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Escuchar con los oídos del corazón

En la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el Vaticano ha hecho público el Mensaje del Santo Padre Francisco para la 56ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año 2022 se anuncia con el título «Escuchar con los oídos del corazón”.

El año pasado reflexionamos sobre la necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a partir de la experiencia de los acontecimientos y del encuentro con las personas. Siguiendo en esta línea, el Papa expresa su deseo ahora de centrar la atención sobre otro verbo, “escuchar”, decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico.

En efecto, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quién tenemos delante, sea en la trama normal de las relaciones cotidianas, sea en los debates sobre los temas más importantes de la vida civil. Al mismo tiempo, la escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana. 

Continuó diciendo Francisco en su mensaje. A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Es un deseo que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político.

El Papa sustento su mensaje de Escuchar con los oídos del corazón, en las páginas bíblicas donde aprendemos que la escucha no sólo posee el significado de una percepción acústica, sino que está esencialmente ligada a la relación dialógica entre Dios y la humanidad. «Shema’ Israel – Escucha, Israel» (Dt 6,4), el íncipit del primer mandamiento de la Torah se propone continuamente en la Biblia, hasta tal punto que san Pablo afirma que «la fe proviene de la escucha» (Rm 10,17). Efectivamente, la iniciativa es de Dios que nos habla, y nosotros respondemos escuchándolo; pero también esta escucha, en el fondo, proviene de su gracia, como sucede al recién nacido que responde a la mirada y a la voz de la mamá y del papá. De los cinco sentidos, parece que el privilegiado por Dios es precisamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por tanto deja al ser humano más libre.

La escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso “inclina el oído” para escucharlo.

Sostiene Francisco que por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.

Para leer el mensaje completo de la 56ª Jornada Mundial podrás acceder desde el siguiente link:

https://www.agenciasic.es/2022/01/24/escuchar-con-los-oidos-del-corazon-mensaje-de-la-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-2022/

Fotografía tomada del Dicasterio para las comunicaciones 

Tomado de : SIC Agencia (Servicio de Información Católica) 

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¡La Alegría de la Navidad!

“Os anuncio una gran alegría para todo el pueblo: hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (cf. Lc 2,10-11)

Lo dijo el Ángel a los pastores y corrieron aprisa a verlo y celebrarlo junto al Niño en el pesebre con María y José y glorificaron a Dios. También los magos de Oriente, al final de su travesía, “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría, y vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron y ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (cf. Mt 2, 10-11).

La Tradición católica, según los países, nos ha transmitido expresiones, signos y costumbres de alegría y regocijo en la celebración de la Navidad. Aquí en España se ha creado una palabra entrañable: Nochebuena, es la cena de familia, algo íntimo y sagrado. Nochebuena es noche de “villancicos” y noche de la Misa de Gallo, a media noche, aunque en algunos lugares y por circunstancias diversas se va adelantando la hora.

Es sorprendente y agradable, constatar que la Navidad, como tiempo de fiesta y alegría, se ha extendido al mundo entero; sea por motivos comerciales o por algo más, las ciudades se llenan de luces y colores y se multiplican las celebraciones en  familia. En una palabra, Navidad es un tiempo amable y festivo en el mundo actual,  pero, quizá para la mayoría, sin conexión con la fe ni el Nacimiento de Jesús.

Para nosotros, creyentes, la Navidad es Jesús mismo. El motivo de nuestra alegría es la contemplación de la Encarnación: Dios entró en nuestra historia para liberarnos de nuestro pecado y hacernos partícipes de la filiación divina. Él colocó su tienda en medio de nosotros para formar parte de nuestras vidas, sanar nuestras heridas y darnos una vida nueva. La alegría es el fruto de esta intervención de la salvación y del amor de Dios en nosotros.

NAVIDAD, TERNURA DE DIOS

Al Hijo de Dios, hecho uno de nosotros, lo vemos bajo la dulzura y debilidad de un niño recién nacido, y además en la suma pobreza, sensible manifestación de la inmensa ternura de Dios. Ha sido san Francisco de Asís quien vivió intensamente esta dimensión: Con preferencia a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. Y era este nombre para él como miel y panal en la boca” (2 Celano 199).

Posteriormente, un seguidor de Francisco, san Buenaventura, escribió en la misma línea y en la espiritualidad medieval de la santa humanidad de Jesús, el opúsculo de Las cinco festividades del Niño Jesús, una de las cuales, la del Santo Nombre de Jesús pasó a la liturgia. Además Francisco, dos años antes de morir, nos deja otro gran testimonio: va a ser Navidad, se encuentra en el pueblo de Greccio, y movido de su gran amor y devoción, representa el Nacimiento de Jesús según los datos evangélicos y con la gente del pueblo: Es el primer Belén viviente, convertido después en tradición cristiana y que es ejemplo visible y palpable de su espiritualidad de la ternura de Dios (cf. 1Cel 84-86).

ALEGRÍA PARA TODOS: Encuentro y Compartir

En el mensaje del ángel se nos dice que esa alegría anunciada es para todo el pueblo, es decir, la alegría de Navidad implica ENCUENTRO, comunicación, gozo compartido, celebración;  no hay fiesta en soledad, la fiesta requiere encuentro de personas para  compartir la vida y compartir los bienes como intercambio de dones.

La Navidad del pobre

Pero, particularmente, en razón de nuestra fe, del amor y la justicia, la alegría ha de llegar a los más pobres y  necesitados gracias al compartir generoso de todos con lo que cada uno tiene. Es lo que se hace en todas las Parroquias e Instituciones,  “la Navidad del pobre” para que la alegría llegue a todos. Esta es también la sensibilidad de san Francisco: “Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. ‘Si llegare a hablar con el emperador -dijo-, le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia’” (2 Celano 200). ¡Poesía y mística, sí, que aterriza en acciones concretas!

Y la alegría de la fraternidad

En la sociedad civil, además de los encuentros de familia,  van siendo comunes otros encuentros a nivel de miembros de organizaciones, trabajo… Y es que Navidad es una invitación al encuentro festivo. Como creyentes sería muy positivo preparar esas reuniones en comunidades religiosas, grupos, etc. ¿Cómo queremos vivir espiritual y festivamente este tiempo tan íntimo y tan bonito? Con las diferentes iniciativas, nos podemos llevar muy gratas sorpresas: villancicos, belenes, adornos, visitas… Será muy hermoso vivir nuestra Navidad con San José y la Virgen María en el Portal de Belén. ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

 ¡Aclamad al Señor con gritos de júbilo porque envió a su amado Hijo de lo alto y nació de la bienaventurada Virgen santa María y fue puesto en un pesebre porque no tenía lugar en la posada. Gloria al Señor Dios en las alturas  y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad! (San Francisco de Asís – cf. OfP Salmo XV).

HNA. Mª ELENA ECHAVARREN SORBET, TC

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La Navidad en Polonia y en Alemania

Celebrar la Navidad en Polonia es algo mágico. Compartiré simplemente unas pinceladas de este tiempo tan especial. El ambiento navideño en Polonia se comienza a percibir ya en el Adviento con las misas antes del amanecer llamadas “roraty”. Su nombre proviene de un canto litúrgico en latín que inicia con las palabras “Rorate caeli desuper”, que significan “desciendan los cielos de lo alto”. Las personas que participan en “roraty”, sobre todo los niños, traen a la misa sus faroles e iluminan la Iglesia oscurecida. La Nochebuena es el momento culminativo de las fiestas polacas. La cena navideña comienza al aparecer en el cielo la primera estrella, que recuerda la Estrella de Belén que conducía hasta el Niño Jesús recién nacido. La cena empieza con la oración y la lectura del Evangelio de Lucas sobre el nacimiento de Jesús. Después todos comparten “oplatek” (es un pan blanco, de fina consistencia, preparado como hostia), intercambiando los deseos de Navidad. Es un símbolo de reconciliación y perdón.  En todas las casas en Polonia es muy común que en la mesa se encuentre un lugar vacío, o sea una silla vacía, pero con plato y cubiertos. Se acostumbra a hacer esto para poder recibir a alguna persona inesperada. Además, debajo del mantel se deja un pedazo de heno. Es una manera de simbolizar el nacimiento de Jesús que fue en un pesebre. El menú de la cena navideña se compone de doce platos entre los que reina la sopa de remolacha con “uszka” (pequeñas empanadillas rellenas de setas) y carpa. Después de la cena se disfruta del momento en el que se cantan los villancicos (en Polonia hay más de cincuenta de ellos) y se abren los regalos. A media noche, las familias se dirigen a las Iglesias para participar en una Eucaristía solemne llamada “Pasterka” y adorar al Niño Jesús.  

HNA. GOSIA SKIBA, TC

Compartir “oplatek”

También en Alemania, ya el tiempo de Adviento está lleno de tradiciones y símbolos. Las ciudades y las calles, como muchas ventanas de las casas se alumbran con los adornos de luces. En los cascos antiguos de las ciudades se encuentran los mercadillos de Navidad. Por las noches, las familias suelen encender la corona de Adviento. Alrededor de ella se canta, se lee alguna historia, se juega, se pinta, se ora… También el calendario de Adviento resulta ser una ayuda, especialmente para los niños, a fin de esperar y preparar el corazón a la Navidad. Es un cuadro con 24 ventanitas, donde cada día se abre una y detrás de ella, se esconde algún dulce, un cuento, una propuesta a realizar… Desde hace 15 años, en muchas parroquias cristianas se realiza un «Calendario de Adviento viviente»: 24 familias, instituciones u organizaciones adornan una ventana de su casa. Por la noche los vecinos, los feligreses u otras personas se reunen delante de esta casa, cuya ventana está iluminada, y allí se lee algún cuento, se canta un canto de Adviento y al final se toma un vino o zumo caliente y se come algún dulce, galletas o el «Christstollen», el pastel típico de Navidad, anteriormente hecho en casa. La Noche Buena sigue siendo también para los alemanes la fiesta más importante, una fiesta de encuentros, de unión, donde la familia se junta, celebra alrededor de una comida especial, intercambia los regalos debajo del árbol de Navidad y canta villancicos… pero no existe ya una única tradición, sino que cada familia tiene su propia “tradición». Aunque eso sí, hay un villancico alemán que no puede faltar en el repertorio de todas las familias alemanas. Ese villancico eleva el corazón, y expresa de manera muy profunda el secreto de la Noche Buena: Stille Nacht, Heilige Nacht… (Noche de Paz).

HNA. URSULA LEUFFEN, TC

Foto de un calendario de Adviento viviente

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La Navidad en Filipinas

A los filipinos les encanta divertirse y celebrar y la Navidad en Filipinas es la celebración navideña más larga del mundo. Da comienzo a partir  del día 1 de septiembre, inicio de los meses «bre» hasta la Fiesta del Santo Niño. «Bre Months» significa que se acerca la Navidad. Se puede percibir en las decoraciones y canciones en los parques, calles, casas, centros comerciales, hospitales, escuelas, autobuses, jeepneys, taxis y otros lugares públicos.

Filipinas tiene muchas costumbres y tradiciones y la más significativa y hermosa es la Navidad, tiempo para estar con la familia y los seres queridos. Tiempo de acción de gracias, reconciliación y celebración de la vida y el amor en la familia. Tiempo en el que los miembros de la familia que están fuera del país vuelven a casa para estar con sus seres queridos. Y a aquellos a quienes no les es posible por alguna razón, siempre añoran y extrañan estar en casa durante la Navidad en Filipinas.

Como dicen, «¡ES MÁS DIVERTIDO EN FILIPINAS!». Pero no es solo la «diversión», sino también el ambiente, la risa y la alegría de la gente que se comparte a pesar de muchas situaciones negativas, pobreza, hambre, desastres o calamidades naturales, etc. En Filipinas, especialmente durante la Navidad, hay una “pandemia” de compartir, amar y cuidarse mutuamente. Se organizan muchas actividades y programas de ayuda alimenticia en favor de orfanatos y otros grupos en necesidad. Junto a esto hay también mucha diversión.

Por último, uno de los platos fuertes de la Navidad es el «SIMBANG GABI», palabra en tagalog que significa «Misa en la noche» o «MISA DE GALLO» («Misa al amanecer»). Es una celebración eucarística de nueve días antes de la Nochebuena, en honor a la Santísima Virgen María que llevó a Jesús en su vientre durante nueve meses. En esta celebración, la mayoría de las personas que participan en ella creen que una vez completados íntegramente los nueve días de misa, sus «necesidades o los deseos de su corazón” les serán concedidos por Dios. De hecho, incluso la pandemia de Covid-19 no impidió que la gente asistiera a esta celebración. A pesar de las restricciones implementadas, todavía mucha gente, llena de una gran esperanza y fe inundó las iglesias. Esto de alguna manera muestra la resiliencia del pueblo filipino ante la adversidad, seguros de que por muy difíciles o desesperadas que sean las circunstancias, siempre existe esa luz que irradia en el corazón de cada persona, la luz que es Cristo mismo, el Dios hecho carne, y que habita entre nosotros, nuestra «Star ng Pasko» o la «Luz de la Navidad» que brilla en cada hogar, cada persona y cada familia o comunidad, incluso en tiempos de sufrimiento, dolor y pobreza.

A pesar de la realidad de la globalización y la modernización, la Navidad para los filipinos, tanto aquí en el país como en el extranjero es una «Navidad en nuestros corazones» como dice el título de la famosa canción de José Mari Chan, que se toca habitualmente el día 1 de septiembre. Su letra tiene un significado profundo y me gustaría subrayar algunos versos: «Dejemos que Él nos guíe, mientras comienza otro Año Nuevo, y que el espíritu de la Navidad, esté siempre en nuestros corazones …» Creo que la mayoría de los filipinos guardan esta súplica en sus corazones, especialmente aquellos que creen en Dios, más allá de la religión que profesen o de cualquier situación que estén experimentando en sus vidas. Espero y oro para que al celebrar esta Navidad, sea Jesús en el pesebre lo que recordemos, y que su presencia en nuestros corazones y en nuestras vidas sea lo que compartamos con los demás, especialmente con nuestros seres queridos, nuestras hermanas en la comunidad y con las personas que encontramos en la misión.

HNA. FRANCES LARAINE ANDRADE, TC  

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La Navidad en Colombia

Colombia es un país suramericano enriquecido con una cultura que es el resultado de la mezcla de europeos, de modo especial españoles, también de los pueblos indígenas y esclavos africanos.

Por esta razón la celebración de la Navidad tiene sus raíces en esta identidad cultural que la hacen única, manteniendo vivas las sólidas tradiciones católicas heredadas. En Colombia, ésta es la mejor época del año, oportunidad para el encuentro, la celebración y el regocijo familiar. Desde el mes de octubre se inician los preparativos en cuanto al ambiente, decoración de los hogares y espacios comunes en cada vereda, pueblo y ciudad; abundan en este quehacer, los colores, las luces, los alumbrados navideños, reconocidos mundialmente por su creatividad, vistosidad y belleza. Toda la preparación y las festividades se enrutan hacia el día 24 de diciembre, fecha en la que se celebra la gran noche del nacimiento del Niño Jesús.

Oficialmente las fiestas tienen su apertura el 7 de diciembre con la tradicional noche de las velitas; es la costumbre de encender velas en las calles, balcones y puertas de las casas, gesto para honrar la Inmaculada Concepción de María en las vísperas de su solemnidad; también se encienden los alumbrados y se da comienzo a los encuentros familiares y caminatas por las calles embellecidas con las luces.

Luego se da paso a la construcción del pesebre, que recrea a través de imágenes, el nacimiento de Jesús. Aquí cobran gran protagonismo San José, la Virgen María, el Niño Jesús, la mula y el buey; es una tarea familiar, así como lo es también la elaboración del árbol navideño decorado bellamente con bolas de colores, moños y guirnaldas. Estas actividades navideñas son oportunas para apreciar la originalidad, amor y creatividad que se derrochan.

A partir del 16 de diciembre y hasta la noche del 24, las familias se reúnen en torno al pesebre para rezar la novena de aguinaldos y cantar villancicos. Aquí los niños tienen su mayor participación haciendo gala de gran alegría y dejando fluir sus sueños y expectativas en torno a la gran celebración de la Natividad. Es una devoción católica que une a las familias y hoy se extiende al entorno social.

Llegada la “nochebuena”, se celebra el último día de la novena, precedida por el compartir de la cena navideña, preparada con las delicias típicas para esta fecha de acuerdo con las costumbres regionales, siendo un plato común los buñuelos, la natilla y los postres, entre otros. Luego se comparten los regalos “dejados por el Niño Jesús” para todos los que con fe y esperanza conmemoran este bello y familiar acontecimiento de la Navidad.

La fiesta se prolonga hasta el 25 de diciembre, solemnidad de la Natividad del Señor. Es un día para disfrutar los regalos, dando continuidad a los cantos, los bailes y reuniones imbuidas de la alegría y espíritu navideño.

Las celebraciones navideñas en Colombia finalizan el 31 de diciembre con la despedida del año viejo y bienvenida del año nuevo. Se reanudan las reuniones familiares, la cena, el brindis, las felicitaciones y celebraciones festivas hasta el amanecer. Para un gran número de católicos es de vital importancia la participación en la celebración de la Eucaristía de media noche, tanto en este día como en la noche del 24, adelantada en la mayoría de los casos acorde con la realidad y necesidades familiares.

Litúrgicamente, la Navidad culmina con la celebración de la solemnidad de la Epifanía del Señor, o como se le denomina comúnmente, la adoración de los Reyes Magos, cuya relevancia festiva en el caso de Colombia a nivel general, no es tan ponderante, aunque sí lo es para la Iglesia católica.

HNA. BLANCA NIDIA BEDOYA SALAZAR, TC

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“Nuestro Padre Luis en sus cartas”

Acogiendo la petición de muchas hermanas de la Congregación de seguir profundizando en la persona de nuestro Padre Fundador y en nuestras fuentes carismáticas, el Equipo congregacional de formación organizó un curso de formación online en cuatro sesiones, durante los meses de octubre (días 9 y 23) y noviembre 2021 (días 6 y 20). Las ponencias han estado a cargo de nuestra Hna. Isabel Valdizán Valledor, desarrollando el tema: “Nuestro Padre Luis en sus Cartas”.

En la primera sesión, Hna. Isabel nos ayudó a situar las Cartas dentro del conjunto de las Obras Completas de Luis Amigó (OCLA) y seguidamente nos explicó que en este curso no íbamos a realizar una lectura crítica ni histórica y menos curiosa de las Cartas, sino que se trataba de acercarse a la persona del Padre Luis a través de ellas, escuchando especialmente lo que nos dijo a las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. A continuación, presentó algunos aspectos generales, la temática y distribución, las Cartas que dirige a las Hermanas y algunos mensajes importantes que encontramos en las mismas, concluyendo que avanzar en el conocimiento del Padre Luis nos lleva a profundizar más y más en nuestra propia forma de vida y carisma.

En la sesión del 23 de octubre, Hna. Isabel presentó al Padre Luis Amigó desde unos núcleos que desde el inicio atraían la atención: una vida entregada; joven fraile amante de su vocación capuchina, recto y transparente, libre y capaz de expresar la realidad; un hombre colmado de trajines y responsabilidades, teniendo claro que “primero Dios” por encima de todo, en disponibilidad y obediencia, buscando en todo momento la voluntad de Dios; un Provincial capuchino, hermano de sus hermanos hasta el fondo…

Avanzando en el curso, la tercera sesión empezó subrayando lo que “Nuestro Padre Luis” quería de nosotras, para nosotras, cuáles eran sus consejos y aclaraciones sobre nuestra vida, sus criterios. Seguidamente Hna. Isabel recordó que de todas las Cartas del Padre Luis, solo 33 están dirigidas a las Hermanas y principalmente a hermanas que estaban en América, puesto que él nunca pudo viajar hasta allí. El Padre Luis está interesado por cada hermana, por el bien de todas, por la comunión fraterna y congregacional, por la formación de las jóvenes… también porque vayan ubicándose las hermanas en poblaciones y lugares favorables para que la Congregación crezca… Existen además otras Cartas dirigidas a diversas personas, pero con asuntos referidos a las Hermanas. Por otra parte, la ponente abordó algunos temas importantes que el Padre Luis repite una y otra vez, asuntos que le preocupaban y que se fueron retomando al hilo de las situaciones concretas de la vida. Una llamada también a vivir en fidelidad, en “crecimiento y transformación”, siguiendo el modelo que el Señor nos presenta en Francisco de Asís.

 La última sesión del 20 de noviembre, llevaba por título: “En la vida de cada día”, dos cuestiones:  “El buen gobierno de las comunidades” y  “La cruz resucitadora” que Hna. Isabel nos fue presentando con un lenguaje ágil y motivador: los hilos fuertes con los que el Padre Luis va tejiendo la vida, la organización de sus comunidades siendo Ministro provincial, las orientaciones y consejos a las Hermanas, saber recuperarse de situaciones complicadas, afrontar las dificultades, algo más que una buena “psicología” o una “oportunidad”, encontrar sentido al sufrimiento y a la cruz, saberse en las manos de Dios…

El curso ha tenido una gran aceptación, siendo muy valorado por todas las hermanas y dejando una sensación de querer más…, por lo que en respuesta nuevamente a las sugerencias recibidas, se ha decidido convocar una segunda parte para el mes de febrero de 2022 en el que se abordará el tema “Nuestro Padre Luis en sus Exhortaciones pastorales”.

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50 aniversario del Sínodo de los Obispos: “La justicia en el mundo” 30 de noviembre de 1971 – 2021

El Sínodo es una institución u organismo de la Iglesia nacido del Concilio Vaticano II. Fue instituido por el Papa Pablo VI, que anunció su creación el 15 de septiembre de 1965. Hasta el momento, y desde 1967 que tuvo lugar el primer Sínodo, en la Iglesia se han realizado 29 Sínodos de los obispos, todos en el Vaticano.

El 30 de noviembre 2021 celebramos los cincuenta años del segundo Sínodo de los obispos, realizado en el año 1971. El Papa Pablo VI, en la audiencia general del 24 de noviembre de 1971, ordenó que se hicieran públicos los dos documentos aprobados por la Segunda Asamblea General del Sínodo de los Obispos, sobre los temas tratados en el mismo: «El sacerdocio ministerial» y “La Justicia en el mundo».

El documento “La justicia en el mundo”, presenta, con una mirada crítica, la realidad del mundo en tiempos del Concilio Vaticano II, y afirma: “Hemos podido percatarnos de las graves injusticias que envuelven el mundo humano con una red de dominios, de opresiones y de abusos que sofocan la libertad e impiden a la mayor parte del género humano participar en la edificación y en el disfrute de un mundo más igual y más fraterno”.

Por otro lado, reconoce el aporte de quienes son dóciles a la acción del Espíritu y siembran esperanza, comprometidos por un mundo mejor: “No faltan hechos que constituyen una contribución a la promoción de la justicia. Nace en los grupos humanos y en los mismos pueblos una conciencia nueva que los sacude contra la resignación al fatalismo y los impulsa a su liberación y a la responsabilidad de su propia suerte. Aparecen movimientos humanos que reflejan la esperanza de un mundo mejor y la voluntad de cambiar todo aquello que ya no se puede tolerar”.

El documento urge a la Iglesia a realizar su misión: “Escuchando el clamor de quienes sufren violencia y se ven oprimidos por sistemas y mecanismos injustos; y escuchando también los interrogantes de un mundo que con su perversidad contradice el plan del Creador, tenemos conciencia unánime de la vocación de la Iglesia a estar presente en el corazón del mundo predicando la Buena Nueva a los pobres, la liberación a los oprimidos y la alegría a los afligidos”.

Está organizado en cuatro partes. La primera, la justicia social y la sociedad mundial, con cuatro apartados: la crisis de solidaridad universal, el derecho al desarrollo, injusticia sin voz y la necesidad del diálogo.

La segunda parte del documento, el anuncio del Evangelio y la misión de la Iglesia, se presenta en dos apartados: la justicia salvífica de Dios por Cristo y la misión de la Iglesia, de la jerarquía y de los cristianos.

La tercera parte, la práctica de la justicia, presenta seis apartados: el  testimonio de la Iglesia, la educación para la justicia, la cooperación entre las Iglesias locales, la colaboración ecuménica, la acción internacional y termina expresando brevemente los deseos del Sínodo.

La cuarta parte anima con una palabra de esperanza:  “La transformación radical del mundo en la Pascua del Señor da pleno sentido a los esfuerzos de los hombres y particularmente de los jóvenes por la disminución de la injusticia, de la violencia y del odio, y por el progreso conjunto de todos en la justicia, la libertad, la paternidad y el amor”.

Celebremos el aniversario del Sínodo “La justicia en el mundo”, divulgando el contenido de este documento tan actual para nuestro tiempo.     

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25 años del martirio de los monjes de Tibhirine

Los días 3 y 4 de diciembre de 2021, en el Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, de Roma, se ha celebrado un “Coloquio por el 25 aniversario del martirio de los 7 hermanos”, para reflexionar sobre la herencia espiritual de los siete monjes trapenses martirizados en Argelia.

Fue en mayo de 1996 cuando tuvo lugar la muerte de los siete hermanos de Tibhirine, tras semanas de secuestro. Beatificados en Orán con otros doce mártires de Argelia, su experiencia de vida y entrega ofrece, a través de sus escritos, iluminados por los testimonios de quienes los conocieron, una fuente viva para la Teología y la espiritualidad de hoy.

Tras el encuentro de París (2018) y el coloquio de Friburgo (2019), este coloquio internacional con motivo de los 25 años del martirio, ha querido recoger los testimonios de quienes los conocieron y las aportaciones de quienes hoy reciben de ellos inspiración teológica, espiritual y pastoral.

Con un primer día reservado a los estudiantes del Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, este encuentro quiere sensibilizar sobre este patrimonio espiritual y estimular el trabajo a nivel universitario. La segunda jornada, abierta a un público más amplio, tiene como objetivo dar a conocer la experiencia vivida por estos monjes y contribuir a la difusión de su mensaje mediante la próxima publicación de sus escritos en italiano.

Organizado por la “Association pour la protection des écrits des sept de l’Atlas” y el “Comité scientifique des Écrits de Tibhirine”, en colaboración con el Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, el Anselmianum, y con la ayuda económica de la Fondation des Monastères, el coloquio se ha articulado bajo el patrocinio del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.

(Fuente: OMPRESS-ROMA)

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Día de los muertos en la cultura mexicana

Los  recuerdos vividos en mi hogar son como  gotas de agua  que  refrescan mi vida diaria. La celebración  del “día de  muertos” o “todosantos” como le decían mis  abuelos era una  celebración-fiesta que esperábamos con mucha  alegría. Desde el mes de enero o febrero escuchábamos al abuelo o papá  decir “ese cerdo”  (marrano, cochino, chancho) es para los difuntitos y todo el año se engordaba hasta llegar la  fecha del 31 de octubre cuando se  mataba el animal y entorno a  este ritual todo era  alegría, encuentro, compartir; con la  carne  del cerdo se preparaban los  tamales para el altar o para llevar al panteón (cementerio).

En Tabasco que es mi tierra, situada al sur de  México, se  hacen dulces de papaya y pozol que es una bebida  de  maíz  con cacao, para regalar  a las  familias y vecinos  más cercanos y, por supuesto,  para poner  en el altar. Recuerdo que nosotros  los más pequeños, limpiábamos las hojas de plátano para los tamales y hacíamos los floreros  con  botes de  vidrio; las  flores eran las que  el campo daba en ese tiempo y algunas otras del jardín de mamá. La  flor de cempasúchil la hacíamos  con papel  crepe y mis  tíos  picaban el papel china con dibujos de calavera con  el que decorábamos. La ofrenda o altar de mi casa lo presidía  una imagen  grande de la Virgen del Carmen que teníamos junto con una  imagen de un Cristo de madera y la foto de nuestros  difuntos.  Mi abuelo decía “a tu  abuela  le  gustaba  esto”  y eso era lo que poníamos en  el altar de muerto, “su comida preferida”.

Además  de los alimentos  que poníamos se colocaba sal, un vaso con agua y sahumerio con copal (incienso) y por supuesto las espermas (velitas o cirios). Todo esto se hacía  entre el  31 de octubre y 1 de noviembre, ya  que según nuestras  costumbres se creía que  los  difuntos  empezaban a llegar  desde las 3 de la  tarde, según la muerte que hubieran tenido.

En nuestra casa  esperábamos  hasta  las  10 de la noche del día  primero y en  ese  tiempo se recordaba a los  que murieron. Mi abuelo platicaba sobre lo que hacían y les  gustaba  a los que  se nos adelantaron, recordábamos hasta los tatarabuelos y todo los  nombres de personas  conocidas. En esa hora  encendíamos las  velas, una por cada  difunto y una  por  el ánima  sola;  mamá  dirigía  el rosario y todos rezábamos y  cantábamos: “Salgan, salgan, salgan, ánimas  de pena  que el rosario santo  rompa  sus  cadenas…”. Al terminar el rosario  conscientes  de que  ya estaban con nosotros,  comíamos tamales  con café y aguardiente.

El día  2 de noviembre  nos íbamos todos  al cementerio donde  estaba enterrada la  mamá  de mi papá y  visitábamos otro  donde  estaban los papás de mi mamá.  Allí  rezábamos el rosario y  si nos encontrábamos con los otros  familiares  compartíamos  los  tamales. Este  día  no se  trabaja,  pues la tradición dice  que si se trabaja, se espanta a los difuntos. Todo el mes  de  noviembre rezábamos el rosario quemando  velitas  y  mamá nos decía  que no podíamos  acostarnos después  de las  12 de la noche porque  las  animitas  nos iban a llevar… y así crecimos.

Ahora el altar de  muertos de mi casa familiar ya tiene más fotos pero sigue  siendo  la  misma  tradición aunque con un sentido más religioso;  recordar  a nuestros  seres  queridos con gratitud llena nuestro corazón de amor hacia  ellos y no  podemos  evitar  que  quizás alguna  lágrima  ruede por nuestras  mejillas.

Pero también  les  quiero  contar que  el origen de  esta  tradición mexicana se remonta a la época prehispánica.

Esta fiesta es  una  de las más importantes del pueblo mexicano, es un día muy especial pues celebramos de forma muy particular lo que consideramos la visita anual de los espíritus de nuestros seres queridos fallecidos. 

Esta  tradición prehispánica según  los historiadores, dice que  los mexicas tenían varios periodos a lo largo del año para celebrar a sus muertos, los más importantes se realizaban al terminar las cosechas, en el mes de agosto, y se creía  que  cuando alguien moría iba a un lugar de abandono, de tristeza donde  se está perdiendo la memoria y donde nunca comían nada; solamente en el mes  de  agosto, mes de las  cosechas, en la primera parte del mes, se permitía a los niños que  vinieran a comer con sus  familiares y la segunda parte del mes, los adultos.

La sociedad azteca creía que la vida continuaba aun en el más allá, por eso consideraba la existencia de cuatro “destinos” para las personas, según la forma de morir. El más  común era  El Mictlán, lugar al que iban la mayoría de los muertos. 

Con la llegada de los españoles, el Día de Muertos no desapareció por completo, como otras fiestas religiosas mexicas. Los evangelizadores descubrieron que había una coincidencia de fechas entre la celebración prehispánica de los muertos con el día de Todos los Santos, dedicado a la memoria de los santos que murieron en nombre de Cristo.

Recordemos que la fiesta de Todos los Santos inició en Europa en el siglo XIII y durante esta fecha las reliquias de los mártires católicos eran exhibidas para recibir culto por parte del pueblo. También había una sincronía con la celebración de los fieles difuntos, realizada justo un día después de Todos los Santos. Fue en el siglo XIV cuando la jerarquía católica incluyó en su calendario dicha fiesta y esto se aprovechó en  México. Fue así como el Día de Muertos se redujo a tan solo dos días, el 1 y 2 de noviembre.

Las costumbres prehispánicas que  existían aún a la llegada  de los Europeos consistían en incinerar a los muertos o enterrarlos en el hogar; éstas fueron eliminadas y los cadáveres empezaron a depositarse en las iglesias (los ricos adentro y los pobres en el atrio). Se adoptaron algunas  costumbres, como el consumir postres con forma de huesos que derivaron en el popular pan de muerto y las calaveritas de azúcar.

También comenzó la costumbre de poner un altar con veladoras o cirios; de esta forma los familiares rezaban por el alma del difunto para que llegara al cielo. De igual manera, se hizo tradicional la visita a los cementerios, los cuales fueron creados hacia finales del siglo XVIII, como una forma de prevenir enfermedades, construyéndolos a las afueras de las ciudades.

Actualmente esta tradición, como mencionaba, es  una de las más  importantes del pueblo mexicano con un sentido espiritual, que ha crecido más considerando los tres estados de la  Iglesia; de esta  forma hacemos  comunión, ya que  al mismo altar  de muerto  u  ofrenda, se le da otro sentido cristiano. Los  católicos ponemos una ofrenda en homenaje a nuestros hermanos  difuntos y familiares  y los elementos más comunes son el agua, que nos recuerda  el  bautismo; las velas, como signo del Cristo resucitado; el retrato de la persona fallecida, expresando que  sigue  viviendo en nuestra mente y corazón y el pan de muerto, las flores de cempasúchil, calaveritas de azúcar y chocolate, incienso, papel picado, y platillos que los difuntos disfrutaban en vida  son parte  de  nuestra celebración sin caer en el sincretismo. Todo lo hacemos como recuerdo de quienes ya nos han dejado, pero lo peculiar es que  todo  lo que usamos  en la ofrenda  toma  sentido  cristiano.

HNA. MARCELA CUNDAFÉ CRUZ, TC

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«A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7)

 “Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen los muros de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios”.

(San Pablo VI en la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, el 29 de septiembre de 1963)

Al final del Jubileo de la Misericordia, en el año 2017, el Papa Francisco instituyó, el Domingo XXXIII del tiempo ordinario, la Jornada Mundial de los Pobres, con el fin de “que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados”.

En cada Jornada el Papa nos ha ido regalando una palabra de la Escritura que nos ilumina y ayuda a ser compasivos frente al sufrimiento de nuestros hermanos. Resalto aquí algunas partes de los cinco mensajes. En la I Jornada, con el texto bíblico: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,18), nos invitó a la coherencia de vida. Insistió en que “el amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo, especialmente cuando se trata de amar a los pobres”.

Fue muy significativo para la Familia Terciaria Capuchina que, como en varios de sus escritos, en la I Jornada Mundial de los Pobres, el Papa presentara a san Francisco de Asís como referente de amor a los pobres por su coherencia de vida. En esta ocasión dijo de él: “Mantuvo los ojos fijos en Cristo, por eso fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres…”, citando Test 1-3;  y subrayó que el testimonio de  Francisco de Asís muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

Con el texto bíblico de la II Jornada «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (cf. Sal 34,7), el Papa resaltó que Dios “escucha”, “responde” y “libera” al pobre a través de nosotros. “La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación”. También, con este mensaje hizo un fuerte cuestionamiento: “¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? ¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no consigue llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles?”.

En la III Jornada toma nuevamente un salmo: «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (cf. Sal 9,19). El Papa, con realismo y con el profetismo que lo caracteriza, denuncia las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos hoy millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños. Insiste sobre todo en las personas que han tenido que abandonar su tierra: “¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?”.

También hizo referencia a la estigmatización que, como una cruz, en todos los tiempos y lugares,  tienen que cargar los pobres sobres sus vidas: “Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres”. Y nuevamente coloca a Jesús como pobre y con los pobres:  “Ante esta multitud innumerable de indigentes, Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio y atenuar la revelación”.

En la IV Jornada “Tiende tu mano al pobre” (cf. Si 7,32), el Papa insistió en que “la comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad. Recordar a todos el gran valor del bien común es para el pueblo cristiano un compromiso de vida, que se realiza en el intento de no olvidar a ninguno de aquellos cuya humanidad es violada en las necesidades fundamentales”.

Y este año, en la V Jornada, el Papa Francisco toma un texto evangélico polémico: «Porque pobres tendréis siempre con vosotros» (cf. Mc 14,7). Hay quienes, tal vez, para evadir el compromiso con los pobres y lo que es más grave para justificar la pobreza, dicen: Si Jesús aseguró “Pobres tendréis siempre con vosotros”, si es una realidad que siempre estarán con nosotros, no tendríamos que preocuparnos por ellos… siempre estarán, es una realidad que no se puede superar…

La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume, unos trescientos denarios, equivalentes al salario anual de un obrero, pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?” No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos.

Jesús dijo: “¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo” (Mc 14,6). Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación.

Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio. “No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del señor y su reino (cf. Mt 5,3)”.

Hermanas y hermanos, como Familia Terciaria Capuchina, ¿estamos listos para acoger la llamada concreta y urgente del Señor, a través del Papa Francisco en la V Jornada Mundial de los Pobres? ¿Ya estamos respondiendo?: “No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida… Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón”.

HNA. LILIA CELINA BARRERA RAMÍREZ, TC