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11 de Mayo: Hacer memoria y renovar la vida

El 11 de mayo de 1885 en el Santuario “Nuestra Señora de Montiel” (Valencia-España), un pequeño grupo de mujeres se comprometía a vivir la Forma de vida plasmada por el joven capuchino, Padre Luis de Massamagrell y, así, nacía en la Iglesia la Familia religiosa de las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.

Desde entonces, en esta fecha y cada año, las Hermanas hacemos memoria de este acontecimiento y lo celebramos con gozo porque lo que ocurrió en ese día, se ha propagado en el tiempo.

La fundación de una Congregación religiosa es algo parecido al nacimiento de un niño que requiere una paciente espera y cuidado por parte de quien le dará a luz y, en realidad, sabemos muy bien cómo el Padre Luis Amigó preparó este momento, no tanto siguiendo sus sueños y proyectos personales, sino manteniéndose atento a los signos que el Señor le enviaba en la cotidianidad de su ministerio que discernía en la oración. 

Celebrar el 11 de mayo, es como celebrar un cumpleaños que une a todas las Hermanas, pero no puede quedarse solo en una fiesta en la que recordamos con emoción los comienzos de nuestra historia y agradecemos al Señor lo que hemos vivido y los testimonios de vida que la historia congregacional nos ha dejado, sino un momento en que reafirmamos nuestro compromiso personal y comunitario para que esta historia continúe y las Hermanas sigamos recorriendo los caminos del mundo, reflejando fielmente con nuestra vida la luz del Carisma recibido del Padre Luis Amigó.

Indudablemente, la renovación comunitaria de la Profesión religiosa que hacemos en este día, expresa nuestro empeño de fidelidad a nuestro compromiso pero, a la vez, nos exige “renovarnos”. El tiempo y nuestras vidas siguen su curso, presentándonos continuamente nuevos retos, por lo que renovar nuestros Votos, no significa únicamente reafirmar lo que prometimos hace unos años, sino comprometernos a dar un nuevo sentido a nuestra respuesta vocacional y hacerlo desde la experiencia vivida, sabiendo que Aquel que un día nos llamó, no retractará su promesa (cf. 2Pe 3,9) y, como el Resucitado, estará con nosotras en los momentos de luz y en aquellos de oscuridad, sosteniéndonos en el camino y dando paz a nuestro corazón.  

Las Florecillas cuentan que, durante el Capítulo de las Esteras, el hermano Francesco se dirigió a más de cinco mil frailes allá reunidos y les dijo: “Hijos míos, grandes cosas hemos prometido, pero mucho mayores son las que Dios nos ha prometido a nosotros; mantengamos lo que nosotros hemos prometido y esperemos con certeza lo que Él nos ha prometido” (cf. Flor. XVIII). Que estas palabras del seráfico Padre san Francisco aporten un toque más de alegría y esperanza a nuestra fiesta y la bendición del Padre Luis, humilde protagonista de aquel 11 de mayo en Montiel, siga acompañando nuestro camino personal y como fraternidad de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia.

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Día de la madre

A lo largo del mes de mayo, se celebra en muchos países del mundo la fiesta de la madre. El origen de esta fiesta se remonta a un pasado lejano, encontrando ya en la historia de antiguas civilizaciones paganas y monoteístas, signos de fiestas en honor de la madre. Es significativo que en la mayoría de los lugares esta fiesta se celebre en este mes en el cual, en el hemisferio norte del planeta, coincide con el culmen de la primavera cuando, después del invierno largo y frío, brota en la tierra la vida nueva, revistiéndose los árboles y jardines de belleza, con la variedad colorida de las flores y de los primeros frutos.

La fiesta de la madre, que en los lugares de tradición católica se asocia también al mes de María, la Madre por excelencia, reaviva en cada uno sentimientos de afecto y gratitud por la mujer que nos engendró a la vida y nos ha cuidado con amor e indudable sacrificio. La madre juega un papel importante en el proceso de crecimiento del niño y aun cuando éste haya alcanzado plena autonomía personal, ella sigue siendo para él un importante punto de referencia.   

Cada cultura infunde en las personas amor y sumo respeto hacia la madre y la misma Palabra de Dios contiene una gran riqueza de textos que invitan a cultivar estas actitudes hacia ella. “Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios” (Ex 20,12), es un mandamiento del Decálogo que, como tal, orienta la vida social y religiosa del pueblo de Israel y es el único que conlleva una recompensa; hay otros textos que exhortan a observar la enseñanza de los padres (cf. Prov. 6,20), a obedecerles (cf. Ef 6,1-2) y a procurar que nunca les falte el cuidado que merecen (cf. 1Tim 5,4.8).

Pero, quizá, los más entrañables textos bíblicos que hablan de la madre son los que la presentan como el reflejo del mismo Dios: “¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15).  

La fiesta de la madre trae a nuestro corazón mil recuerdos llenos de cariño, gratitud y quizá nostalgia para quienes ya la tienen en el cielo. Que este día en honor a las madres, reavive también la certeza del amor de Dios al que siempre llamamos “padre” pero cuya ternura y amor entrañable es como el de una “madre”. 

El Día de la Madre es el momento idóneo para darle las gracias a tu madre por todos los esfuerzos que ha hecho a lo largo de su vida. Solo por ti y por los tuyos. ¡Qué bonito! Aquí dejamos un hermoso poema que nos puede servir, aunque el mejor poema es el que  brota del corazón de cada hijo e hija. ¡Felicitaciones a todas las madres!

 

 

¡Madre tú eres la mejor!

Madre, tú eres la dulzura,

tus manos son la ternura,

que nos brinda protección.

Es la sonrisa tu esencia,

que marca la diferencia

al entregarnos amor.

Nos entibia tu mirada

y la paciencia es tu aliada,

esforzada en tu labor.

¡Tantas noches de desvelo!

tanta lágrima y pañuelo,

¡para darnos lo mejor!

Tantas horas dedicadas

con sonrisas dibujadas

para hamacar mi soñar.

Entre besos, entre abrazos

fuiste creando los lazos

porque tú eres ejemplar.   

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Ramadán y tiempo pascual: camino conjunto como portadores de esperanza

El 13 de abril, para los musulmanes, empezó el mes sagrado del Ramadán, que terminará el 12 de mayo con la el Id al Fitr,  la segunda grande fiesta de la religión islámica. Ramadán es el nombre del noveno mes del año del calendario lunar musulmán durante el cual, según la tradición islámica, Mahoma recibió la revelación del Corán. 

En el espíritu de fraternidad que está soplando por el mundo y que el Papa Francisco ha reavivado con la Encíclica “Fratelli tutti”, la comunidad cristiana ha querido unirse espiritualmente a los seguidores de Mahoma y, a través del  Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, ha enviado «fraternales buenos deseos» a los «queridos hermanos y hermanas” en Abraham, el padre común en la fe.

Los musulmanes viven el Ramadán como un tiempo de  búsqueda y encuentro con Dios a través de la oración, el sacrificio del ayuno y la limosna en favor de los más pobres y esto va en sintonía con el espíritu del tiempo de Cuaresma que, para los cristianos, es el tiempo fuerte de conversión.

Como miembros de la Iglesia y aún más como hermanas franciscanas, estamos invitadas a acercarnos a nuestros hermanos musulmanes y orar para que su empeño religioso contribuya a promover y fortalecer en el mundo la paz y la fraternidad. La historia franciscana deja constancia de que, en una época de gran tensión entre cristianos y musulmanes, de la que las Cruzadas eran una de las más violentas expresiones, Francisco de Asís quiso acercarse a los seguidores de Mahoma con actitud dialogante y sincera y, presentándose humildemente al Sultán como  un enviado  de Dios, causó en él un fuerte impacto y se ganó inmediatamente su veneración y estima. Las fuentes biográficas, al relatar este hecho, subrayan que el Sultán percibió el fervor de espíritu y la santidad del hermano Francisco que no tuvo palabra alguna de desprecio para la persona de Mahoma ni para el Corán y tuvo respeto a las personas, reconociendo en todo la acción de Dios (cf. LM IX, 8).

El Ramadán, tiempo de conversión y la Cincuentena pascual, tiempo de gozo y esperanza por la Resurrección del Señor, son tiempos propicios que convocan a los fieles de estas dos grandes religiones a volver a Dios y a los hermanos y a ser mensajeros de paz y esperanza.  El mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, haciendo referencia al momento histórico que todos vivimos “en la misma barca”, remando juntos en la tempestad, retoma esta idea afirmando que «durante estos largos meses de sufrimiento, angustia y dolor”, se ha percibido «la necesidad de la asistencia divina y de expresiones y gestos de solidaridad fraterna» y que «nosotros, cristianos y musulmanes, estamos llamados a ser portadores de esperanza para la vida presente y futura, y testigos, constructores y reparadores de esta esperanza, especialmente para aquellos que experimentan dificultades y desesperación”. Como factores adversos a la esperanza, el Mensaje menciona la falta de fe en el amor, la pérdida de confianza en nuestros hermanos, el pesimismo, la desesperación y la presunción, y retomando las palabras del Papa Francisco en «Fratelli tutti» recuerda, que la esperanza, es «una realidad que hunde sus raíces en lo más profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en los que vive … es un anhelo de plenitud que llena el corazón y eleva el espíritu hacia las cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor».

Con la alegría y la fe en el Resucitado, nos unimos a nuestros hermanos musulmanes que hacen el Ramadán,  pidiendo al único Dios en quien creemos que nos ayude a abrirnos al Padre de todos, para fortalecer nuestra llamada a la fraternidad y vivir en paz entre nosotros (cf. FT 272).

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Francesco: «ni siquiera una lágrima, ni siquiera un gemido se pierde en el plan de salvación de Dios”

En la Audiencia general del Miércoles Santo, el Papa Francisco, dio una breve explicación del sentido de las celebraciones del Triduo pascual, resaltando que quien participa en ellas renueva el misterio de la Pascua, e hizo una sentida reflexión sobre el acontecimiento histórico y la realidad que vivimos hoy en el mundo.

Después de presentar brevemente algunos aspectos fundamentales de cada celebración, subrayando en ellas la intervención redentora del Señor en la entrega de su Cuerpo y de su Sangre conmemorada el Jueves Santo; en su profunda experiencia de dolor, representada el Viernes Santo, en la cual se refleja todo sufrimiento humano; y el silencio cargado de esperanza del Sábado Santo, el Papa Francisco lanzó su mensaje afirmando que “en las tinieblas del Sábado Santo irrumpirán la alegría y la luz de la Vigilia pascual y el canto festivo del Aleluya”, nos encontraremos “en la fe con Cristo resucitado que disipa todas las preguntas, las incertidumbres, las vacilaciones y los miedos y… nos da la certeza de que el bien triunfa siempre sobre el mal, que la vida vence siempre a la muerte y nuestro final no es bajar cada vez más abajo, de tristeza en tristeza, sino subir a lo alto”.

Y como últimas palabras de su discurso, el Papa dijo que “ni siquiera una lágrima, ni siquiera un lamento se pierden en el plan de salvación de Dios”.

La Pascua evoca y hace presente en el mundo el triunfo de la Vida sobre la muerte y de la Luz sobre las tinieblas y renueva la esperanza que puede apagarse en el corazón del hombre, sobre todo cuando experimenta su propia fragilidad. En esta fiesta no podemos dejar a un lado el drama que vivimos pero sí que podemos abrir el corazón al Resucitado que viene a encontrarnos por los caminos de la Galilea que recorremos en la cotidianidad de nuestra vida y nos dice: “¡Paz a vosotros… Soy yo, no temáis…! (cf. Mt 28,9-10; Jn 20,19) y, haciéndose peregrino camina a nuestro lado, reavivando con su palabra las brasas que arden en nuestro corazón (cf. Lc 24,13-33).

Cristo ha resucitado y es el Resucitado: afiancemos nuestra fe y corramos a anunciarla a nuestros hermanos allá donde nos encontramos.

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Curso bíblico online

El pasado 29 de marzo dio comienzo el curso bíblico online organizado por la Congregación, destinado a las hermanas en el marco de la Formación Permanente. El tema del curso es: “El Evangelio de Marcos” y se desarrollará en siete sesiones, con una frecuencia quincenal, finalizando el próximo 21 de junio. La ponente del curso es nuestra hermana terciaria capuchina, Estela Aldave Medrano, doctora en Teología Bíblica. En la 1ª sesión, Hna. Estela ha presentado la “Introducción al Evangelio de Marcos”.

El curso responde a la sugerencia de muchas hermanas que habían pedido una formación bíblica y carismática online. Aunque pensamos que tendría una buena recepción, la acogida de las hermanas ha superado con creces nuestras expectativas. La participación nos ha unido con conexiones de muchas comunidades de todos los rincones de la Congregación. Ha sido también un momento de crear comunión en nuestras búsquedas y el deseo de que la Palabra de Dios sea la referencia constante en nuestra vida.

La presentación de Hna. Estela ha sido clara, sencilla, con una buena didáctica en la transmisión de los contenidos, para hacernos entrar en el tema, abriendo el horizonte para ir comprendiendo el marco general donde progresivamente se van a ir desarrollando las distintas sesiones del curso. La ponente nos ha contagiado su amor por la Palabra y nos ha invitado a acoger este Evangelio, dejándonos sorprender por ese relato ágil, de lectura atrayente, que va manteniendo en todo momento la tensión, que genera experiencias de transformación, donde se pone de manifiesto la torpeza de los Doce, la paradoja de Jesús en su camino de fracaso y muerte; un evangelio que nos deja ver la gran expresividad de Jesús, sus sentimientos y emociones…

Ni Jesús, ni los evangelios, ni los teólogos… nadie puede darnos recetas para que las apliquemos en nuestro camino de seguimiento, pero sin duda, como señalaba Hna. Estela, el evangelista Marcos nos ofrece signos de discernimiento que con atención y con un espíritu contemplativo, podemos ir descubriendo en la lectura atenta, orante de la Palabra de Dios.

La primera sesión del curso coincidió con el Lunes Santo, una buena preparación para abrirnos a los acontecimientos que con la Iglesia vamos a revivir un año más, concluyendo la subida a Jerusalén, para celebrar la Pasión y Muerte de Jesús. Que podamos abrazarnos a esa Cruz del Señor que Marcos nos presenta en su Evangelio sin adornos, desnuda, esa Cruz de Cristo que se convierte en Árbol de Vida, en resurrección.

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Lanzamiento de la página web congregacional en italiano

En este mes de abril de 2021, nuestra página web congregacional se enriquece con la versión en lengua italiana; nos alegramos de haber podido traducirla y así, facilitando el acceso a un público más amplio, compartir con más personas su contenido que, en realidad, no es otra cosa que el reflejo de una experiencia de vida y misión brotada del corazón de Luis  Amigó y cultivada por quienes han sido llamados a mantener vivo el Carisma que él recibió de Dios.

En Italia están presentes las dos congregaciones que fundó el Padre Luis Amigó y Ferrer. Los Hermanos Terciarios Capuchinos hicieron su primera fundación en Italia en el año 1926, estando todavía vivo el Padre Fundador, quien siempre soñó y miró con paternal afecto la presencia de sus hijos e hijas en esta tierra; las Hermanas llegaron en el año 1964, año en que se trasladó a Roma la Curia general.

En el transcurso del tiempo, las Hermanas Terciarias Capuchinas, procurando mantenernos atentas y disponibles para responder a los retos del momento y del lugar, hemos  ido abriendo y cerrando varias presencias en Italia, todas ellas comprometidas en el ámbito de la educación, la protección de menores y la pastoral juvenil en las iglesias locales donde nos  encontramos.

Actualmente, estamos en Roma donde tiene su sede la Curia general y en Galatone (Lecce – Puglia), pequeña ciudad del “tacón  de la bota”, perteneciente a la Provincia “Nazaret”.

Galatone fue el lugar de la primera fundación italiana de nuestros Hermanos y tierra de origen de la mayoría de las Hermanas italianas de nuestra Congregación. La comunidad lleva un Centro diurno que ofrece un espacio educativo a los niños del barrio en el que viven y está comprometida en otros proyectos a favor de adolescentes y sus familias, colaborando igualmente todas las hermanas en la pastoral parroquial y en la pastoral juvenil diocesana. Además, una hermana da clases de religión en un colegio público.

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La visita del Papa Francisco a Iraq: un abrazo y un testimonio

El día 5 de marzo, el Papa Francisco emprendió su viaje a Iraq, cuna de la civilización entre los ríos Tigris y Éufrates, tierra de origen de Abraham, lugar significativo para las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo e Islam.

En el año 2000, el Papa Juan Pablo II quiso visitar este país, pero tuvo que suspender su viaje porque las autoridades no se lo permitieron y el Papa Francisco ha sido el primer Pontífice que ha llegado a Iraq. Emprendió su viaje definiéndose “peregrino y penitente», teniendo como objetivo llevar a este pueblo, que ha sufrido tanto, un mensaje de esperanza y fraternidad que brota del Evangelio y encontrarse con una Iglesia martirizada. 

El viaje, preparado con todo detalle, se desarrolló en un ambiente que, humanamente hablando, definiríamos  poco propicio por la situación sanitaria que impuso restricciones a la participación de la gente, pero la Providencia de Dios permitió que todo se realizara sin incidentes y dejó una huella imborrable, no solo en los cristianos sino en toda la comunidad iraquí.

Uno de los aspectos sobre los cuales el Papa insistió mucho, en este país donde conviven varias  religiones y ha sido escenario de diversos conflictos, es el de la reconciliación y la paz. Comparando el mosaico de confesiones religiosas que caracteriza este país con una alfombra cuya belleza se refleja al entrelazarse hilos de distintos colores (las alfombras son una artesanía típica de esta área del Oriente Medio), el Santo Padre reafirmó que, para que «los diversos componentes étnicos y religiosos puedan encontrar el camino de la reconciliación y de la convivencia y colaboración pacífica” se necesita una firme voluntad de diálogo.

En la celebración eucarística en rito caldeo que el Papa presidió en la catedral de Bagdad, al comentar el texto de las Bienaventuranzas, puso en evidencia que los cristianos están llamados a trabajar por la paz junto con los creyentes de otras religiones, sembrando semillas de reconciliación y convivencia fraterna para hacer renacer la esperanza.  Y confió esta tarea sobre todo a los jóvenes, probados continuamente en su paciencia por todo lo que han vivido y viven en su tierra para que, junto con los ancianos, cultiven el bien y rieguen con la esperanza a su pueblo iraquí, y lo hagan día tras día porque “el mundo se cambia con el testimonio de cada momento” que encarna la sabiduría de Jesús.

Fijando la mirada sobre la visita del Papa Francisco a Iraq, no podemos dejar de valorar su capacidad de integración en la realidad cultural del país y en su capacidad de subrayar lo que une más que lo que separa. La referencia a la artesanía de las alfombras y al cultivo de la sabiduría que caracterizan al pueblo iraquí, así como la celebración en rito caldeo que presidió, quizá sin entender gestos y palabras pero valorándolos, son un caluroso abrazo y un significativo testimonio para el mundo. Las autoridades del país ya han recibido el mensaje y, como primer gesto, en memoria del histórico encuentro entre el Papa Francisco y el Ayatolá Ali al Sistani, uno de los principales líderes religiosos chiíes, han declarado el 6 de marzo como el Día Nacional de la Tolerancia y la Coexistencia.

La tierra iraquí, es un poco la tierra madre de todas nuestras culturas… Que nuestro mundo globalizado, donde con demasiada frecuencia las diferencias son el origen de los conflictos, aprenda de este acontecimiento histórico una gran lección de vida que vale para todos.

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En memoria de las víctimas del Covid-19

En el mes de marzo de 2020, hace justamente un año,  se empezó a oír hablar del Coronavirus por todo el mundo. Hasta entonces había corrido la noticia de que este virus se estaba expandiendo en China y se había dado también algún caso en Europa, pero nadie podía imaginar que el Covid-19, iba a terminar causando una pandemia que iba a condicionar y transformar la vida en todo el mundo.

Italia fue uno de los primeros países más azotados por la enfermedad, tanto por el número de contagios como por la agresividad del virus que empezó a cobrarse un número cada día más alto de víctimas. El Gobierno italiano dispuso inmediatamente medidas drásticas imponiendo un completo lockdown, creando plataformas online para el trabajo y las clases escolares, invirtiendo en la atención sanitaria y en la investigación para combatir la infección y sus consecuencias, buscando igualmente la manera de contener el daño económico que estas medidas iban causando en muchos ámbitos. Sin embargo, el País tuvo que atravesar este tiempo como una “pesadilla”, la gente se mantenía encerrada en sus casas, envuelta en un gran silencio, roto solamente por las sirenas de las ambulancias que llevaban a los enfermos más graves a los hospitales, llorando a sus muertos trasladados al cementerio en camiones del Ejército y en la más completa soledad, desorientada además por las noticias muchas veces contradictorias que se iban difundiendo.

La experiencia fue tan fuerte y dramática que el Gobierno italiano instituyó, para el 18 de marzo de cada año, la Jornada nacional en memoria de las víctimas del Coronavirus, con el fin de mantener y renovar la memoria de todas las personas fallecidas por causa de esta pandemia, jornada que se celebrará por primera vez este año 2021.

Nos ha parecido significativo informar sobre esta iniciativa a través de nuestra página porque, como sabemos, el contagio por Coronavirus sigue difundiéndose por el mundo, continuando aún en esta ola de dolor y de muerte que azota a la humanidad y que ha afectado también a nuestra Familia religiosa de Hermanas Terciarias Capuchinas. En los meses de julio y agosto de 2020 y más recientemente en enero de 2021  despedíamos, con las estrictas medidas sanitarias impuestas en estos casos, a las primeras hermanas fallecidas en la Congregación por el virus, en Colombia y en España. Pero desde el inicio de la pandemia ha habido hermanas contagiadas en diversos países; además de los ya citados, en El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Polonia, Eslovaquia… Igualmente hemos acompañado el dolor de diversas hermanas por la muerte de sus padres, hermanos, familiares. Y el número se multiplica cuando pensamos en tantos amigos, bienhechores, colaboradores de nuestras obras, personas conocidas con quienes compartíamos la vida… Nos solidarizamos con el dolor de todos quienes lean estas líneas, personas de cerca o de lejos, conocidas o no. El sufrimiento nos hace más hermanos.

En este mes “aniversario del comienzo de la pandemia”, invitamos a hacer memoria de las personas que nos han dejado, víctimas del virus y, en sintonía con el tiempo de Cuaresma, a reavivar nuestro compromiso de oración para que cese esta pandemia y podamos vivirla como una experiencia de crecimiento en la fe y purificación de todo lo que nos impide entender y vivir el verdadero sentido de nuestra vida que, en el misterioso proyecto de Dios, renace y adquiere nueva fuerza cuando atraviesa el valle del dolor y de la oscuridad.

 

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25 años de presencia TC en Corea del Sur

El día 25 de marzo nuestra presencia en Corea del Sur cumple 25 años. Las restricciones de carácter sanitario no permiten celebrar presencialmente este aniversario, pero no podemos dejar que esta fecha pase, sin que las hermanas y los amigos que leerán esta noticia se unan a la Congregación para agradecer a Dios todo lo que hemos vivido en esta tierra geográficamente muy lejana de los lugares donde está la mayoría de nuestras comunidades.

Esta nueva fundación en Corea surgió como respuesta a la inquietud de fortalecer nuestra presencia en Asia, donde ya estábamos en Filipinas, y al mismo tiempo acercarse a China, el país donde nuestras Hermanas desarrollaron su misión durante 20 años (1929 – 1949), siendo expulsadas por la situación política del País adversa a la Iglesia.

Promotoras de la fundación en Corea fueron las Hnas. Mª Elena Echavarren Sorbet que entonces era la Superiora general y su Consejo. En su primer viaje a Seúl, la Hna. Mª Elena ayudada y asesorada por otras congregaciones religiosas, pudo conocer algo de este país y de las exigencias de una presencia misionera, encontrándose además con el Obispo Mons. William McNaughton, estadounidense, misionero de Maryknoll, quien se manifestó disponible para acoger a las Hermanas en su Diócesis de Inchón.

Hacia mitad del mes de marzo del año 1996 viajaron a Seúl las cuatro hermanas designadas para la fundación en tierras coreanas, cada una de ellas procedente de otra misión “ad gentes”: Martha Patricia Ramírez Vergara, colombiana, misionera en Benín,  Ángela María Martínez Sierra, colombiana, misionera en Filipinas, Carmen Margarita Avendaño Cubillos, colombiana, misionera en Tanzania y Cecilia Pasquini, italiana, misionera en Tanzania.  Y el día 25 de marzo, con una sencilla e íntima Eucaristía, la comunidad empezó su andadura en esta tierra del Extremo Oriente rica de tradiciones culturales y religiosas donde, sin embargo, los cristianos y más aún los católicos son una significativa minoría.

Durante los primeros seis meses de su estadía en Corea, para poder recibir clases de coreano en una universidad de Seúl, las hermanas se hospedaron en distintas comunidades religiosas de esta ciudad: Hnas. Martha Patricia y Ángela María con las Hermanas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza y Hnas. Carmen Margarita y Cecilia con las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas). Más tarde pudieron ir a vivir juntas en un pequeño apartamento que las Religiosas de los Mártires coreanos pusieron gratuitamente a su disposición hasta que, en junio de 1998, se trasladaron a Bucheón, en la Diócesis de Inchón, donde empezaron su misión. Los primeros años se caracterizaron por la fuerte exigencia del estudio de la lengua y del proceso de integración en una realidad social y cultural totalmente nueva, pero la ilusión misionera con que cada una se abría a la gracia de Dios que hace posible todo, les permitió seguir adelante con entusiasmo e incluso con humor.

Han pasado 25 años y la presencia de las Hermanas Terciarias Capuchinas en Corea ha crecido y hoy presta su servicio de evangelización y atención a las exigencias del lugar en un centro de preescolar en el mismo Bucheón y un hogar de protección de niñas en Jeonju. El testimonio de vida de las hermanas ha atraído a nuestra Congregación a algunas jóvenes coreanas, contando actualmente con una hermana coreana de votos perpetuos y otras en proceso de formación.

Agradecemos a Dios nuestro caminar en esta tierra coreana e invocamos su bendición para que sigamos haciendo presente el carisma de nuestra vida terciaria capuchina con ilusión y fidelidad.

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Hermana Lucila Muñoz Duque: un siglo de vida

El 3 de marzo, hace justamente unos días, nuestra Hna. Lucila Muñoz Duque, nacida en Medellín-Colombia, cumplía 100 años de existencia.

Con este motivo, las hermanas de la Provincia “Nuestra Señora de la Divina Providencia” a la que pertenece, hicieron un hermoso video que compartimos en la página web congregacional, dando gracias a Dios por la vida de esta hermana a la que Dios le ha permitido llegar a esta edad disfrutando de una gran calidad de vida, con una enorme lucidez que se aprecia perfectamente en la historia, en los acontecimientos y experiencias que ella misma nos comparte. Además, otras hermanas que han vivido o viven con ella en estos momentos, dan testimonio de los muchos valores y dones con los que el Señor la revistió y que supo cultivar y poner al servicio de los demás, de su fidelidad y entrega a Dios en la Congregación, de su saber hacer…

¡FELICITACIONES, Hermana Lucila!. Todas sus hermanas de la Congregación nos unimos a su oración agradecida al Padre por el don inmenso de la vida. Que Él le siga bendiciendo.