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Miles de migrantes mueren en busca del “Sueño americano”

El Tapón de Darién y la frontera con Estados Unidos son los puntos más mortíferos.

Millones de migrantes transfronterizos en América anhelan mejores condiciones socioeconómicas. Solo en el 2021, se registraron más de cinco millones de migrantes en el continente, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Lo lamentable es que, por su desesperación, miles de ellos mueren asfixiados, ahogados y masacrados sobre todo en el Tapón de Darién, ubicado entre Colombia y Panamá, y en la frontera con Estados Unidos.

Más de 6.000 migrantes han sido reportados como desaparecidos o muertos en América desde 2014 hasta hoy, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El 60% de los decesos tuvieron lugar en la frontera entre México y Estados Unidos. Mientras que unas 1.750 personas murieron ahogadas, en el río Bravo, frontera natural entre México y Estados Unidos; la falta de agua, alimentos y de un sitio para quedarse costó la vida a 861 personas. Otros migrantes fueron víctimas de la violencia, de accidentes o murieron por viajar en condiciones infrahumanas.

Otra de las problemáticas que enfrentan las personas es que, cruzando el continente con sus pertenencias y familias a cuestas, se convierten en víctimas de los grupos criminales. Se ha comprobado que muchos de ellos sufren extorsiones, violencia sexual y robos.

Cambios en las dinámicas migratorias

De acuerdo con Maureen Meyer, funcionaria de Washington Office on Latin America (WOLA), las dinámicas migratorias cambiaron por el fuerte impacto económico provocado por la pandemia. Esto ha ocasionado que no solo se vea migrar a centroamericanos y mexicanos, sino también a sudamericanos y haitianos.

Otras de las variaciones observadas es que los migrantes no solo están considerando a Estados Unidos como una opción para cumplir su «sueño americano». Otros destinos como México, Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica, Chile, Canadá y Brasil, se han convertido en importantes destinos migratorios, así lo explicó William Spindler, portavoz de ACNUR para América Latina en DW.

Fuente: DW

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Acompañar en el ocaso de la existencia “Mi experiencia de acompañamiento a mis hermanas mayores y enfermas”

Antes de compartir mi vivencia en relación a este tema, quiero anotar algunos elementos que ayudan a contextualizar mis palabras: Vengo de un país donde está presente una pequeña porción de nuestra querida Congregación, las obras son de carácter misionero y de trabajo en la pastoral parroquial, comunidades con pocas hermanas, por eso, uno de los alicientes de venir a Colombia a la formación o por otros motivos es conocer comunidades con bastantes hermanas y casas con hermanas mayores, de tal modo que planificar un viaje a Medellín siempre incluye la visita y el compartir con nuestras hermanas mayores y enfermas.

Nuestras Constituciones dicen que: “Ellas, han gastado sus energías al servicio de la Congregación y ahora nos animan con su experiencia y testimonio de fidelidad al Señor” (Const. 34). Y así es, las hermanas que llegan a esta comunidad viven una etapa concreta de su vida con características propias: reducción del ritmo de vida, tener más tiempo para las cosas, especialmente la oración que, junto al dolor son la ofrenda cotidiana a Dios y una forma de continuar la misión en el mundo. También sienten impotencia, miedo, dolor, necesidad de escucha, compañía y ayuda de los demás, empiezan a depender. Aunque sabemos que es una etapa de vida normal, no siempre estamos listas para transitarla, nos toma por sorpresa y supone un proceso adaptarse a los cambios.

Llevo 5 meses acompañando a la comunidad “Nuestra Señora de Montiel” en Medellín donde comparto la vida con hermanas mayores y enfermas junto a un grupo de hermanas que formamos el “equipo de apoyo” de la comunidad, somos las encargadas inmediatas de velar por su bienestar.

Si me preguntan ¿Qué significa esta misión para mí? Digo que, como toda misión implica un servicio que acojo con fe y buena disposición; una oportunidad para amar, servir y crecer. Aunque no tenía experiencia de trabajo en esta área, tengo dos claridades que me ayudan, “la misión es con mis hermanas” y “caminamos juntas”; esto es clave para asumir con amor el día a día, que siempre está lleno de novedades y sentir que todas vamos de camino a ritmos distintos, pero juntas como nos pide la sinodalidad. 

 

Algunos aprendizajes para la vida:

1. Vivir la acogida y el respeto. 

En un mundo donde el adulto mayor es excluido, VER a las hermanas como mayores; reconocer que llegaron primero a la Congregación, que han recorrido un camino de seguimiento y de servicio que nosotras continuamos, me ayuda a valorar y respetar a cada una en su propia realidad.

2. Sentir y expresar gratitud. 

Las hermanas que están en la comunidad han gastado su vida y sus energías viviendo su vocación y realizando una misión, no importa si en cargos relevantes o servicios humildes, todas llevan el listón en alto “HE AQUÍ UNA SEGUIDORA DE JESUS, CONSTRUCTORA DE LA CONGREGACIÓN”, es un mérito que nadie puede anular; por tanto, ante su presencia solo gratitud, mucha gratitud para honrar su legado.

3. Contemplar la obra de Dios, acoger una bendición. 

Cada hermana es un SIGNO elocuente de lo que Dios es capaz de hacer en cada ser humano cuando lo toma por su cuenta; a veces, en medio de sus limitaciones no es muy fácil descubrir “la obra que Dios ha hecho en ellas”. Sin embargo, en sus vidas se refleja la fidelidad y misericordia de Dios y su actuar salvador.

4. Admirar lo esencial. 

En la edad adulta se pierden muchas facultades físicas o mentales y es   sorprendente encontrar la esencia de cada hermana. Lo que cultivó durante su vida es lo que permanece, así se puede disfrutar de la alegría, la oración, la disponibilidad, la fortaleza, el servicio activo entre los numerosos dones que Dios colocó en el corazón de ellas.

Es hermoso contemplar algunos detalles de este presente de las hermanas que simplemente llena el corazón de ternura y admiración: el sentido de Dios y su relación con él, ya no con numerosas palabras ni grandes discursos; solo saben estar, son como velitas al pie del sagrario;. Un gran testimonio es que aun en su dolor buscan la comunidad y preguntan, ¿dónde están todas?; dicen, “lléveme donde están todas”; a pesar de que ya no salen de casa persiste en ellas el sentido de ayudar a los otros, especialmente a los pobres, se preocupan por los demás, por quienes las cuidan, crean vínculos y comparten su sabiduría en palabras de ánimo y mensajes que los ayudan a crecer; también es notorio su sentido de pertenencia a la Congregación, preguntan por las hermanas, piden se les repitan los nombres una y otra vez, que les digan por quién hay que orar y, si llegan a estos espacios las jóvenes formandas, les gusta contarles una y otra vez sus historias, ofreciendo la oración y dándoles consejos; son para ellas como la abuela con sus nietos. 

Finalmente, para quien lee este relato, la invitación a valorar a los adultos que están en su entorno; ellos tienen mucho que dar, no perdamos la ocasión para compartir mutuamente cercanía, ternura, compañía y ayuda. 

Hna. Bilma Freire Chamorro,  Tc     

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Abrazar la realidad personal, la realidad de los hermanos/as y de la creación, es punto de partida de nuestro camino sinodal

Con la convocatoria al XXIII Capítulo general comenzó a resonar en la oración y en el espíritu el tema alrededor del cual, gira la experiencia congregacional-capitular en sus diversas fases: “Fortalecidas en el Espíritu abrazamos nuestra realidad y a la humanidad sufriente, avanzando con esperanza en un camino sinodal”. 

Este tema nos ubica inicialmente en lo que de nuestra realidad personal está débil, proponiéndonos la intuición de dejarnos fortalecer por el Espíritu, que llama  a re-encantarnos, “a recuperar los grandes deseos, las marcas de las heridas de nuestra pasión por Jesús y el Reino” (cf. José Mª. Arnaiz, SM, “Del desencanto al encanto, pasando por el re encanto”), a volver a la fuente que nos sedujo, volver a las raíces que quizá no hemos cuidado y regado juiciosamente, pero que se encuentran en el mejor terreno, el de la pertenencia fundamental: Jesús y su Reino. 

El ser y hacer en el futuro de nuestra familia congregacional ya nos está dejando vislumbrar espacios y misiones bien delimitadas a las que nos está re-enviando: “Abrazar nuestra realidad personal, comunitaria, y la de cada Demarcación. Abrazar la realidad del entorno en la que bulle el sufrimiento de nuestros hermanos y de la creación”.  Una vez reconocidas estas realidades, optar con humildad por retomar juntas el camino, para re-comenzar a re-crear posibilidades de reparación, de cercanía, de apoyo mutuo, y sobre todo de seguridad y esperanza, con la convicción de que en este nuevo envío no vamos solas y podemos suscitar un nuevo Pentecostés: como experiencia de re-encanto, de re-nacimiento en la vida para el seguimiento a Jesús en gozo testimonial de discípulas, estimuladas y acompañadas por nuestros fundadores, por sus experiencias de conversión y compromiso de cara al Evangelio.

Francisco y Clara de Asís, el Padre Luis Amigó y nuestras hermanas de la primera hora de nuevo aparecen a nuestro lado, casi que tomándonos de la mano para conducirnos a las ruinas, a nuestras vulnerabilidades, no sólo las externas, sino aquellas que muy adentro gimen y claman compasión. “El leproso” excluido de la convivencia, de la armonía, de la fraternidad, de la actividad, del gozo y de la esperanza, al que quizá hemos llevado escondido, y no escuchado, ignorado, pensando que “puede quedarse allí” y que “aguanta un poco más”. 

Esta realidad hoy es tocada en la familia-comunidad, y nos está invitando a abrazarla, a trabajar como hermanas en la cercanía que llevó al reconocimiento, al abrazo y beso que transformó la realidad personal del leproso y del Hermano Francisco conduciéndolo luego a San Damián, al lugar del encuentro, con el Cristo roto, desfigurado, empolvado, olvidado, victimizado en el hermano y hermana con quienes vivimos. Es un proceso de reconocimiento e identificación lento y difícil, pero excelente vía hacia la experiencia del dinamismo reparador de nuestro ser, capacitado, para enfrentarnos a las causas internas y externas de nuestra inseguridad y egoísmo orgulloso, acogiendo la posibilidad de encontrar nuevas realidades, nuevas búsquedas en el camino pascual de la Congregación.

Ubicarnos como consagradas, como laicos comprometidos, con  la realidad personal que hoy nos acompaña, ante el amor extremo que llevó a Jesús hasta la cruz, es la oportunidad de sentir la proyección de ese amor, en el don de los hermanos, con los que es posible fusionar respuestas, cualidades, actitudes, ideales, opciones, fuerzas y re-comenzar  poniendo nuestro granito de arena en el fortalecimiento de la vida y la vocación, de la identidad y la misión como Terciarias Capuchinas, ante la humanidad que igualmente sufre nuevas, profundas y graves vulnerabilidades: “…el flagelo de la miseria, el hambre, desempleo, las enfermedades sin posibilidad de acceso a centros de salud, la desescolarización, el trabajo infantil y juvenil para sobrevivencia de la familia, la trata de mujeres y niños, el tráfico de órganos, la carencia de vivienda, desplazamientos, guerras, administraciones políticas y hasta eclesiales corruptas, en fin esclavitudes e injusticias de todo tipo, el grito de la destrucción de la casa común y la “cultura del descarte” que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”… Duele “el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades sociales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población. Duele el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de hermanos, de laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones sobre la misión de la Iglesia… preocupa la “falta de profetismo y la solidaridad efectiva con los más pobres y vulnerables…” (cf. Mensaje final de la Asamblea eclesial de AL y el Caribe).

Este mar de situaciones anti-Reino, sigue reconociendo en la vida consagrada, a mujeres, hermanas y discípulas portadoras de esperanza, asistidas por el Espíritu del Señor que hace nuevas todas las cosas; y confía y espera  que “volvamos cantando de  la experiencia capitular congregacional”, ofreciendo frutos compasivos de escucha, discernimiento, perdón, y actitud misionera más sensible, decidida y arriesgada para diseñar, crear y estrenar formas nuevas de anunciar para caminar juntas, haciendo posible un mundo nuevo, una creación revitalizada por la fraternidad activa, sencilla y menor, impulsadas por la espiritualidad franciscano-amigoniana y decididas a poner en común no solo vulnerabilidades, sino posibilidades, intuiciones, exigencias, vocación, opciones, contrariándonos incluso  nosotras mismas, contrariando costumbres, proyectos, seguridades, formas de vida y de pensar. 

Entonces comenzaremos a vivir el XXIII Capítulo general, como un paso más en el camino de reestructuración de nuestro estilo de vida y misión, celebrando el banquete de bodas, en el que, si se han vaciado las tinajas de vino y sentimos la amenaza del fin de la fiesta, podamos también sentir a la mujer que ha sabido decir un SÍ sin límites aun en medio del caos; ella nos muestra el quehacer que libera de la tristeza, el abatimiento, la desconfianza, el temor que muchas veces nos embarga: “Hagan lo que Él les diga…” y el banquete capitular, personal, comunitario agilizará nuestras manos, voluntades y libertad, para hacer rebosar las tinajas vacías y permitirnos probar el vino nuevo, el mejor y la capacidad de retomar la motivación y opción inicial y fuente de nuestra profesión religiosa, de nuestro compromiso frente a la vida en abundancia para todos, frente al lamento multiplicado por tantos cristos, tantas voces, tantas realidades que nos piden: “Ve y repara mi casa”. 

Hna. Ana Mora, Tc

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El Papa destaca el valor de los mayores en las sociedades y comunidades: «En la vejez seguirán dando fruto»

Fuente fotografía: Eclesia

El papa Francisco ha elegido el tema «En la vejez seguirán dando fruto» para la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebrará el 24 de julio, con la intención de destacar que «constituyen un valor y un don tanto para la sociedad como para las comunidades eclesiales».

El Vaticano ha informado en un comunicado que el Papa Francisco ha optado por este tema porque «con demasiada frecuencia» los mayores «son mantenidos al margen de las familias y de las comunidades civiles y eclesiales».

«Sus experiencias de vida y de fe pueden ayudar a construir sociedades conscientes de sus raíces y capaces de soñar con un futuro más solidario», pero también su sabiduría puede ser escuchada «en el contexto del camino sinodal que la Iglesia ha emprendido».

«El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida invita a las parroquias, diócesis, asociaciones y comunidades eclesiales de todo el mundo a encontrar el modo de celebrar la Jornada en su propio contexto pastoral, y para ello pondrá a disposición los instrumentos pastorales adecuados», concluye el comunicado.

LA JORNADA MUNDIAL DE LOS ABUELOS Y DE LOS MAYORES

Recordamos que, el papa Francisco anunció la institución de esta Jornada tras el rezo del Ángelus del domingo 31 de enero de 2021, estableciendo la celebración el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús.

“Eslabón” entre generaciones para transmitir a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe, “los abuelos son a menudo olvidados – subrayó el Papa en esa ocasión– y nosotros olvidamos esta riqueza de custodiar las raíces y transmitirlas”. De aquí la decisión del Pontífice de instituir esta Jornada Mundial.

Fuente: Servicio Diocesano de Comunicación  – Diócesis de Mondoñedo-Ferrol

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En la escuela de Sinodalidad: Comienzan en julio diversos cursos en línea

Encuentro virtual con el Cardenal Grech (Foto archivo) 

Se ha iniciado un ciclo de conferencias sobre la teología y la práctica de la sinodalidad para acompañar al clero y a los laicos en el proceso de renovación eclesial iniciado con el Sínodo 2021-2023. Propuestos en la web en diferentes idiomas, los encuentros son celebrados por ponentes de todo el mundo para ofrecer una visión intercultural de la Iglesia. Inscripción abierta para el primer curso

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano

Un proyecto intercontinental e intercultural para acompañar la formación en teología y la práctica de la sinodalidad: este es el objetivo del programa de cursos online para obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas, concebido en el marco del camino sinodal que la Iglesia está realizando y que invita a generar procesos de conversión y reforma. Los cursos son gratuitos, se ofrecen en español, inglés, portugués, francés e italiano y son impartidos por ponentes de todos los continentes, que ofrecerán una visión global e intercultural de la Iglesia. En el contexto del proceso de renovación eclesial iniciado con el Sínodo 2021-2023 «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión» -que culminará con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en octubre de 2023- la iniciativa pretende apoyar a todo el Pueblo de Dios llamado a este proceso de renovación eclesial.

Primera reunión en julio

El primer curso se celebrará en julio, a lo largo de tres semanas, e incluirá lecciones, conferencias, reflexiones y el intercambio de experiencias sobre los procesos de discernimiento y toma de decisiones comunes en la Iglesia. El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) la Unión de Superiores Generales (USG), la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), la Unión de Conferencias Europeas de Superiores y Superioras Mayores (UCESM) y la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), patrocinan el Curso Online Masivo y Abierto (MOOC).

La inscripción puede hacerse a través de este sitio: bit.ly/registersynod

Fuente: Vatican News

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Mensaje de la CLAR ante la inestabilidad política de nuestros países

La Asamblea General de la CLAR, reunida en Rionegro – Antioquia (Colombia) del 1 al 4 de junio 2022, fue una oportunidad para escrutar de nuevo los signos de los tiempos y en ellos, escuchar la voz del Espíritu que no deja nunca de abrirnos el oído para que escuchemos como discípulas/os (Is 50,4). 

Como Vida Religiosa que peregrina hoy en América Latina y el Caribe, vemos con profunda preocupación el deterioro de la democracia, el tejido social y la creciente inestabilidad política de varios de nuestros países hermanos en donde las libertades fundamentales están siendo comprometidas. En el marco de la cumbre de las Américas, reunida en Los Ángeles, hacemos un llamado vehemente a los liderazgos políticos, sociales y económicos para que prioricen la respuesta a las grietas que la Pandemia del Covid 19 dejó al descubierto en los sistemas sanitarios, educativos y sociales. 

Es inadmisible que la amenaza a la democracia, el cambio climático y la falta de acceso equitativo a oportunidades económicas, sociales y políticas, siga afectando desproporcionadamente y de manera grave la vida de las personas más vulnerables y excluidas sistemáticamente en cada uno de nuestros países. Hoy levantamos nuestra voz de solidaridad unidas/os a los pobres y a la tierra que claman con más fuerza que nunca por la vida. Manifestamos, de igual manera, nuestra cercanía y cariño solidario con las hermanas y hermanos religiosos especialmente en Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela en estos momentos de extrema dificultad e inseguridad. La situación de sus comunidades de fe y vida, y sobre todo la de las personas y comunidades que acompañan, nos interpela y nos invita a cuidar unos de otros con la certeza de que llevamos un tesoro en vasijas de barro y en condición de fragilidad (2Co 4,7). 

Junto a ustedes, pedimos para toda la Vida Religiosa, y para quienes se unen al movimiento de solidaridad global con los marginados de la historia y con la tierra: valentía, serenidad interior y confianza plena en la acción de Dios que restaura permanentemente la justica social y ambiental. Hacemos un llamado para que como Vida Religiosa velemos, vigilemos y sostengamos en la oración, en la comunicación y en la incidencia política y social a los más vulnerables. 

El testimonio comprometido y perseverante nos fortalece, y esta fortaleza nos inspira solidaridad y esperanza. María, la mujer de la Aurora, continúa acompañando y guiando el caminar de nuestros pueblos como lo hizo con la primera Iglesia cuando ésta surcaba la noche de la persecución y de la intolerancia. Con Ella y con las mujeres del Alba, nos unimos en esta travesía en favor de la vida. 

Participantes XXI Asamblea General de la CLAR

 Bogotá, D.C., 9 de junio de 2022 

Fuente : CLAR



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Asumir el reto de hacer silencio para escuchar

Año «Familia Amoris Laetitia»

El 19 de marzo del año 2016 fue firmada la Exhortación Apostólica post-sinodal “Amoris Laetitia” (La alegría del amor), en la familia. Este documento hace un compendio de dos sínodos sobre la familia convocados por el Papa Francisco en los años 2014 “La familia en el contexto de la evangelización” y en el año 2015, “La vocación y la misión en la familia, en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

Amoris Laetitia marcó el inicio de un camino que impulsó un nuevo enfoque pastoral hacia la realidad de la familia.

Francisco explica que la exhortación “adquiere un sentido especial” por dos razones: “la entiendo como una propuesta para las familias cristianas, que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad y la paciencia” y además “procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo”.

Llegado el quinto aniversario de la exhortación apostólica, el Papa Francisco anunció un año dedicado a las familias. A este año se le conoció oficialmente como el Año «Familia Amoris Laetitia» e invitó a los católicos a reflexionar sobre el amor en la familia, iluminados por la Exhortación que recogió la experiencia y los retos de las familias de hoy y su vocación. Este Año Familia Amoris Laetitia comenzó el 19 de marzo de 2021 y concluirá el 26 de junio de 2022 con el X Encuentro Mundial de las Familias en Roma.

La Terciaria Capuchina en comunión con la Iglesia

Para las Terciarias Capuchinas representó un reto pastoral que las llevó a situarse en el contexto de una misión ejercida desde el confinamiento, el cual hizo germinar en el seno de las familias otras pandemias: maltrato intrafamiliar, abandono, divorcios, depresión, soledad, vicios, sin sentido y relativismo…

Desde el interior del Carisma amigoniano brota la inquietud de motivar la reflexión pastoral de dicha Exhortación y de participar desde la creatividad de cada obra y comunidad en la planeación y vivencia de este año. El Papa Francisco ha dedicado el Año Familia Amoris Laetitia a la Sagrada Familia de Jesús, María y José, patronos de la Congregación de Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia y modelos cercanos a nuestra humanidad, que en su disponibilidad a hacer la voluntad de Dios, su obediencia y escucha siguen iluminando y marcando el camino para construir la iglesia doméstica.

San José custodio del Año de la familia

Proponer a san José como custodio del Año de la familia, es afirmarlo como ejemplo del amor paternal y del valor y la dignidad del trabajo. Según la tradición, trabajó como un humilde carpintero en la ciudad de Nazaret. Hoy, después de tres años marcados por la pandemia (COVID 19), tanto el amor paternal como la dignidad del trabajo se han convertido en elementos esenciales para la salud y el bienestar de nuestras familias y comunidades. Este amor paternal dado a María y a Jesús les dio soporte y libertad; y hoy nos enseña a detenernos para dejarnos acompañar por la espiritualidad de Nazaret, la espiritualidad de la escucha, el diálogo y la obediencia.   

En la acción de escuchar se hace necesario hacer  silencio y vaciarse de palabras. En la Sagrada Familia de Nazaret este silencio fue disponible y generoso, capaz de hacer realidad el sueño de Dios: “Serás la madre del Emmanuel … hágase en mí” (cf. Lc 1, 26-38). “Toma a María y al niño y huye a Egipto …, se puso en camino cuando todavía era de noche” (Mt 2, 13-14), haciendo así vida las palabras que posteriormente diría Jesús: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11, 27-28). Es en el seno del hogar donde Jesús niño aprendió que así era bienaventurado, era feliz. Es en la familia donde aprendemos a escuchar para seguir instrucciones y obedecer.

Propuesta

Es necesario que el culmen del Año de la familia se convierta en una nueva etapa propositiva, donde podamos seguir escribiendo las páginas post Amoris Laetitia y que las realidades emergentes y latentes dentro del seno de la familia sean acompañadas e iluminadas por esta carta post sinodal.

Hagamos la práctica del silencio para escuchar a Dios, escucharnos a nosotros mismos y entre nosotros, porque solo así emerge lo creativo, lo nuevo, lo que Dios quiere suscitar en el seno de la Iglesia, de nuestra iglesia doméstica.

El caminar en sinodalidad, es la propuesta que mueve hoy el seno de la Iglesia y, será desde el compromiso de cada miembro de la familia que acoge y vive su rol, donde sea posible escuchar, discernir y construir el diálogo necesario para rescatar la vida y el amor en la familia.

María, Madre de la Iglesia y Reina de las familias, interceda por nosotros.

HNA. MARIULIS GREHAN, TC

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Aproximación a los jóvenes de hoy y sus opciones

Queremos iniciar este compartir que, más que un artículo es el reflejo de nuestras vivencias, agradeciendo a las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia por guiarnos y enseñarnos, pero sobre todo por darnos voz, en un mundo donde silenciar vidas es fácil.

Somos Carolina y Santiago, dos jóvenes colombianos, residentes en la ciudad de Medellín; tenemos 26 y 27 años respectivamente y queremos contarte un poco de nuestra experiencia, sin más pretensión que acercarte a los jóvenes de hoy y nuestras opciones. En procesos juveniles llevamos más de diez años, comenzando en este bonito cuento, gracias a la invitación de una de las hermanas.

Pertenecer a un grupo juvenil, de manera particular a la JUVAM (Juventud Amigoniana) no era visto para nosotros como una opción, teniendo en cuenta que en nuestra mente estaba lo que el mundo nos ofrecía, experiencias vacías carentes de sentido y que llenaban momentáneamente.

Para muchos jóvenes, ir en contracorriente podría asemejarse a un riesgo en cuanto al ámbito social, ser señalado, estigmatizado y en ocasiones perseguido; acercarse al mensaje de Jesús en este tiempo puede ser un acto de rebeldía, en un mundo donde es mucho más fácil poner siempre la mente fría y calculadora en datos, dinero y estadística, dejando el corazón a un lado, sin ser empáticos con el que sufre, siendo indiferentes; allí Jesús invita a mover la vida.

De esta manera iniciamos nuestro proceso JUVAM, permitiéndonos ser movidos desde dentro, aprendiendo a ser dóciles al proyecto que Jesús nos mostraba para nuestras vidas, despertando esa sensibilidad hacia el dolor de nuestros hermanos, apasionados por su mensaje; allí maduramos cada uno y juntos como equipo, crecimos en lo espiritual y nos acercamos a los que serían la misión encomendada por Dios, ser esposa y esposo, el mejor “team”, con Dios en el centro.

Hoy en día hablar de proyecto, para muchos jóvenes puede ser agobiante, tedioso y pasado de moda, se piensa que se debe planear sobre el camino o simplemente ir sorteando cada reto que se presenta, pero sin lugar a duda, por nuestro proceso juvenil, desde nuestra Diócesis en Caldas, Antioquia, podemos decir que hay jóvenes apasionados por la vida, sensibles por el hermano, críticos a lo que sucede en su entorno, activos en los ámbitos y espacios donde se toman decisiones que los impactan.

En la juventud, encontramos diversidad, hay amantes de la naturaleza, locos por la lectura y demás formas de arte y expresión, con quienes se puede tener una excelente conversación; capaces de abrirse camino y encontrar en todos estos detalles, opciones de vida.

Aproximarnos a los jóvenes no sería posible si los vemos por medio del estigma; debemos verlos en su integridad y lo que ella representa para el mundo, una fuerza vital capaz de movilizar y darle sentido a sus proyectos. En este sentido, Jesús es el ejemplo a seguir, capaz de aferrarse y amar hasta el extremo el proyecto que el Padre diseñó para su vida terrenal.

No podemos terminar este artículo sin invitarte a que te dejes mover por la fuerza de Dios, la cual nos invita a arriesgarnos, a ser valientes en momentos donde la adversidad puede oscurecer nuestro camino, pero siempre con la fe y la esperanza de que, guiados por el Espíritu y motivados por el mensaje de un Jesús joven, encontraremos la mejor opción.

¡Paz y Bien!

Con afecto,

CAROLINA & SANTIAGO

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Plenaria de la UISG: Cómo el sínodo cambia la vida religiosa

El periódico de la Santa Sede, “L’Osservatore Romano”, publica un informe final sobre los cinco días de la Asamblea plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), celebrada en Roma del 2 al 6 de mayo 2022 sobre el tema: «Abrazar la vulnerabilidad en el camino sinodal».

Dicha Asamblea concluyó la tarde del 6 de mayo en Roma. Más de setecientas religiosas, al frente de congregaciones presentes en todo el mundo, se reunieron en las fechas citadas, dando vida a un rico debate del que hemos intentado dar cuenta en los artículos publicados en este periódico durante la semana.

Abrazar la vulnerabilidad en el camino sinodal

Por primera vez, la asamblea se celebró en formato mixto: quinientas hermanas presenciales y otras doscientas online. Cada día, una meditación en forma de oración abrió los trabajos. María, Isabel y Ruth, iconos de la vulnerabilidad y la sinodalidad, no sólo acompañaron a las religiosas cada día, sino que sobre todo, recordaron: “A través de nuestra vulnerabilidad y sinodalidad, Dios puede hacer maravillas».

La hermana Jolanta Maria Kafka, Presidenta de la UISG, abrió la asamblea expresando el anhelo de que «a la luz de Cristo, nuestra esperanza, nuestro trabajo pueda llegar a la asamblea más grande que es la Iglesia».

Muchas disertantes ofrecieron reflexiones en torno a la vulnerabilidad y la sinodalidad. Según Ted Dunn, experto en psicología, «abrazar nuestra vulnerabilidad forma parte de una transformación interpersonal interior». Aunque hoy «la vida religiosa se enfrenta a tortuosas encrucijadas, en la gracia se levantará de nuevo», subrayó el relator. Tres religiosas compartieron su experiencia personal sobre cómo hacer frente a situaciones vulnerables en el curso de su vocación.

La hermana Carmen Mora Sena (que habló sobre «ser líder en tiempos de pandemia») dijo estar convencida de que «el modelo de liderazgo en las comunidades que necesitamos hoy debe ser alimentado por la conciencia de la vulnerabilidad».

La hermana Anne Falola («como misionera») compartió su descubrimiento de ser una minoría en el lugar de su misión: «Vivir la kénosis de Cristo coloca a las religiosas en una situación de vulnerabilidad objetiva».

Y la hermana Siham Zgheib («en situaciones de conflicto») contó su experiencia de vida en la guerra civil de Siria, concretamente la de «vivir en permanente peligro de ser secuestradas, torturadas, violadas, obligadas a vestir el hijab, pero sobre todo con el temor de ser obligadas a renegar de nuestra fe». Ella resistió gracias al pensamiento de la cruz, de la Eucaristía y a las palabras de la fundadora de su congregación, las Hermanas Franciscanas Misioneras de María: “En el tiempo de las tinieblas no se cambian las decisiones tomadas en el tiempo de la luz”.

Durante la asamblea plenaria también hubo espacio para la reflexión sobre la vida religiosa en el tiempo de la pandemia, «un tiempo entre lo peor pero también entre lo mejor», como lo definió la hermana Patricia Murray, Secretaria de la Unión Internacional de Superioras Generales, ya que el informe online favoreció el establecimiento de nuevos contactos entre las distintas congregaciones, a través de diferentes culturas y fronteras geográficas.

Jessie Rogers, decana del Saint Patrick’s College de Maynooth, en Irlanda, recordó cómo las hermanas pueden hacer siempre visibles «las huellas de Dios», por un lado recordando el pasado y, por otro, olvidando «lo justo para abrir un espacio a la novedad de Dios». Esto es posible a través de la maravilla de la contemplación, la atención compasiva a los demás, una esperanza robusta y una íntima convicción de que: “La locura de Dios, es más sabia que la sabiduría humana”

La hermana Nathalie Becquart, Subsecretaria del Sínodo de los obispos, y el padre jesuita David McCallum, por su parte, insistieron en la contribución que las religiosas pueden hacer al proceso sinodal y también en cómo éste puede cambiar radicalmente la vida religiosa.

Tras el emotivo encuentro con el Papa Francisco del jueves 5, los trabajos concluyeron con la participación de las Superioras generales en los grupos de trabajo organizados en grupos continentales. La hermana Gemma Simmonds y la hermana María Cimperman presentaron a los participantes un resumen de las indicaciones que las distintas congregaciones ya han comunicado a la Secretaría del Sínodo.

Antes de la eucaristía de clausura, presidida por el P. Arturo Sosa Abascal, Prepósito general de la Compañía de Jesús, la Presidenta de la Unión Internacional de Superioras Generales, la Hna. Jolanta Kafka, declaró: “Concluimos esta asamblea iluminadas y fortalecidas: por esto agradezco a todas las que han contribuido a su desarrollo”.

Fuente: L’Osservatore Romano

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Caminamos juntos en comunión, participación y misión, con…

La Caminata 2022, además de hacer memoria de la entrega martirial de Alejandro e Inés, después de 35 años de su muerte (21 julio 1987), también nos anima al compromiso actual de caminar con/como pueblo de Dios, con/como la gente sencilla de la Amazonía.

La 16ª Caminata 2022 tendrá tres modalidades: a pie, en bici y virtual, para facilitar la participación de la mayor cantidad de personas, según sus posibilidades, pero siempre desde el mismo espíritu: «Caminamos juntos/as en comunión, participación y misión», es decir, en sintonía con la invitación del Papa Francisco a toda la Iglesia.

Nuestras motivaciones fundamentales para llevar a cabo esta caminata son:

Conocer y dar a conocer la vida, misión y entrega de Alejandro e Inés, como testigos que nos animan en la vida y opciones actuales.

Asumir los signos de los tiempos y los desafíos de la realidad de este momento: pandemias de salud, pobreza, violencia, contaminación, extractivismo y corrupción.

Animar y fortalecer la opción misionera desde la inculturación y la interculturalidad, con una realidad ecológica perjudicada por la contaminación, pero que anima nuestras vidas a construir y anunciar el Reino de Dios “para que todos tengan vida”.

Dejarnos iluminar e inspirar por la Asamblea Eclesial Latinoamericana y Caribeña, y el Sínodo de la sinodalidad, animado por el Papa Francisco.

Fuente: pág. web alejandroeines.org