, en general, se caracterizan por su gran resistencia a la hora de enfrentar los retos comunes de su vida. Esta es la breve descripción que puedo compartir e invito a mis hermanas a venir y ver la belleza de Tanzania… Agradezco y amo Tanzania por haberme enseñado tantas cosas y de muchas maneras.

Como religiosa que sirve en el campo de la educación, el mensaje central de todo mi esfuerzo, grande o pequeño, ha sido y es, simplemente compartir el mensaje liberador del Evangelio de Jesús en las actividades ordinarias y rutinarias de una vida religiosa. Traduzco este mensaje liberador del Evangelio, en primer lugar, reconociendo, al principio de cada día en la oración, que el nuevo día es un don de Dios y que, nada bueno puede salir de ese don sino con su Gracia. La vida de oración

está por encima de todo porque es ahí donde saco mi fuerza e inspiración para salir al encuentro de la gente, de los alumnos y del personal de la escuela; de los padres y de los vecinos para poder servirles. En segundo lugar, trato de estar en unión con mi comunidad en todas sus actividades cotidianas, oraciones, comidas, recreación y trabajo y trato en lo posible de estar en comunicación y diálogo con mis hermanas de la comunidad y las personas a las que sirvo y con quienes trabajo. Doy testimonio de que caminando junto a mis hermanas de la congregación es un hermoso regalo para atesorar en el corazón con todos sus desafíos y dificultades. Y en tercer lugar, el servicio sin reservas es lo que da sentido a mis oraciones y a la convivencia con mi comunidad. Porque sin llegar a la gente que necesita mi tiempo y mis talentos todo carece de sentido. En resumen, esas son mis maneras de vivir una vida feliz y contenta como Hermana Terciaria Capuchina de la Sagrada Familia.

Este año 2022, se cumplen 24 años de mi vida, fuera de mi país natal. Tal vez no he hecho grandes cosas pero lo importante es la totalidad de mi entrega y el seguimiento de Nuestro Señor Jesús en la Vida Religiosa y con eso me siento verdaderamente feliz y siento que estos 24 años han pasado como un ayer. ¡ALABO Y GLORIFICO A JESUS NUESTRO DIOS AMOROSO Y SALVADOR!

Hna. Nida Galera, TC

Categorías
Artículos

Una historia regalada: Testimonio y fuerza profética

Las bienaventuranzas son, sin lugar a dudas, la síntesis más perfecta del Evangelio y la expresión más lograda de su escala de valores. En ellas está contenida, y expresada con la profundidad propia de la poesía, la verdad que Cristo vino a revelar al mundo. Una verdad que libera profundamente al hombre. Una verdad que madura a la persona en su humanidad. Una verdad que es, en definitiva, el amor

Sólo quien aprende a amar madura integralmente. Hecho el hombre a imagen y semejanza de un Dios que es Amor, es el amor, la única base sobre la que puede cimentarse y construirse una equilibrada y feliz personalidad. Pero la lección del amor es difícil de aprender. El egoísmo, raíz de toda equivocación vital, tiende a revestir con el manto de la entrega y de la apertura a los otros, lo que a veces es solamente provecho personal o posesión y dominio de los demás por eso, las bienaventuranzas, al transmitir el mensaje de una verdad fundada en el amor, se van deteniendo en los matices que hacen del amor, una verdad. Y vienen a decirnos que el amor es tal si está entretejido de donación del propio ser y tener, de servicio a los demás, de fortaleza para morir a lo propio y crear comunidad con los otros, de justicia según el plan original de Dios sobre el hombre y la sociedad, entrega preferencial por los más necesitados, de generosidad y limpieza de intenciones y de una gran paz interior y exterior. Este mensaje de la verdad como amor y del amor de verdad es, sin embargo, profético por su propia naturaleza y crea divisiones y luchas tanto más fuertes y violentas, cuanto más fundada está una sociedad en consumismos, en ansias de poder, en injusticias legalizadas o en otras múltiples formas de egoísmos personales e, incluso, estructurales. La libertad siempre tiene un precio. Y el precio a pagar por la libertad evangélica, por la verdad y justicia sobre el hombre y la sociedad, es la persecución. La octava bienaventuranza, compendio y conclusión de las otras siete, es muy clara: Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos, bienaventurados seréis cuando los injurien, los persigan y con mentira toda dase de mal contra ustedes por mi causa. Allí donde la Iglesia es coherente con su mensaje es rechazada o perseguida. Y es tanto más rechazada o perseguida cuanto mayor es su coherencia. Las formas de persecución son, no obstante, muchas y variadas. Hay persecuciones más solapadas, y no por ello menos dañinas, que intentan ganarse el silencio de la Iglesia con ofertas y prebendas. Los que así actúan saben que más les vale una Iglesia pervertida que perseguida. Hay otras, realizadas con guante de seda, que no martirizan a la Iglesia, pero la amordazan y arrinconan en las sacristías. Y hay otras, como la sufrida en España durante la guerra civil, que son verdaderamente sangrientas. Estos diversos tipos de persecución signo permanente del anuncio del Reino acompañan a la Iglesia en su diario peregrinar por el mundo. Y la Congregación de Terciarias Capuchinas de la Iglesia y ciudadana en muy diversas culturas y naciones ha experimentado también en distintas épocas y países el riesgo de anunciar a Cristo y de colaborar en las construcción civilización del amor: Lo sucedido en España en 1936 es para las Terciarias Capuchinas una expresión muy importante de su fuerza profética, pero no la única ni, por supuesto, la última. China una aventura misionera.

No pasaron muchos años, y el propio Padre Fundador abrió de par en par esta puerta a sus hijas. El Señor le mandó un signo y él, hombre de fe, supo interpretarlo al momento. En 1903, sin nadie saber nada, llegó a Masamagrell una joven colombiana de buena posición que había tenido que escapar de casa para la llamada del Señor en la de Terciarias Capuchinas. Este hecho, unido a la petición que los capuchinos de la Guajira venían haciendo a las hermanas para que fuesen allí, fue suficiente para que la Congregación, animada por su Fundador, se decidiera a recorrer los caminos del mundo, anunciando a Cristo donde aún no era conocido. Y en 1905 salieron hacia Colombia las primeras misioneras. Años después, le tocó el turno a Venezuela. Y en 1929 iniciaban las Terciarias Capuchinas su apertura misionera a China. Las circunstancias de este nuevo viaje le conferían los tintes propios de una verdadera aventura. Las hermanas, escogidas entre las voluntarias, eran, como quería el P. Amigó, «sanas y robustas de cuerpo, constantes y fuertes en la fe» tenían un gran espíritu de amor, abnegación y sacrificio, pero se dirigían a un país del que desconocían la idiosincrasia, la cultura y el idioma. El 3 de noviembre de 1929 salen de Masamagrell las primeras elegidas. Se dirigen a la misión más pobre de China situada en la provincia de Kansú, la más extensa y occidental del país. Como hacían los misioneros de entonces, se despiden con un «hasta el cielo». El P. Amigó, anciano ya, no pudo contener las lágrimas. Sabía que no las volvería a ver. En los cinco años que aún vivió siempre tuvo para sus «chinitas» un cariño especial. Y cuando estando ya para morir recibe noticias de ellas, encuentra aún las fuerzas suficientes para aplaudir con debilidad y entusiasmo a la vez.

El 27 de enero de 1949, las últimas misioneras Terciarias Capuchinas en China fueron obligadas a abandonar el país. Su corazón, sin embargo, quedaba para siempre en aquel campo de evangelización, testigo de tantos trabajos, y alegrías no llegaron a derramar su sangre por Cristo, pero sufrieron en carne propia las consecuencias de una persecución desatada una vez más contra la fe cristiana.

Y este desafiar los peligros y dificultades, vivido con radicalidad por las hermanas durante el cólera de 1885, durante la guerra española de 1936, o durante la aventura misionera en China, ha continuado aflorando después cuando la gravedad de las circunstancias ha requerido un testimonio extremado de amor. El caso de Armero (Colombia) es una buena prueba de ello. Armero, fundado en el Departamento del Tolima el año 1895. Las Terciarias Capuchinas eran vecinas del pueblo desde 1956 cuando el obispo de Ibagué las invitó a establecerse allí con la única condición de que fueran santas. En 1985, el Colegio de la Sagrada Familia había alcanzado ya su verdadera madurez. Sin aumentar excesivamente el número de alumnos, sin perder el aire familiar que lo caracterizó desde sus inicios, había ido extendiendo su acción educativa y evangelizadora más allá de sus aulas, adentrándose en el ambiente familiar de sus alumnos e insertándose en la pastoral de conjunto de la Parroquia Las hermanas que regentaban el Colegio habían recibido ese año 1985 con una alegría especial. Se cumplía el primer centenario de la fundación de la Congregación. Las gentes de Armero, como tantas otras de la geografía mundial, se disponían a unirse gozosas a la celebración jubilar de sus queridas hermanas. Pero a poco de comenzar el año, negros presagios empezaron a cernirse sobre la población. El Nevado del Ruiz, el león dormido por mucho tiempo, empezó a dar señales de querer despertar de su letargo. Y Armero, como otros pueblos del contorno, empezó a vivir una larga pesadilla. Cuando en el mes de abril, la Superiora Provincial visitó a las hermanas, la situación era ya muy preocupante, el volcán arrojaba continuamente ceniza que cubría las casas y las calles del pueblo con un manto lúgubre y que obligaba a los habitantes a protegerse con pañuelos en la boca al salir al exterior. La Provincial, viendo el peligro que corrían las hermanas les pregunto:  ¿Saben que están en peligro de muerte que piensan hacer?

La comunidad, compuesta por las hermanas Bertalina Marín Arboleda, Julia Alba Saldarriaga Ángel, Emma Jaramillo Zuluaga, Marleny Gómez Montoya y Nora Engrith Ramírez Salazar (novicia), respondió unánime moriremos con el pueblo… Y si quedamos vivas, acogeremos en nuestra casa a todos los que tengan problemas de vivienda… esta casa es muy grande. La hermana Provincial, no obstante, viendo muy desmejorada a la novicia, le dijo: Norita, cuando vayas a ir de vacaciones, tendrás que quedarte en Medellín, te veo muy pálida. Pero la joven insistió: Déjame terminar el año acá. Estoy contenta. Yo siento que el Señor me pide quedarme aquí. El 13 de noviembre, al anochecer, sobrevino la catástrofe. Las caudalosas aguas provenientes del repentino deshielo de las nieves perpetuas del volcán arrasaron el pueblo. Al día siguiente, la radio y la prensa daban así la noticia de la tragedia: Armero es una playa… Armero ha desaparecido. De Armero no ha quedado nada. Las casas están sepultadas… Miles y miles de personas han muerto bajo el lodo. Dos de las hermanas, la superiora Bertalina y la novicia Nora Engrith, quedaron sepultadas para siempre en el gran cementerio en que se convirtió Armero. Una tercera, Julia Alba, falleció a los trece días en Bogotá, víctima de las heridas y sufrimientos producidos por la avalancha. Como en 1885, año de la fundación la Congregación, también ahora, en la celebración del primer Centenario, tres hermanas sellaban con la sangre su testimonio de amor a Dios en los hermanos. Pero el caso de Armero, no es el último testimonio de amor hasta el extremo que nos ofrece la reciente historia de las Terciarias Capuchinas. No habían transcurrido todavía dos años desde aquella catástrofe, cuando la Congregación se tiñe de nuevo de rojo en la persona de la hermana Inés Arango Nacida en Medellín (Colombia. Su gran ideal, desde niña, fue el de ser misionera en África o en Asia. Hubiera querido partir hacia las misiones nada más profesar, pero en el reloj de Dios no había llegado aún su hora. Tendría que esperar veinte años y pasar su primera época de vida religiosa dedicada a la enseñanza en su país natal. En 1977 su sueño misionero se hizo, por fin, realidad. Las Terciarias Capuchinas habían aceptado una obra misionera en la selva de Aguarico (Ecuador) y la hermana Inés iba en el grupo de las fundadoras. Era el 9 de marzo de 1977. Su primer destino Shushufindí. Poco tiempo estuvo, en agosto del mismo año, Inés va como responsable de una misión en Rocafuerte, que será desde entonces para ella el centro referencial de toda su actividad misionera en las tribus indígenas de los alrededores. Aquí conoció al padre capuchino Alejandro Labaka, con quien se sintió identificada desde el primer momento y con quien le unió una profunda y sincera amistad. La preferencia de ambos fueron las minorías: los Sionas, los Secoyas, los Quichuas, los Shuaras y, particularmente, los Huaorani. Alejandro e Inés, en su ilusión de anunciar a Cristo, se exigen cada vez más. Son conscientes de que un verdadero anuncio del Evangelio debe respetar la cultura indígena asumiendo sus valores. Y para conocer esos valores es necesario insertarse plenamente de su vida. En 1985, la Hermana Inés pide y obtiene permiso para irse a vivir por un tiempo entre Huaorani. La experiencia fue muy positiva e Inés la repitió en otras ocasiones. Cada día su espíritu misionero es más fuerte y comprometido. Está viviendo una madurez espiritual que asombra a los que la conocen. En 1987 tuvo lugar en Bogotá el III Congreso Misional Latinoamericano. Terminado el Congreso, Inés regresa rápidamente a Rocafuerte, reconfortada por las palabras de ánimo y la bendición de la hermana General Elena Echavarren. Ha logrado el permiso y tiene ilusión por emprender cuanto antes un viaje hacia los Tagaeri, último reducto no explorado aún de los Huaorani. La víspera del viaje se despide así: Laura, me voy para los Tagaeri. Le pregunta Laura: ¿tienes miedo? ¿Y si te matan? -¡»ah!, tranquilas, muero feliz. -De verdad, Inés, ¿no te da miedo? No, porque si muero, muero como me lo pida el Señor. En su carta escribía si muero muero feliz y ojalá nadie sepa nada de mí no busco nombre ni fama Dios lo sabe…Siempre con todos, Inés.

Sin duda, dentro de la historia martirial la mejor corona para Rosario, Serafina y Francisca, nuestras beatas mártires es y será, sin lugar a duda, el sentirse y verse rodeadas por las hermanas que en Masamagrell y Benaguacil les precedieron en 1885 con su testimonio de amor y por aquellas otras que, posteriormente, en China,  Armero y Aguarico han contribuido a hacer la historia de las Terciarias Capuchinas un poema de fortaleza y de ternura, haciendo vida el lema de: Amor abnegación y sacrificio.

Hna. Sylvia Yolanda Muñoz Muñoz, tc

Categorías
Artículos

Carta inédita sobre la muerte de nuestro Padre Luis

Una “joya-“…Esto tenía yo en mi “baúl” y por esas “inspiraciones de Dios” tuve la idea de descorrer su velo, para darle luz, darle alas, darle vida. Tantos años conmigo, en mi libro “Liturgia de las Horas”, como un “papelito” con dobleces llenos de tiempo y de marcas, con caracteres de impresión deteriorados al máximo por el correr oculto de años silenciosos. De una fragilidad impresionante pero dócil a la caricia, a una lectura descifrada hasta con lupa para desentrañar la ternura cobijada en el corazón y los dedos de una Hermana lejana en nuestra historia actual, pero viva en cada una de sus expresiones, narrando con infinito afecto, los últimos momentos de la preciosa vida de nuestro Padre Fundador. Un testimonio profundamente revelador para estas fechas de tan grata memoria.

Una fecha inexplorada: “7 de octubre de 1934”… Todavía el eco de las campanas y el olor a cirios consumidos en un silencio reverente, dejan sentir su presencia como apretando entre sus lloros el corazón de un hombre con perfume del amor de Dios. El Padre descansa en su tumba y estrena la “felicidad eterna”. En las almas no hay recuerdos, hay vivencias, experiencias de abrazos paternales, de palabras plenas de deseos e ilusiones sobre el futuro de su familia, engendrada en la plenitud de sus años y fuerzas juveniles. Novicios y novicias…promesas de futuro tras las huellas del “aquel de Asís” están en el centro de su espíritu y en sus consejos visionarios del tiempo y de la historia.

Y allí, en Masamagrell, en la Casa que tanto quiso, en la Capilla que él mismo se inventó, está depositado su cuerpo. Y de esta presencia silenciosa, de este “hombre de la voluntad de Dios” surge una realidad que cautiva y estimula a la fidelidad, a la autenticidad, a la prontitud frente a los llamados del mundo, de la “casa común” y de la Iglesia, enarbolando la bandera del carisma compasivo y redentor. Masamagrell, ALFA Y OMEGA del Padre, principio de su vida y reposo final de su existencia corporal.

La fidelidad de quien escribe obedeciendo un mandato paterno. “Ante todo reciba una bendición especial suya, así me lo encargó con paternal amor e interés se lo escribiera de su parte, lo que cumplo hoy con mucho gusto”.

Nos disponemos a “leer” un sublime testamento de amor de nuestro Padre Fundador por sus Religiosas de América. Quisiera publicarla a los cuatro vientos de nuestra geografía y de rodillas, orar, agradecer, compartir el eco filial de lágrimas inquietas, suspiros silenciosos, voces cautelosas, miradas fraternas, abrazos de dolor y fortaleza, augurios de esperanza, fe y amor en nuestro devenir, promesa de supervivencia en el corazón de Dios, de María y del mundo que nos llama a una entrega total por el Evangelio.

Masamagrell, octubre 7 de 1934

Rvma. Madre Comisaria Capitular

Yarumal

Carísima e inolvidable Madre Purificación: El Señor nos dé su paz.

Con el corazón desgarrado por la pena y amargura en que nos ha dejado sumidas la desaparición de nuestro amantísimo y venerado Padre Fundador (q.e.p.d.), le dirijo estas líneas para comunicarle algo de lo que en sus últimos días tuvimos ocasión de recoger de sus benditos labios.  Ante todo reciba una bendición especial suya, así me lo encargó con paternal amor e interés se lo escribiera de su parte, lo que cumplo hoy con mucho gusto.

Él, presintiendo su muerte, no omitió detalles en todos los momentos de la última temporada que estuvo entre nosotras. Pues tuvimos la dicha de tenerlo en esta santa casa desde el 20 de agosto hasta el día 6 de septiembre que fue a Valencia para bendecir el enlace matrimonial de su sobrino Luis Boada Amigó y ese mismo día se lo llevaron nuestros Padres y Hermanos Terciarios Capuchinos a su Convento de Godella por ver si allí se aliviaba por el cambio de aires, pero todo fue inútil: allí falleció,  tocándole a la Rvda. Madre Rosario de Soano y Rvda. Madre Cruz de Beniarjó la incomparable dicha de recoger su último suspiro por haberles tocado a ellas el velarlo aquella noche.  Murió a la una de la madrugada del 1° de octubre teniendo la suerte el R. P. Lauriano de Burriana, Terciario y Superior de la Casa de Godella, de darle la última absolución. 

 

En vano se esforzaban los señores médicos por combatir el mal que minaba tan preciosa vida y por tanto se veían obligados a exclamar: “El Señor Obispo se muere sin enfermedad”.  Y, como se explica esto? Ah!…es que su mal era más íntimo.  La pena moral que devoraba su corazón era muy grande!… y de ahí que iba extinguiéndose con lentitud, orando y sufriendo en silencio ese mal que nos lo ha arrebatado: su Diócesis, sus pobres Sacerdotes necesitados… todo esto lo apenaba pero lo sufría con la resignación de un santo!… Así lo veneran todos, como a un verdadero Siervo de Dios.  Su corazón estaba devorado por la amargura al ver a su Diócesis en la extrema miseria: sus Sacerdotes sin pan y sin hogar casi.  Los suspiros que ahogaban su pecho en sus últimos días eran continuos.  El llanto de sus ojos era también casi continuo.  En fin… que ha sido una víctima de las circunstancias que lamentamos durante tres años.  Últimamente llegó a no apetecer nada.  Estuvo cinco días sin tomar ni agua, solo humedeciéndole con ella los labios.

El Viático lo recibió sentadito en un sillón, con la serenidad y agradecimiento de un santo, el día de la Virgen de las Mercedes y de manos del Señor Obispo Lauzurica, Auxiliar del Arzobispo de Valencia, a quien le ha recomendado sus dos Congregaciones. Sus días de enfermedad fueron de grande edificación a todos cuantos le visitaban.  Qué agradecimiento manifestaba, cómo pedía perdón y qué paz se vislumbraba en tan buen Padre. Murió como mueren los santos: perdonando y bendiciendo a todos.

 

Dos días antes de morir hizo llamar a su presencia, a la una de la madrugada, a todos los Novicios y Profesos para bendecirlos por última vez y darles sus últimos consejos.  Aquí también, durante los días que estuvo. Se fue, dos o tres veces, al Noviciado a dar a las novicias exhortaciones que no olvidarán jamás.  También a nosotras, las Profesas nos hablaba, en los recreos, de la vida de nuestro Seráfico Padre San Francisco, animándonos a tener mucha confianza en la Divina Providencia ya que Dios había prometido al Pobrecillo de Asís que si dos panes solos hubiera en el mundo, uno sería para sus hijos. Nos exhortaba a la guarda de la Santa Regla y Constituciones así como a que procuráramos conservar el espíritu de humildad y pobreza franciscanas en que tanto deseó él siempre se cimentara nuestra amada Congregación.

Roguémosle, pues, amada Madre Comisaria, nos continúe bendiciendo desde el cielo y proteja su obra derramando gracias sobre sus dos amadas congregaciones para que perduren en el corazón de sus hijos e hijas las virtudes que él tanto nos predicó siempre con su ejemplo: mansedumbre, humildad y agradecimiento a Dios y a todos cuantos nos favorecen de obra o de palabra.

 El día 2 hicieron los Funerales en la Comunidad de Godella y por la tarde fue el traslado de su venerado cuerpo hacia la Parroquia de Masamagrell.  No le puedo explicar cuánto fue la asistencia, la veneración y el orden que hubo… Bien se ha visto cuánto lo querían!…El 3 fueron en la Parroquia oficiando el Señor Arzobispo de Valencia, con asistencia del Cabildo de Segorbe y otras dignas autoridades.  A continuación condujeron el cadáver a nuestra Capilla y en el día señalado, de N. P. San Francisco fueron los funerales y sepultura.  Todo ha resultado ordenado y devoto como él era.

Su memoria será reconocida por todos en general en este pueblo donde el Señor Alcalde y Miembros del Ayuntamiento como todas las demás personas y Clero de los pueblos vecinos han acudido a Godella como a esta santa casa a tributarle el homenaje último de su veneración y aprecio.

Descanse en paz el amado Padre cuya memoria será bendecida siempre por sus hijos.

La Reverendísima Madre General la bendice y por su conducto a todas sus amadas hijas colombianas.

Afectísima y apenada Hermana en el Seráfico Padre que se encomienda a sus oraciones.

Su Hermana Josefa de Dabajuro

Después de enumerar Hermanas tan significativas, qué papel juego yo?…Simplemente un medio para darle vuelo a unas alas dispuestas a un viaje planetario y celestial desde aquel 7 de octubre de 1934; para “sacar de mi baúl”, vivencias, experiencias, recuerdos, existencias cada vez más fascinantes, para reconocer en los anaqueles de nuestra historia la riqueza espiritual que subyace, en el silencio orante de una tumba, puro sagrario, donde está la génesis de nuestro ser de Terciarias Capuchinas, de Terciarios Capuchinos, de Familia Amigoniana

Con sentimientos fraternos

Hna. Dora Arboleda Hoyos t.c

Provincia “Nuestra Señora de la Divina Providencia”

Categorías
Artículos

Un icono que habla

Encuentro de Francisco con el Crucifijo de San Damián

Introducción

El icono del crucifijo de san Damián ha tenido gran difusión en la piedad católica, en cualquier almacén o litografía es fácil conseguirlo, seguramente su formato y colorido lo hacen especialmente atractivo, simplemente desde intereses piadosos o estéticos, de repente lo encuentras en la oficina de un gerente de un banco o en la sala de espera de un consultorio médico.

Quiero compartir con ustedes una corta reflexión sobre el encuentro de San Francisco con el Cristo de San Damián en los albores de nuestra caminada espiritual, reflexión que he tenido el atrevimiento de poner el título de “Un icono que habla”.

Los estudiosos del icono de San Damián ubican su origen en los siglos X u XI, muy seguramente pintado por algún monje que vivía en la región de la Umbría. Elaborar un icono requiere de un infinito sentido de contemplación, oración y mística sobre la figura que se ha de pintar.

Un icono está pintado esencialmente para ser contemplado, en este de San Damián, lo primero que salta a la vista es la figura de un Cristo crucificado y al mismo tiempo resucitado, con unos enormes ojos abiertos y gran luminosidad en los colores de los personales que lo acompañan; colores que contrastan con el fondo negro que en la iconografía de la época significa muerte, rojo que indica la divinidad, dorado que representa la eternidad, azul y verde que hacen referencia al mundo y al transcurrir de la historia humana.

Este encuentro de Francisco con un icono que le habla al corazón desde una iglesia cuyo techo se viene abajo, es un acontecimiento fundante del carisma franciscano. Antes ya había tenido dos importantes encuentros, consigo mismo en la enfermedad y la soledad y con el leproso, fuera de las murallas de la ciudad, en el camino.

El orden de los encuentros refleja la evidente centralidad del ser humano en la espiritualidad franciscana situado en contextos de marginación. A propósito de los encuentros cabe anotar la importancia que tiene el tema en el magisterio del Papa Francisco cuando habla de la cultura del encuentro.

Desde la Laudato Si´ y la Fratelli Tutti no cabe la menor duda, según lo expone el Papa que todo está relacionado y que todos somos hermanos y hermanas en esta maravillosa peregrinación que es la vida, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas, amor que une con tierno afecto, al hermano sol, a la

hermana luna, al hermano río y a la madre tierra» (LS, 92). Además con la certeza de que no es posible acentuar un encuentro descuidando o ignorando otro, o lo que sería peor, bloqueándolo, creando una fractura interna que puede llevar a la muerte.

Es evidente en la espiritualidad franciscana la relación entre encuentro, reparación y cuidado, tres temas que reflejan un sentido materno que pone tareas solo realizables desde una verdadera conversión integral, ecológica y pastoral.

Para vivir la vocación franciscana, además de una conversión holística se debe caminar hacia una renovación de sentidos de comprensión, hacia una nueva comprensión de las relaciones en clave de vida de apertura y disponibilidad de corazón, de mente, una apertura que lleve más allá de los estrechos muros institucionales, de la auto referencialidad que empobrece e inmoviliza.

Con urgencia se ha de volver al Jesús del evangelio, al de Emaús, al de los pescadores del puerto, al de la las bodas de Caná, al amigo de los de Betania. Al Jesús orante del desierto, tentado por satanás, al Jesús que llora su amigo muerto, que cura a la mujer enferma. Para que se dé un verdadero encuentro con Jesús de Nazareth se debe hacer el camino que emprendieron Clara, Francisco, Antonio, Buenaventura, Fray Luis Amigó y muchos, muchos otros hombres y mujeres que se atrevieron a dejarlo todo para abrirse al mundo de manera tal que la Cultura del encuentro sea posible.

Solo así se reparará la casa que amenaza ruinas, la casa común, golpeada por el calentamiento global, por la pobreza y la guerra. Es necesario que se conozca y se asuma la identidad franciscana de veras, desde las iniciativas que impulsan la Familias Franciscanas de cada país, las Comisiones de Justicia Paz e Integridad con la Creación JPIC, las redes de Migrantes y de defensores y defensoras de derechos humanos de mujeres, niños y niñas, poblaciones LGBTIQ+, Comunidades ancestrales. Atreverse a tejer con otros, abriendo las instituciones a quienes deseen ser artífices de paz con justicia y dignidad.

Es necesario como lo dice incansablemente el Papa Francisco asumir el deber que como cristianos tenemos de involucrarnos en la política porque ella es una de las formas más altas del amor ya que busca el bien común, Clara y Francisco tenían conciencia de ser ciudadanos y trabajaron por una convivencia en paz y justicia. De esta manera es importante que como franciscanos hagamos sinergia en Naciones Unidas desde la oficina de Franciscans International que hace visible a la comunidad internacional el estado de ruina o de reparación de la casa.

Que sigamos construyendo, animando la “Bendita pertenencia común” que nos hace hermanos y hermanas, dice el Papa Francisco en la FT: “La fraternidad y la amistad social se expresan a través de actos de benevolencia, con formas de ayuda y acciones generosas en tiempos de necesidad. Un afecto desinteresado hacia otros seres humanos, sin importar la diferencia y la pertenencia”.

Juan Rendón Herrera OFM

Fuente: http://www.pasionensalamanca.com/
Categorías
Artículos XXIII Capitulo general

Defensa de la vida

Estaba yo un día entreteniéndome con el teléfono móvil ojeando una revista, cuando este artículo llamó mi atención ¿Cuál es el ruido más insoportable del mundo? Cliqué en el link pensando ya en algunos ruidos que me resultan molestos y me encontré con la sorpresa de que “según un estudio científico, el ruido más insoportable del mundo es el llanto de un niño de entre dos años y medio y cuatro años, e inquieta por igual a hombres o mujeres, célibes o casados, adultos o niños” (cf. Rosemarie Sokol Chang y Nicholas Thompson, psicólogos).

Haciendo mi propia relectura me alegré de que, como especie, nos preocupe e inquiete el llanto de un niño, de tener este instinto de protección que nos llama a calmar o satisfacer sus necesidades, formando parte de la gran familia de la humanidad donde todos, de distinta raza, lengua pueblo o nación, tenemos el instinto de cuidar la vida formando esto parte del regalo de Dios Padre que nos ha creado a su imagen y semejanza (cf Gn 1,27).

Y en este tiempo, en que de manera perversa acechan las tinieblas y sombras de muerte en la guerra, la violencia gratuita, el tráfico de personas, las dictaduras políticas, económicas, energéticas y consumistas que junto al cambio climático y la insolidaridad hacen que una de cada nueve personas en el mundo sufra hambre (ONU), es Dios mismo quien sale a nuestro encuentro, quien toma la iniciativa, suscitando en el corazón de cada persona actitudes que generan vida. El Padre ve la aflicción de su pueblo, el clamor que le arrancan sus opresores y conoce sus angustias y nos dice a cada uno de nosotros: “Ve, pues; yo te envío para que saques de la opresión a mi pueblo. Yo estaré contigo” (cf. Gn 3, 7 ss.).

De manera sencilla y profunda, el Papa Francisco con su testimonio misericordioso   afirma que la vida, regalo de Dios, es un don que debe ser defendido y protegido siempre: “Los hombres y las mujeres de oración custodian las verdades fundamentales: repiten a todos que esta vida, a pesar de sus fatigas, sus pruebas y sus días difíciles, está llena de una gracia que maravilla. Y como tal, debe ser defendida y protegida siempre” (cf. Papa Francisco (@Pontifex es) / Twitter).

A cada uno de nosotros nos toca acoger o rechazar esta misión, cultivando la mirada con corazón agradecido, para ver con los ojos de Jesús los pequeños y grandes gestos de tantas personas que a nuestro alrededor cuidan y generan vida. Dejándonos tocar y cuestionar por su testimonio como padres y madres de familia, hijos e hijas, profesionales de la salud, de la educación, de servicios sociales y públicos, empresarios… cada uno de nosotros unidos al que es la fuente de Vida eterna, alimentarla dejando que fluya a mi alrededor con actitudes de servicio, cuidado, bondad, respeto, interés, escucha, alegría, generosidad y perdón.

Bien sabemos que es una gota de agua en un océano inmenso, insignificante en su individualidad, pero necesaria “pues éste es el tiempo favorable, éste el día de la salvación” (cf. 2 Cor 6, 2).

Hna. Eva María Salvador Aspas, Tc

Categorías
Artículos

Escuela amigoniana: “Ve más allá”

La escuela de Amigó, hunde sus raíces en el Evangelio de Jesús, Buena Noticia, que vino preferencialmente para los últimos de la fila, excluidos, puestos a la vera del camino, o como Jesús mismo lo expresa: “Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo…” (cf. Mt 25, 31-46).

Sería atrevido afirmar la originalidad de una propuesta que comienza a construirse a finales del siglo XIX, sin tener en cuenta lo ocurrido en 19 siglos anteriores, y que fue haciéndose en diferentes personas, corrientes y acontecimientos de la historia; una Escuela que nace entre personas consagradas, necesario es admitirlo, cuyo bagaje es la espiritualidad cristiana, porque de ella nace, y concebida en la disciplina de la ascética que regula, da forma, corrige y morigera, para hacer camino hacia la perfección de la mística, como el sueño de la felicidad como el querer de Dios para hombres y mujeres, en especial, para los pequeños del mundo, concebidos en nuestra época como vulnerados, excluidos, víctimas, a quienes les han quitado sus derechos y hasta su voz.

El sueño de la Escuela Amigoniana, toma forma en la vida de un hombre privilegiado de la historia, quien después de vivir en el seno de su familia el dolor materno, unido a las angustias económicas del padre, en la dimensión humano cristiana que bebió en su primer hogar, y luego en la Escuela Franciscana de los frailes Capuchinos, supo levantar vuelo para escuchar a Dios en su proyecto vital y en el proyecto que, concebido en su corazón, involucraba hombres y mujeres consagrados, quienes realizarían la propuesta evangélica, contenida en el mandato testamentario amigoniano: “…Vosotros, mis amados hijos e hijas, a quienes Él ha constituido zagales de su rebaño, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada, hasta devolverla al aprisco del Buen Pastor…” (OCLA 1831).

Cuando Luis Amigó, movido por el Espíritu, funda sus dos congregaciones de Terciarias y Terciarios, sueño que albergó su corazón infantil (Cfr. Autobiografía 8-9) al vivir en su hogar y en la sociedad, necesidades sentidas (Cfr. Autobiografía 6-7) fue el mismo Señor quien lo condujo, para que, en la misión carismática que a ellas lega, deje entrever los sentimientos compasivos experimentados en su familia: “dedicándose con toda solicitud y desvelo al socorro de las necesidades espirituales y corporales de sus prójimos…” (Cfr. OCLA 2293) y “estar más dispuestos a servirles en los ministerios a que en especial se consagra esta congregación como son: la instrucción de adultos y párvulos en las Ciencias y Artes; el servicio de los enfermos, en especial a domicilio, y el régimen y dirección de las cárceles y presidios” (Cfr. OCLA 2361).

La Escuela Amigoniana podría tener como inicio el año 1885, cuando el Padre Luis Amigó, en plena epidemia del cólera, dice en su Autobiografía: “En tan aflictiva situación, y considerando yo lo mucho que debía agradar al Señor el progreso siempre creciente de la Tercera Orden, aumentada hacía poco con la Fundación de la Congregación de Religiosas Terciarias Capuchinas, ofrecí al Señor, para aplacar su justicia y que cesase la epidemia del cólera, redoblar mis esfuerzos y trabajos para dilatar más y más la Venerable Orden Tercera de Penitencia; y al momento, pasó por mi mente, y se me fijó la idea (no sé sí por inspiración divina) de completar la obra con la fundación de una Congregación de Religiosos Terciarios Capuchinos, que se dedicasen a los penados y al cuidado y moralización de los presos” (Cfr. OCLA 83).

“Recién fundada la Congregación de Terciarios, el Obispo de Madrid, pide al Padre Fundador para que sus religiosos se encarguen de la dirección de la Escuela de Reforma Santa Rita, en Madrid, España, de la que tomaron posesión, al final de octubre de 1890… esta casa, ha sido siempre la más importante fundación de la Congregación” (Cfr. OCLA 133).

Santa Rita, escuela para díscolos de la época, unos religiosos inexpertos pero con el corazón lleno de sueños morigerados por la disciplina conventual, son lugar privilegiado para el nacimiento de la Escuela Amigoniana, con un proyecto educativo y pedagógico en donde los nombres de los grupos y las actividades realizadas con los chicos, sintieron la mano y el sueño del amado Fundador y sus primeros religiosos, entre ellos, mérito especial al Beato Domingo María de Alboraya, mártir de la Guerra Civil española de 1936.

La Escuela del aprendizaje-error, tuvo cabida en la capacidad de entrega de los religiosos, adobada con su inexperiencia pedagógica, mezcla del abandono en las manos de Dios y del ejercicio de la férrea disciplina exigida para convertirse en hombres nuevos, como respuesta al llamado del Dios que palpitaba en ellos. Lentamente, con la seguridad de la confianza en Dios, el ejercicio educativo de buena voluntad, la superación personal, la credibilidad en el ser y actuar, que es de Dios, fue naciendo una metodología inicial – un camino – el de la Escuela Amigoniana, construido en las bases iniciales de la ascética y la mística cristiana que hoy, como lo describe la experta pluma del P. Juan Antonio Vives, podría definirse como el sentimiento pedagógico, que confiere un sello de identidad a la acción amigoniana y que gira en torno a estos valores esenciales:

  • “Creer ciegamente en la bondad natural de toda persona, y en consecuencia, esperar contra toda esperanza.
  • El horizonte de la realización personal es la felicidad ligada a la libertad.
  • Conocer a la persona vía el corazón y educar desde la afectuosa cercanía y la cordial dedicación.
  • Querer a cada persona en su individualidad, extremando esta compasión con los desfavorecidos, según la misericordia evangélica.
  • Crear en los grupos educativos ambiente de familia, donde el educador desempeña el rol de padre/madre y hermano mayor.
  • Ser fuerte para mantenerse fiel en la determinación de ser educador.
  • Ser vitalmente consecuente con lo que se transmite, adquiriendo así credibilidad” (Cfr. Historia de la Pedagogía Amigoniana, Juan Antonio Vives, pág. XXXIII).

Fray Marino Martínez Pérez, TC

Categorías
Artículos

Migrantes y refugiados desde nuestra experiencia pastoral

La migración global es un gran desafío para una buena parte del mundo actual y una prioridad para la Iglesia Católica. En palabras y hechos, el Papa Francisco muestra repetidamente su profunda compasión por todos los desplazados: hemos sido testigos de sus encuentros con migrantes y refugiados en las Islas de Lampedusa y Lesbos; de su llamado a que se abracen plenamente: acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, los refugiados y las víctimas de la trata de personas…

En la línea de sinodalidad que vivimos en estos momentos en la Iglesia tenemos un gran reto: hacer un mundo cada vez más inclusivo, caminar todos juntos hacia un nosotros cada vez más grande; recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido.

El futuro de nuestras sociedades es un futuro “lleno de color”, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz.

Mi experiencia pastoral con migrantes y refugiados en España ha sido sobretodo en el campo de la mujer en proyecto de vivienda de acogida y de un trabajo en red con entidades que trabajan en esta línea de la migración (Proyecto Ubuntu “Mujeres Migrantes”).

Surge la necesidad de dar respuesta a la situación precaria de mujeres migrantes que están siendo golpeadas por la devastadora situación social y económica actual, mujeres que llegan como refugiadas para solicitar su asilo, y como estas solicitudes no están siendo aceptadas, pasan a ser migrantes ilegales. Están llegando mujeres por tráfico de personas, por presiones de redes de explotación sexual desde el país de origen…

A estas mujeres se les acoge, ofreciéndoles un apoyo que les impulse para poder llevar un proceso que culmine con la legalización e inserción normalizada en nuestra sociedad. Se les facilita información, orientación y apoyo en la búsqueda activa de empleo u otras ayudas sociales para poder conseguir una vivienda digna. Nuestro trabajo es de acompañamiento, una pastoral de escucha y de cercanía a cada una en sus duras situaciones y realidades personales vividas que provocan esta migración.

El trabajo  es en equipo y/o en red con otras entidades que ofertan programas de inclusión social y que trabajan con migrantes y refugiados. Relación  de las mujeres con grupos de la Parroquia que pueda propiciar conocimiento de la realidad sociocultural y del entorno. Vecinos y entorno más próximo. Comunidades y asociaciones del país de referencia. La participación en el departamento de Migraciones del Obispado, a través de la mesa de Migraciones y Refugiados, donde participan las instituciones que ven la necesidad de unirse para enfrentarse a unas leyes que están vulnerando la dignidad de las personas migrantes, es también un espacio importante, espacio de Iglesia en línea de sinodalidad, caminando juntos en este gran reto de migración global.

A nivel social, la participación en la acción no-violenta internacional en solidaridad con las personas migrantes, como es “El Círculo del Silencio”; se trata de un movimiento interinstitucional, trabajo en red, que considera que la situación en la que viven muchas personas es extremadamente precaria y apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas, para hacer posible una política más respetuosa con la dignidad de las personas. También pretenden ayudar a tomar conciencia, interiorizar y ser un elemento de interpelación a la sociedad sobre la situación de extrema gravedad que muchas personas sufren en Europa como refugiados (www.circulosdelsilencio.es).

Todos tenemos en nuestras retinas las imágenes de refugiados de la guerra en Ucrania. Nosotras, como Terciarias Capuchinas, hemos dado una respuesta de acción pastoral a esta realidad actual a través de nuestras Hermanas en Polonia, una acción pastoral real y viva. Ellas mismas escribían: “En la primera acogida lo importante fue transmitir: no tengas miedo, aquí te ayudaremos, aquí no hay bombas, aquí vas a estar segura y tus hijos también… Acogida y cubrir lo básico… comida, ducha, cama… Y después la escucha de los miedos, lloros, desentendimientos… después de unos meses, la escucha sigue siendo lo más importante en la pastoral… No preguntamos por su fe y no respondemos porque pasa esto… Escuchamos el dolor, las memorias y sobre todo pequeñas dificultades y gozos del día a día y el deseo de volver a la normalidad. Cuando podemos, ayudamos, cuando no podemos, intentamos estar cerca. Nunca juzgar opiniones y pensamiento, sino acoger con el corazón…”

 Nuestro Padre Fundador, ayer y hoy, nos continúa induciendo a dar la vida para llevar la salvación que Cristo nos ofrece a todos sin distinción, poniéndonos en camino con el otro, con los otros, no delante sino al lado de los otros, llevando la misericordia y la compasión que el mundo necesita. El P. Luis Amigó, hombre que supo fiarse de Dios y responder a los signos de los tiempos desde lo concreto de la vida, es referencia también para nosotras Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, a tener los ojos bien abiertos y el corazón encendido, como los discípulos de Emaús. Y tener los ojos abiertos, nos hace tomar conciencia de que estamos viviendo un momento difícil de la historia humana y un momento delicado en la vida de la Iglesia y de la vida religiosa, pero al mismo tiempo, un momento de gracia, porque experimentamos la presencia cercana e incondicional del Dios de la historia que nos mira con ojos misericordiosos y nos conforta. Lo nuestro es ser significativos evangélicamente y no solo eficientes pastoralmente.

Todos estamos llamados a seguir el camino abierto por el Papa Francisco, un camino que se define como «la revolución de la ternura», en el cual nos invita a no tener miedo de globalizar la solidaridad para acoger a los refugiados y a los emigrantes, recordándonos que ellos son «la carne de Cristo».

Hna. Matilde Mena Moreno, Tc

Categorías
Artículos

Compromiso con la creación: Una propuesta de autosostenibilidad

“La vitalidad de la Tierra y el futuro de la especie humana solo estarán garantizados si conseguimos dotarlos de sostenibilidad. De lo contrario, el futuro puede ser muy oscuro” (Boff, L. (2013). La sostenibilidad. Qué es y qué no es).

“No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada”, afirma el Papa Francisco en su carta magna ecológica, Laudato Si, para responder a la acusación de que en nuestra tradición judeo-cristiana, el relato del Génesis que invita a “dominar» la tierra (cf. Gn 1,28), favorece la explotación salvaje de la naturaleza, y presenta una imagen del ser humano dominante y destructivo. Aclara el Papa que ésta no es una correcta interpretación de la Biblia. Hoy debemos leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que ellos nos invitan a “labrar y cuidar” el jardín del mundo (cf. Gn 2,15).

Teniendo en cuenta que “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, y “cuidar” significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar, esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza, en el contexto de la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, según concluye el Papa en la misma Encíclica. Esto genera condiciones para la autosostenibilidad o, en un término de mayor proyección, sostenibilidad, definido en 1987 por las Naciones Unidas, como lo que permite “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades propias”. De este modo, un discurso ecológico va de la mano del discurso social y no podemos pensar en sostenibilidad sin considerar a los más pobres, quienes son los que sufren mayormente las consecuencias del mal manejo ambiental.

Ese es nuestro compromiso con la creación: habitarla como un Oikos, llamada “Casa Común” por el Papa y entrar en alteridad con ella, en el sentido de que siendo “otra”, establecemos relaciones de cuidado y de reciprocidad. Ella nos nutre y sostiene y, a su vez, nosotros la cuidamos y permitimos su restablecimiento, de tal manera que se garantice su perdurabilidad. De igual modo, como obra de la creación, debe ser mirada la humanidad para su dignificación y el bien común, en busca de un desarrollo sostenible.

En la llamada Agenda 2030, las Naciones Unidas, en el año 2015, establecieron 17 objetivos para lograr el desarrollo sostenible (ODS) en el planeta, que abarcan tres dimensiones fundamentales, social, económica y ambiental. Los objetivos priorizan la lucha contra la pobreza y el hambre, la defensa de los derechos humanos, la educación inclusiva y equitativa, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, el cambio hacia patrones de consumo responsables y un crecimiento económico respetuoso con el planeta. Se plantearon con una visión holística y sistémica, ya que en el mundo todo está conectado, para ser aplicados en escenarios locales, regionales, nacionales y globales, incluyendo el compromiso de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, en cada contexto particular.

Como Congregación que le apuesta a dignificar la vida humana en un entorno que es necesario cuidar, hemos sido expresión de algunos de los ODS y hoy de manera especial, tenemos el reto de asumirlos con mayor compromiso evangélico y misionero. Nuestro esfuerzo se ha concretado en seis (6) de los 17 ODS:

Objetivo 1: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. La opción preferencial por los pobres, la cual se expresa con la presencia de nuestra Congregación entre los excluidos y personas más vulnerables de la sociedad.

Objetivo 2: Poner fin al hambre. Hemos contribuido a lograr la seguridad alimentaria y mejorar la nutrición en población en condición de vulnerabilidad, como son los menores, niñas adolescentes, estudiantes y adultos mayores.

Objetivo 3: Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. La promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y atención para el bienestar y la salud, han sido uno de los pilares en la misión evangelizadora.

Objetivo 4: Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. La educación para la vida, clave para salir de la pobreza, ha enarbolado nuestra propuesta evangélica.

Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. En procura de menor discriminación y violencia contra las mujeres, trabajamos en las áreas de Protección, Salud, Educación y Promoción Social.

Objetivo 12: Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles. Nuestro enfoque es educar permanentemente sobre consumo responsable y estilos de vida que no riñan con el cuidado ambiental y que, además, se optimice el uso de los recursos.

Los demás objetivos nos convocan como parte de la creación, para la sostenibilidad en todas sus dimensiones, contando con la solidaridad del mundo. Hagamos lo nuestro con la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos, como reitera el Papa en la Laudato si (202), siendo hijas de Francisco de Asís, patrono de la ecología y de Luis Amigó, el hombre de la ecología integral por su vida armonizada e íntegra, para esforzarnos en acciones que le den autosostenibilidad a la naturaleza y a la vida humana.

HNA. SOR ALICIA VÁSQUEZ, TC y GABBY VÁSQUEZ

Categorías
Artículos

Acompañar en el ocaso de la existencia “Mi experiencia de acompañamiento a mis hermanas mayores y enfermas”

Antes de compartir mi vivencia en relación a este tema, quiero anotar algunos elementos que ayudan a contextualizar mis palabras: Vengo de un país donde está presente una pequeña porción de nuestra querida Congregación, las obras son de carácter misionero y de trabajo en la pastoral parroquial, comunidades con pocas hermanas, por eso, uno de los alicientes de venir a Colombia a la formación o por otros motivos es conocer comunidades con bastantes hermanas y casas con hermanas mayores, de tal modo que planificar un viaje a Medellín siempre incluye la visita y el compartir con nuestras hermanas mayores y enfermas.

Nuestras Constituciones dicen que: “Ellas, han gastado sus energías al servicio de la Congregación y ahora nos animan con su experiencia y testimonio de fidelidad al Señor” (Const. 34). Y así es, las hermanas que llegan a esta comunidad viven una etapa concreta de su vida con características propias: reducción del ritmo de vida, tener más tiempo para las cosas, especialmente la oración que, junto al dolor son la ofrenda cotidiana a Dios y una forma de continuar la misión en el mundo. También sienten impotencia, miedo, dolor, necesidad de escucha, compañía y ayuda de los demás, empiezan a depender. Aunque sabemos que es una etapa de vida normal, no siempre estamos listas para transitarla, nos toma por sorpresa y supone un proceso adaptarse a los cambios.

Llevo 5 meses acompañando a la comunidad “Nuestra Señora de Montiel” en Medellín donde comparto la vida con hermanas mayores y enfermas junto a un grupo de hermanas que formamos el “equipo de apoyo” de la comunidad, somos las encargadas inmediatas de velar por su bienestar.

Si me preguntan ¿Qué significa esta misión para mí? Digo que, como toda misión implica un servicio que acojo con fe y buena disposición; una oportunidad para amar, servir y crecer. Aunque no tenía experiencia de trabajo en esta área, tengo dos claridades que me ayudan, “la misión es con mis hermanas” y “caminamos juntas”; esto es clave para asumir con amor el día a día, que siempre está lleno de novedades y sentir que todas vamos de camino a ritmos distintos, pero juntas como nos pide la sinodalidad. 

 

Algunos aprendizajes para la vida:

1. Vivir la acogida y el respeto. 

En un mundo donde el adulto mayor es excluido, VER a las hermanas como mayores; reconocer que llegaron primero a la Congregación, que han recorrido un camino de seguimiento y de servicio que nosotras continuamos, me ayuda a valorar y respetar a cada una en su propia realidad.

2. Sentir y expresar gratitud. 

Las hermanas que están en la comunidad han gastado su vida y sus energías viviendo su vocación y realizando una misión, no importa si en cargos relevantes o servicios humildes, todas llevan el listón en alto “HE AQUÍ UNA SEGUIDORA DE JESUS, CONSTRUCTORA DE LA CONGREGACIÓN”, es un mérito que nadie puede anular; por tanto, ante su presencia solo gratitud, mucha gratitud para honrar su legado.

3. Contemplar la obra de Dios, acoger una bendición. 

Cada hermana es un SIGNO elocuente de lo que Dios es capaz de hacer en cada ser humano cuando lo toma por su cuenta; a veces, en medio de sus limitaciones no es muy fácil descubrir “la obra que Dios ha hecho en ellas”. Sin embargo, en sus vidas se refleja la fidelidad y misericordia de Dios y su actuar salvador.

4. Admirar lo esencial. 

En la edad adulta se pierden muchas facultades físicas o mentales y es   sorprendente encontrar la esencia de cada hermana. Lo que cultivó durante su vida es lo que permanece, así se puede disfrutar de la alegría, la oración, la disponibilidad, la fortaleza, el servicio activo entre los numerosos dones que Dios colocó en el corazón de ellas.

Es hermoso contemplar algunos detalles de este presente de las hermanas que simplemente llena el corazón de ternura y admiración: el sentido de Dios y su relación con él, ya no con numerosas palabras ni grandes discursos; solo saben estar, son como velitas al pie del sagrario;. Un gran testimonio es que aun en su dolor buscan la comunidad y preguntan, ¿dónde están todas?; dicen, “lléveme donde están todas”; a pesar de que ya no salen de casa persiste en ellas el sentido de ayudar a los otros, especialmente a los pobres, se preocupan por los demás, por quienes las cuidan, crean vínculos y comparten su sabiduría en palabras de ánimo y mensajes que los ayudan a crecer; también es notorio su sentido de pertenencia a la Congregación, preguntan por las hermanas, piden se les repitan los nombres una y otra vez, que les digan por quién hay que orar y, si llegan a estos espacios las jóvenes formandas, les gusta contarles una y otra vez sus historias, ofreciendo la oración y dándoles consejos; son para ellas como la abuela con sus nietos. 

Finalmente, para quien lee este relato, la invitación a valorar a los adultos que están en su entorno; ellos tienen mucho que dar, no perdamos la ocasión para compartir mutuamente cercanía, ternura, compañía y ayuda. 

Hna. Bilma Freire Chamorro,  Tc